viernes, 30 de noviembre de 2012

La niña me duerme (2)

En la emocion de anoche no entré en detalles, tan solo os dije que la niña ya dormía. Y ahora al leerlos me doy cuenta de que, después de todo lo que os he torturado con mis noches insomnes y mi tortura nocturna, os debo una explicación sobre el advenimiento de este milagro. ¿Cómo lo hemos logrado? ¿Hipnosis? ¿Viaje a Lourdes de rodillas y flagelándonos? ¿Conjuro santero? ¿Exorcismo? ¿Aplicación sin piedad del método Estivil? ¿Brebajes? ¿Sobredosis de tila y valeriana? ¿Amenazas? ¿Promesa de un viaje a Disneyland vestida de princesa? Pues siento decepcionaros, nada me gustaría más que tener una fórmula mágica, y de paso patentarla y dar la vuelta al mundo divulgándola. Me temo que lo que único que hemos hecho ha sido darle tiempo al tiempo. Por algún extraño fenómeno mis hijos, los tres, han tardado entre dos y tres años, incluso tres y medio como ha sido el caso de la niña, en aprender a dormir de un tirón. Hasta ese momento mágico en que logran dormir toda una noche entera se despertaban varias veces, o lloraban en sueños, o gritaban.... Ahora habrá quien me diga que es culpa nuestra, que no hemos sido capaces de enseñarles, que hemos sido demasiado blandos, que hemos cedido a sus lloros y les hemos mimado demasiado, levantándonos a verles, a ponerles el chupete, a darles un beso. Pero qué quereis que os diga, que si un niño pequeñito llora a mí se me rompe el corazón de no atenderle. Y así hemos pasado cinco años. Levantándonos, turnándonos, arrastrándonos el resto del día, envejeciendo, tirando adelante como verdaderos zombis... Pero no me arrepiento.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La niña me duerme


Os lo voy a contar en voz bajita, solo a vosotros, así en plan confidencia, que no me atrevo a contarlo muy alto, ni a lanzar las campanas al vuelo por si luego no es para tanto, pero vamos, si fuera por mí yo hacía una fiesta por todo lo alto para celebrarlo, porque merecerlo lo merece. ¿Qué de qué se trata? En cuanto os lo diga, vosotr@s que tanto me habéis sufrido, os vais a dar cuenta de la transcendencia de la noticia: mi niña me duerme. Sí, habéis leído bien. La niña duerme. Mi hija de tres años y medio por fin por fin por fin, aleluya, se ha decidido a dormir la noche de un tirón. De verdad que estoy por contratar fuegos artificiales o una banda de música, y bañarme en champán rosado. Es que no sé qué hacer para celebrarlo. Aunque también os diré que quizá sea demasiado tarde, que el daño a su madre, a su padre, a su relación de pareja ya está hecho, y probablemente nunca volvamos a ser los mismos que éramos antes de pasar cinco años sin dormir (dos con mi hijo mediano que se unieron a tres de la niña), que a saber las secuelas que esto nos ha dejado,  y los millones de neuronas que hemos perdido y  ya no hay manera de recuperarlas, pero no es momento de rencores ni de mirar atrás, sino adelante, a todas esas noches que tenemos por delante para dormir de un tirón, aunque ahora que lo pienso, el mayor con casi diez años dentro de nada entrará en la adolescencia, y ¿a qué edad empiezan a salir por la noche? Dios mio, más vale que me vaya a dormir ya mismo para ir recuperando y acumulando horas de sueño, que falta me hace.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Educar en la felicidad

Que difícil es educar. No hay día que no le de vueltas a si he sido demasiado dura con uno, o demasiado blanda con otro, o con el mismo, que una es muy contradictoria y puede ser ambas cosas en menos de media hora. Si tengo que reñir más, consentir menos, o ser más flexible. Y lo peor es que, a corto plazo, no hay manera de saber si lo estás haciendo bien. Por eso resulta un alivio caer sobre buenos consejos. De regalo de fin de semana, voy a compartir este con vosotros, queridos míos:
"El mejor método de educación es la felicidad. La única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres". (Hector Abad Faciolince, El olvido que seremos)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El Papa quiere dejarnos sin belén

