miércoles, 23 de diciembre de 2015

Disfraces, galletas y otros rituales navideños

Iba a hablar en este post de la nueva esclavitud materno-navideña, esto es, los disfraces para las funciones navideñas (que, me atrevo a decir, preparan las madres en el 99,9% de los casos. Si algún padre lector de este blog ha preparado disfraces infantiles que lo comunique y lo incluimos en el listado de 'Padre del año'). Me diréis que toda la vida fue así, que siempre hubo que vestir a los niños para las representaciones escolares propias de estas fechas. Sí, cierto. Pero antes se vestía de pastorcillo, o como mucho, si tenías muchas suerte, pero eso solo tocaba a los más altos o más guapos, o al enchufado de la profesora, o a la de ojos azules, de Virgen o de San José. Y en toda casa había un chaleco de borreguillo que, bien atado con una cuerda, valía lo mismo para pastor que pastora. Y si a tu niña le tocaba de Virgen, pues la ocasión excepcional bien merecía hacer un esfuerzo. Pero ahora no. Ah, no. Ahora con el laicisimo en nuestras vidas pues se han disparado las posibilidades y ya no hay chino, ni desván, ni vecina que te solucione la papeleta. Que un año lo mismo te toca disfrazar a tu churumbel de nube (supongo que por eso de representar lo efímero de la existencia), de bola de Navidad, que de abeto. Mi hermana se ha pasado el fin de semana haciendo un disfraz de copo de nieve que bien merecería un premio. Y una colega del trabajo se recorrió medio Madrid buscando la tela adecuada para forrar las orejas de conejo del traje de su hijo. Lo dicho, que es la nueva esclavitud. Y sobre eso preveía yo explayarme.
Pero hoy,  poseída por el espíritu navideño y ante la inminencia de la Nochebuena, he decidido compartir con vosotros uno de mis rituales navideños favoritos: las galletas de Navidad.  Y ahora me diréis, y tendréis razón pero una es mujer de múltiples contradicciones, que también esto es una esclavitud. Pero es algo a lo que me lanzo con entusiasmo cada año por estas fechas.

Y siempre a mediados de diciembre aprovecho una tarde libre, con todos en casa, para ponernos manos a la masa. Y por rigurosos turnos, para que no haya broncas y arruinemos el espiritu navideño, cada uno, pertrechado con mandil, rodillo y moldes de formas navideñas, cada churumbel se va poniendo a hacer sus galletas favoritas. En forma de estrella, corazón, angel, abeto o campana. Y así vamos horneando galletas que luego, bien envueltas, quedan monísimas y finísimas para felicitar las navidades a amigos, parientes y sufridos vecinos (la señora que vive debajo de nuestra casa recibe ración doble) . Aquí os dejo la receta, infalible y muy fácil:
- 250 g. de mantequilla.
- 225 de azúcar.
- 500 de harina.
- 3 huevos.
- 1 pellizco de sal.
- Ralladura de limón.
Se mezcla todo bien y se deja enfriar un par de horas en el frigorífico antes de hacer las galletas. Luego se mete en el horno unos 15 minutos a 180 grados. Que las disfrutéis y Felicísimas Navidades!

P.S. Y ya que estamos metidos en harina, os confesaré otro ritual navideño que no falta nunca en mi casa: cantar la 'Marimorena' a voz en grito, incorporando cada año nuevas estrofas. ¿Cuáles son vuestros ritos imprescindibles? 

viernes, 4 de diciembre de 2015

Dilemas prenavideños del primer mundo

Llegó diciembre. Se ha terminado casi el otoño. Se pasó volando. Tan volando que ni tiempo me dio a escribir en el blog. Que parecía que me había muerto. Y me gustaría deciros que no estaba muerta, que estaba de parranda. Pero ni eso. No sé en qué se me pasó el tiempo. En domesticar cachorros. En la intendencia doméstica. En ganarme las lentejas. Ah, y en terminar otro libro (os adelanto que en 2016 tendremos una versión actualizada del Diario de una Madre Imperfecta). Pero no hay excusas para dejar de escribir el blog. Así que aquí estoy de vuelta. Gracias a las lectoras que preguntastéis si tenía pensando continuar o lo había cerrado. De cerrarlo nada. Con lo que me ahorro en psiquiatra soltando aquí mis desvaríos... Hoy os vengo con mis dilemas navideños. Todos muy del primer mundo. Vergüenza me debería dar con la que está cayendo no muy lejos de aquí. Pero no me la da, a mucha honra. Cada cual tiene sus campos de batalla. Mientras el padre de las criaturas, el humanitario de la familia, se afana en paliar desgracias lejanas, yo centro todas mis energías en que esa burbuja protectora llamada hogar sea lo más cálida posible para los cachorros, en mantener vivas sus ilusiones con los preparativos prenavideños, que los tienen ya nerviositos. Y me he topado con estos dilemas:

- ¿Qué árbol poner? Descartamos hace años la opción de árbol natural, poco ecológico, poco sostenible. Los de plástico tampoco nos gustan. Descartadas esas opciones empecé a hacer árboles de cartón, un año hicimos uno gigantesco pintado en cartón. Otro año recortado. Y estaba yo buscando cartones por la calle para hacer el de este año, cuando mi hijo mediano me soltó ¿Mamá, y por qué no podemos poner un árbol normal? Ni que decir que solté de inmediato las cajas que había ya cogido. Y llevo días mirando blogs de mis admiradas blogueras reinas del estilo en busca de inspiración de un árbol que no sea ni uno ni otro,  ni el clásico ni un remedo hispter. Tengo varias ideas en la cabeza, pero algunas exceden mis habilidades. Así que este fin de semana me dispongo a echarme al monte a recoger ramas a ver si logro componer algo que se parezca a un árbol. Ya os contaré.
- Los regalos.  Este año estoy previsora como nunca y me he jurado que no voy a comprar un solo regalo el 5 de enero por la noche (el año pasado sudé tinta para encontrar un Olaf de Frozen). Así que he adelantado las compras. Pero el dilema sigue siendo el mismo. Los restos de aquel yo mio que creía a pies juntillas en la educación igualitaria y en las no diferencias entre sexos (ay, pobre ingenua) todavía se rebelan cuando leo la carta a los reyes de mis hijos pequeños. Pistolas y coches de superhéroes uno, hadas y muñecas la otra. A decir verdad, el gran dilema lo viví el año pasado, cuando los dos niños se pidieron sendas pistolas Nerf, maldito invento. Pasé varios días dándole vueltas, repetiéndome los argumentos en contra de los juguetes bélicos, hasta que el argumento del mayor ' así jugamos juntos, mamá' me hizo claudicar. Y los Reyes les trajeron las dichosas pistolas. Así que este año ya me ha costado menos, dónde quedaron mis principios?, comprar tres docenas de balas de recambio. Y la niña ya tiene sus hadas, faltaría más. 
- Los menús festivos. Este año, por primera vez en mi vida, Nochebuena y Navidad se pasarán en mi casa. Mi madre se ha hartado de ser anfitriona y me ha delegado la papeleta. Llevo semanas buscando en blogs de cocina. Tengo tal empacho que cierro los ojos y veo pulardas. 

Y os dejo que voy a seguir con mis dilemas. 

martes, 15 de septiembre de 2015

Carta a Susana. De madre a madre.

Querida Susana (me dejas que te llame Susana, verdad? es que señora presidenta me resulta un poco lejano y yo quiero hablarte de algo muy cercano). Leí ayer que volvías a trabajar a las 7 semanas de haber dado a luz, así que has dejado a tu niño con menos de dos mesitos en casa. Estoy segura de que se te habrá encogido el corazón al alejarte de él, como nos ha pasado a todas, que siempre cuesta romper ese cordón umbilical que se sigue manteniendo incluso después de parir. 
Me ha sorprendido mucho ver que tu vuelta no solo ha sido noticia (cuando debería ser algo normal, una mujer regresando al trabajo después de una baja por maternidad) sino que ha habido mucha gente que te ha criticado por no haber agotado todas las semanas de baja de maternidad (es decir, te has tomado solo 7 de las 16 a las que tendrías derecho). Te han dicho de todo, que si eres un mal ejemplo, que si mala madre... Y me ha dado tanta rabia que me he decidido a escribirte. Ya bastante mal lo estarás pasando tú, con la vuelta al curro, con el separarte de tu bebé, como para encimar que te pongan verde. Antes de seguir déjame que te cuente, para darte ánimos, que con mi primer hijo yo volví al trabajo no cuando él tenía siete semanas, sino seis. Tenía un trabajo que así lo requería, en una situación muy especial y así lo hice. Y te diré, para tu tranquilidad, que mi hijo creció feliz, sin traumas y que, a día de hoy, es un niño con un desarrollo plenamente normal. Con los otros dos, eso sí, me desquité y agoté las 16 semanas, e incluso con el último, la niña, por eso de que sabía que era la última vez que daba a luz y tenía un bebé, me tomé hasta un mes de excedencia, pero eso ya es otra historia. Con todo esto te quería decir que cada madre, en cada momento, ha de ser libre de actuar de la manera que en ese momento le parece mejor y más conveniente, teniendo en cuenta además que no siempre se está en una posición laboral en la que tienes que dar el do de pecho. Hay puestos en los que es difícil ausentarse tanto tiempo. O simplemente, quizás prefieres tú misma volver a trabajar, porque no quieres que se te pase el tren, porque no quieres perderte nada, o porque simplemente te apetece hacerlo. Y nadie debería criticarte por ello. Para algo la ley española dispone que las seis primeras semanas han de ser disfrutadas exclusivamente por la madre y luego las otras diez pueden ser para el padre. Y cada mujer debe decidir qué es lo que quiere decir. Que una mujer no haga uso de toda las semanas no quiere decir que otras no puedan hacerlo. La libertad de elección y el respeto a las decisiones ajenas me parece la clave en este asunto, como en tantos otros. Naturalmente sería mucho mejor que todas las madres, y todos los padres, pudiéramos disfrutar de varios meses de permiso para estar con nuestros bebés, como ocurre en esos países maravillosos del norte de Europa, pero de momento no es así. Y nada, para despedirme te contaré que primer hijo pasó mucho más tiempo con su padre que conmigo, y estuvo muy bien, como también lo estará tu hijo con el suyo. Así que mucho ánimo, Susana.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Contrato para la compra del primer móvil

