lunes, 28 de octubre de 2013

Libros aterradores para Halloween

Os debo confesar que Halloween me ha ido conquistando. Cierto es que se trata de una tradición sin ningún arraigo cultural en nuestro país, que la hemos importado del mundo anglosajón, que no tiene nada que ver con nosotros... Pero tengo que reconocer que esas calabazas agujereadas, esas decoraciones, esos disfraces me han ido ganando. Será porque soy adicta a la calabaza, y me encanta hacerla de mil formas posibles, en puré, en pastel, en tarta... O será porque al final de lo que se trata es de una fiesta más y yo, para qué negarlo, soy de esas que siempre están a la búsqueda de una buena excusa para montar una fiesta. Así que de alguna manera u otra acabaremos celebrando Halloween, que a los niños les encanta. Una buena forma de celebrarlo es leyendo cuentos de miedo, miedo siempre dentro de un orden, naturalmente. Aquí os recomiendo un par de ellos, de la editorial SM:




miércoles, 23 de octubre de 2013

A granizarlo todo

Hace una semana que fuimos elegidos, esta bloguera y sus cachorros, para participar en una prueba de producto de madresfera. Se trataba concretamente de probar un nuevo crea granizados de Bizak. Huelga decir que con enorme expectación se esperaba el invento en mi casa. Cuando llegó el paquete, os confieso que al abrirlo nos llevamos una gran desilusión: parecía un mero vaso batidor, sin ningún dispositivo mecánico ni eléctrico. Nada del otro mundo. Leímos las instrucciones con detenimiento, sin entender cómo de aquel simple vasito iba a salir un granizado. Había que meter el artefacto en el congelador durante unas horas, luego echar dentro el líquido de lo que se quería hacer el granizado, apretar las paredes del vaso durante un minuto y ya estaba listo. Os aseguro que me parecía un tongo. Hicimos la prueba. Congelamos el vaso, lo dejamos varias horas en el frigo, lo sacamos helado, metimos dentro zumo de limón, procedimos a apretar las paredes congeladas. Y cual fue nuestra sorpresa cuando, por arte de birlibirloque, el zumo empezó a convertirse en granizado. "¡Es magia!", gritó mi hijo.
Parece ser que las paredes internas del vaso granizador tienen una solución que congela los líquidos a velocidad supersónica. Su precio actual está en torno a los 20 euros, así que con unos pocos granizados está ya amortizado!

- Facilidad de uso: 5
 
- Diseño: 4
 
- Resultados:5
 
- Calidad/precio:3

Tiene una sola pega: solo da para un granizado. Así que imaginaos las batallas, necesito otros dos.


jueves, 17 de octubre de 2013

Temporada de piojos

Anoche, a las 19.45, cuando parecía estar llegando a su fin una jornada larga y agotadora y la madre imperfecta, oh, pobre ilusa, pensaba que en breve tendría a los cachorros liquidados en la cama, en la cabeza de la pequeña de la familia fue encontrado un piojo. Del colegio habían avisado que en su clase había sido detectada la enésima plaga de parásitos y la madre imperfecta decidió, en un gesto de responsabilidad que le honra, pasarle la liendrera. No fue tarea fácil pues tuvo que perseguir a la niña por toda la casa, reducirla y soportar sus lloros y gritos. Y cuando ya estaba a punto de cantar victoria y declarar su prole libre de parásitos apareció el maldito parásito, agazapado entre la cabellera. Y ahí se puso en marcha el consabido proceso infernal que en una familia numerosa se multiplica casi hasta el infinito: masaje de cuero cabelludo con producto infernal, cuyo penetrante olor podría acabar por sí solo, pero no lo hace, no solo con los piojos sino con los seres humanos. Colocado de gorro de ducha y amenazas de que bajo ningún concepto hay que quitárselo antes de media hora. Control, liendrera en mano, de las cabezas de los demás miembros de la familia (que en el caso de la madre supone media hora de sufrimiento para pasar la liendrera por larga cabellera rizada). Oración de acción de gracias a la virgen maría por no haber encontrado ningún otro parasito. Ducha de la niña, con nuevos gritos y llantos porque el dichoso producto pica en los ojos como si fuera lejía. Secado y consolado , y nueva oración para que los santos se apiaden de nosotros y se reduzca todo a un parásito aislado que iba a conocer mundo, sin familia ni intención de instalarse en nuestra casa.
De esta manera lo que iba a ser un fin de jornada temprano y ordenado, se convirtió en un trasnoche agotador con cena tardía y acostado sin cuentos.

lunes, 14 de octubre de 2013

Nos hemos puesto morados

En casa nos gusta mucho marcar el paso de las estaciones, en cada uno nos entregamos con entusiasmo a sus ritos y costumbres, desde ir a comprar las nuevas frutas (ahora estamos ya esperando impacientes las mandarinas) hasta preparar comidas típicas.
Y el final del verano y el comienzo del otoño tiene un rito obligado: la recogida de las moras. Este año se nos había hecho un poco tarde y no habíamos podido ir antes, y este fin de semana del Pilar yo pensaba que ya no iban a quedar. Al contrario, en las zarzas había centenares de kilos de moras esperándonos. Hemos hecho la cosecha del siglo, y eso que al final decidimos parar porque ya no teníamos botes suficientes para hacer tanta mermelada. Ha sido una cosecha fabulosa, en la que hemos roto varios records familiares: 12 botes de mermelada, ninguna prenda de ropa destrozada de manchas de mora, y solo un niño con  dolor de barriga!

lunes, 7 de octubre de 2013

Viva la ropa de segunda mano!

