jueves, 14 de julio de 2016

Dejen nuestra tripa en paz

En pleno siglo XXI la presión sobre las mujeres para que nos reproduzcamos sigue siendo enorme. Estamos sometidas a un escrutinio constante . Nuestra fertilidad y capacidad reproductiva es objeto de discusión pública, todo el mundo tiene derecho a opinar sobre qué hacemos o dejamos de hacer con nuestro útero. 
Esta semana se ha comentado mucho que la recién nombrada primera ministra británica, Theresa May, no tiene hijos. ¿y qué? ¿influye eso para que lo haga mejor o peor? Margaret Thatcher tenía dos y eso no ablandó lo más mínimo su corazón, así que no parece que el ser o no madre sea un factor decisivo. Y sin embargo, sí se ha comentado, cosa que nunca se hace sobre un primer ministro. La rival de May por hacerse con el liderazgo del partido Tory, Andrea Leadsom comentó que el hecho de ser madre la convertía a ella en mejor candidata que May. Tener hijos "significa que tienes una participación real en el futuro de nuestro país, una participación tangible". Toma pulla. Cierto que luego se disculpó, pero el daño ya estaba hecho (aunque no parece que le haya perjudicado mucho a May, ya instalada en el 10 de Downing Street).

Y esta misma semana, Jennifer Anniston acaba de estallar tras la publicación de unas fotos suyas en biquini con el titular de 'Por fin está embarazada'. Y todo porque en esas fotos parecía que tenía tripa, pero no tripa de embarazada, sino tripa de una mujer normal, la típica tripa que tiene cualquier persona sentada, en un momento de relax, sin meter barriga, sin dejar de respirar, y sin retocar posteriormente por el photoshop. 



"No estoy embarazada, estoy harta", ha estallado  Anniston, la novia de América, la mujer más guapa del mundo según la revista People. Harta de que se le use para trasmitir el mensaje de que "las chicas no son guapas a no ser que estén increiblemente delgadas". Y harta de de que se siga perpetuando la idea de que "una mujer está incompleta o infeliz, o fracasada si no está casada con hijos".
"Estamos completas con o sin pareja, con o sin hijos. Y podemos decidir por nosotras mismas qué es lo mejor y lo más hermoso para nuestros cuerpos. Esa decisión es nuestra, solo nuestra. Podemos "ser felices y comer perdices" nosotras solas", ha clamado Anniston. 
Así que por favor, dejen nuestros úteros, y nuestras tripas flácidas, en paz.



viernes, 8 de julio de 2016

Esto sí que es un 'sorpasso'

En mi casa sí se ha producido el sorpasso, no en las urnas, sino en la altura. Y este sí que es un sorpasso a tener en cuenta. Mi hijo mayor, 13 años y medio, me ha alcanzado, está igual de alto que yo. Así, sin pedir permiso. Sin avisar. Sin pretenderlo. Sin contemplaciones. De repente, tras unas semanas fuera, se planta en casa con la misma altura que su madre. Y en breve, en cuanto me descuide, me habrá superado, sorpasso mediante.
Y así de sopetón ha cambiado mi perspectiva.
Desde mi privilegiado 1,70, una altura superior a la de la media de la mujer española de mi edad, yo hasta ahora, hasta ayer por la noche había contemplado mi vida familiar con superioridad; desde la atalaya de la maternidad, me sentía en control de todo y yo era la máxima autoridad, junto con el padre de las criaturas. Pero ahora llega un pequeñajo, porque con 13 años se crea lo que se crea es todavía un crío, y se me planta a la misma altura que yo y me mira, desafiante, a los ojos de frente, cara a cara, sin alzar la cara, de igual a igual - o eso cree él-. Y os aseguro que me impresionó. Es ley de vida, me diréis, los hijos superan a los padres. Os ha pasado a todos, lo hemos hecho muchos: dejar pequeños, en altura, a los padres.
Pero yo aún estoy en estado de shock: mi niño lindo, mi primogénito, el que dio la vuelta a mi vida cuando nació, ahora me habla de tú a tú mirándome fijamente a los ojos. Creo que ya no le va a servir que le diga que haga algo porque lo digo yo, que soy su madre y hasta antesdeayer era más alta que él. Creo que ha cambiado algo. El sorpasso no me dejará indemne. Necesito unos días para asimilarlo.

miércoles, 6 de julio de 2016

Las gafas de sol no son un juguete*

Nos ha costado pero ya tenemos grabado que hay que embadurnar de crema solar a nuestros hijos antes de ir a la playa o a la piscina, o a la montaña. Hemos aprendido ya la importancia de proteger su piel del sol. Y entonces ¿por qué no protegemos sus ojos? No solemos ponerles gafas y, de hacerlo -yo la primera- en muchos casos se trata de baratijas de colores inspiradas en personajes de dibujos animados, que no solo no protegen sino que son perjudiciales. Y eso que los ojos de los niños son mucho más delicados que los de los adultos. 
El Colegio de ópticos de Valencia (COOV) ha lanzado este verano la campaña informativa "Cuida a tus ojos como a tu piel" y van por las playas, con un grupo de niños que forman la Patrulla de protección solar, concienciando de la necesidad de proteger los ojos de los niños de las radiaciones nocivas del sol. Y de la importancia de hacerlo con gafas adecuadas, que cubran todo todo el campo visual, con cristales homologados y con los filtros de protección solar necesarios. De no ser así, mejor que no lleven gafas, y sobre todo, mejor que no lleven gafas de juguete.
"Hay que extremar las precauciones en los niños, sobre todo en lugares como la playa y zonas de montaña, donde los índices de radiación son más altos, y durante los meses de verano, cuando aumentan las horas de exposición a la luz solar y los índices de radiación también son más altos”, asegura Vicente Roda, Presidente del COOCV. 
Para ayudaros a proteger los ojos de vuestros hijos sorteamos estas estupendas gafas de la marca  norteamericana Babiator, que acaba de llegar a España. Son las Aces Aviator con protección UVA y UVB 100% y lentes espejadas resistentes a impactos.

Para participar en el sorteo tenéis que rellenar este formulario antes del jueves 14 de julio a las 24 horas. El resultado será anunciado el viernes 15 en nuestra página de FB. 