Le hemos dado un móvil a mi hijo mayor (a punto de cumplir 13 años). Es algo que él llevaba pidiendo insistentemente desde hacía tiempo. Casi todos sus amigos y compañeros de clase ya lo tenían al menos desde el año pasado. Pero nosotros habíamos resistido numantinamente, compichados con las madres de los otros que seguían sin móvil. Me parecía que era demasiado pronto, que no lo necesitaba todavía y que era mejor esperar, porque una vez que tuviera uno en la mano se iba a convertir en una prolongación de su cuerpo y ya no lo iba a soltar más. Así que en esas hemos ido aguantando, ya os digo que de manera numantina, contra viento y marea.
De alguna manera siento como si ahora hubiéramos claudicado, pero supongo que ya lo necesitaba, se va a estudiar unos meses fuera y ahora sí que va a necesitar tener una manera de comunicarse, por mucho que no me guste nada esa dependencia que tienen hoy los chicos de sus smartphones. Por eso me he leído con mucho interés este reportaje publicado hace poco ¿A qué edad debo comprar el primer móvil? y he respirado aliviada al comprobar que mi hijo cumple todos los requisitos que citan los expertos para dar este paso (madurez, responsabilidad..). Siento como si le hubiera dado a mi niño, ya no tan niño, el pasaporte a la vida adulta. Quiero creer que hará buen uso...
Y de todas maneras, antes de dar este gran paso me he líido todo lo que tienen decir los expertos, incluida la policía nacional, que ha publicado incluso un acuerdo entre padres e hijos para la compra del primer móvil. Como me parecía muy serio, he redactado yo nuestro propio contrato, que he hecho leer, y firmar, al interfecto, antes de entregarle el cacharro. Aquí os lo dejo por si os vale.


- el móvil te lo hemos comprado nosotros, no se te olvide, eso significa que hasta que te puedas comprar uno con tu propio dinero, y aún te faltan unos cuantos añitos, tendrás que aceptar nuestras normas.
- si te hemos comprado el móvil significa que nos fiamos de ti, que consideramos que eres ya grande y que vas a ser capaz de hacer un uso responsable de él. Si no nos fiáramos de ti ni se nos pasaría por la cabeza poner un smartphone en tus manos.
- tú eres el responsable de tu móvil, si se te pierde o se te rompe no está garantizada una sustitución inmediata, así que cuídalo.
- el móvil no es una prolongación de tu cuerpo, es una herramienta y, como tal, hay momentos que conviene usarla y otros que no.
- responderás con amabilidad. no tienes por qué responder a todas las llamadas, con excepción de las nuestras que responderás, bien mediante voz o por mensaje, siempre, porque si te llamamos es porque necesitamos saber que estás bien. Al fin y al cabo, esa ha sido uno de los principales motivos por lo que te hemos comprado un móvil.
-  conoceremos tus contraseñas. y, por lo menos al principio, instalaremos filtros en tu aparato para controlar a qué páginas accedes y por dónde navegas. Eres pequeño y el mundo es muy grande, déjanos que te guiemos a medida que lo vas descubriendo, y desde luego no queremos que todavía caigas en páginas violentas o pornográficas.
- no lo llevarás al colegio a diario. iremos valorando los momentos en los que sí puede ser útil que lo lleves, como una excursión, o cuando vuelvas tarde a casa de alguna clase o de un entrenamiento.
- cuando estés en casa, mientras no lo estés usando, el móvil estará en el salón, en el mueble donde dejamos todos los demás teléfonos. Por la noche se apagará siempre y se dejará en ese mismo mueble.
- podrás usarlo un rato cada día, ni muchísimo menos todo el tiempo que estés en casa. Y la norma de no televisión ni pantallas entre semana durante el curso escolar se aplicará también al móvil. De lunes a viernes no se juega con el móvil, su uso principal será para comunicarte con tus amigos y compañeros de clase. Y antes de irse a dormir, no hay que usar el móvil, tampoco otras pantallas, porque no es bueno para conciliar el sueño.
- nos contarás qué aplicaciones y qué juegos te descargas.
- lo tendrás silenciado en lugares públicos.
- no lo usarás cuando estés hablando con alguien. Recuerda, un móvil no reemplaza la conversación cara a cara, sigue mirando a los ojos a la persona a la que hablas. Eres un niño encantador, muy sociable y bien educado y queremos que sigas siéndolo.
- no dirás nunca por whatsapp, por mail o por sms algo que no dirías en persona cara a cara. El móvil no es una manera de esconderse.
- no mandarás fotos tuyas a gente que no conoces. de ningún tipo. Y fotos íntimas tuyas, esto quiere decir sin ropa, a nadie, absolutamente a nadie.
-  no dejarás que el móvil te aisle del mundo en el que vives, no dejarás que el móvil te impida ver lo que tienes alrededor. no te obsesiones con sacar fotografías, mira bien lo que tienes delante. Y disfrútalo, que para eso está el mundo real.
- puede que nos equivoquemos, para nosotros también es nuevo esto de lanzarte al mundo adulto. pero para eso estamos, para ir mejorando y corrigiendo errores.

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Confidencias sobre el desayuno en días de cole*

Una vez leí en un estudio que la hora más estresante para una madre trabajadora son las 8,25 de la mañana. En mi caso acierta al 100%. Ese es mi pico de estrés, incluso cuando llevamos tan solo tres días de cole, porque a esa hora los tres cachorros han de estar ya vestidos, peinados, lavados, equipados y alimentados, listos para salir por la puerta de casa para llegar a tiempo a clase. Ahi es nada. Los gritos y esfuerzos necesarios para lograr este objetivo solo los conoce una madre, un padre o un domador de fieras.
Me gustaría poder contaros que me levanto una hora antes que los niños para poder desayunar con calma, asearme en paz, elegir mi ropa para el día e incluso realizar algunas posturas de yoga, para así poder luego despertar con calma y sin agobios a mis hijos, y prepararles con mucho amor el desayuno y la merienda. Eso pediría yo si pudiera elegir cómo quisiera ser yo. Pero como no lo he elegido y me ha tocado ser quién soy, pues me levanto a duras penas cinco minutos antes de los niños, los despierto corriendo camino de la cocina a preparar desayunos y me dedico a llamarles a gritos  mientras, a contrarreloj, voy haciendo tostadas, con mucho amor, sí, pero también con mucha prisa, que una cosa no quita lo otro. Indefectiblemente siempre hay uno, el mediano, que llega más tarde porque se le pegan las sábanas. Llegan a la mesa y, entre que tienen sueño y no tienen mucha hambre a esas horas, pues les cuesta terminarse el desayuno. Mis hijos se quejan de que siempre les pongo lo mismo para desayunar, tengo que reconocer que cuando hay colegio no soy muy creativa a esas horas de la mañana (algunos fines de semana sí, e incluso hago hasta tortitas o brunch a la inglesa), el tiempo apremia y no es momento de florituras, así que prefiero ir sobre seguro y proporcionarles la alimentación adecuada para que tengan la energía necesaria que requiere un día de cole. Así que les doy un batido de chocolate, y una tostada con mantequilla y mermelada, o con aceite, eso es lo único que les dejo elegir. Os confieso que hay días que alguno no logra comerse las tostadas, y, con el reloj ya acercándose peligrosamente a las 8,25, pues hago la vista gorda y le apuro para que termine de vestirse, y me doy con un canto en los dientes si se termina la leche, porque además, si se trata del nuevo Cacaolat upp! (el batido de toda la vida pero reforzado con cereales para aumentar su valor nutricional) ya no van mal alimentados y por lo menos aguantan hasta la hora de la merienda a media mañana. Porque a esas horas ya sí están bien despiertos y atacan sin piedad todo lo que les metemos en la mochila (tarea encomendada al padre de las criaturas, por eso de un reparto corresponsable de la crianza). Por lo general les metemos una pieza de fruta, un bocadillo y, de vez en cuando, otro batido de chocolate. Como la preparación de la merienda puede ser una labor aburrida, en esta web de Cacaolat upp nos dan ideas de cómo combinar los desayunos y las meriendas para no caer en la monotonía de siempre lo mismo (se lo voy a imprimir al padre de las criaturas y se lo voy a colgar en la nevera, en plan indirecta muy directa).





* Post elaborado en colaboración con Cacaolat.

martes, 8 de septiembre de 2015

Vuelta al cole, muy a mi pesar

Ya hemos vuelto al cole. Este año es además importante en nuestra casa porque la niña, seis añitos, empieza ya primaria. Pasa el tiempo y nos crecen los enanos. "Estoy nerviosa por ir a primero", decía anoche tumbada en el sofá. Normal que esté nerviosa, va a salir del mundo de colores y despreocupación en el que ha vivido, sin una sola letra, ni un solo número, solo colores y dibujos, para entrar en otro de fichas, deberes y cuadrícula. Poco a poco la vida se va poniendo más seria y menos colorida. Supongo que por eso sus hermanos mayores, 9 y 13, tenían muy pocas ganas de volver al cole, porque sabían lo que les esperaba...

Y yo os confesaré que por una parte estoy aliviada de que las fieras recuperen la rutina, y con ella los horarios y los normas. Pero la verdad que tampoco estaba yo especialmente deseosa de que empezaran. No tenía, y no tengo, ninguna gana, de recuperar mi yo sargento, me da una pereza inconmensurable convertirme de nuevo en esa persona obligada a dar órdenes e instrucciones nada más abrir el ojo, con lo poco que me gusta a mí hablar recién levantada... Prefería seguir instalada en la anarquía de los levantares tardíos, irme a trabajar dejando a los niños en pijama, y podernos acostar todos a la hora que nos apeteciera, sin deberes, sin otra ropa que chanclas y bermudas. Es que yo soy mejor persona en vacaciones y en verano...
Feliz vuelta al cole a todos!




jueves, 3 de septiembre de 2015

Tres ideas para ahorrar en la ropa de la vuelta al cole

Regresa una de las vacaciones con la cuenta corriente tiritando (porque es el único periodo del año en el que la madre sargento tacañona baja la guardia, se apea del atril de mando y concede caprichos sin remordimientos). Y el día siguiente ha de afrontar la vuelta al cole de sopetón. Así a palo seco. Sin transición. Sin que te de tiempo ni a pensarlo has de empezar a pagar como loca aquí y allá. Que si libros, que si preinscripciones, que si mochilas, que si matrículas, que si ropa... Os aseguro que consulto varias veces a diario mi cuenta online para ver cómo voy de fondos porque esto es uno parar de desembolsar (perdón por la rima, me ha salido solita, no creáis que me pongo poética de pensar en la vuelta al cole)
Por eso se agradecen las iniciativas de las marcas para vender ropa a buen precio y ayudarnos a capear este temporal de gastos. Como buena madre de familia numerosa me he hecho una experta en fichar gangas con las que vestir a mis hijos sin arruinarme en el intento. Sin que sirva de precedente (a no ser, claro está, que alguna de esas marcas tenga a bien convertirse en patrocinadora de este su humilde blog, algo desde lo que aquí invito) aquí os cuento las que he fichado en los tres días que llevo de vuelta.

