lunes, 20 de julio de 2015

Cómo elegir el biquini perfecto

Con estos calores -me vais a disculpar pero con la ola de calor crónica que se ha instalado sobre nuestras vidas me he vuelto absolutamente monotemática, no logro salir de la conversación que tendría en un ascensor- solo se puede pensar en remojarse. Bien sea de manera doméstica en ducha o bañera, mediante aspersor, manguera, globo de agua o caceroladas  (todo vale cuando la temperatura se instala en los 40 grados) . O, preferiblemente, mediante inmersión completa en agua dulce o salada. Aquí entra en cuestión un tema peliagudo, el biquini o bañador. Yo soy del club del biquini, porque me cuesta encontrar bañador de una pieza que me valga bien de largo a la par que de ancho. El biquini, al tener parte de arriba y abajo, me resulta más fácil de encajar, sobre todo desde que, oh, albricias, gracias, grandes cadenas de la moda y el glamour, se puede comprar cada parte de una talla diferente (ni muerta revelaré cuál de cada, que una tiene su dignidad).
A lo que iba, que toca elegir biquini, porque los dos que tienes, uno incluso se remonta a la época lactante con lo que eso destroza la ropa, están con las gomas flojas y no hay nada peor que un biquini con las gomas flojas, porque además seguro que también se está empezando a desintegrar -que un biquini se desintegra todo al mismo tiempo, llega la fecha de la obsolescencia, programada o sin programar, y se desintegra todo él- y el día menos pensado sales del agua y te encuentras con el culo al aire. Entonces tú, muy decidida y determinada, te vas a la tienda, a una de esas cadenas que proliferan en todas nuestras ciudades y centros comerciales, y te encuentras con que hay como poco 500 biquinis diferentes, a cual más maravilloso. Y tú, que tienes exactamente cuatro minutos para efectuar la compra antes de recoger a uno de tus hijos, te dices, 'de aquí no salgo sin un biquini . Uno de estos me tiene que valer fijo'. Y ahí empieza la sesión de pruebas, coges como cuatro partes de abajo y unas cuatro de arriba, y te vale una de cada, pero no del mismo modelo. Te asomas por detrás de la cortina y, para no tener que vestirte, le pides a la dependienta, que te traiga un par de tallas más de una parte y dos menos de otra. Y sigues probando, hasta que por fin parece que te sirve y no te sale nada y te diriges a la caja a pagarlo, mirando nerviosamente el reloj. Pues bien, este es el momento clave, en el que siempre se falla, en el que cometes un error del que te puedes arrepentir TODO el verano. ¿Que cuál es? Pues que tú te pruebas el biquini en posición estática. Parada frente al espejo. Como mucho te giras de perfil, con suavidad, para ver cómo te queda el trasero. Es decir, no te echas a correr, ni levantas una pierna, ni te sientas y te levantas a la carrera, ni tratas de levantar peso, ni te tiras a bomba de ningún lado. En realidad, no deberías estar comprándote el biquini en una de esas tiendas tan llenas de biquinis ideales y tan sexis, destinados a ninfas virginales que se dedican a tomar el sol lánguidamente al borde de la piscina dando sorbitos a un cóctel mientras hojean revistas o incluso libros. Tú, como toda madre con hijos menores de edad deberías estar en una tienda de deporte, grande o pequeña, comprándote un biquini de competición, de esos tan poco sexys, tan carentes de sex appeal, pero que recogen absolutamente todas tus carnes y te permiten realizar cualquier esfuerzo físico que tu rol de 'madre vigilante al borde del agua' requiera. Solo así ataviada, de esta guisa,  podrás afrontar los desafios que el verano te puede deparar. Yo no lo hice, caí en la tentación de comprarme un biquini ideal, y de repente me encontré saltando con mi hija en la piscina con las tetas al aire, hasta que la niña se dio cuenta y me lo dijo, muerta de vergüenza. Ya os digo, ese biquini debería venir con etiqueta, no apto para madres. Advertidas están ustedes. 

8 comentarios:

  1. Por eso yo voy a una piscina naturista.
    Jajajajaja

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  2. jajaja buenísimo, sé lo que es tener que estar bajando o subiendo las braguitas de mi hija en esa posición tan poco elegante que es toda tirada hacia delante y ver con horror cómo me cuelga la barriga y tratar de meterla mientras mi hija llora y no acordarme ya de nada... tremendo!!! por no hablar de esos tiempos en que ponía mi toalla -inmaculada y sin un grano de arena- perfectamente situada de cara al sol para que me diera exactamente igual en todo mi cuerpo bronceado y sin estrés...

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  3. ¡Pero qué verdad! No te puedes tirar de bomba, ni de palo, ni de borracha, ¡ni mucho menos de cabeza! Llega un momento en que, gracias a que los niños crecen, puedes dignamente sentarte en el bordillo, y con mucho glamour, deslizarte hacia abajo cual sirena (chincha rabiña, mi piscina es de esas con el agua a ras de suelo...). Pero ni sueñes con poder jugar a tus niños a las carreras, o a ver quién caza antes un objeto lanzado al agua. Qué triste. Con lo que a mí me ha gustado siempre el agua.

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  4. jiji, menudo espectáculo! Todo sea por unas buenas bombas y chapoteos, ya volverán los tiempos de bikini mono (aunque entonces ya nuestras lorzas no estén para eso)

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  5. Los biquinis que se pueden comprar por separado parte de arriba y parte de abajo son una revolucion, la verdadera liberacion de la mujer jajajaja Lo de los ban~adores deportivos no se me habia ocurrido que buena idea

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  6. Jajaaa, cierto como la vida misma. Uno de los que me he comprado este año ya no me lo puedo poner. Cuando salto al agua, la braguita nunca se queda en su sitio... y al salir ni te cuento.

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  7. ¡Síiiii! Este año, ilusa de mí, me he comprado un bikini bandeau... y la peque no hace otra cosa que colgarse de la parte de arriba en el agua... así que ha ido al fondo del armario, hasta dentro de 5 años (si quepo).

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