viernes, 26 de mayo de 2017

Nociones básicas sobre feminismo del siglo XXI

Querida Paula (Echevarría), quiero creer que te has hecho un lío y que no quisiste decir lo que dijiste, que en tu afán de mantenerte ideal dentro de tu minivestido en el photocall y no decir sobre tu complicada situación sentimental más de lo que querías decir te liaste con los términos. Pero por si acaso te voy a recomendar tres lecturas básicas para que te lo pienses dos veces la próxima vez que te pase por la cabeza decir que no eres feminista ni machista.
1-la columnista inglesa Caitlin Moran, en Cómo ser mujer.
“Es muy importante que digais estas palabras en voz alta: ‘Soy feminista’. Si os cuesta hacerlo yo me preocuparía… Porque si no podéis, estaréis en el fondo inclinándoos y diciendo: ‘Dadme una patada en el trasero y quitadme el voto, por favor, patriarcado”.
…Pero naturalmente te puedes preguntar a ti misma: -‘¿Soy feminista? Quizás no lo soy. Quizás no sé lo que es. Estoy demasiado cansada y confundida como para saberlo. No tengo tiempo de decidirlo’
Muy bien, lo entiendo. Pero aquí tienes una manera rápida de saber si eres una feminista. Pon tu mano en la entrepierna y hazte estas dos preguntas:
a) ¿Tienes una vagina?
b) ¿Quieres hacerte cargo tú misma de ella?
Si has respondido Si a ambas, enhorabuena. ¡Eres feminista!
Necesitamos reclamar la palabra Feminismo. Necesitamos que vuelva esa palabra. Solo el 29% de las mujeres estadounidenses se describen como feministas, según las encuestas. Y eso me hace pensar, ¿qué se creen ustedes, señoras, que es el feminismo? ¿Qué parte de la liberación de las mujeres no va con ustedes? ¿El derecho al voto? ¿El derecho a no ser propiedad de su marido? ¿La lucha por la igualdad salarial? ¿Llevar pantalones vaqueros? ¿Les pone nerviosa todo esto? ¿O es que habían bebido cuando respondieron a la encuesta?

2- La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, autora del bestseller Todos deberíamos ser feministas.
Ser feminista es como estar embarazada. O lo estás o no lo estás. O crees en la igualdad real entre hombres y mujeres o no crees en ello. .. Mi propia definición de feminista es un hombre o una mujer que se dice, hay un problema con el género y tenemos que arreglarlo, hay que mejorar las cosas. Todos podemos mejorar las cosas.
3- La actriz Emma Watson. 
El feminismo es dar opciones a las mujeres. No es un palo con el que pegar a otras mujeres. Es sobre libertad. Sobre liberación. Sobre igualdad. Si estás a favor de la igualdad, siento decirte que entonces eres feminista.


martes, 23 de mayo de 2017

La niña que quería ser hija única

Idealmente, o así lo pensaba yo que soy la mayor de mis hermanos, cuando una tiene hermanos mayores, estos la protegen y la cuidan, la miman y la defienden ante las inclemencias de la vida. Pues bien, no es así. Este es uno más de los muchos mitos sobre la maternidad y la crianza que la vida me ha hecho tragarme con patatas, Y van muchos. Mis hijos mayores tratan fatal a su hermana pequeña. No le dan tregua. Se burlan de ella. Y desde luego no la protegen ni la miman. Así que la pobre de vez en cuando rompe a llorar diciendo que quiere ser hija única.
Así que el otro día por la tarde cuando fuímos de paseo al parque, aprovechando que sus hermanos no venían, le dije que íbamos a jugar a que era hija única por un rato. Y se le iluminó la cara. Le dije que podía ir en patines. Y que cada vez que llegarámos a unos columpios se los podía quitar y volver a poner para seguir patinando. Normalmente nuestra regla es 'una vez que te pones los patines sigues con patines hasta que vuelves a casa y si te los quitas ya no te los vuelves a poner' . Ser familia numerosa es lo más parecido al ejército o a una dictadura militar, no hay excepciones que valgan, las normas se aplican para todos en todas las circunstancias, y no se atiende a individualidades, es la única manera de hacer frente al día a día. Así que ahí teníais a mi hija única temporal como loca quitándose y poniéndose patines, subiendo y bajando de toboganes, con la cara iluminada. No hicimos nada más especial.
Y por la noche cuando se estaba lavando los dientes me dijo, criaturita, ' me ha gustado mucho lo de ser hija única, ¿podemos hacerlo otra vez?'.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Dejar de ser niña en la era Instagram