- En la web Percentil puedes encontrar ropa de segunda mano de lo más apañada y a muy buen precio. Yo soy una ferviente defensora de reciclar toda la ropa y productos infantiles, y por eso me encanta que pongan en marcha estas webs, muchas más debería haber en nuestro país para reutilizar la ropa y darle una segunda vida, y de paso ahorrarnos todos un dinerín.

- LIDL (tienda sorpresa a la que me gusta ir de vez en cuando porque nunca sabes lo que te vas a encontrar, que un día fui a por una barra de pan y salí con un soplete para caramelizar natillas) ha puesto a la venta una colección inspirada en EEUU. Esta linda chaqueta para apuesto mocetón sale por 6,99.


- HM lanza, ojo solo hasta el 9 de septiembre, esta promoción de pantalón+ camiseta por 9,99 euros. Imbatible, allá que me irá a equipar a las dos fieras pequeñas, el mayor se me sale ya de talla.




Y vosotr@s? Habés encontrado algún chollo que compartir?


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Volviendo a la rutina a marchas forzadas

Ya estamos de vuelta a la vida real. Hemos estado varias semanas fuera, en el campo y en la playa, disfrutando como enanos, rompiendo rutinas, olvidándonos de las obligaciones cotidianas y de muchas de las normas que rigen nuestra vida durante el curso. Dejando atrás también la voz de sargento, qué gusto disfrutar de la maternidad de otra manera, sin tener que ejercer de manera castrense, que casi a veces se me olvida cómo era yo antes de dar órdenes. Lo hemos pasado maravilloso, los cachorros son ya más grandes y las vacaciones han recuperado esa improvisación y espontaneidad que habíamos perdido cuando eran bebés. Y no hay mayor placer que no saber qué te va a deparar un día de vacaciones, en ir improvisando en función del tiempo y las apetencias. En ir a la playa pensando que vas a para un par de horas y acabar quedandote todo el día porque hay unas olas fabulosas y comer todos en un chiringuito. Volvemos a ser personas!
Regresamos el pasado domingo, el 30 de agosto. La víspera de volver al curro y tan solo una semanita antes de la vuelta al cole. Y una vez más me juré que no voy a volver a apurar tanto las vacaciones. Debería estar prohibido volver de vacaciones el día antes de la vuelta al curro, deberían obligarnos a regresar unos días antes para tener algo así como 'un periodo de transición'. Unos días en los que deshacer maletas con calma, en los que poner lavadoras, eliminar la arena de playa de toda la casa, que se tardan varios días en quitar su rastro. Días para saborear con calma los recuerdos de las vacaciones, para descargar las fotos (ay, pobre ilusa, que por soñar no quede), para comentar los momentos más divertidos, para contárselo a los amigos, para ir recuperando progresivamente horarios y rutinas, para abastecer el frigorífico. Y una vez hecho todo eso, empezar a preparar con calma la mochila, los libros de texto, los estuches, la ropa de los niños, los zapatos.... Y volver al trabajo con las lavadoras ya puestas, con la ropa colgada, con el frigorífico lleno. Suena bonito, ¿verdad? Así, supongo yo, se podría enfrentar la vuelta al curro y al cole, la tan temida 'rentrée' con cierta serenidad, con todo preparado. Pero no, me temo que lo estamos haciendo a trompicones, a marchas forzadas, pasando de cero (esa deliciosa velocidad de crucero de vagancia e indolencia vacacional) a mil en un minuto. Y es que no me extraña que nos dé así eso que me llaman síndrome postvacacional, que es como un pasmo ante todo lo que tienes por delante. A mí me dio por adelantado, en los últimos días de vacaciones, en los que me despertaba en mitad de la noche con ataque de ansiedad pensando en todo lo que iba a tener que hacer cuando llegara a casa, con la cabeza como una centrifugadora pensando en las extraescolares, en los libros, en los zapatos... Así que ya os digo, el próximo año, aquí lo dejo por escrito, regresaré antes de las vacaciones, para poder afrontar la vuelta con calma y no dejarme la piel y la salud mental en el intento.

lunes, 17 de agosto de 2015

Loca por el yoga. Testimonio de una neoconversa.

Siempre había pensado que el yoga no era para mí. Lo había descartado, sin siquiera probarlo, porque  me parecía demasiado estático. Soy nerviosa, muy nerviosa, me muevo con rapidez y mi mente, por más que trate de frenarla, va a la velocidad de una centrifugadora. He practicado diferentes deportes y en ninguno de ellos lograba que mi mente estuviera al 100% centrada en lo que estaba haciendo. Haciendo largos en la piscina soy capaz de escribirme mentalmente varios artículos, y montando en bici tiendo a ir haciendo el planning de la semana.  El aerobic, a pesar de que exige concentración, me estresa porque no logro seguir los pasos. El step, que tan de moda se puso en su momento, me resultó imposible, casi me caigo de bruces un día por no saber coordinar los saltitos. Y qué deciros del spinning: me crea un estrés inconmensurable con los gritos del profesor, arriba y abajo del sillín. En una ocasión, buscando la manera de hacer ejercicio con cierta espiritualidad, llegué a practicar taichí, pero me aburrió soberanamente.
Al yoga llegué de pura chiripa, como supongo llegas a las cosas que pueden cambiarte la vida, por casualidad y sin haberlo planificado. Un día me llamaron del centro municipal que está cerca de mi casa. Al inicio del curso escolar me había apuntado a todo lo que tenían, que era poco, yoga y gimnasia de mantenimiento (programación pensada, deduzco, para la tercera edad del barrio). Como estaba todo lleno, me pusieron en lista de espera. Y cuando ya se me había olvidado, a los seis meses, me llamaron a decirme que había una plaza libre en yoga. No tuve  el valor de rechazarlo y allí fui sin ningún convencimiento, convencida de que no duraría más de una clase. Fue el 7 de mayo de 2012, no os digo más de la importancia que tuvo ese día, que hasta lo recuerdo.

Creo que no llevaba ni media hora de clase cuando me di cuenta de que había encontrado la disciplina adecuada para mí. Para realizar las posturas de yoga necesitas usar todos los músculos de tu cuerpo, pero también tu mente. Si no te concentras plenamente en lo que estás haciendo no lograrás mantener la postura. Esa conexión entre cuerpo y mente es lo que me ha enganchado del yoga. Mi coco, que por lo general está a varias horas por delante o a varios kilómetros de distancia de mi cuerpo, es obligado a focalizarse en el aquí y en el ahora.  No puede pensar en listas de compra, en artículos, en trabajo, en niños, en cumpleaños, en menús para las cenas. Y esa fusión de mente y cuerpo me ofrece una paz y una concentración que desconocía. Estar con una pata en alto y los brazos por encima de la cabeza, en la postura del árbol, me proporciona una serenidad que no había experimentado nunca antes. Supongo que en eso consiste el mindfulness que se ha puesto tan de moda últimamente: en ser plenamente consciente del momento presente, en no huir de dónde estamos, en dejar que la mente se concentre en lo que está haciendo el cuerpo.

Además tuve que reconocer que el yoga de estático no tiene nada, es un ejercicio fabuloso que tonifica y proporciona muchísima elasticidad. Soy consciente de que hablo como si hubiera sido captada por una secta. No os digo más que estoy soñando con irme a un retiro de yoga. Ya os contaré. 

lunes, 20 de julio de 2015

Cómo elegir el biquini perfecto

Con estos calores -me vais a disculpar pero con la ola de calor crónica que se ha instalado sobre nuestras vidas me he vuelto absolutamente monotemática, no logro salir de la conversación que tendría en un ascensor- solo se puede pensar en remojarse. Bien sea de manera doméstica en ducha o bañera, mediante aspersor, manguera, globo de agua o caceroladas  (todo vale cuando la temperatura se instala en los 40 grados) . O, preferiblemente, mediante inmersión completa en agua dulce o salada. Aquí entra en cuestión un tema peliagudo, el biquini o bañador. Yo soy del club del biquini, porque me cuesta encontrar bañador de una pieza que me valga bien de largo a la par que de ancho. El biquini, al tener parte de arriba y abajo, me resulta más fácil de encajar, sobre todo desde que, oh, albricias, gracias, grandes cadenas de la moda y el glamour, se puede comprar cada parte de una talla diferente (ni muerta revelaré cuál de cada, que una tiene su dignidad).
A lo que iba, que toca elegir biquini, porque los dos que tienes, uno incluso se remonta a la época lactante con lo que eso destroza la ropa, están con las gomas flojas y no hay nada peor que un biquini con las gomas flojas, porque además seguro que también se está empezando a desintegrar -que un biquini se desintegra todo al mismo tiempo, llega la fecha de la obsolescencia, programada o sin programar, y se desintegra todo él- y el día menos pensado sales del agua y te encuentras con el culo al aire. Entonces tú, muy decidida y determinada, te vas a la tienda, a una de esas cadenas que proliferan en todas nuestras ciudades y centros comerciales, y te encuentras con que hay como poco 500 biquinis diferentes, a cual más maravilloso. Y tú, que tienes exactamente cuatro minutos para efectuar la compra antes de recoger a uno de tus hijos, te dices, 'de aquí no salgo sin un biquini . Uno de estos me tiene que valer fijo'. Y ahí empieza la sesión de pruebas, coges como cuatro partes de abajo y unas cuatro de arriba, y te vale una de cada, pero no del mismo modelo. Te asomas por detrás de la cortina y, para no tener que vestirte, le pides a la dependienta, que te traiga un par de tallas más de una parte y dos menos de otra. Y sigues probando, hasta que por fin parece que te sirve y no te sale nada y te diriges a la caja a pagarlo, mirando nerviosamente el reloj. Pues bien, este es el momento clave, en el que siempre se falla, en el que cometes un error del que te puedes arrepentir TODO el verano. ¿Que cuál es? Pues que tú te pruebas el biquini en posición estática. Parada frente al espejo. Como mucho te giras de perfil, con suavidad, para ver cómo te queda el trasero. Es decir, no te echas a correr, ni levantas una pierna, ni te sientas y te levantas a la carrera, ni tratas de levantar peso, ni te tiras a bomba de ningún lado. En realidad, no deberías estar comprándote el biquini en una de esas tiendas tan llenas de biquinis ideales y tan sexis, destinados a ninfas virginales que se dedican a tomar el sol lánguidamente al borde de la piscina dando sorbitos a un cóctel mientras hojean revistas o incluso libros. Tú, como toda madre con hijos menores de edad deberías estar en una tienda de deporte, grande o pequeña, comprándote un biquini de competición, de esos tan poco sexys, tan carentes de sex appeal, pero que recogen absolutamente todas tus carnes y te permiten realizar cualquier esfuerzo físico que tu rol de 'madre vigilante al borde del agua' requiera. Solo así ataviada, de esta guisa,  podrás afrontar los desafios que el verano te puede deparar. Yo no lo hice, caí en la tentación de comprarme un biquini ideal, y de repente me encontré saltando con mi hija en la piscina con las tetas al aire, hasta que la niña se dio cuenta y me lo dijo, muerta de vergüenza. Ya os digo, ese biquini debería venir con etiqueta, no apto para madres. Advertidas están ustedes. 