*Post elaborado en colaboración con Babiators

martes, 5 de julio de 2016

Por qué me da pena el Brexit

Llevo dos semanas consternada con el Brexit, leyendo compulsivamente todo lo que sale sobre el tema. El bombazo me pilló justamente en Inglaterra, en una zona rural muy próspera del norte, donde por todas partes había carteles defendiendo la salida de la Unión Europea. "Vote Leave" decía un cartel colgado en la puerta de la pescadería y hasta la heladera, mientras le ponía a mis hijos dos bolas de 'strawberry' y chocolate defendía con vehemencia las ventajas de salir del club de las estrellitas amarillas. En los bucólicos pueblecitos de los desolados moors, esos páramos y esas cumbres borrascosas que hicieron suyas las hermanas Bronte, abundaban las banderas británicas, omnipresencia de la Union Jack. No vi una sola bandera europea.

Y diréis que a santo de qué me tomo tan a pecho esto del Brexit y vengo aquí a contároslo. Pues me pone muy triste porque participé en uno de los primeros programas Erasmus que se abrieron con las universidades británicas. Corría algo así como el 1992, aquel año en el que en España vivimos el espejismo de que todo iba a ser posible y de que el futuro estaba ya aquí para siempre. Junto con otros compañeros de mi facultad de Filología Inglesa nos marchamos a la Universidad de Swansea, un lugar bastante remoto en el sur de Gales. Y lo hicimos con el entusiasmo, la inconsciencia y la felicidad de quien está zarpando a descubrir nuevos horizontes, a repoblar terrenos desconocidos . Sentíamos de corazón que el futuro y el mundo eran nuestros, que no había ni habría ya nunca más fronteras para nosotros. Abrazando aquella bandera azul con estrellitas, el continente europeo era nuestro. Aquel Gales minero y costero, que ahora ha votado a favor del Brexit, nos acogió con los brazos abiertos y nos sentimos como en casa desde que llegamos.
Disfruté cada momento de aquel año en el Reino Unido, aprendí a decir británicos en vez de ingleses, me enganché para siempre, forever and ever, al té y a los prados verdes, al humor inglés, que siempre empieza por uno mismo con esa fina ironía de la selfdeprecation , y casi hasta le cogí cariño a su monarquía.
Y desde aquel año me he sentido siempre una privilegiada, una afortunada por ser parte de esa generación que descubrió el mundo (y con él, el amor y el sexo, que son parte de ese descubrimiento) gracias a las becas Erasmus. Esa generación que creció sin fronteras en su entorno cercano. Mis hijos me escuchan con estupor cuando les he explicado, viajando a Francia y a Portugal, que antes había que pararse en las fronteras, en las aduanas, y que te miraban el pasaporte, y se han acostumbrado a viajar por Europa como ciudadanos de pleno derecho.
Ese era el mundo que yo pensé íbamos a dejarles a nuestros hijos, una Europa unida, abierta y hospitalaria, con países muy diferentes que habían logrado finalmente entenderse tras décadas, que digo décadas, siglos, de enfrentamientos. Una Europa sin fronteras, sin controles, acogedora, en la que se podía saltar de país en país con el carnet de identidad. Por eso estoy muy triste desde que los británicos votaron el Brexit (y también desde que los refugiados se amontonan en nuestras fronteras). Esa no es la Unión Europea en la que yo crecí, creí y en la que quería que mis hijos crecieran.


martes, 7 de junio de 2016

Mamá, ¿y si yo no quiero quedarme embarazada?

'Mamá, ¿y si yo no quiero quedarme embarazada?' La preguntita de marras me la soltó, así a bocajarro, mi hija de siete años cuando estábamos entrando al gimnasio. Me vino bien estar abriendo en ese momento la puerta de cristal porque así tuve unos segundos para recomponer la cara y pensar qué le respondía. Una señora que salía en ese momento oyó la pregunta y a duras penas contuvo la risa. Yo contuve la sorpresa y, con una naturalidad y desenvoltura algo fingidas, le respondí que si no quería quedarse embarazada pues que no se quedaría embarazada, y que luego en casa lo veíamos todo, que ahora íbamos a entrar en la piscina y estábamos llegando tarde a su clase.
La pregunta había surgido, porque su hermano, nueve años, me preguntó por qué su primito, de año y medio, iba a tener ya otro hermanito, así tan seguido, que si sus papás estaban de acuerdo con que llegara tan pronto el hermanito. Yo le respondí que claro que sí, que iban a tener otro bebé porque habían querido, que eso es lo que sucede normalmente, y que si no se acordaban de lo que les había contado el otro día sobre cómo se hacen los bebés. Y según les hablaba me venían a la cabeza los consejos de los expertos, que aseguran que hay que aprovechar todas las oportunidades para hablar de sexo con nuestros hijos, que cuando pregunten hay que responderles sin evasivas y sin cursilerías (como contaban en este artículo de El Mundo). Os confieso que yo notaba, ahí entrando a la piscina, que un poco sí estaba evadiendo el tema. 
Mi hijo mayor, 13 años, ha llegado a la adolescencia sin hacer una sola pregunta sobre el tema y  me he encontrado con que se me ha hecho ya un chico grande sin haber hablado casi nada de estas cuestiones, porque siempre esperas a que pregunte y si no lo hace no surge la ocasión. Y ahora cuando he tratado de sacar el tema con él se me escurre como una anguila. 
Por ello con los dos pequeños estoy tratando de compensar esa carencia y no desperdiciar una sola oportunidad.  Así que dicho y hecho, con el tema aún caliente (la llegada del nuevo primito y el cómo no quedarse embarazada) nada más llegar a casa me senté con ellos, pertrechada con toda la bibliografía que he conseguido sobre el tema. Y aquí paso a compartirla con ustedes porque el día menos pensado vuestros hijos, si no lo han hecho ya, os van a hacer la misma pregunta que los míos.
Desde que os hablé de esto hace unos meses por primera vez (en el post Hoy vamos a hablar de sexo) he estado investigando sobre lo publicado para hablar de sexo con los niños. Y me ha sorprendido los pocos libros que hay. La obra de referencia sigue siendo uno de 1975!. Es cierto que no ha cambiado nada en la manera de hacer los niños, y el libro sigue siendo totalmente vigente y muestra las cosas de manera divertida, con una pareja regordeta muy graciosa que hace el amor con mucho salero. A mí me hace mucha gracia un pie de foto de los dos en plena faena que dice "esto es lo más cerca que pueden ponerse dos personas":



Este libro se complementa con otro para niños algo mayores, sobre los cambios que se producen en la pubertad. '¿Qué me está pasando?'. El día que llevé los libros a casa me encontré por la tarde al mediano atrincherado en su litera enfrascado leyéndolo, así que supongo que cumplen su cometido.




