jueves, 31 de enero de 2013

Mamá, de mayor quiero ser chorizo

Estimados señores políticos del gobernante Partido Popular,
les agradezco que hayan pensado en nuestros hijos y hayan propuesto ustedes que reciban educación financiera y fiscal con el noble propósito de enseñarles, de cara al mañana, a hacer frente a sus obligaciones tributarias y reducir así el fraude fiscal. Me parece loable su iniciativa, como todo lo que pueda contribuir a mejorar la formación de nuestros retoños, futuros ciudadanos del mañana, que una siempre piensa que el saber no ocupa lugar.
Pero de verdad que lo primero que se me ha venido a la cabeza es que los primeros que deberían aprender tal iniciativa serían ustedes, y sus colegas de otros partidos, para no tener tentaciones de defraudar, como algunos de ustedes, sin ánimo de generalizar ni de ofender, vienen haciendo.
Y lo segundo que he pensado es que si le enseñamos ingeniería fiscal, a lo mejor lo que aprenden es a defraudar más y mejor. ¿No sería más aconsejable enseñarles ética? Con esto no me refiero a la tan traída y tan llevada Educación para la Ciudadanía, a la que tienen ustedes tanta tirria. No, señores, no, me refiero a la ética de toda la vida, a los principios éticos más básicos, esos que nos enseñaban, que robar es de ladrones, y que lo común es de todos, pero eso no significa que podamos reclamar (o llevarnos) nuestra parte, que en la vida hay que esforzarse, y mucho, y trabajar duro para conseguir las cosas, y que hay cosas que no siempre deben aceptarse, aunque sea muy tentador.
Pueden ustedes sentirse aliviados porque esa ética ya se la estamos enseñando en casa los padres, que basta con poner las noticias para que aquello se convierte en una clase magistral de cómo no convertirse en un chorizo, a mi hijo mayor le quedó muy claro viendo desfilar a Diaz Ferrán por el telediario, o más recientemente a su hasta hace nada compañero de partido, el señor Luis Bárcenas, que nos han dado ambos material más que de sobra para explicarles a nuestros hijos qué es lo que no tienen que hacer en la vida cuando sean mayores. Y así les hemos podido explicar que en la vida hay que trabajar duro, que no se puede uno aprovechar del cargo, ni del título, ni del marido, ni de la esposa, por mucha sangre azul que tenga, ni del partido, que no solo hay que ser honrado, sino que hay que demostrarlo, que la honradez es lo único que te deja dormir bien por la noche, y que más vale ser pobre, y no tener ático ni yate, ni palacete, ni ir a esquiar a suiza, que un chorizo con todo eso y mucho más. Anoche hasta le tuve que explicar a mi hijo mayor por qué era una indecencia venderle participaciones preferentes a un jubilado.
Y a ver si nos esmeramos los padres en esta tarea y sacamos adelante generaciones de españoles que crean en el valor del esfuerzo, del respeto a los demás y a lo público.Que falta hace....

lunes, 28 de enero de 2013

Una solución radical

Ante la persistente, incontrolable y ruinosa (para mi bolsillo, que no para el de las compañías farmaceuticas que buena tajada estarán sacando) plaga de piojos que asola las cabezas infantiles -y adultas, a qué negarlo- de la comunidad de Madrid este curso escolar, esta madre requeteimperfecta, a punto de perder la visión por la agotadora labor del despiojado manual, se declara impotente y, al borde de la desesperación, solo contempla ya dos soluciones posibles para hacerle frente a la crisis:
1- Raparle la cabeza al cero, sí, he dicho al cero, y dejarlos mondos lirondos como melones, a los tres niños. Y así nos libramos de los parásitos, y de paso yo pierdo la custodia, por madre irresponsable que somete a sus hijos a los rigores invernales, y me quedo también sin niños. Resuelto el problema de raiz, nunca mejor dicho.
2- Amaestrar a los piojos y montar un circo. Así por lo menos me lucro de la pesadilla esta.
Lo dicho, un bicho más y opta por una de las dos opciones. Os enterareis por el telediario.

martes, 15 de enero de 2013

El peso de los hijos

No puedo decir que me haya pillado por sorpresa, digamos que llevaba años currándomelo. Muchos años, unos diez más o menos, cargando cachorros de diferente peso, estatura, edad y movilidad. Y es que aunque en ocasiones pueda parecer una madre inflexible y dura, que lo soy también, pero para eso tiene una esta esquizofrenia particular de la que no me avergüenzo, soy incapaz de resistirme cuando un cachorro se me para delante y me mira de abajo arriba, con esa mirada que ponen los cachorros como si estuvieran pidiendo la luna, y me pide que le lleve en brazos. Al mediano, con sus rollizos seis años, le he estado cargando literalmente hasta anteeayer, y os aseguro que la última vez que lo hice casi infarto, desde luego, ya tiene más sentido que me lleve él a mí, con esos fornidos brazos de levantador de piedras. Y a la niña, que es un peso pluma, qué os voy a decir, pues que le quité la sillita hace medio año y la mayoría de las veces que salimos de paseo acabo regresando con ella en brazos. Así que no me ha extrañado lo más mínimo cuando ha ocurrido lo que tenía que ocurrir: que me he dado un lumbago, una lumbalgia, una contractura lumbar, un amago de hernia, lo que quiera que sea, que me ha dejado literalmente inmovilizada, postrada en cama. Así ha empezado servidora el año. Desde luego pasar un día en la nieve con los niños, en plan madre-escoba-noesquiadora a pie de pista, cargando esquíes, quitando botas, acarreando comida y ropa de recambio, arrastrando trineo con o sin niños encima, pues digamos que no ha ayudado. El otro día cuando el traumatólogo me preguntó, pero cómo se ha hecho usted esto? se ha caído?' estuve a punto de decirle que sí, que me había caido, por simplificar. Y cuando me dijo que para que se me pasara me recetaba unas pastillas, y, sobre todo, tranquilidad, pues me dio la risa.