lunes, 13 de julio de 2015

Maternidad bajo la ola de calor

Déjame que os diga una cosa: con temperaturas superiores a los 40 grados debería estar prohibido, por ley, ejercer la crianza. Es humanamente imposible ocuparse, con responsabilidad y cabeza, de seres humanos cuando te falta el aire para respirar. Yo ya he desistido, y podéis llamarme lo que queráis, de darle una alimentación adecuada a mis hijos. No hay manera humana de cocinar con este calor. Estoy a un paso de dejarles que coman solo helados. A puntito de instaurar en mi casa la dieta de helados y gazpacho de brick. Ya van tres semanas en Madrid con los termómetros en los 40 grados y yo no puedo más. Voy a hacer la compra y no quiero comprar nada que exija elaboración. Solo pensar en encender la cocina me dan temblores (que ojalá fueran de frio). Si por mí fuera comería solo ensaladas de bolsas.
Y si no logro cocinar, no os digo ya lo mal que llevo el tema de imponer normas de buena conducta y disciplina. A la madre sargento estos calores la dejan totalmente desprovista de autoridad. Mientras agonizo en el  sofá, cual morsa fuera del agua en medio del deshielo, mis hijos aprovechan esta coyuntura para darse atracones de tele y de tabletas. No me siento orgullosa de ello, no. Pero no puedo evitarlo. Como no bajen pronto las temperaturas, y no lleva camino de ello, la situación en mi casa va a ser difícil de revertir.

miércoles, 10 de junio de 2015

Instrucciones para sobrevivir al fin del curso escolar

El mes de junio es algo así como el ultramaratón de la maternidad, una prueba de fondo donde se pone a prueba la resistencia. Es algo para que lo que llevamos ensayando todo el año, pero siempre te pilla desprevenido y desfondado.
Si tienes un hijo quizás puedas afrontarlo, con mayor o menor deportividad, haciendo malabares con el trabajo para lograr ir a todas las funciones, entregas de diplomas, y demostración de todo tipo de habilidades, individuales y colectivas, que hará tu retoño. Si eres medianamente apañada y pelín insomne no tendrás muchas problemas para prepararle los diferentes atuendos, meriendas y contribuciones a regalos. Si tienes dos hijos, la cosa se empieza a poner emocionante y exige ya cierto nivel de logística, forma física, para llegar a tiempo de un sitio a otro, flexibilidad horaria en el curro, o cierta comprensión por parte de tu jefatura. Tendrás ya que robar horas al sueño para preparar las indumentarias y deberás hacer acopio de alimentación susceptible de ser llevada a fiesta infantil, por si las moscas. Y si tienes tres, o más. Ay, pobre de ti, si tienes tres o más. Deberás tener una forma física digna de las Olimpiadas. Y un equilibrio mental digno de Ghandi. Más te vale haber empezado a practicar, meses antes, técnicas para controlar el estrés y poner a raya la ansiedad. Tendrás que hacerte una hoja excel y rezar para que no te coincidan, o quizás, para que sí te coincidan porque así tendrás una excusa razonable para no ir a todas. Deberás pedirte días libres de vacaciones, o arriesgarte a perder el empleo. Tendrás que robar horas al sueño, o directamente no dormir, para tener a punto cada día el traje necesario, que siempre hay que añadir una fruslería en el último minuto, un borde de pasamanería a un sombrero, unas puntillas a un cuello, un dibujo a una camiseta. Tendrás que hacer una compra de refrescos y patatas fritas como para dar una fiesta para 500 niños. Y sobrevivirás. Y todo saldrá bien. Y tú disfrutarás sentada en primera fila (o en la última porque habrás llegado tarde). Aquí os doy unos consejitos para triunfar en el intento:
- vayan con la cara lavada. O, como mucho, con maquillaje waterproof, es decir a prueba de lágrimas. Porque cuánto se llora, madre del amor hermoso, en las actuaciones escolares. Yo veo un hijo mio cantando, o moviendo la boca haciendo playback, y ya me sorbo los mocos llorando, que no lo puedo evitar. Y si ya se les ocurre, como ha sido hoy el caso, ponerme fotos de cuando entraron en el colegio y de cómo han ido creciendo, ahí ya corro el riesgo de deshidratación severa.
- llévense kleenex, siempre. para limpiarse con elegancia, que una cosa no quita lo otro.
- dedíquese la noche antes de cada evento, o sea una noche sí y otra no, a vaciar el móvil para tener espacio para hacer fotos nuevas. y videos. y de todo.
- haga una lista bien grande y cuélguela en un lugar visible del evento de cada día y la ropa necesaria. Si le ha sido concedida la gracia divina de ser una mujer organizada y previsora, aprovechelo y al inicio de cada semana tenga ya limpios y planchados todos los atuendos. Se evitará noches en vela.
- tenga bien presente qué día exacto tiene actuación cada hijo, para ir, si puede. Pero también, en caso de no poder ir, para preguntarle qué tal le ha ido esa misma tarde, no a los tres días.
- disfrute. a pesar de todo, disfrute, que esto de la infancia es un suspiro y se pasa volando. 

martes, 9 de junio de 2015

¡Acabo de dar a luz!

Queridos míos, acabo de dar a luz. No, no se trata de mi cuarto hijo (virgencita, virgencita, que me quede como estoy), sino de mi tercer libro. Acaba de salir de imprenta y estoy que lo tengo que contar al mundo. Me he lanzado a la ficción. Con una amiga. También madre de familia numerosa. No sé si es más que una coincidencia. Probablemente las madres de familia numerosa estamos tratando de huir, en nuestro caso a través de la ficción, otras corren maratones, puede que haya un tema de estudio ahí, señores estudiosos de la psicología femenina.
Es la primera incursión que hago en la ficción. También la primera vez que escribo algo a cuatro manos. No la primera vez que hago algo a medias, eso muchas veces, por no decir casi siempre. A medias todo. Y corriendo. La hemos escrito de madrugada. A medianoche. En esas horas robadas al sueño que a las madres nos cunden tanto. Se llama 'Quién es Patricia Luna'. Queríamos hablar de una mujer de hoy, madre, naturalmente, como ya sabéis la maternidad es mi grandísima fuente de inspiración ( ¡gracias, cachorros! ¡qué sería de mí sin vosotros!). Es una ilustradora. De vida caótica. Que llega malamente a fin de mes. Con dos hijos, cada uno de una pareja.  Y actualmente sin ingresos fijos, ni en su cuenta corriente, ni en su cama (como cuenta ella misma en su blog la chica con lapizque llevamos unos meses escribiendo de incógnito) Hasta que le encargan ilustrar el que va a ser el próximo bestseller erótico. Encerrada cinco semanas en una nave industrial con el resto del equipo. Y ahí ocurrirán muchas cosas que cambiarán su vida.
Sale a la venta la próxima semana. En su librería más cercana. Espero que os guste. Que os riáis con él, que os identifiquéis con Patricia. Y por favor hacednos llegar vuestros comentarios, aquí o en el blog de Patricia (Luna)


domingo, 7 de junio de 2015

La difícil tarea de no convertirse en un padre helicóptero

Nuestra misión fundamental como padres es ir criando personitas que poco a poco se irán enfrentando, cada vez más, por si solas a la vida. Hay una frase que me gusta mucho, que no sé dónde leí , que resume bien esta díficil misión que tenemos los padres:  "darles alas para volar solos y unas raices para volver". Por mucho que nos empeñemos en protegerles, tenemos que darles las herramientas para que peleen solos, y advertirles de que, ahí afuera, en el mundo exterior, puede hacer frio y los golpes te pueden venir de donde menos te lo esperan. A nosotros, los padres, nos gustaría abrigarles bien para que no sintieran esos frios y, estoy segura, que también preferiríamos ir parando nosotros los golpes, aún a costa de llevárnoslo nosotros, para librarles a ellos. Pero flaco favor les estaríamos haciendo. Nos estaríamos convirtiendo en unos padres helicópteros, que sobrevuelan continuamente la vida de sus hijos, o apisonadoras, que les van despejando el camino que tienen por delante, o guardaespaldas, que les protegen de todo, como se contaba muy bien en este artículo de El Mundo. Pero todas estas actitudes acaban siendo perjudiciales para nuestros hijos. Lo ha explicado muy bien la psicóloga Silvia Álava, autora del libro Queremos hijos felices: "Los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros"