Y muy recomendable también este libro en pdf No les cuentes cuentos que es perfecto para leer con los niños cuando son pequeños.

Así que ya sabéis, aprovechad las oportunidades!! 


lunes, 6 de junio de 2016

Empezamos la Semana Grande bloguera

Atacada de los nervios estoy empezando esta mi Semana Grande como madre bloguera. Estamos en plena cuenta atrás para el evento bloguero del año:  El 4º Encuentro Madres 3.0 que organiza YO DONA (revista en la que servidora se gana las lentejas de sus hijos) y el Club de las Malas Madres!!!!


Un año más tenemos un pedazo de programa con las blogueras más interesantes del momento, aquí podéis ver la agenda. Si os habéis quedado fuera (el aforo se llenó enseguida) no os preocupéis porque en redes sociales y en yodona.com podréis seguirlo todo.

Y por la noche nos daremos a La Party!!!!


Y al día siguiente, con todo el resacón encima, me iré a firmar libros a la Feria del Libro, con mi hija pequeña que está encantada porque es la autora de la portada del nuevo Diario de una madre imperfecta.  Os espero. No nos dejéis ahí solas. Hacedlo por mi hija.




lunes, 23 de mayo de 2016

Redecorando las habitaciones de las fieras

Soy muy fan de los productos noruegos. Por alguna extraña asociación el Made in Norway para mí es sinónimo de calidad y, sobre todo, de resistencia y durabilidad. Perdonadme el simplismo, pero un país del que zarparon hordas de vikingos solo puede producir cosas buenas y resistentes. Lo comprobé con la trona Stokke, la icónica Tripp Trapp, el único lugar donde mi lindo mediano (que ahora visto retrospectivamente, rozó la obesidad, no tengo reparo en reconocerlo) lograba estar reducido sin poderse volcar ni soltar. Quedaba encajado en aquella trona y, siempre que no se pudiera agarrar a ningún sitio para hacer palanca, podia dejarle allí unos minutos, que yo aprovechaba para esos menesteres de primera necesidad, tal que vestirme.
Pues bien, he vuelto a renovar mi fe en el Made in Norway con las pinturas Jotun. Debo confesar que no las conocía. Cuando leí que tenían una gama que se llamaba 'Resist' pensé que había sido creada pensando en mi casa y, sobre todo, sus habitantes. Dicen ellos, los de Jotun, que es la 'pintura definitiva', que no solo es lavable sino que repele las manchas, y deseosa estoy yo de comprobarlo. Ya os diré de aquí a unos meses cómo va soportando los trasiegos de mis fieras. Oportunidades en mi casa no van a faltar para ponerla a prueba. De momento está así de rebonito. y de impoluto. Esta es la habitación de la niña pintada en el tono Soft Lilac.



Y esta es la del mayor, que acaba de entrar en la adolescencia. He elegido los tonos Platinum y Oxford River, a ver si apacigüan sus hormonas. 


Y os diré que lo he pintando con mis manitas, porque nada me puede gustar más que agarrar un rodillo y darme a la pintura. Os diré, ahora con conocimiento de experto, que es una pintura facilísima de aplicar, que cubre mucho y que al secar queda muy uniforme, como si la hubiera pintando un verdadero experto. Tienen infinidad de colores, pero para facilitarnos la elección a las madres indecisas, como servidora, han sacado un catálogo rebonito con la carta de colores Majestic Kids.


*Post elaborado en colaboración con Jotun Majestic Kids.

miércoles, 11 de mayo de 2016

¿Hay madres imperfectas en Salamanca?

ATENCIÓN SALMANTINAS (y salmantinos, que nadie se de por excluido)!!!! Recontenta y emocionada estoy de ir a presentar el Diario de una madre imperfecta a mi tierra (digo yo, qué pinto yo con mis desvaríos en una ciudad que oyó hablar a Fray Luis de León, a Unamuno??)
Cuándo: viernes 13 de mayo. A las 19 horas.
Dónde: en el Corte Inglés de Salamanca (avda. Maria Auxiliadora, 71), en una zona habilitada junto al restaurante.
Quién: la autora, Isabel García-Zarza, o lo que queda de ella.
Cómo: con sus mejores galas, y, probablemente, nerviosa.
Por qué: porque le hace mucha ilusión descubrir si en su tierra hay otras madres imperfectas.

SE LES ESPERA!!

