miércoles, 3 de diciembre de 2014

No al consumismo. Sí el trueque de juguetes

Vaya por delante que me encanta la Navidad. Disfruto entregándome al espíritu navideño y cumpliendo una por una todas las tradiciones. Lo pongo todo, belén y árbol, decoro ventanas. Mando felicitaciones. Preparo una bandeja de dulces navideños para ofrecer a todo el que se asoma por la puerta de casa. Me pongo el gorro de Papa Noel y perpetro villancicos a voz en grito. Pero sí hay algo que no soporto de estas fiestas es el consumismo exacerbado. Me parece que es algo que nos perjudica a todos y que atenta contra el verdadero espíritu de estas fechas. Por eso me esfuerzo por contener las peticiones de mis hijos y, sobre todo, el aluvión de regalos que les cae en estas fechas. Vamos, que les pongo severos límites a papa noel y a los reyes magos. No soporto ver a los niños sepultados en regalos que ni disfrutan ni aprecian. Mis hijos ya lo saben y depuran su carta a los Reyes Magos hasta dejarla en tres o cuatro regalos (que, eso sí, cambian una y otra vez hasta casi la víspera de la Noche de Reyes, volviendo locos a sus majestades).
Por eso me parecen maravillosas las iniciativas de trueque de juguetes, que les enseñan a los niños el valor de las cosas. Este fin de semana en la Casa Encendida de Madrid hay una nueva edición de su ya famoso sile nole, adonde los niños pueden llevar juguetes y libros en buen estado y cambiarlos por otros. 

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