Mientras son pequeños, podemos tenerlos protegidos en casa, van con nosotros a todas partes, y viven en un mundo, por llamarlo de alguna manera, bastante acolchado. Pero a medida que se van haciendo mayores, pongamos a partir de los 11 o 12 años, cuando ya deben empezar a ir solos a algún sitio y lidiar sus propias batallas en el colegio, en el equipo en el que juegan, con sus amigos, con sus compañeros de clase... pues ahí empieza el sufrimiento para los padres. Sufrimos porque vemos que ellos sufren, porque se enfrentan a situaciones injustas, porque el mundo NO es justo. Y un profesor le tendrá manía, y un amigo se enfadará con él, o se peleará con los compañeros, o se quedará fuera de su equipo de baloncesto, o no tendrá las notas que esperaba en el colegio, o alguien le hablará mal por la calle, o... tantas cosas mucho peores que pueden ocurrir.
Y habrá momentos en que estaremos tentados de coger el teléfono y hacer alguna llamada para solucionar algo, o decirle algo al entrenador, o hablar con los profesores, o con sus amigos.... Y quizás tendremos que pensarlo dos veces. Y considerar si estamos a punto de convertirnos en un helicóptero. Tendremos que frenarnos y meditar si debemos entrometernos o sería mejor que dejáramos que nuestro hijo se enfrente por si solo, aunque sufra y le cueste, a tal problema, porque es la única manera de que aprenda a gestionar el mundo exterior, a mesurar sus fuerzas, a encauzar sus emociones. Y en momentos así, pues no me queda otra que contenerme. Y, a cambio, mientras me muerdo las uñas, escribirles a ustedes este post. Gracias por escucharme. ¿Cómo gestionais vosotros este dilema?


lunes, 1 de junio de 2015

Junio llega con calor, frenesí y sorpresas

Ya se nos ha echado encima junio. Parece increible, pero ya lo tenemos aquí. Por una parte es maravilloso, porque viene oliendo a verano, con sus 30 grados y sus días eternos, con esos atardeceres en los que parece que el tiempo se congela y nunca va a llegar la noche. Pero por otra parte, como nos recordaba hoy lachicaconlápiz también junio es un mes sin piedad, con sus festivales escolares, sus fiestas de fin de curso, sus actuaciones (de todo, de piano, de gimnasia, de inglés, y de todo lo inimaginable), que te pasas el día corriendo de allí para allá, con una botella de limonada y una bolsa de patatas fritas en el bolso, de un sarao infantil a otro, de una fiesta a otra, porque con frecuencia coinciden, aplaudiendo niños, sacando fotos, animando equipos, coreando estribillos, comprando regalos para las maestras (sobre este punto yo creo que habría que unificar criterios y fijarlo en el BOE, qué se le puede y debe regalar a una maestra, y por cuánto importe), y comiendo helados, que yo siempre he sido de la creencia de que hay que comer muchos helados para soportar una actividad tan frenética con esta calor.

Pero este año, a pesar de todo esto que nos llevará cerca de la muerte por extenuación, junio va a tener también varias cosas buenas y emocionantes. Por un lado vamos a tener ya el III Encuentro de Madres Blogueras, que este año en YO DONA (revista que da de comer a servidora y su familia) organizamos con el Club de las malasmadres en un palacete finísimo en el mismo centro de Madrid (recontenta estoy, aquí en la intimidad os confieso, porque dicho palacete linda pared por medio con la escuela de mis hijos, donde ese día, casualidades de la vida, la niña tendrá la enésima, digo la tercera, fiesta de despedida de la escuela infantil, así que podré practicar el tan maternal arte de la ubicuidad, tan en boga en este mes de junio, y en menos de lo que canta un gallo pasar de moderar una mesa redonda a aplaudir cual madre fan en primera fila. Se lo voy avisando a ustedes para que entiendan porqué corro de un lugar a otro). Y a lo que iba, que están todas ustedes invitadas, tanto si son madres como no, si son blogueras o no, o si están pensando en abrir un blog o en cerrarlo. Aquí tienen más información sobre el eventazo bloguero del año. Y esa misma noche, de palacio en palacio, y de evento en evento las malasmadres nos daremos a La Party! Todo eso el 13 de junio, reserven ustedes fecha en la agenda. 
Y eso no es todo. No, no . Pero por el momento no voy a contar más. Esten atent@s a este su blog porque en breve tendremos nuevas y emocionantes novedades.


jueves, 21 de mayo de 2015

Carta de un niño a la futura alcaldesa de Madrid

Querida señora alcaldesa (mi mamá dice que lo más probable es que haya alcaldesa y no alcalde, así que le escribo a usted).
A mí me gustaría votar, pero ya me han explicado en el cole y en mi casa que todavía no puedo y que tengo que esperar, y que ya votan mis papás lo que creen que va a ser mejor para nosotros. Pero por si acaso he decidido escribirle una carta, para contarle qué me gustaría a mi y a mis amigos.
Mi mamá me ha explicado que el alcalde es como el rey de Madrid, y que manda mucho. Así que seguro que puede usted poner fuentes en la calle. A mí y a todos mis amigos, que corremos mucho, nos gustaría que hubiera fuentes, como las que hay en otras ciudades, porque así cuando tenemos sed podemos beber agua fresquita y no tiene que ir mi mamá todo el rato con una botella de agua, que además se calienta enseguida. No creo que sea difícil poner fuentes, así también nos podemos refrescar la cara cuando corremos. Por donde yo vivo solo he visto una una vez, pero no salía agua. Y no creo yo que se haya agotado el agua de Madrid, no? Mi mamá dice que no quieren poner fuentes para darle de ganar a los bares, pero los bares ya venden mucho vendiendo cervezas y vinos.
También me gustaría que limpiaran un poco más las calles. No sé si esto se puede poner en una carta a la alcaldesa, porque mi mamá dice que es una palabra fea, pero yo querría que por las calles no hubiera tantas cacas de perros. Es que yo voy al cole andando con una mochila de ruedas, y por las mañanas voy un poco dormido y no las veo y  a veces lo piso y se enfada mi mamá. Lo de los papeles y las bolsas que hay por la calle me da igual porque eso no me mancha y a veces encuentro cosas que me gustan, como una bolsa de invizimals vacía con un dibujo muy chulo.
Y también le quería pedir algo para mi hermano mayor, que está en la edad del pavo y le gusta mucho el baloncesto, y dice que no hay ninguna pista de baloncesto cerca de casa. En el cole hay una pero no se puede entrar los fines de semana. Al lado de nuestra casa (dice mi mamá que ponga que está en el barrio de Chamberí) antes había una pero ahora han puesto pistas de pádel. Mi hermano dice que donde hay un campo de golf podrían hacerse varias pistas de baloncesto y jugaría mucha más gente.
Y también me gustaría mucho que se pudiera patinar más por la calle. Los domingos vamos a ese trozo de la calle de Fuencarral donde no dejan pasar coches, pero es pequeñito y hay muchos niños. ¿Por  qué no nos dejan más calles los domingos? si las calles son de todos también son un poco de los niños, ¿No?
Adios, señora alcaldesa, que gane usted bien, dice mi mamá que le mande saludos 'respetosos'.

M.B. (ocho años casi nueve)

martes, 19 de mayo de 2015

Se pasa tan rápido...

Se nos hacen grandes los cachorros. Es algo que has oído muchas veces, "se pasa tan rápido", te dicen las madres de hijos mayores, "disfruta porque vuela". Y tú, que en ese momento estás sumida en la crianza hasta el cuello, que estás en el medio de un túnel sin saber si al final hay luz o no, que estás que no te da la vida, que solo quieres que pase el tiempo para que tus retoños duerman, y se vistan solos, y no tiren todo por la casa, y no se peleen, pues no les haces mucho caso. Piensas que a ti no se está pasando nada rápido, que sigas en medio del túnel y no le ves el fin, que disfrutar lo que es disfrutar pues algún momento que otro, pero el resto es faena pura y dura. 
Pero llega un día, cuando milagrosamente las noches en las que duermes de un tirón sin que nadie te despierte vuelven a ser la norma, cuando más o menos ya se visten solos, cuando puedes perderles de vista unos minutos para ducharte ¡a solas!, e incluso hasta te recreas en el cuidado personal y te permites el lujazo de ponerte hasta una mascarilla de pelo!, cuando tu cachorro más pequeño ya sabe leer, llega ese momento en el que piensas, que efectivamente se están haciendo mayores.

Y entonces recuerdas eso que te han dicho: "se pasa tan rápido", "disfruta porque vuela". Y agarras a tu hijo mediano, que todavía se te tira encima cual osezno antes de ir a dormir, y te lo dejas encima un cuarto de hora, como una cria de canguro. y te lo comes a besos. Y a la niña, que está aprendiendo a leer y no le queda ya nada de pedirte que le leas un cuento cada noche, le das doble ración de cuentos. Y al mayor, que ya se está haciendo grande y dentro de nada nadita lucirá pelusilla, le das un achuchón cuando le acuestes, porque todavía te pide que le acuestes.Y te preguntas, casi con un nudo en el estómago, en cómo vas a soportarlo el día en que los cachorros no se dejen achuchar. Y piensas que sí, que tenían razón, que, a pesar de todo, se pasa muy rápido.


jueves, 14 de mayo de 2015

Entregada (por un día) al DIY

Vaya por delante que no vivo entregada al Do It Yourself. Las manualidades, el bricolaje, las labores o la marquetería no forman parte de mi vida diaria; no porque no me guste, sino porque no me da la vida. Esas blogueras que hacen a diario manualidades con sus hijos y, no contentas con eso, las fotografían y las cuentan (paso a paso!) en su blog merecen un monumento, además de mi más rendida admiración y gratitud por todas las cosas que nos enseñan y lo mucho que nos recrean la vista con sus monerías.
Pero la verdad que cuando me meto en faena disfruto muchísimo. Me relaja muchísimo hacer trabajos con las manos -a ser posible que no exijan demasiado esfuerzo mental- . Soy una apasionada de la pintura, de todo tipo, de brocha gorda, pero también de pincel fino. Dame una pared y un bote de pintura, o unas acuarelas y un papel, y un par de horas, sin hijos, eso sí, y me convierto en la mujer más feliz del mundo.
Por eso disfruté como una enana el pasado sábado en el Encuentro DIYHuntersDay que organizó Yo Dona junto con Handbox


Conocimos a blogueras de esas que te dejan la boca abierta, como Marta de 2nd funniest thing, Silvia de Na Lua Dulce, Anna de Fácil y Sencillo, Laura de Trasteando DIY, Rosa de Reciclado creativo o Mar y María de Sonambulistas
Y por la tarde nos pusimos manos a la obra en los diferentes talleres, de scrapbooking (me pirra!), de bricolage, para hacer una escalera!, de washi tape (que empiezas a poner y no puedes parar) 
Y con los amigos de Reparalia hicimos con nuestras propias manitas una lámpara vintage, con las bombillas de filamentos esas tan chulas. Y montamos hasta el enchufe, yo no daba crédito. Y al enchufarla funcionaba!!!  Si no me créeis (mamá, te aseguro que monté yo el enchufe) en este post podéis vernos en plena faena.


martes, 5 de mayo de 2015

Me he pasado al album digital

Me he modernizado. Acabo de recibir el primer album digital que he hecho. Os parecerá un hito insignificante, pero cada cual se pone sus metas, y yo con los avances tecnológicas soy más bien de la escuela "lenta pero segura". Hasta el momento me había resistido y había seguido con los albumes de toda la vida, que iba haciendo más o menos cada tres años, o cada cuatro. Y es que la gestión de las millones de fotos que hacemos es una de las grandes dificultades de nuestro tiempo. ¿qué hacer con ellas? Las primeras fotos de la niña las imprimí cuando tenía casi cuatro años, no os digo más. El año pasado, como os contaba aquí, me di la gran paliza e imprimí varios años de nuestras vidas, busqué albums de los de siempre  (para lo cual me tuve que recorrer medio Madrid porque ya nos los vendían y cuando por fin los encontré pagué una fortuna por ellos) y me hice varias monerías con ellos. Nos quedaron preciosos. Y a los niños les flipa verse. Y este año, fiel a mi autopromesa de no acumular fotos durante más de un año, me disponía a hacer lo mismo, pero, venciendo mi tentación nostalgica, decidí darle una oportunidad a los nuevos formatos. Así que me lancé a por primer album digital que he hecho con pixum y que acabo de recibir y ha quedado rebonito.