jueves, 28 de abril de 2016

Decálogo para sobrevivir a la maternidad

Se nos echa encima el Día de la Madre y, con él, mucha ñoñería patrocinada por los grandes almacenes, deseosos de hacer caja a costa de la ocasión. Muchos de los anuncios que se ven estos días perpetúan ese prototipo de madre imperante en nuestra sociedad, el de una mujer que antepone en todo momento el bienestar de sus cachorros al suyo propio, dispuesta a cualquier sacrificio por ellos, abnegada y paciente, resignada y serena. Pues bien, ya va siendo hora de que esa madre ascienda a los cielos, santificada, y desaparezca de las calles y los hogares.
Ser madre es algo que se aprende sobre la marcha, no nacemos aprendidas. Así que ahora que hemos demostrado, a nosotras mismas y a todos los demás, que, a  pesar de las dudas y miedos que tuvimos al quedarnos a solas por primera vez con un recién nacido, somos capaces de sacar adelante a unas criaturas sin que se nos ahoguen, se mueran de hambre, se tiren por una ventana, se pierdan por la calle o se abran la cabeza, ha llegado el momento (y el Día de la Madre es el momento perfecto para hacerlo) de desaprender, de resetear nuestro cerebro y de pensar por primera vez en nosotras mismas.
Este es el decálogo de la nueva madre, que deberíamos grabarnos a fuego en la cabeza o, como poco, imprimir y poner bien visible en la puerta del frigo:
1- Dejarás para mañana, o pasado mañana, o el próximo mes, todo lo que no tengas que hacer hoy.
2- Pensarás en ti por encima de todas las cosas por lo menos una vez al día, o a la semana. No, no vale una vez al mes.
3- Escucharás a tu cuerpo, que quizás está tratando de decirte algo con esas cefaleas persistentes, ese ardor de estómago, esa sequedad de piel o esos dolores de espalda. ¿Quién dijo que era malo mimarnos a nosotras de vez en cuando?
4-  Te harás alguna vez, por ejemplo hoy, el regalo perfecto, porque tú sí que sabes lo que más le gusta a mamá y lo que te mereces. Que sí, que las manualidades infantiles son el regalo que hace más ilusiónj, pero oye, ese bolso o ese vestido camisero que llevas días mirando tampoco se quedan atrás. ¿Cuándo fue la última vez que te diste un capricho?
5-  En la medida de lo posible, irás alternando roles, ahora de madre, ahora de esposa, ahora de amiga, ahora de curranta... Porque no se puede ser todo al mismo tiempo y además pretender hacerlo todo bien. Cuánto daño nos ha hecho a las mujeres ese alabado multitasking.
6-        Te flagelarás lo justo y serás clemente con tus errores, indulgente con tus imperfecciones. Es más, desde aquí os animo a ponerlo en práctica con alevosía y premeditación, por ejemplo, olvidando un disfraz, mandando al niño al colegio sin peinar, o repitiendo menú en la cena dos días seguidos.
7-     Delegarás porque, aunque te cueste creerlo, no eres la única persona en el mundo que hace las cosas bien y que sabe exactamente qué quiere o necesita su hijo. Cada una debe buscar su punto débil y practicarlo, por ejemplo, que sea el padre, la abuela, la chica, quien escoja la ropa del cole o quien prepare los purés, o quien haga la compra. Seguro que te sorprenden, e incluso hasta positivamente alguna vez.
8-    Te reservarás un tiempo para ti misma; como poco una vez a la semana, y si pueden ser dos veces, mejor que mejor. Aunque no tengas nada urgente que hacer,  te dedicarás a algo que te relaje o que te haga olvidar a los niños. Haz yoga, pinta, pasea, sal con amigas, nada, corre o simplemente quédate pasmada en un banco del parque (eso sí, cerciórate antes de que tus hijos no están cerca). Dale tiempo a tu mente para que se recupere del bombardeo de gritos y demandas al que estás sometida normalmente.
9-          Dejarás a tus hijos solos de vez en cuando para que así ellos te/os dejen a vosotros solos. Recuerda que tu misión no es ser la animadora socio-cultural de la vida de tus hijos, déjalos que ellos exploren, descubran e incluso que se aburran.
10-        Recordarás, y este será tu lema y tu motto, que la mejor madre no es la más entregada, ni la más perfecta, ni la más delgada, ni la que mejor cocina, ni la que pasa más tiempo con ellos,  ni la que llega a todo, sino la madre feliz y contenta consigo misma.

FELIZ DÍA DE LA MADRE

jueves, 21 de abril de 2016

Día del Libro: desvaríos y recomendaciones

Llega el Día del Libro y trataré un año de mantener con mis hijos más la tradición de mi infancia, cuando mis padres siempre me compraban un libro nuevo. Recuerdo la emoción de elegir entre las casetas y volver a casa emocionada con el libro, deseando empezar a leerlo. Aunque os confieso que mi voracidad lectora era tal que más que cliente de librería, fui usuaria de biblioteca, porque solo ahí lograba saciar mis ansias de lectura. Me leí todo el catálogo de la biblioteca municipal de mi ciudad, cada vez que llegaba un nuevo libro el bibliotecario me avisaba. Me gustaría que mis hijos heredaran esa pasión por los libros, pero me da la impresión de que su generación prefiere otras distracciones, son más partidarios de llenar sus tiempos de ocio con pantallas que con letras. Y ahí estoy yo detrás de ellos todo el día, tratando de convencerles de las maravillas que se esconden entre las páginas, regateando tiempos de lectura, intercambiando libros por ratos con la tablet... Y este sábado les llevaré a elegir un libro, a ver si poco a poco logro inocularles ese gusanillo. Aquí os hago un par de recomendaciones:

- Mi autor favorito del momento para niños es sin duda David Walliams, un inglés al que ya llaman el Roal Dahl del siglo XXI, por su sentido del humor y sus historias gamberras. Se las compro a mis hijos para leerlos yo también. Este me encanta:





- Estos son los dos ganadores del premio SM de este año. Yo crecí leyendo sus colecciones, primero Barco de Vapor, con aquella gama de colores que empezaba en el blanco para los más pequeños y terminaba en el rojo. Y luego ya me pasé a los de Gran Angular, leyéndolos me hice adulta y sus páginas me ayudaron a descubrir nuevos desafíos. Me encanta que sigan añadiendo nuevos títulos.



Y vosotros ¿qué libros recomendáis? 

domingo, 3 de abril de 2016

Todo lo que quiso saber sobre el sexo (tras los hijos) y nunca se atrevió a preguntar

Hay muchos artículos escritos sobre la vida sexual después del nacimiento de los hijos. Muchos. Pero muy pocos cuentan la verdad. Amigos, aquí la tenéis, sin paños calientes, tal cual es:

- Tras el parto o cesárea una madre tiene las mismas ganas de tener relaciones sexuales que de echarse a nadar en el océano Ártico o de salir a asfaltar las calles de su ciudad, así os lo digo. Quien diga otra cosa miente. Ese espacio temporal que yo he definido de manera intencional muy vagamente como 'tras el parto' puede prolongarse días, semanas o, incluso meses. Tampoco me extrañaría si alguien dijera que le duró años.

