miércoles, 7 de enero de 2015

La cara de la ilusión

Regreso de las vacaciones de Navidad cargada de recuerdos, imágenes y sensaciones. Han sido unas fechas intensas, de mucha familia, mucho viaje, mucha compra acelerada, intempestiva y de última hora, sobremesas eternas y hasta de alguna que otra rencilla, que ya se sabe que con tanta concentración de familia pueden saltar chispas.
Pero de todo esto hay una imagen que quiero que no se me olvide nunca: la cara de mi hijo mediano (8 años y medio y compacto como una tanqueta) encaramado a los brazos de su padre, quien, arriesgándose a sufrir una hernia, le sostenía en alto para que viera mejor a los Reyes Magos en la Cabalgata. La cara del padre de las criaturas, a qué negarlo, estaba desencajada por el esfuerzo. Pero la de mi hijo irradiaba una ilusión y una emoción que por sí sola justificaba todos los esfuerzos pasados, presentes y futuros, y hasta la más que posible hernia o lumbalgia de su padre. Y yo quisiera que esa ilusión, esa felicidad nos durará como poco todo este 2015. Ese es mi único deseo para este 2015. Los buenos propósitos, por lo general más pragmáticos, los dejo para otro día.

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