Os confieso que me costó bastante, sobre todo al inicio, supongo que es cuestión de práctica y espero con el próximo bajar mi marca, que de momento está en varias horas y un par de cabreos. Para imprimir fotos sueltas, la verdad que me gustó mucho la cajita Polabox con fotos pseudo polaroid que imprimes en cheerz, que te las mandas monísimas en una cajita. Ahora he leído en algún blog de las mamás blogueras que van años luz por delante de mí que el sitio más molón para imprimir es blurb, pero miedo me da que sea demasiado complejo para mi paciencia finita. Deseando estoy ponerme ahora con las vacaciones de Semana Santa que hemos pasado en las Alpujarras y que quiero imprimir ya para ver a todas horas y recordar lo bien que lo pasamos. ¿Y vosotros qué haceis con las fotos? ¿ cómo las imprimís?

P.S. Y aprovecho que hablamos de fotos, para recordaros mi grito de guerra de hace unos meses: Madres del mundo, salid en la foto!! que vuestros hijos querrán veros (felices o enfadadas, peinadas o con pelos de asustar, cansadas o enérgicas...) , que hay veces que parece, viendo las fotos, que no hemos estados en unas vacaciones.

miércoles, 29 de abril de 2015

Las madres deberíamos cobrar 200.000 euros al año

Pensad por un momento en las tareas que desempeña una madre: cocinera, canguro, nutricionista, chófer, enfermera, psicóloga, maestra, coach, personal shopper, personal assistant, modista...
Y seguro que todavía me dejo varias tareas sin mencionar (¿se os ocurre alguna más? echadme una mano). Y además a todas estas tareas hay que añadirle que muchas de ellas se realizan en horas extras, en días festivos, y con nocturnidad. Y sin planificación, es decir, hay que ir improvisando sobre la marcha, y cambiando el programa, lo que sirve para hoy quizás no sea lo ideal mañana. Y desarrollando varias tareas a la vez, con el estrés que eso conlleva. Y sin estudios previos, y además hay que irse actualizando sobre la marcha, la famosa esa formación continua.

Pues bien, si estoy hubiera que pagarlo, una madre debería de cobrar más de 200.000 euros al año. Sí, habéis leido bien, más de 200.000 euros al año (exactamente 240.000, el equivalente a 170.000 libras esterlinas). La cifra sale de un reciente estudio elaborado en Inglaterra por Interflora (supongo que para revalorizar la labor de las madres y que eso repercuta en un aumento exponencial de las ventas de flores). Han entrevistado a 1.000 madres para radiografiar la profesión y han llegado a la conclusión de que ese sueldazo es lo que se merece una madre a cambio de 119 horas de trabajo semanal. El estudio incluye incluso una calculadora para que eches las cuentas de cuánto exactamente te mereces, aunque la verdad no sé si es buena idea hacerlo...





martes, 28 de abril de 2015

El verdadero sentido de la educación

Mucho se está hablando estos días de educación, del sistema educativo, de los límites, de las obligaciones de familias y de profesores, de qué ha fallado para que un chico de 13 años asesine a un profesor. Se ha escrito muchísimo. E investigando sobre el tema he caido sobre este viejo artículo de Gustavo Martín Garzo 
 Por una escuela pública, laica y literaria en el que de forma maravillosa nos recuerda cuál es el verdadero sentido de la educación, esa complicada misión que debemos compartir familias y escuelas.

"Se educa al niño para decirle que en este mundo, por muy raro que pueda parecer, es posible la felicidad. Educar es ayudar al niño a encontrar lugares donde vivir, donde encontrarse con los otros y aprender a respetarles. Lugares, a la vez, de dicha y de compromiso. Donde ser felices y hacernos responsables de algo. Blancanieves huye al bosque, se encuentra con la casa de los enanitos y pasa a ser una más en su pequeña comunidad; Ricitos de oro, al utilizar los platos, sillas y camas de los osos se está preguntando sin saberlo por su lugar entre los otros. Una casa hecha para escuchar a los demás y estar pendiente de sus deseos y sueños, donde hacernos cargo incluso de lo que no entendemos, así deberían ser todas las escuelas.
Educar no es pedirle al niño que renuncie a sus propios deseos, sino ayudarle a conciliar esos deseos con los deseos de los demás.En un cuento de Las mil y una noche dos niños viven felices en su palacio, donde tienen todo lo que pueden desear. Una tarde ayudan a un anciano y este, en señal de agradecimiento, les habla de un jardín donde pueden encontrar las cosas más maravillosas. Y los niños, desde que oyen hablar de un lugar así, solo viven para encontrarlo. Adorno dijo que la filosofía era preguntarnos no tanto por lo que tenemos sino por aquello que nos falta. Eso mismo debe hacer la educación, incitar al niño a no conformarse, a buscar siempre lo mejor. ¿Para qué le contaríamos cuentos si no tuviéramos la esperanza de que puede encontrar en el mundo un lugar donde los pájaros hablan, los árboles cantan y las fuentes son de oro? Aún más, ¿si no fuera para encontrar también nosotros, los adultos, gracias a los niños, lugares así?"

viernes, 24 de abril de 2015

Contra la tiranía del baño diario

Os lo conté ayer en Facebook, esta vuestra página, muro de las lamentaciones y las alegrías: nunca he bañado a mis hijos todos los días. No lo hice cuando eran bebés. Y no lo hago ahora que son oseznos sudorosos. En nuestra casa los baños se hacen a días alternos (siempre naturalmente que no haya causas de fuerza mayor que indiquen una mayor frecuencia) o incluso, en los meses de invierno, de poco parque y de piernas cubiertas, en algo que se hace unas tres veces por semana. Os lo confesé, y lo confieso, sin rubor y sin temor a que se presenten en mi casa los servicios sociales. 

Siempre me han causado extrañeza esas madres (y también algunos padres, cosa que está bien, que ellos se impliquen en las rutinas diarias) que llegada cierta hora de la tarde ponen cara de Cenicienta al borde de la medianoche y mirando el reloj exclaman, como si el carrito de bebé se les fuera a convertir en calabaza: "Tenemos que irnos que es casi la hora del baño".Y estén donde estén interrumpen lo que estén haciendo salen corriendo a cumplir con esa regla que parece haber sido grabada a fuego en la piedra con los Diez Mandamientos de toda buena madre que se precie. 
Por eso me encantó ayer que mi confesión se propagara veloz en FB y que fueráis muchas las  madresquenobañanadiarioasushijos que salisteis del armario y comentastéis lo que casi parece ya un Manifiesto contra la Tiranía del Baño Diario. 







jueves, 23 de abril de 2015

Los últimos libros en los que he 'vivido'

Hubo una época, cuando estábamos inmersos en aquel túnel de la crianza y las noches insomnes, en el que dejé de leer novelas. Mi cabeza era incapaz de recordar lo que había ocurrido antes, no lograba concentrarme en la lectura. Fue una época dura en la que, sin embargo, no dejé de leer y devoré relatos cortos (me leí todo todito Alice Munro, imprescindible). Era lo único que mis neuronas podían asimilar.
Afortunadamente las fieras ya duermen toda la noche de un tirón y mis neuronas, aunque mermadas, han recuperado algo de su capacidad de retención. Así , y he vuelto a hincarle el diente a las novelas y a recuperar ese placer inenarrable de vivir entre las páginas de un libro, de desear que no se acabe nunca.


Y hoy, para celebrar el Día del Libro, os voy a contar los últimos libros en los que he 'vivido' las últimas semanas y que, al terminarlos, me han sumido en un vacío que solo se llena sumergiéndose en otro por lo menos igual de bueno:
Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler, publicado por Libros del Asteroide, esa colección maravillosa que edita con mimo y selecciona con esmero lo que publica. Un libro en el que quedarse a vivir, con unas descripciones de paisajes únicas y unos personajes que quisieras conocer.
- Entre limones. Historia de un optimista de Chris Stewart. Un canto a la vida hecho por este músico inglés que decidió instalarse en un recóndito rincón de la Alpujarra (doy fe de que es absolutamente recóndito porque estas vacaciones de Semana Santa nos fuimos a buscarlo, libro en mano, cual fans histéricos) .
Lejos de Ghana de Taiye Selasi, publicado por Anagrama. Una historia familiar que te deja sin aliento y te mantiene pegada a las  páginas hasta que termina, escrito con una maestría envidiable.
Limonov de Eduard Carrere, publicado también por Anagrama. No es ficción, pero tiene el pulso y la tensión narrativa de la mejor de las novelas. Apasionante.
- También esto pasará de Milena Busquets, publicado también por Anagrama (os juro que esto post no está patrocinado por Anagrama), un canto desgarrador y cómico de una mujer que acaba de perder a su madre. No os cuento más, leedlo.