- Justo cuando empieza a sentir en su interior algo parecido a lo que fue la líbido, algo así como una especie de calorcito que nace por dentro de una manera tan inesperada como el renacer de las plantas en primavera (ojo, que estoy hablando de algo incipiente, nada de furores desatados), la madre se dará cuenta de que no hay nada nada en el mundo que le quite más las ganas que el llanto de su bebé. Y cuando digo el llanto, digo también cualquier sonido emitido por dicha criatura diminuta. Es oir a su bebé y esa líbido incipiente desaparece por completo y puede que tarde días, semanas o incluso meses en regresar. Eso lleva a las situaciones más curiosas, como a abalanzarse sobre su pareja en cuanto la criatura se ha quedado dormida. Si solo se tiene un hijo puede que incluso se llegue a buen puerto, pero si tienen más, el encontrar un momento adecuado, que coincida además con ese efímero repunte de la líbido, se complica ya notablemente, vamos, que viene a ser una conjunción cósmica como la de un eclipse solar total visible en pleno día desde el hemisferio norte. Naturalmente aquí está muy indicado el uso de todo tipo de dispositivos electrónicos para comprar esos minutos de tranquilidad o, como dirían los expertos, de intimidad de pareja. No será muy instructivo pero es el precio a pagar.

-La lactancia tampoco ayuda a recuperar la actividad erótica-festiva. Desde aquí mis disculpas a la siempre muy activa y vehemente Liga de la Leche por tirar piedras contra la lactancia materna pero como madre que lactó a sus hijos durante meses me siento plenamente capacitada para afirmarlo: Cuando el pecho se usa con fines alimenticios es muy difícil recuperar, y más áun compaginar,  su uso lúdicoerótico. No os digo ya si te ves obligada a hacer uso ese invento maléfico de los discos de lactancia. Me atrevería a afirmar que no hay vida sexual posible con un disco de lactancia de por medio.

- Cuando están los niños en casa, lo que viene a ser gran parte del tiempo, a no ser que te cojas un día libre para quedarte con tu churri en casa por la mañana cuando ellos se van al cole (mira qué gran idea, no se me había ocurrido nunca, oye), no está garantizado nunca al 100% que no aparezcan en cualquier momento con lo cual las efusiones han de ser las justas. Desde luego se acabó el hacerlo en la mesa de la cocina, habrá que ser mucho más discretos y comedidos, lo ideal será encerrados en el dormitorio. Sería muy recomendable tener un pestillo en la puerta, pero si, como es mi caso, nunca te has atrevido a ponerlo por miedo a que se te atrincheren ahí dentro las fieras y tengas que llamar a los bomberos con el consiguiente bochorno, tendrás que ser consciente de que en cualquier momento, repito en CUALQUIER momento, puede aparecer alguien en la habitación. Por eso os tendréis que pertrechar bajo sábanas, mantas y/o edredones por si de repente aparece alguna criatura, lo cual, sobre todo, en verano puede propiciar situaciones de verdadero riesgo por altas temperaturas.

- Os haréis expertos en las paradas y los reiniciares, con lo que eso puede tener de bajonazo. 'Para, para, que me están llamando' 'Espera, que creo que se ha caído algo. O alguien.' '¿No has oido gritos? y demás. Aún así, sorprendentemente, milagros de la capacidad de adaptación humana a ambientes hostiles, en alguna ocasión lograréis culminar lo iniciado.

- A medida que los niños van creciendo y crece su adicción a las pantallas será mucho más fácil encontrar momentos adecuados, hasta el punto de que, casi me atrevo a asegurar, con una película adecuada y amenazas de 'prohibido molestar', yo estimo en un 90%  o incluso un 95% las posibilidades de disfrutar de un rato tranquilo. Naturalmente, no hay que subestimar nunca ese 5 o 10% de riesgo, con lo cual, queridos, prolegómenos los justos, al grano.

- Eso sí, el día que se de la conjunción cósmica antes descrita, es decir, no hay moros en la costa, bien porque los niños no están en casa, porque están pegados a la televisión o porque han entrado en la fase del sueño profundo, y además tienes la líbido desatada, ay, amigos, ese día hay que echar toda la carne al asador y entregarse a ello como si no hubiera un mañana, como si fuera el último polvo de la humanidad. No daré más detalles, que esto no deja de ser un blog de maternidad, pero no escatiméis en nada. Y para que sea inolvidable (y ayude a superar el dique seco pasado y venidero) recurrid a todo lo que pueda ayudaros: lencería de esa fina que yace olvidada en un cajón, geles de masaje, velas, música, alcohol... Ahí lo dejo.

- Incluso en los momentos en que todos los factores externos son favorables (leer conjunción cósmica anterior) no hay que descartar la interferencia de los factores intrínsecos, es decir, la mente, tan traicionera, que van por cuenta suya y no hay manera de controlarla. Así podrá ocurrir que, en plena faena, de repente te encuentras recordando que la niña pequeña tiene que llevar al día siguiente un bocadillo extra al cole porque vuelven más tarde de una excursión al museo, o pensando que en cuanto termines vas a recoger la ropa tendida porque ha empezado a llover y el mediano necesita el chandal al día siguiente. En estas ocasiones, para conjurar esos pensamientos, se impone echar mano de las fantasías sexuales que más te pongan, o incluso, sin miedo a ser infiel de pensamiento, recordar al macizo más macizo que hayas visto últimamente para así lograr que tu mente regrese a tu cuerpo y culminar la faena. Habrá quien me acuse de fomentar la infidelidad de pensamiento pero más demoledora me parece a mí la abstinencia sexual.

- Y cuando crees que ya tienes la situación controlada, porque has logrado recuperar el ritmo, aprovechando esas siestas o esas noches, entonces tu hijo mayor llegará a la adolescencia, se acostará más tarde, será mas difícil de engañar con la tele y tendrá más sospechas de lo que están haciendo sus padres, con el consiguiente bajonazo, sí, de nuevo, para tu líbido. Pero ahí pensarás que dentro de nada se irán de casa, y, si para entonces te quedan ganas, podrás volver a hacerlo en la cocina.