miércoles, 9 de enero de 2013

¿Madrid olímpica?

La escena tiene ya algo de deja vu, solo que cambian los actores, en esta ocasión fueron Ana Botella, flamante y no elegida alcaldesa de Madrid, e Ignacio González, presidente, no elegido, de la Comunidad de Madrid, en lugar de sus mentores, Gallardón y Esperanza Aguirre. Pero vamos, que el guión fue igual: ambos dirigentes hicieron entrega al COI del grueso dossier que contiene todos los méritos que hace Madrid para convertirse en sede de unas Olimpiadas, ahora ya las del 2020, que todas las anteriores no nos tocaron. Dicen hoy los periódicos que preparar la ciudad para los Juegos costaría, nos costaría, unos 1.600 millones de euros. Ahí es nada. Y ya me imagino de dónde los sacarían, aunque como sigamos apretándonos los madrileños el cinturón se nos va a quedar la cintura de avispa de por vida. Pero os confesaré que, en esta ocasión, no me importaría que nos tocaran las Olimpiadas. He cambiado de opinión, y os diré por qué. En 2020 mi hijo mayor tendría 18 años, y supongo que sería una experiencia bonita de vivir a esa edad. Y me gustaría creer, que por soñar no quede, que estas aspiraciones olímpicas madrileñas se traducirían en una mayor apuesta por el deporte, a todos los niveles. Aunque mucho tendría que cambiar las cosas.  Mis hijos entrenan al baloncesto en un pabellón municipal, este año nos han doblado la cuota, porque, como la comunidad ha doblado el precio del alquiler del pabellón. Cuando la presidenta del club de baloncesto se quejó alegando de que estos niños son los equipos de baloncesto del mañana, del 2020, su interlocutora de la comunidad le dijo que eso era competencia del Ayuntamiento, o viceversa, que lo mismo me da, demostrando la implicación de las instituciones, esas que se pegan por la candidatura olímpica, con el deporte de base. Así que, como ocurre con frecuencia en este país, las cosas se hacen de cara a la galería. Y sí, se entrega un dossier muy grueso al COI, se hacen muchas promesas. Y hacer deporte en esta ciudad es en sí mismo un deporte, y de riesgo, sobre todo para el bolsillo.

viernes, 4 de enero de 2013

Ya llegan los Reyes!

Pensé que no íbamos a lograrlo porque el mayor, que desde hace ya tres años conoce la verdad más transcendental en la vida de un niño (los reyes SON los padres), ha estado varias veces a punto a punto de irse de la lengua y arruinarlo todo con comentarios del tipo, "no hace falta que me compres un coche tan caro, con el más sencillo me basta" y cosas por el estilo. Menos mal que el mediano y la niña pasan la mayor parte del tiempo ocupados en pegarse y en darse el uno al otro, o en gritar tirados por el suelo y no le hacen mucho caso a lo que dice el mayor. De esta manera hemos logrado llegar al día 5 con la emoción intacta. eso sí, ha hecho falta un poquito de coaching maternal, que podría llamarse. porque de repente la niña va y me cambia lo quería pedirle a los reyes. Y de querer a Cenicienta pasa hace dos días a querer una Barbie. Y ahí tuve que explicarle que ya era tarde, que los reyes estaban ya de camino con los regalos en las alforjas de los camellos y que no se podía ir cambiando de deseo. El mediano también pasó su momento de confusión cuando el otro día volviendo de viaje en avión le dieron para que escribiera una carta a sus Majestades y el pobre no entendía nada, pero si yo ya he escrito la carta, qué hago escribo otra? pero le puedo pedir más juguetes o les vuelvo a pedir lo mismo?. La verdad que yo no sabía muy bien qué decirle, acabé diciéndole que aprovechara para decirle a los reyes que, desde su carta anterior, había seguido portándose bien, que a sus majestades les gusta mucho recibir informes actualizados sobre el comportamiento. Y todavía ayer yo, como no podía ser menos, me tuve que echar a las jugueterías a buscar algo que nos faltaba. En fin, que todo dentro de la norma de lo que viene a ser una noche de Reyes con niños inocentes. Que os traigan muchas cosas, también a vosotros, que sabéis que no existen, que seguro que lo merecéis.

Compártelo