domingo, 7 de junio de 2015

La difícil tarea de no convertirse en un padre helicóptero

Nuestra misión fundamental como padres es ir criando personitas que poco a poco se irán enfrentando, cada vez más, por si solas a la vida. Hay una frase que me gusta mucho, que no sé dónde leí , que resume bien esta díficil misión que tenemos los padres:  "darles alas para volar solos y unas raices para volver". Por mucho que nos empeñemos en protegerles, tenemos que darles las herramientas para que peleen solos, y advertirles de que, ahí afuera, en el mundo exterior, puede hacer frio y los golpes te pueden venir de donde menos te lo esperan. A nosotros, los padres, nos gustaría abrigarles bien para que no sintieran esos frios y, estoy segura, que también preferiríamos ir parando nosotros los golpes, aún a costa de llevárnoslo nosotros, para librarles a ellos. Pero flaco favor les estaríamos haciendo. Nos estaríamos convirtiendo en unos padres helicópteros, que sobrevuelan continuamente la vida de sus hijos, o apisonadoras, que les van despejando el camino que tienen por delante, o guardaespaldas, que les protegen de todo, como se contaba muy bien en este artículo de El Mundo. Pero todas estas actitudes acaban siendo perjudiciales para nuestros hijos. Lo ha explicado muy bien la psicóloga Silvia Álava, autora del libro Queremos hijos felices: "Los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros"

Mientras son pequeños, podemos tenerlos protegidos en casa, van con nosotros a todas partes, y viven en un mundo, por llamarlo de alguna manera, bastante acolchado. Pero a medida que se van haciendo mayores, pongamos a partir de los 11 o 12 años, cuando ya deben empezar a ir solos a algún sitio y lidiar sus propias batallas en el colegio, en el equipo en el que juegan, con sus amigos, con sus compañeros de clase... pues ahí empieza el sufrimiento para los padres. Sufrimos porque vemos que ellos sufren, porque se enfrentan a situaciones injustas, porque el mundo NO es justo. Y un profesor le tendrá manía, y un amigo se enfadará con él, o se peleará con los compañeros, o se quedará fuera de su equipo de baloncesto, o no tendrá las notas que esperaba en el colegio, o alguien le hablará mal por la calle, o... tantas cosas mucho peores que pueden ocurrir.
Y habrá momentos en que estaremos tentados de coger el teléfono y hacer alguna llamada para solucionar algo, o decirle algo al entrenador, o hablar con los profesores, o con sus amigos.... Y quizás tendremos que pensarlo dos veces. Y considerar si estamos a punto de convertirnos en un helicóptero. Tendremos que frenarnos y meditar si debemos entrometernos o sería mejor que dejáramos que nuestro hijo se enfrente por si solo, aunque sufra y le cueste, a tal problema, porque es la única manera de que aprenda a gestionar el mundo exterior, a mesurar sus fuerzas, a encauzar sus emociones. Y en momentos así, pues no me queda otra que contenerme. Y, a cambio, mientras me muerdo las uñas, escribirles a ustedes este post. Gracias por escucharme. ¿Cómo gestionais vosotros este dilema?


2 comentarios:

  1. A veces es dificil discernir entre convertirse en madre helicóptero o en madre pasota.Dudas entre ir a hablar con ese o esa profe que sabes que piensa que tu hijo no estudia cuando tu lo has visto quedarse horas en su cuarto, cuando lo has ayudado, cuando le has puesto una profesora particular porque te ha pedido que lo ayudes,cuando lo has visto llorar de impotencia y rabia porque no entiende nada ...y no sabes que hacer...hasta que decides que, aún a riesgo de ser madre helicóptero, si a mi hijo no le dan el título de graduado en ESO por culpa de un incompetente, les voy a liar tal pollo que temblaran los cimientos del instituto...
    Núria, del blog titeres sin cabeza

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  2. Nuestro objetivo ha de ser darles las estrategias y herramientas para que se enfrenten a lo que en realidad es la vida: la jungla. Pero para que estas herramientas puedan ser útiles tienen que tener la oportunidad de ponerlas a prueba, a ser posible mientras son niños aún, es un gran error pensar que ya la vida los curtirá cuando sean mayores, que les llegará el tiempo, porque los retos para aquel entonces serán mucho más duros, y los golpes más dolorosos, y se encontrarán con que nadie los preparó, o les dio la oportunidad cuando eran más jóvenes. Nuestra misión no es asfaltarles el camino, sino explicarles que hay baches, piedras...e insistirles en que vayan atentos, advertirlos de que aún así caerán algunas veces, enseñarles a levantarse y a lavarse las heridas y seguir adelante.

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