Qué manía tiene este Papa tan serio de desmontar nuestras ilusiones. A mí, humildemente, me parece que está muy mal aconsejado, de verdad, que si tuviera un buen servicio de prensa adaptado a los tiempos modernos le dirían que nada de dar titulares negativos que den al traste con imágenes bien asentadas en el imaginario colectivo desde hace siglos y siglos. Primero acabó con el purgatorio, que queréis que os diga, a mí me parecía que tenía su morbo, eso de estar ahí ni en el cielo, ni en el infierno, yo creo que era donde iba a estar la diversión, sin diablos, pero también sin ángeles, o sea todos con un punto canalla. Y ahora nos viene de nuevo Benedicto XVI con que el portal de Belén, ni era portal, ni tenía pesebre, ni mula ni buey. Yo no se lo pienso contar a mis hijos. Con lo que nos ha costado hacernos con un belén en condiciones, con todas sus figuritas, como para ahora empezar a quitarlas.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Señores gobernantes

Las familias (numerosas o no) no ganamos para sustos

Excelentísima señora alcaldesa del ilustre ayuntamiento de Madrid, Doña Ana Botella,

Hubo una época en que una abría el buzón nerviosa, con el corazón en un puño, esperando encontrar alguna carta de algún ser especial. Le aseguro que abría la portezuela con la mano temblorosa. Seguro que también usted recuerda esas emociones de la adolescencia y primera juventud. Recuerda usted aquellas primeras que le escribía de novio su excelso esposo, Don José María? Pero no le estoy escribiendo para rememorar el nacimiento de su amor, que espero dure aún muchos años. Ahora resulta que a mi edad de nuevo abro el buzón temblorosa y aconjogada. Pero no se preocupe usted, que no me he buscado ninguna aventura extramarital, una sigue felizmente casada con el padre de las criaturas y no le da el ánimo ni la energía para nada más. Y no, tampoco le escribo para hablarle de la infidelidad, o la fidelidad, aunque si quiere podemos discutirlo otro día, me encantaría conocer su opinión al respecto (¿cree usted que lo natural es ser infiel o fiel?).
Ruego me disculpe, que me estoy yendo por las ramas, pero es que no tiene una todos los días la oportunidad de dirigirse a su alcaldesa y esposa de don José María. Lo que me hace ahora temblar cuando recojo el correo es el encontrar alguna nueva debacle para nuestra precaria y vapuleada economía familiar. De verdad que no gana una para sustos. El último me lo ha dado el recibo del Impuesto sobre Bienes Inmuebles que el ayuntamiento que usted dirige tiene a bien cobrarnos a todos los ciudadanos propietarios de la capital de España. Del año pasado a este me han subido la cuota casi 300 euros. Le aseguro que casi me caigo para atrás del susto, me tuve que sentar para leerlo bien. Primero pensé, con esa cándida inocencia que me caracteriza, que había habido un error. Y, sentada en un banco, procedí a leer la letra pequeña, bien pequeña bien pequeña, tan pequeña que casi, con mi inminente presbicia (¿usa usted gafas, señora Botella? ¿a qué edad empezó a tener vista cansada? disculpe, que de nuevo me disperso), no lograba ver que la bonificación para familia numerosa, que antes era del 20%, ahora es del 4%. Así me he enterado de que han dejado ustedes las bonificaciones más sustanciosas para familias con menor capacidad económica, y por tanto con casas con un valor catrastal más bajo que el mio. Señora Botella, usted que fue madre, y ahora abuela, de familia numerosa seguro que me entenderá cuando le diga que si me he comprado una casa más grande es justamente porque tengo familia numerosa, no porque sea rica. Y esta bonificación en el IBI era de las pocas ayudas que mi familia numerosa recibía por serlo de todas las instituciones de este país, y ahora, y me va a perdonar que le hable de temas tan terrenales, esos 300 euros nos hacen un roto (otro) en el presupuesto de este inicio de curso. Y habrá quien me diga que no hubiera tenido tantos hijos y me hubiera quedado en un piso más pequeño, y tendrán razón, que una ya sabía, o no, en lo que se metía. Pero de verdad, señora Botella, que no me esperaba esto de usted, que quiere que le diga. Déjame que le diga que me parece mal que nos haga esto usted, que siempre se había mostrado tan defensora de la familia.
Aprovecho para enviarle mis más respetuosos saludos a usted y a su señor esposo.
Suya siempre