Aclaración a pie de post:  Todas estas situaciones se refieren exclusivamente al sexo puro y duro, con un objetivo meramente lúdico sin fines reproductivos. Porque cuando se nos mete en la cabeza buscar el embarazo todo se vuelve mucho mucho más loco, ahí ya nada nos para y se pueden vivir momentos de total delirio (como asaltar a tu marido un día que el pobre tiene fiebre porque justamente es tu momento fertil...). Pero eso es material para otro post.



viernes, 18 de marzo de 2016

Queremos muchos más #padresigualitarios y más #padrazos


Hoy en vísperas del 19 de marzo iba yo a escribir un nuevo test de paternidad para descubrir a un padre implicado como los que he hecho otros años (aquí va uno), con esas preguntas trampas para desenmascarar a los farsantes (os confieso que con estos tests luego me busco un problema en casa porque los hago tan a mala leche que el padre de las criaturas no siempre sale bien parado).
Pero este año he decidido unirme a una campaña maravillosa que han lanzado en Internet un grupo de papás blogueros, es la campaña #padresigualitarios que tiene el loabilísimo objetivo de hacer visibles formas de vivir la paternidad en igualdad. Y es que mucha falta hace que la crianza se viva en igualdad, hasta que los padres no se impliquen al 50% (y luchemos todos para que la sociedad les deje hacerlo) no nos quitaremos de encima las madres el fardo que llevamos a la espalda.
No os perdáis el video que han hecho estos padrazos (que salieron el otro día en este fabuloso artícuo de El Mundo La rebelión de los padrazos.) Estoy segura de que casi todos pasarían mi test de paternidad. Porque se saben el calendario de vacunación, son capaces de administrar apiretal, llevan gomas y horquillas en el bolsillo, se saben el nombre del pediatra, usan cambiadores públicos, recogen de la escuela y no tienen sordera nocturna!

Enhorabuena, chicos! Queremos más, muchos más como vosotros.



lunes, 14 de marzo de 2016

Se me ha 'insolado' el mediano

Hoy estoy esperando que me llamen los servicios sociales. Cada vez que suena el teléfono con un número desconocido me da un vuelco el corazón. Os preguntaréis qué he hecho, qué hemos hecho esta vez. Pues que el mediano se ha cogido una insolación de primera. Tiene la cara incandescente, los ojos hinchados y ampollas en los pómulos. Fue este fin de semana en la nieve. La criatura, nueve años, de carácter fuerte y muy independiente, por decirlo de forma eufemística, se negó a que le diéramos su padre o yo la crema en la cara. Dijo gritando que ya se la daba él. Y nos echó del baño. Y su padre y yo, en ese momento bastante ocupados atareados preparando toda la equipación para ir a la nieve (tarea solo comparable al estrés de ir a la playa o pasar el arco de seguridad del aeropuerto) pues le dejamos hacer. Y tenéis razón que no hubiéramos debido dejarlo. Que tendríamos que haber hecho uso de nuestra patria potestad, haberle reducido entre los dos y haberle aplicado a conciencia el protector solar. Pero no lo hicimos. Lo confieso. No lo hicimos. Llamadlo pereza, dejación de funciones o irresponsabilidad. El caso es que se untó de crema exclusivamente la punta de la nariz (única parte de su rostro que no ha resultado abrasada) y así se fue a la nieve. Por la noche os aseguro que resplandecía. Yo no puedo ni mirarlo. Hoy está algo menos, y de esa guisa ha ido al colegio. Le he pedido que le explique a los profesores que fue él mismo el que se negó a ponerse crema. ¿Y qué me ha respondido? 'Le voy a decir a las profes que la crema se acabó y mi mamá no quiso comprar más'. Ya os digo, los servicios sociales.

jueves, 3 de marzo de 2016

Normas básicas de conducta en los grupos de whatsapp del cole

Siguiendo la tendencia kamikaze abierta el otro día con el post sobre los cumpleaños infantiles, continuo aquí mi proceso de inmolación social escribiendo sobre los grupos de whatsapp de los padres /madres del cole, vamos, progenitores en general, aunque por lo general mayoritariamente de género femenino.
Deben de ser ya decenas, qué digo, decenas, cientos de miles los grupos de whatsapp abiertos hoy en día en los diferentes colegios españoles. Y apuesto que la mayoría, por no decir todos, se han abierto así a la ligera, espontáneamente, casi sin preguntar quién quiere participar y, sobre todo, sin fijar unas normas de comportamiento y de conducta.
Y así ocurre lo que ocurre. Que te encuentras una tarde de domingo con 258 mensajes. Y para ponerte al día de lo que están hablando te debes sentar, prepararte un café y dedicarte a remontarte en el hilo de mensajes hasta que logras enterarte, al cabo de un buen rato, de qué va el asunto. Y cuando te has enterado resultan que están siguiendo el rastro de un jersey a pico verde que se le perdió a un niño la semana pasada y ha desencadenado una cadena de mensajes y una investigación que riete del detective Poirot*.
Así que, humildemente, aquí me atrevo a sugerir unas normas para poner un poco de orden y concierto en estos grupos, ya que no podemos salirnos de ellos (¿o sí? me reservo la opinión para otro post), por lo menos tratemos de hacerlos más llevaderos... Por favor, si tenéis más normas que añadir o no estáis de acuerdo con alguna, decidme y elaboremos entre otros el Código de Conducta definitivo. Podemos luego distribuirlo en todos los colegios de España y ser nominados al Principe de Asturias de la Concordia:

1- El grupo debe ser usado para compartir información de interés para TODA la clase. Se entiende aquí información relacionada con el colegio o con la vida escolar de las criaturas. Es decir, pongámoslo negro sobre blanco, sobran los chistes y las gracias tan propias de las redes sociales.

2- Se habla mucho de la importancia de la buena educación en whatsapp y las redes sociales, pero no se ha dicho, o al menos no lo suficiente, que la etiqueta online es diferente de la que usamos cara a cara. Es decir, no hace falta desear Buen fin de semana a todo el grupo del uasap, porque eso desencadenará una verdadera avalancha sin fin de 'También para vosotros' 'Lo mismo digo' 'Igualmente'. Un bucle infinito de buenos deseos. Y cuando te quieres dar cuenta, hay 86 mensajes.