Y con estas confesiones literarias os deseo Felicísimo Día del Libro. Leed mucho, que si vuestros hijos os ven haciéndolo, lo harán también ellos.

miércoles, 22 de abril de 2015

Planes muy chulos en Madrid

La primavera llega cargada de flores y de actividades a Madrid. En esta estación es fácil reenamorarse de esta ciudad. Hace un tiempo maravilloso que invita a echarse a las calles. Los parques están preciosos. Y, por si fuera poco, el calendario cultural para todos los públicos es apabullante. Hay para todos los gustos. Si aún no habéis decidido qué hacer este fin de semana, podéis elegir entre:
Malakids El festival para familias marchosas vuelve al barrio de Malasaña con conciertos, talleres, cuentacuentos y muchas muchas sorpresas.
- Feria Libros Mutantes en La Casa Encendida. Además del programa adulto habrá un kid´s corner donde tendrán lugar varios talleres de ilustración para niños. Una gozada para los pequeños artistas.

jueves, 9 de abril de 2015

De coches para transportar a la familia numerosa

La familia numerosa tiene que cambiar de coche. Y eso ha generado enormes y largas discusiones entre el padre de las criaturas y servidora (vamos, que estoy por ofrecerme para rematar los flecos que faltan en el acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán).














El que tenemos, un modesto Ford Focus CMax, que cuando lo compramos hace ya diez años era ya muy básico -por no decir rudimentario, con manivelas para bajar la ventana de esas de darle vueltas-, empieza a ser un modelo casi vintage. Lo llamamos la cafeterita, y bastante ha resistido el pobre porque lo compramos cuando solo teníamos un hijo, en aquella época ahora lejana en la que el ser una familia numerosa ni se nos había pasado remotamente por la cabeza.
Nos decididimos a cambiar de coche cuando íbamos a tener el segundo niño. Y tardamos tanto en decidirnos que el coche lo estrenamos para ir a dar a luz al hospital. Ese mismo día cogimos por primera vez el coche nuevo. No tenía casi ni gasolina, y cuando mi marido trató de parar en una gasolinera le dije que no lo hiciera porque no quería dar a luz ahí mismo, que no quería salir en la prensa local bajo el titular "Da a luz ayudada por un gasolinero entre los surtidores de gasoil".
 Así que no compramos el coche pensando en que tendría que albergar a una familia numerosa. De hecho, cuando me quedé embarazada por tercera vez tardamos varios meses -debimos de hacerlo poco antes de salir yo de cuentas- en atrevernos a comprobar si nos iban a caber tres sillitas en los asientos de atrás. Temblandito estábamos de tener que cambiar de coche de nuevo, que justamente uno de los grandes shocks que produce la 'numerosez' es tener que cambiar de coche para meter a todos los cachorros.
Recuerdo perfectamente el momento en el que mi marido bajo temblando con el maxicosi al garage a hacer la prueba. Y subió triunfante diciendo que sí, que cabían las tres sillas. Justitas y a presión. Tanto que para atar el cinturón de una, la de al lado tiene que levantarse y ponerse lateral. Pero se logra atar a los niños. Más de una vez, eso sí, he estado a punto de perder un dedo en el intento. Y luego cierras las puertas y quedan a presión. Y así hemos resistido los últimos seis años. Pero ahora ya va a tocar renovarnos, porque andamos muy justos. Y hemos entrado en ese difícil momento de tener que elegir. Elegir combinando el coche que nos conviene, el que necesitamos, el que nos gustaría con el que podemos permitirnos. Muchos condicionantes juntos que no siempre van de la mano. Y que rara vez coinciden en un solo modelo de coche. Para seros sinceros el coche que a mí me gustaría todavía no se ha creado. Querría uno de siete plazas (a pesar de la oposición del padre de las criaturas que dice que tres niños es el número máximo que puede soportar dentro de un solo vehículo), pero que no sea una furgoneta, sino que sea estilizado, que no sea 4x4 porque el padre de las criaturas tiene serios principios ecologistas... Tras largas discusiones, uno de los modelos que más nos ha gustado es el Opel Zafira Tourer que hemos podido probar estas vacaciones y que ha dejado a mis hijos fascinados. Está claro que cualquier modelo nuevo nos deja boquiabiertos. Nuestra cafeterita es fácil de superar. Poder abrir y cerrar todas las ventanas desde adelante me parece ciencia ficción, a los niños les emociona tener aire acondicionado que les sale solo para ellos, y qué decir del techo panorámico que se puede abrir y ver las estrellas!Así que ahí estamos, tratando de convencer al padre de las criaturas de que no es tan terrible llevar en alguna ocasión a cinco niños en un coche (los tres propios más otros dos 'invitados' , que nadie saque otras conclusiones erróneas). Y vosotros, ¿qué coche aconsejáis a las familias numerosas?

jueves, 26 de marzo de 2015

Yo tenía una abuela que hacía flores de papel

Mi abuela era una mujer maravillosa que fue muy por delante de su tiempo. Criada en la miseria de la posguerra de un pueblo castellano, sabía que las perras gordas se hacían ahorrando, una a una, las perras chicas. Y por eso reciclaba todo, cuando ya nadie lo hacía y cuando todavía no era un deber social. Fue también una gran precursora de ese Do It Yourself que ahora causa furor. Era una verdadera reina del DIY. Hacía de todo, sobre todo reutilizando. No tiraba nada, todo podía tener otro uso. Aún conservo (y les tengo tanto cariño que me da pena pisarlas) unas alfombras que hizo tejiendo lanas recicladas de chaquetas viejas.
También hacía flores. De todo tipo de materiales. Flores de papel, de fieltro, de masa de pan, que, una vez secas, pintaba con esmalte de uñas. Las regalaba a todo el mundo. Las llevaba en broches.
Mi abuela murió hace 20 años. Algunas flores se han conservado, como unas maravillosas marapolas de tela roja, o un broche de capullos de tul. Otras no han resistido el paso del tiempo, eran demasiado frágiles,
Por eso ahora, cuando veo que hacer flores se ha convertido en una de las manualidades de moda,dentro de la fiebre Do it Yourself que domina nuestro tiempo y que ha colonizado la blogosfera, me he puesto muy contenta. Y he recibido con enorme alegría este libro que saca Planeta. Me lo he tomado como todo un homenaje a esa gran mujer que fue mi abuela. Y para continuar ese homenaje, el cumpleaños de mi niña, que en abril cumplirá seis años, va a tener como actividad especial el hacer flores de papel. Y así recordará, sin saberlo, a su bisabuela.





viernes, 13 de marzo de 2015

Felices sueños a todos

Hoy es el Día Mundial del Sueño y abundan los estudios de todo tipo sobre las nefastas consecuencias de no dormir bien. Y al leerlo no puedo evitar que se me abran las carnes recordando todos aquellos años insomnes, aquellas noches eternas que pasamos preparando biberones, calmando llantos, cambiando pañales, buscando chupetes, encontrando peluches, recolocando sábanas, encendiendo luces, abrazando niños, acunando bebés, contando cuentos, cantando canciones, ahuyentando miedos, espantando terrores, abrazando cachorros, volviendo a preparar biberones, volviendo a cambiar pañales, volviendo a contar cuentos y a espantar terrores.

Eran noches en las que, más que irnos a descansar, el padre de las criaturas y yo nos preparábamos física y mentalmente como si fuéramos a bajar a picar a la mina. Nos poníamos el mono y nos deseamos 'que te sea leve'. Dejamos de decir 'Buenas noches' porque nos sonaba a chiste de mal gusto.
En aquella época no éramos una pareja, no, eramos compañeros de curro con turnos diferentes, 'ahora te toca a ti, que yo ya he currado mucho'. Eran noches en las que nos despertábamos a codazos para decirnos que ahora le tocaba al otro cambiar el pañal, o preparar el biberón, como os conté en este post sobre biberones nocturnos que generó un enorme debate. Y que llegamos incluso, en el límite de la locura, a hacer un listado del número exacto de biberones y pañales que cada uno había cambiado esa noche, y a qué hora exacta para que no quedaran dudas. Imaginad el buen rollito que teníamos por la mañana. Así surgieron los problemas de pareja que os contó allá por el pleistoceno, en 2009, en este post que a día de hoy todavía sigue sirviendo de paño de lágrimas para muchas madres que sufren con este tema y que siguen dejando comentarios.
Fueron noches que duraron años, varios años, hasta que un día por arte de magia los tres cachorros empezaron por fin a dormir los tres. Y de repente las noches volvieron a ser momento de descanso. Y volvimos a desearnos Buenas noches y a darnos un beso antes de ir a dormir. Así que a todos los que ahora estáis en la trinchera de las noches insomnes, solo puedo daros ánimos y recordaros, porque a veces se olvida, que esto pasará, que volveréis a dormir. Y que, aunque os parece imposible, sobreviveréis a esto. Felices sueños a todos



miércoles, 4 de marzo de 2015

Llega Teatralia a Madrid

Un año más por marzo, al mismo tiempo que los primeros solecitos primaverales, llega a Madrid Teatralia, el festival de artes escénicas para niño. Un verdadero lujo que nos ayuda a todos los que vivimos en esta ciudad a congraciarnos un poco con ella. La inauguración es este viernes 6 de marzo con la obra 'El último truco de George Melies'.



Aquí tenéis toda la programación para que podáis elegir. Hay espectáculos para todos los gustos, edades y lugares (las compañías itineran por varias localidades de la Comunidad)

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Tú qué quieres ser de mayor?

El anuncio es mono y me quedo mirándolo cada vez que lo veo a toda página en un periódico (la friolera de 2,7 millones de euros le ha costado a la Comunidad de Madrid esta campaña promocional de su sistema educativo llamada Su educación la eliges tú). En el anuncio, del que aquí os muestro una foto porque los que no vivís en Madrid no lo habréis visto, salen dos niños muy monos, vestidos de lo que quieren ser de mayores delante de una pizarra con dibujos pintados a tizas. la niña sale con su bata, su fonendo, su carpeta de anotar todo lo que tiene el enfermo. El niño sale con su traje astronauta, con el mono, el casco, la bombona de oxígeno, y las botas espaciales. Todo muy mono, muy ideal, muy estimulante, muy inspirador. ¿Quién no quiere que sus hijos sean médicos o astronautas?