miércoles, 14 de noviembre de 2012

Esta madre se declara en huelga y no riñe

Hoy es día de huelga. Y pensaba yo, pobre ilusa, que me gustaría hacer huelga de todo, no ir al trabajo e irme al campo de paseo. Sin niños, porque también sería huelga de madre. A coger hojas. Para mí, no para el cole. Y a sentarme en medio del bosque a pintar con mis acuarelas, que ya se me deben de haber resecado de no usarlas, los colores del otoño. Y a mancharme mis botas de barro. Y a comerme un bocata. Y a caminar. A caminar mucho pisando hojas y barro, que ahora cuando vamos al campo caminamos muy poco y el barro lo pisan los enanos y yo lo limpio. Pero no va a poder ser. Así que para no sentirme del todo esquirola voy a hacer mi propia huelga. Que será una huelga de castigos y de broncas. Hoy no pienso reñir a nadie. Hagan lo que hagan esta madre está de huelga y NO riñe. Que ya estoy harta de ser un general malhumorado, todo el día en guardia castigando infracciones del orden establecido y la moralidad imperante. Así que esta madre hoy se declara en huelga y no ejerce. Así que espero que los piquetes de metro y medio se me comporten.

martes, 13 de noviembre de 2012

Llegó el ratoncito Pérez

Fue anoche durante la cena, comiéndose un filete. Ya llevaba varios días alertando, y preparándose él mentalmente, de que se le movía un diente. Se me mueve un diente, mamá. Mamá, mira este diente que ya está flojo. Que se me va a caer ya el diente. El acontecimiento era importante porque, a pesar de que era el segundo diente que se le caía, era el primero que se le caía en territorio nacional, es decir, en la zona de influencia del excelentísimo Ratoncito Pérez. El primer diente se le cayó en París, en plenos Campos Elíseos, y la verdad nos dio tanta pena su desolación por perderlo tan lejos del ratoncito pérez, que nos inventamos un primo gabacho del roedor más famoso, el ratoncito Pegués, que cumplió su cometido trayéndole, para gran alborozo del desdentado, una reproducción en miniatura de la Torre Eifel. Anoche entonces fue el gran momento, su primera cita con el verdadero, el único, el mismo que viste y calza, Ratoncito Pérez. Y para la ocasión limpió primorosamente con su cepillo de dientes el incisivo, luego me pidió que se lo envolviera en papel aluminio para no perderlo. Como no lo veía bien y, sin duda, temía que se le esfumara, me pidió que mejor lo envolviera en papel de plástico trasparente, para no perder de vista su trofeo. Con él en el puño bien cerrado, se lavó los dientes, hizo pies y se quitó las zapatillas. Pero hete ahí que en ese interim, perdió el diente, y cuando lo fue a meter bajo la almohada, ya no lo encontraba. Oh, gran desgracia, qué drama. Mi diente, mi diente, dónde está mi dienteeeeeeeeee, gritaba a todo lo que daba llorando con lágrimas de verdad, que le salían a chorro de los ojos como en un dibujo animado. Y ahí me teneis a mí, fiel ayudante del ratoncito, buscando el diente por toda la casa, pensando con qué podríamos sustituirlo porque ni un duro daba yo por encontrarlo. Pero cual sería mi sorpresa cuando debajo de la cama, por uno de esos milagros que se producen con frecuencia en el mundo infantil y que hacen creer en la existencia de seres superiores con o sin alas, me topé con el minúsculo incisivo envuelto en plástico. Dando gracias al Santísimo, porque ya me temía yo un megadrama si no aparecía, se lo entregué al lastimero desdentado, que, con un apego renovado hacia su incisivo, me dijo que no sabía si dejárselo al ratoncito pérez o guardarselo él de recuerdo. Yo me quedé perpleja, suspiré, y le respondí que tenía cinco minutos para pensarlo, que reflexionara bien. A los dos minutos me llamó para anunciarme que lo metía debajo de la almohada, porque quería que el ratoncito pérez se hiciera un castillo de dientes. Así que ahí pusimos en marcha el protocolo de emergencia, porque a pesar de que el diente llevaba varios días flojo no había estado yo muy previsora y no tenía nada preparado, pero menos mal que por esas cosas de las madres que siempre guardamos cosas para cumpleaños imprevistos y demás saraos, encontré en mis cajones un fantástico libro de pegatinas de Caillou, que estas mañana el desdentado descubrió alborozado bajo su almohada. Gracias, rantoncito pérez.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Crianza mancomunada