3- Soy de la opinión de que hay que aportar solo información pertinente. Pondré un ejemplo: si una madre dice que su hijo ha perdido su estuche rojo y pregunta si algún otro niño lo ha cogido por error, NO hace falta que respondan que NO los otros 24 padres. Bastaría con que responda el progenitor del niño que lo cogio por error.

4- No es necesario explayarse en detalles. Está bien si se avisa de que han sido detectados piojos en la clase. Pero tampoco necesitamos saber que a Manolito le han sido encontrados 7 piojos de gran tamaño, dos pequeños y numerosas liendres.

5- El grupo de uasap NO debe convertirse en la agenda de los niños. Es decir, no debe ser el lugar donde sistemáticamente y a diario se dice qué hay de deberes para ese día. Naturalmente, si un niño sabe que su madre le va a decir qué tiene de deberes, no se molestará en apuntarlos en el cole, ¿no?

*Y que conste que hablo de oidas porque todos los grupos de whatasapp en los que tengo el honor de haber sido incluida son de lo más respetuosos, escuetos a la par que prácticos e inmensamente útiles. Vamos, que estoy encantada de ser parte de ellos, que son una alegría en mi vida. Ala, os dejo, que tengo que responder unos cuantos mensajes.

lunes, 22 de febrero de 2016

Hoy vamos a hablar de sexo

Acabo de regresar de un taller sobre educación sexual (en la adolescencia, aunque ahora que lo pienso quizás no me vendría mal ir a otro taller sobre educación sexual en la vida adulta, pero ese es otro tema). Iba yo preocupada, pensando en cómo mejorar la comunicación con mi hijo mayor, recién entrado en la adolescencia, dándole vueltas a cómo crear ese vínculo de confianza a través del cual yo le pueda ayudar en esta etapa tan compleja de su vida. Y, en resumidas cuentas, lo que nos ha venido a explicar un doctor muy amable es que lo que no hayamos hecho hasta ahora ya es tarde para hacerlo, que si a estas alturas (13 tiene mi hijo) no hemos creado ese vínculo de confianza pues ya poco se puede hacer, y que deberíamos haberles educado en la sexualidad y la afectividad, y el respeto a su cuerpo y la autoestima prácticamente desde que nacieron. Y nos ha contado un experimento que me ha hecho pensar mucho: vistieron a un bebé de pocos meses de azul y se lo enseñaron a un grupo de personas y estas se dirigiendo al bebé hablando con tono fuerte, diciéndole que iba a hacer muchas cosas grandes y a ser un campeón. Al mismo bebé lo vistieron de rosa y volvieron a enseñarlo y todos se dirigían a ella con voz dulce, diciéndole lo guapa que estaba y lo buena que era.
Y os decía que me ha hecho pensar porque la educación de las niñas en esta sociedad nuestra tan sexualidada y tan obesionada con la imagen es un tema que me preocupa especialmente. Y me esfuerzo cada día por trasmitirle a mi hija pequeña (6 años) que puede hacer lo que quiera y llegar dónde quiera. Y supongo que, por no desanimarme de pensar que con el mayor lo hecho hecho está, he salido del taller pensando que aún me quedan los otros dos pequeños para seguir poniéndolo todo en práctica y seguir trabajando con ellos ese vínculo de confianza y esa relación sana con la sexualidad. Eso iba yo reflexionando -el que no se consuela es porque no quiere- cuando al llegar a casa he pillado a la niña y a su hermano mediano jugando a hacer un concierto. Y rauda y veloz, con la lección bien aprendida, le he dicho a la niña que por qué no tocaba ella la batería y en un periquete le he montado una batería improvisada de lo más resultona con unos cubos y unos cucharones y la he animado a golpear con fuerza y estruendo. Y como loca que se ha puesto, ante la envidia de su hermano, a aporrear su batería, con tal entusiasmo que no llevaba ni cinco minutos cuando ya había roto un cubo y una cuchara de madera. Y os diré que los doy por bien rotos si con ello he contribuido a reforzar la autoestima de mi niña. Ahora tengo que reflexionar sobre cuándo y cómo vamos a hablar de dónde vienen los niños, porque parece pronto pero es que siempre parece pronto y de repente vas a un taller y te dicen que ya es tarde. ¿Y vosotros, cómo habéis abordado la educación sexual de vuestros hijos? por favor, dadme pistas.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La verdad nunca contada sobre el estrés de los cumpleaños

Espero sinceramente que este post no lo lea nadie que me conozca personalmente, sobre todo que no lo lea nadie relacionado con el colegio de mis hijos, y sobre todo ninguna madre de algún amigo de mis hijos. Pero si no lo escribo reviento, así que me lanzo a ello decidida, sin medir las consecuencias y sin valorar el riesgo que asumo (hijos mios, no me guardéis rencor si no os vuelven a invitar a ningún cumpleaños).
Como madre de tres hijos en edad escolar una gran parte importante de mi tiempo, y de mi whatsapp, está dedicado a gestionar sus vidas sociales. Y una gran parte de esa vida social son las invitaciones a los cumpleaños. Por alguna razón que desconozco se han puesto de moda dos cosas:

1- los cumpleaños masivos, es decir, todos los niños invitan a toda la clase. Si tu hijo ha sido cambiado de clase, es muy probable que le sigan llegando invitaciones de las dos clases (sí, está muy bien que el niño esté integrado y no tenga problemas para relacionarse y yo me alegro de ello), con lo cual si tienes tres hijos pues multiplica. Te sale una media de 90 cumpleaños al año, así tirando un poco por lo alto. (Aprovecho desde aquí para agradeceros de corazón a todos los que nos habéis invitado en los últimos años, por favor, no os lo toméis a mal, no tengo nada contra cada invitación en particular pero sí contra la acumulación en general). Vamos, que te puedes pasar los fines de semana de cumpleaños en cumpleaños, no hacer otra cosa en tu tiempo libre que llevar niños a todo tipo de espacios lúdicos (que sí, que está muy bien también que los padres se curren las opciones para que cada cumple sea único y especial, mis hijos han hecho talleres de robótica, de química, de pastelería, de disfraces, y casi hasta de física nuclear, que ya ni recuerdo).

