lunes, 20 de mayo de 2013

El 40 de mayo

Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.



Pues eso, que he aprendido la lección. No volveré a hacer cambio de armarios antes de esa fecha que tan sabiamente dice el refrán; hasta el 9 de junio mantendré a la par, abarrotando cajones y armarios, los plumíferos y las camisetas, las botas de goretex y las sandalias. No volveré a dejarme llevar por ese optimismo de temporada que nos hizo creer que ya se instalaba para siempre el buen tiempo y nuestras vidas serían un diario paseito al parque. Porque claro, luego llega lo que ha llegado, o sea este temporal de frio y nieve a mitad de mayo, y te pilla con los niños en camiseta, el ánimo ya lúdico y festivo, la mente ya solo pensando en helados, granizados y ensaladas de tomate,  y además de pilllarte una neumonía, te agarras una depresión por quedarte encerrado en casa, comiendo cocido y aguantando a los niños que están ya como potros salvajes, tiritando y tú sin recursos mentales ni físicos para hacerle frente.


















1 comentario:

  1. Dos veces he guardado los edredones y los he tenido que volver a sacar. Ha sido el cambio de ropa más "interruptus" que recuerdo en estos últimos 9 años de madre de familia numerosa.

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