Cuando era adolescente tuve una época en la que me vestía como un señor. Concretamente me vestía como mi padre. Le cogía sistemáticamente la ropa, me encantaba una americana que tenía de cuadros verdes, estilo  english gentleman de paseo por el campo, con coderas de cuero. También me ponía sus camisas de franela a cuadros. Y los jerseys de lana a juego, que me llegaban hasta medio muslo, porque mi padre es mucho más alto que yo, y también mucho más corpulento. Así que entre aquello y los cortes de pelo propios de los años 80 en los que yo crecí podéis imaginar las pintas que llevaba una al instituto. Pero yo me encontraba infinítamente más cómoda bajo toda aquella ropa que me quedaba grande y amorfa y que disimulaba las formas de un cuerpo en pleno desarrollo y mutación. Así iba a clases, como os imaginaréis no tuve ningún éxito con los chicos, era imposible que nadie en su sano juicio se fijase en mí. Pero a mí entonces no me importaba lo más mínimo.
Así crecí, así me hice mayor.  Y cuando me sentí más cómoda conmigo misma empecé poco a comprarme ropa femenina, pero lo fui haciendo poco a poco, sin presión. Porque el paso de niña a mujer no es fácil, es complicado asumir cómo tu cuerpo va cambiando, cómo empiezas, o no, como era mi caso bajo aquellas vestimentas, a convertirte en objeto de deseo.
Por eso no me quiero imaginar lo que debe ser hacerse mayor hoy en día con ese bombardeo de cuerpos perfectos, con esa imposición de mostrarte continuamente en las redes sociales, donde solo ves chicas ideales y maravillosas, seguras de sí mismas.  No, no debe de ser fácil dejar de ser niña en la era Instagram. No sé los años de terapia que habría necesitado para superar un selfie vestida de señor.

jueves, 11 de mayo de 2017

Diferencias en la educación entre el primer y el segundo hijo

Mucho se ha escrito sobre las diferencias entre el primer y el segundo hijo, nada tiene que ver la manera con la que te aplicas con el primero, con el celo propio de la madre primeriza, a la pachorra que se va desarrollando, afortunadamente, con el segundo y posteriores. Si con el primero esterilizas el chupete cuando se le cae al suelo, con el segundo lo lavas con agua y con el tercero, como mucho lo chupas tú y se lo enchufas. Y eso con todo. 
Al primero le presionas para que estudie con constancia desde 1º de Primaria, y al segundo le dejes que vaguee a placer hasta 5º porque te has dado cuenta de que la infancia es muy corta y piensas que mejor que disfrute lo poco que le queda, porque ves al mayor sepultado de deberes. 
Al primero le dejas ir solo por la calle solo después de un concienzudo entrenamiento sobre cómo ir por la calle, le das varias charlas sobre todo los riesgos a los que se puede enfrentar, incluido el de terremoto y tornado (tsunami no, porque Madrid no tiene costa, es una de sus grandes ventajas, que no tenemos riesgos de tsunami), y le explicas cómo hacer frente a todo tipo de situaciones. Y en las primeras veces que vaya solo le seguirás prudentemente a distancia para cerciorarte de que tiene la madurez y soltura necesaria. Al segundo le dejarás ir solo la primera vez que te diga que quiere bajar al chino a comprar chuches, te limitarás a decirle 'ten cuidado al cruzar la calle, mira bien para los dos lados' y te quedarás tan pancha. Y si tarda un poco en volver, algo que con el primero te ponía al borde del infarto, pensarás que se ha entretenido hablando con el portero y seguirás leyendo el periódico tan tranquila. 
Cuando el primero se va por primera vez de excursión de fin de curso con pernoctación incluida pasarás varios días pensando si le dejas ir, si es muy arriesgado, si el niño está preparado. Al segundo le apuntas directamente al viaje sin pensarlo dos veces y sin darle el curso de preparación para dar la vuelta al mundo que le diste al primero. Y no solo eso, por la noche caerás en la cuenta de que no le has hecho aprenderse el número de teléfono de casa, y que ni siquiera estás segura de que se sepa bien tu número de móvil (escena verídica vivida en casa de esta servidora ayer por la noche mientras el hijo mediano se encontraba feliz con su clase en Cuenca). 




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