Mis hijos, cuando se ponen algo por primera vez, lo primero que preguntan es "¿Y esto de quién era?". En nuestra casa siempre hemos aceptado de buenísimo grado la ropa de segunda mano que amablemente nos ceden amigos y familiares. Nunca se nos han caido los anillos. Al revés, a mis hijos les encanta saber que llevan una sudadera de su primo mayor o un vestido de una amiga más grande. En mi casa hay un un circuito permanente de bolsas repletas que entran y salen, la ropa tiene varias vidas, porque hay cosas que los niños trituran enseguida pero otras que se les quedan pequeñas y quedan nuevas. ¿Por qué no reutilizarlas?
Esta costumbre me da la impresión de que no estaba muy extendida en España hasta que llegó la crisis. Pero en otros países europeos es algo completamente normal. En Italia, cada vez que vamos a visitar a la familia paterna, nos esperan con bolsas de ropa de primos e hijos de amigos. Es cierto que la gestión de las herencias con varios hijos supone un trajín enorme y requiere de considerable organización  (muchas veces pienso lo maravilloso que debe ser tener un solo hijo y cada vez que necesitas algo ir a comprarlo, en vez de tener que estar buscando en bolsas almacenadas desde hace años en los altillos) pero representa un ahorro considerable de dinero.
Ahora afortunadamente va siendo cada vez más normal en España, hoy sale un artículo sobre el tema en El País,Estrena ropa usada.
Y por si el circuito habitual de familiares y conocidos no fuera suficiente para abastecerse, se puede también recurrir a páginas web que venden o intercambian  ropa y objetos para niños de segunda mano, como percentiltrastus, o uniformes de cole
Así que ya no hay excusa para reutilizar la ropa. ¿Vosotros lo hacéis?

miércoles, 2 de octubre de 2013

Una madre también puede tener miedo

Fue uno de los primeros pensamientos que se me vinieron a la mente cuando tuve a mi primer hijo: ¿ Y ahora si tengo miedo qué? Ahora soy yo la madre, ya no puedo salir corriendo llorando a llamar a la mía, porque no va a colar, tengo que ejercer yo, y ser yo la que calmo, infundo seguridad, protección y espanto temores. Algo difícil cuando se es miedosa, porque lo soy, no tengo miedo a confesarlo aquí en la red, y aquí quedará colgado para la posteridad (menos mal que no tengo pensado, aunque bien pensado nunca se sabe porque con esto de la crisis a saber con qué acabaremos ganándonos las lentejas, solicitar ningún trabajo donde se requieran altas dosis de valor y gallardía). Pues eso, que tuve que fingir ante mi primer hijo, y hacerme la valiente, y aprender a calmarle, y luego, ya con más práctica, lo seguí haciendo con los demás, y así me fui convenciendo a mí misma de que ya no me daba miedo, aunque todavía me lo da. Y yo pensaba que estaba colando, y que lo estaba haciendo bien, y que me estaba convirtiendo en una madre respetable y tranquilizadora, un remanso de calma y seguridad, pero me parece que no ha debido de colar mucho porque todavía hoy, cuando mi marido se va de viaje, mi hijo mayor me pregunta con un hilo de voz ¿mamá, y ahora nos quedamos nosotros solitos? Y yo entonces saco pecho y le digo, no te preocupes, mi amor, que estará mamá.
Todo esto viene a cuento porque acabamos de volver de nuestro viaje anual a Italia, tierra paterna. Y resulta que a mi hijo mediano le da mucho miedo volar, no soporta el despegue. Y yo tampoco. Y entonces tengo que abrazarle fuerte y calmarle (porque en estos momentos no quiere estar con su padre, solo con su madre, porque el pobre aún no sabe que soy miedosa), y, con el corazón yo misma agarrotado por el susto, espantar sus temores, sin dejar ver los mios. Y ahí me tenéis, en medio de las turbulencias, respondiendo a preguntas tales como ¿mamá, se está cayendo el avión? ¿pero la Tierra no es un imán que nos atrae? ¿Y si nos estrellamos ahora y nos caemos en el mar nos morimos todos? ¿y al avión le puede fallar un motor? De verdad que es un verdadera prueba de madurez. Con un hilo de voz le fui respondiendo, cuando ganas me daban a mí de taparme también la cara y llorar.
¿Y vosotros? ¿habéis sido capaces de esconder vuestros miedos?


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