Una marca de ropa y artilugios infantiles lo decía en sus anuncios publicitarios: Para criar a un niño hace falta un tribu. Y no puedo estar más de acuerdo. La mitad del estrés y los agobios que tenemos padres y madres en la difícil aventura esta de la crianza es que nos hemos quedado solos frente al peligro, o sea, frente a la criatura y así los enanos se han crecido y han tomado las riendas de nuestras vidas (lo cuenta muy bien el genial Raymond Carver en un ensayo autobiográfico sobre las dificultades que tuvo que superar para lograr escribir. "En un momento dado, sin que pudiéramos evitarlo, los niños tomaron el volante del coche y se pusieron a conducirlo a toda velocidad").  Así es, el coche de nuestra vida lo conducen nuestros hijos. Y nosotros vamos atrás de pasajeros, sin saber adónde nos conducen. Mucha más fácil sería todo si mancomunáramos la crianza, si criáramos a nuestros hijos colectivamente, entre todos. Como cuando te vas de vacaciones con un grupo de amigos con niños y uno se encarga de las cenas, otro de las duchas y otro de preparar las camas. Y ya sé qué la vida no puede ser una eterna vacación, pero alguna manera tendría que haber, que este individualismo exacerbado en el que vivimos no nos está llevando a nada bueno.Qué pena que el experimento ese israelí de los kibbutz no haya funcionado y se hayan puesto a ocupar territorios palestinos, porque hubiera sido una solución haberse ido a un kibbutz. 

martes, 6 de noviembre de 2012

Una década en la crianza

Mi hijo mayor acaba de cumplir diez años. Diez años. Diez años. Una década llevo metida en el negocio este de la crianza. Y os aseguro que me ha dado un vértigo tremendo pensar que mi niño ya tiene esa edad. Y no he podido parar de pensar en si he pasado tiempo suficiente con él, si he estado con él cuando me necesitaba, me da la sensación de que no he estado siempre, supongo que estaba demasiado ocupada pariendo, amamantando y criando a sus hermanos. Los enanos me han absorbido mucho tiempo y energía, y por eso le he pedí a él, al mayor, que se portara como un mayor, aunque en realidad era pequeño. Quizás le he exigido mucho y a lo mejor no le he dado tanto.
Un amigo, maravilloso padre de cuatro, me comentó hace años, cuando me metí en el negocio este de la crianza, que lo que más duro se le hacía de tener varios hijos no era el cansancio ni el esfuerzo, sino la sensación de no dedicarle tiempo suficiente a cada uno. Y creo que a mí me está pasando igual.

Compártelo