2- los cumpleaños se anuncian con dos o tres, o incluso cuatro semanas de antelación. Y exigen confirmación, algo que puede resultar muy complicado y estresante. No ya solo porque seas un desastre incapaz de planificar ni lo que se va a cenar esta noche, que también, sino porque, pobre ilusa, a mí me gusta pensar que en mi vida todavía queda un resquicio de libertad e improvisación, que todavía se pueden hacer cosas sobre la marcha, según el humor del que te levantes por la mañana, que no todo está planificado y programado, que todavía se puede ser libre!!! ay, pobre tonta.

Dicho esto, hecho el mal, aprovecho para deciros a todos que mis hijos han disfrutado muchísimo todos y cada uno de los cumpleaños a los que han ido  y que mueren de ilusión cada vez que les invitan a uno. Y estoy convencida de que la participación en estas fiestas infantiles es parte esencial del crecimiento emocional de nuestras criaturas.
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lunes, 15 de febrero de 2016

MI hija y el juicio de la infanta

Tenemos una actualidad tan loca que hoy no sabía si venir aquí a hablaros de la autoinflingida prisión domiciliaria de Rita Barberá, de la espantá de la abuela Esperanza o de las negociaciones de los pactos convertidas en política de patio de colegio ('no te doy la mano porque no te ajunto'  o 'si ajuntas a ese otro no te ajunto yo'). Pero al final voy a decidirme por algo que me parece una oportunidad fabulosa para todas las madres de 'princesas', es decir, mayoritariamente niñas (aunque no digo que no haya también niños que hayan sucumbido al embrujo), normalmente entre los 2 y los 9? 10? (corregidme si me equivoco, la mia tiene 6 y no sé cuánto le durará) fascinadas por el mundo de las princesas Disney. 
Cierto es ,en su defensa, que las princesas Disney no han sido ajenas a la evolución de los tiempos y son cada vez más guerreras (Brave sin duda es mi favorita) y más dueñas de su destino, sin tener que esperar dormidas a que venga un príncipe azul a despertarlas. Pero aún así me parece que, para evitar justamente esa idealización de la princesa bella y pasiva, puede resultar de lo más aleccionador y pedagógico para nuestras nenas que les enseñemos a la infanta sentada en el banquillo de los acusados. 



No será fácil pero podrá valer la pena que de la manera más sencilla posible les expliquemos lo que ha llevado a SAR hasta ese lugar tan ingrato para que 1- desmitifiquen la profesión de princesa que tanto les fascina y que vean que no es un camino de rosas libre de desgracias. 2- se den cuenta de adónde te puede llevar un amor ciego e incondicional por un príncipe azul con físico de efebo, mucha ambición y pocos escrúpulos. 

martes, 19 de enero de 2016

Carta a Carolina Bescansa

Querida Carolina, supongo que estás todavía sorprendida por la que se montó el otro día cuando decidiste llevarte a tu bebé a a la primera sesión del Congreso.
Dice mucho de un país que cause más revuelo ver en los escaños del parlamento a una madre amamantando que a un diputado acusado de embolsarse millones de euros en comisiones. Una cosa, la segunda, nos parece normal, el pan nuestro de cada día, y lo otro, lo primero, hace que medio país se lleve las manos a la cabeza. Y qué quieres que te diga, que a mí me parece que, con lo tuyo, se han sacado las cosas de quicio. Lo dijiste bien claro a la puerta del Congreso, hay que respetar todas las formas de crianza, incluida la crianza con apego, que es la que practicas tú, y  por eso no te separas de tu hijo. Has tenido un niño tarde en tu vida y tienes todo el derecho del mundo a criarlo como mejor te parezca. Que no te apetece llevarlo a la guardería del congreso (un lugar estupendo, por cierto, donde por 150 euros al mes tienes al niño superbien atendido, ya quisiéramos muchas algo similar en nuestro lugar de trabajo), pues no debería pasar nada. Como en tantas otras cosas en la vida, deberíamos ser todas libres de elegir la opción que mejor nos parece y más nos conviene. Te han acusado de postureo, de privilegiada, y poco menos que de maltratadora de niños... Y yo, muy humildemente, soy de la opinión de que cada mujer es libre de decidir cómo y cuándo quiere vivir su maternidad. A Soraya se la crucificó por incorporarse al traspaso de poderes poco después de dar a luz a su primer hijo- y a Susana -Diaz, idem, por tomarse solo las seis semanas obligatorias de baja maternal- : . Entiendo, y en determinados momentos hasta comparto, el argumento de que las mujeres políticas deben dar ejemplo. Pero es que igual de importante o más es que den ejemplo los hombres, que también son padres aunque a veces se nos olvida.
Y la verdad que no me parece mal que aparezca un bebé en el Congreso, en un país con una tasa de natalidad insuficiente y con enormes obstáculos a la conciliación, me parece bien que se visibilice, aunque sea de manera puntual y simbólica, el hecho de que las mujeres pueden ser madres y trabajar al mismo tiempo.
Lo dicho, Carolina, que a seguir bien y a disfrutar mucho de tu niño, que crecen muy rápido.
Saludos cordiales




jueves, 7 de enero de 2016

Rutina y verduras

Recorridos muchos kilómetros cargada de paquetes, surcados los cielos, superadas las turbulencias -aéreas y familiares-, empaquetados muchos regalos, alimentadas las ilusiones infantiles, devorados varios panettones y barras de turrones, preparadas varias comilonas, fregadas varias vajillas, recogidas muchas migas y limpiadas muchas caras sucias, engordados varios kilos, esperadas varias horas en estado de semicongelación al pie de pistas de esquí, de patinaje sobre hielo y de cabalgata de Reyes, debo confesaros, queridos míos, que servidora está requetecontenta, es más, feliz cual perdiz, de haber regresado a su casa, a su rutina y a partir de hoy mismo, a sus verduras, sus labores, su trabajo, sus lentejas y su esterilla de yoga. Solo me queda desearos lo mismo, felicísimo regreso a vuestras vidas normales y que el 2016 traiga buenos momentos y unas cuantas risas.

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