viernes, 22 de noviembre de 2013

El cine y yo

Me gusta mucho ir al cine. Toda mi vida he ido al cine muchísimo. De estudiante me las ingeniaba para estirar el dinero y reservar 300 pesetas para ir al cine el Día del Espectador, los miércoles. Tuve una época que lo veía todo. Luego vinieron los hijos, y dejé de ir al cine. Al principio me esforzaba por seguir leyendo todas las críticas, me mantenía actualizada de las novedades, incluso me quedaba con recortes de periódicos sobre las películas que más me interesaban confiando en poder verlas más adelante en dvd o en alguna reposición. Preguntaba a los amigos que iban más al cine, escuchaba sus opiniones y sabía qué estaban haciendo mis directores favoritos, y salía de mi encierro para acudir religiosa y anualmente a la cita con dos de ellos, Woody Allen y Almódovar. Luego ya ni siquiera eso. Me resultaba imposible leer las críticas, no lograba seguir las novedades. Me perdí varias pelis de Allen y de Almódovar y sus estrenos dejaron de ser la referencia por la que yo medía el tiempo (eso ocurrió cuando Woody estrenó Maridos y Mujeres, o después de Deconstructing Harry), ahora se medía el tiempo por embarazos e hitos de los niños (cuando dejó la teta uno, cuando empezó a andar el otro). Y así llegamos a la etapa actual, los niños comienzan a dar alguna tregua, ya dormimos y eso hace que recuperemos el interés por el mundo exterior. Y quiero volver al cine. A ver películas adultas o infantiles, que hay verdaderas maravillas. Pero me encuentro que si quiero ir con toda la familia al cine me tengo que gastar más de 40 euros. Un día especial nos lo podemos permitir, pero me temo que no con demasiada frecuencia. Ahora nos sorprendemos todos de que se llenen las salas de cine cuando hacen ofertas de entradas a 3,5 euros. Señores distribuidores, entiendo que no quieran dejar de ganar, pero ¿no sería mejor vender muchas más entradas, llenar los cines, aunque sea a 3, 5 euros que seguir cobrando esas barbaridades y tener los cines semivacíos?

1 comentario:

  1. comparto absolutamente, van a tener que reflexionar al respecto, yo tengo la suerte de seguir yendo al cine, son las únicas salidas que nos permitimos mi marido y yo juntos, pero efectivamente es un pastón y cuando vamos con niños ya es una locura... las salas siempre están medio vacías, ya no sé ni de qué viven y siempre pienso que se me va a acabar el lujo asiático de ver las pelis en pantalla grande, sin interrupciones, con la sala oscura que te inunda y de la que te llenas, es tal placer... viva el cine!

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