Y ya os digo que siempre que lo veo me quedo siempre mirándolo, como dándole vueltas, como que algo me chirriaba, como que algo me faltaba. Y hoy, que lo he visto de nuevo, he caído en cuál era el motivo de mi desazón. ¿Por qué la niña sale de médico y el niño de astronauta? ¿Por qué no se ha puesto a la niña el traje de ir a conquistar el espacio? ¿ Por qué el que se va a lanzar a la aventura espacial es el niño y la que va a cuidar de los enfermos es la niña?
Me da una rabia enorme que se perpetúe, a través de una campaña institucional pagada con el dinero de todos los madrileños, el viejo tópico, tan implantado hoy en día, de que la mujer cuida, sea como madre o como profesional de la sanidad, y el hombre se da a la aventura. Tengo dos hijos y una hija y hago un esfuerzo enorme por inculcarles desde pequeños la convicción de que pueden hacer lo que quieran, que no hay barreras de género, que son libres de elegir lo que quieren ser de mayor, que mis hijos si quieren pueden ser bailarines de ballet clásico y mi hija, si lo desea, puede convertirse en piloto de coches o conductora de camiones. Y por eso me da rabia que luego nos vengan con estas campañas. Y habrá quién me diga que estoy sobrerreaccionando y que soy una exagerada, pero no quiero que mis hijos crezcan asumiendo estos condicionamientos sociales.

martes, 17 de febrero de 2015

La regla del 80/20 o cómo criar hijos seguros de si mismos

Tengo que confesaros que fui sin muchas expectativas. Era una charla sobre Cómo fomentar la autoestima de nuestros hijos. En la escuela de la pequeña. Me pidieron las profesoras que fuera y allí que me planté, a hacer bulto.
Nada más llegar, el autor, un psicólogo veterano nos preguntó que si conocíamos la regla del 80/20. Creo que alguna profesora contestó que sí. Yo no lo había oido en mi vida. Y nos contó en que consistía: en la relación y el trato con nuestros cachorros el 80% de lo que les decimos ha de ser felicitación, piropo, aprobación. Y un 20% corrección, riña, límites y normas. 
"Si es al revés, inviértalo. Por el crio. Y por su propia salud", dijo, mientras todos los padres hacíamos cuentas mentales con cara de susto.
A toda velocidad pasé revista a los últimos días. Y no os quiero contar el porcentaje que me salía. No me lo contéis tampoco vosotros, pero haced vuestros cálculos. Solo os diré que me daría por contenta si hubiera sido 50/50. No lo era. Y para tratar de justificarme, que siempre se puede encontrar justificación a todo, pensé que mi educación castellana me hacía menos proclive a echar flores que a lanzar críticas, que muchas veces lo bueno nos parece normal y solo constatamos lo que está mal. Que nuestra función como padres es corregir a nuestros hijos... Mil y una justificaciones encontré. Pero ninguna me quitó la angustia. Llegué a casa dándole mil vueltas. Y llevo unos días que no paro de decirles a mis hijos lo buenos que son, lo bien que hacen las cosas y lo bonitos que son sus dibujos. El mayor, con la astucia y la desconfianza de la preadolescencia, me mira alucinado como pensando, qué mosca le ha picado ahora a mi madre. Pero los otros dos están encantados. Y les sigo riñiendo sí, pero me parece que estamos invirtiendo poco a poco el porcentaje. 

domingo, 8 de febrero de 2015

Cosas que me dejan estupefacta de 50 sombras de Grey

Estoy perpleja. Faltan cinco días para el estreno de la película de Cincuenta Sombras de Grey y más de 100.000 personas han comprado ya su entrada en España para ver lo que se prevé sea el estreno del año. 

Puedes seguir leyéndome aquí

miércoles, 28 de enero de 2015

¿Qué hemos hecho mal para que 1 de cada 3 jóvenes considere normal controlar a su pareja?

Advertencia: este post es serio, muy serio, porque estoy enfadada, muy enfadada. Y no me sale el humor porque no hay nada de lo que reirse y mucho de lo que preocuparse.

Tengo un hijo de 13 años, otro de ocho y una niña que va a hacer seis. El mayor dentro de poco, antes de que yo me dé cuenta, empezará a tener novias, novietas, amigas especiales, lo que sea. Y quiero creer que nunca le prohibirá hacer cosas, nunca le dirá qué ropa tiene que ponerse, nunca controlará sus horarios y menos aún le dirá a quién puede ver y a quién no. Quiero pensar que el mediano tampoco lo hará cuando le llegue el momento de tener pareja. Los estamos educando para que traten a las mujeres, empezando por su hermana, como a iguales, como seres humanos con los mismos derechos y obligaciones que ellos.
Y sobre todo, quiero pensar que mi hija, que ahora es muy pequeñita, nunca aceptará que alguien le controle, le prohiba ver a amigos, le diga qué ropa tiene que ponerse. Quiero creer que nunca pensará que si alguien te controla y te pone límites es porque te quiere mucho. Porque estamos tratando de educarla para que sea libre, para que no se deje dominar, para que tenga una autoestima fuerte.
Cierto es que una cosa es lo que los padres, con toda nuestra buena voluntad, intentamos, y otra muy diferente la que conseguimos. Pero hay que intentarlo.
Por eso se me han puesto los pelos de punta al leer en este informe hecho público ayer por el Ministerio de Sanidad, que uno de cada tres, repito uno de cada tres, jóvenes españoles (chicos y chicas de entre 15 y 29 años) consideran normal y aceptable  en algunas circunstancias ‘controlar los
horarios de la pareja’, ‘impedir a la pareja que vea a su familia o amistades’, ‘no permitir que
la pareja trabaje o estudie’ o ‘decirle las cosas que puede o no puede hacer’. ¿Normal y aceptable controlar los horarios de tu pareja? ¿Aceptable no permitir que trabaje o que estudie? ¿Normal impedirle que vea a su familia o amistades?????
Son jóvenes nacidos de madres que muy probablemente ya trabajaran, criados en una sociedad que, al menos teóricamente, ha hecho de la igualdad de género uno de sus objetivos.
¿Qué estamos haciendo mal, muy mal, rematadamente mal, como sociedad, como padres, para que estos jóvenes nacidos en una sociedad moderna, libre y democrática piensen cosas que sus padres no pensábamos?  Porque algo estamos haciendo muy mal para que nos encontremos ahora con estas cifras.
Y me vienen a la mente todas esas publicaciones femeninas en las que la mujer sigue presentándose como un objeto hermoso, como un trofeo, y todo ese aluvión de pseudonóvelas tan de moda en los últimos años que glorifican la sumisión de la mujer ante el hombre como el summun de la satisfacción sexual...  Y pienso que hay mucho qué hacer, mucho qué cambiar. Y gran parte de la responsabilidad está en nuestras manos, en los padres.

lunes, 26 de enero de 2015

Oda al ratoncito Pérez

La caída de los dientes y la llegada del ratoncito Pérez sigue proporcionándonos momentos gloriosos en casa. Cada caída de un diente es todo un acontecimiento. Ahora estamos asistiendo a la caída de los dientes del mediano, que vive cada una de ellas con especial intensidad. La penúltima vez incluso escribió un poema ("Ratoncito, ratoncito, eres el más bonito" decía la primera estrofa) que dejó debajo de la cama para cuando llegara el famoso roedor -su hermano mayor, siempre al quite para criticarle, le acusó de ser un pelota- . La vez anterior le dejó un plato completo de queso y galletas.
Y es que cada llegada del ratoncito Pérez da siempre mucho juego, y por eso ha protagonizado varios posts de este blog, como estos de 2012 y de 2009, que ya son muchos años contando online nuestros avatares familiares.

El último episodio de caída tuvo, sin embargo, un dramatismo especial. El mediano (ocho años y medio), con un incisivo pendiente de un hilo, se pasó todo el día en huelga de hambre, negándose a comer y a salir de casa, esperando que se le cayera el diente, sosteniendo una caja de cartón con dos manos bajo la cabeza (para pescar el diente si se caía). Y es que como comentó certeramente una amiga "se está aferrando no a una caja, sino a su infancia".

viernes, 16 de enero de 2015

La difícil tarea de recordar las vacunas de los hijos

No me ha pasado a mí. Le ha ocurrido a una amiga, también ella madre de familia numerosa. No recuerda si ha vacunado a su hijo pequeño cuando hizo cuatro años. En realidad, no es que no lo recuerde, es que ella está convencida de que sí le han vacunado. Pero en el centro de salud no consta (¿puede haber fallado el sistema informático?). Tampoco en la cartilla de vacunación del niño (cosa que no me sorprende, porque creo que solo una vez he recordado llevarla el día de las vacunas). Y ahora no sabe qué hacer. Si volver a vacunar al niño. O dejarle sin vacunar. En el centro de salud la han reñido. Le han preguntado si no será de esas que se niegan a vacunar a sus hijos. Y no sabe qué hacer.
Yo la entiendo perfectamente. Podría haberme pasado a mí (de hecho, ahora que lo pienso, puede haberme pasado perfectamente. En una ocasión llevé a vacunar a la niña y me enteré allí in situ de que el mediano no había sido vacunado el año anterior y allí mismo le pusieron las vacunas).
Y es que gestionar las vacunaciones de los hijos es algo demasiado importante como para dejarlo en las atribuladas manos y mentes de las madres de familia numerosa (y digo madres conscientemente, Si alguien conoce a algún padre que conozca el calendario de vacunación de los niños que lo haga saber y lo proponemos para algún Premio Nobel). Y aquí habrá alguien que se enfadará, y alguna que se dará por ofendida, afortunada ella que logra estar al día de las vacunas de sus hijos. Porque a mí me supera. Necesitaría una aplicación en el móvil que me lo recordara (¿alguien sabe si existe?). O mejor aún, un implante en el cerebro que me lo recordara.

viernes, 9 de enero de 2015

Balance de los Reyes Magos

Con un poco de retraso -debido a un inoportuno virus que nos ha hecho la cuesta de enero más cuesta arriba todavía- procedo aquí a hacer balance de los reyes magos en mi casa, para que conste por escrito y nos pueda servir -junto con vuestros comentarios que espero como agua de mayo- de guía y referencia para la próxima edición: 
- Regalos por niño: dos y medio. (cada uno compartía un regalo con otro hermano). Al mediano, por eso de estar en el medio, le han caido dos mitades. Así que él, para ser fieles a la aritmética, a él le han caído tres. Menos mal que sus hermanos no han caido en la cuenta.
- Gasto medio por criatura: 60 euros.
- Coincidencia con regalos pedidos: 80%.
- Nivel de satisfacción de la infancia: 100%
- Felicidad familiar: mucha. 



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