viernes, 4 de diciembre de 2015

Dilemas prenavideños del primer mundo

Llegó diciembre. Se ha terminado casi el otoño. Se pasó volando. Tan volando que ni tiempo me dio a escribir en el blog. Que parecía que me había muerto. Y me gustaría deciros que no estaba muerta, que estaba de parranda. Pero ni eso. No sé en qué se me pasó el tiempo. En domesticar cachorros. En la intendencia doméstica. En ganarme las lentejas. Ah, y en terminar otro libro (os adelanto que en 2016 tendremos una versión actualizada del Diario de una Madre Imperfecta). Pero no hay excusas para dejar de escribir el blog. Así que aquí estoy de vuelta. Gracias a las lectoras que preguntastéis si tenía pensando continuar o lo había cerrado. De cerrarlo nada. Con lo que me ahorro en psiquiatra soltando aquí mis desvaríos... Hoy os vengo con mis dilemas navideños. Todos muy del primer mundo. Vergüenza me debería dar con la que está cayendo no muy lejos de aquí. Pero no me la da, a mucha honra. Cada cual tiene sus campos de batalla. Mientras el padre de las criaturas, el humanitario de la familia, se afana en paliar desgracias lejanas, yo centro todas mis energías en que esa burbuja protectora llamada hogar sea lo más cálida posible para los cachorros, en mantener vivas sus ilusiones con los preparativos prenavideños, que los tienen ya nerviositos. Y me he topado con estos dilemas:

- ¿Qué árbol poner? Descartamos hace años la opción de árbol natural, poco ecológico, poco sostenible. Los de plástico tampoco nos gustan. Descartadas esas opciones empecé a hacer árboles de cartón, un año hicimos uno gigantesco pintado en cartón. Otro año recortado. Y estaba yo buscando cartones por la calle para hacer el de este año, cuando mi hijo mediano me soltó ¿Mamá, y por qué no podemos poner un árbol normal? Ni que decir que solté de inmediato las cajas que había ya cogido. Y llevo días mirando blogs de mis admiradas blogueras reinas del estilo en busca de inspiración de un árbol que no sea ni uno ni otro,  ni el clásico ni un remedo hispter. Tengo varias ideas en la cabeza, pero algunas exceden mis habilidades. Así que este fin de semana me dispongo a echarme al monte a recoger ramas a ver si logro componer algo que se parezca a un árbol. Ya os contaré.
- Los regalos.  Este año estoy previsora como nunca y me he jurado que no voy a comprar un solo regalo el 5 de enero por la noche (el año pasado sudé tinta para encontrar un Olaf de Frozen). Así que he adelantado las compras. Pero el dilema sigue siendo el mismo. Los restos de aquel yo mio que creía a pies juntillas en la educación igualitaria y en las no diferencias entre sexos (ay, pobre ingenua) todavía se rebelan cuando leo la carta a los reyes de mis hijos pequeños. Pistolas y coches de superhéroes uno, hadas y muñecas la otra. A decir verdad, el gran dilema lo viví el año pasado, cuando los dos niños se pidieron sendas pistolas Nerf, maldito invento. Pasé varios días dándole vueltas, repetiéndome los argumentos en contra de los juguetes bélicos, hasta que el argumento del mayor ' así jugamos juntos, mamá' me hizo claudicar. Y los Reyes les trajeron las dichosas pistolas. Así que este año ya me ha costado menos, dónde quedaron mis principios?, comprar tres docenas de balas de recambio. Y la niña ya tiene sus hadas, faltaría más. 
- Los menús festivos. Este año, por primera vez en mi vida, Nochebuena y Navidad se pasarán en mi casa. Mi madre se ha hartado de ser anfitriona y me ha delegado la papeleta. Llevo semanas buscando en blogs de cocina. Tengo tal empacho que cierro los ojos y veo pulardas. 

Y os dejo que voy a seguir con mis dilemas. 

2 comentarios:

  1. Y por que no delegaran las madres las cenas en los hijos varones, que nos toca a nosotras? Asi estos se lo delegaran a su vez a sus hijos q nsotraso lo hacemos todo hasta parir. Yo no contribuyo a seguir los roles de una sociedad machista y me niego, no quiero que aprendan lo mismo.

    ResponderEliminar

Compártelo