lunes, 24 de septiembre de 2012

Sobre la reutilización de los libros escolares

El ministro de Educación, Cultura y Deportes Jose Ignacio Wert se ha lanzado a defender la reutilización de los libros escolares como medida para hacer frente a la crisis, y a la supresión de las becas para libros (que no eran muy grandes, pero algo ayudaban). Yo estoy encantada de reutilizar los libros, soy una campeona del reciclaje y de la vida múltiple de los objetos, que en mi casa se estira la vida útil de todo hasta el más allá. Pero me pregunto yo si el señor ministro ha tenido a bien echarle un vistazo a alguno de los libros que usan hoy nuestros hijos. Dice él que toda su vida reutilizó libros, cosa muy loable, sin duda, pero de difícil aplicación hoy día pues las editoriales, que miran por su propio negocio y no por la economía familiar precisamente, han encontrado la manera de que los libros sean imposibles de reutilizar pues la mayoría de ellos están concebidos de tal manera que los niños los respondan en el mismo libro. Eso hace prácticamente imposible que los vuelva a usar otro niño. Yo estaba toda contenta de poder reutilizar el libro de Conocmiento del Medio de 1º porque mi hijo mayor, como ese año le cambiamos de colegio, solo lo usó medio curso. Y os aseguro que me tuve que pasar tres cuartos de hora para borrar las respuestas de los últimos capítulos!!! que casi se me grangena un dedo. Ahí me gustaría a mí ver al ministro reutilizando!

martes, 18 de septiembre de 2012

¿Y a qué les apunto?????

Inglés y esgrima. Esgrima y baloncesto. Tenis y violonchelo. Ballet y trombón. Percusión o natación. Deporte de equipo o individual, algo que le relaje o que le canse. Un instrumento o un idioma. Como tantas otras madres de este país y del extranjero, en estas semanas de inicio del curso tengo una gran preocupación que ocupa mi mente y a la que no ceso de darle vueltas, conmigo misma o en civilizada conversación con el padre de las criaturas: las extraescolares. Adónde mandar a nuestros retoños para que completen su formación integral como personitas. Que no es poca responsabilidad, porque vete tú a saber si estás castrando a un futuro tenor mandándole a rugby, o anulando a un posible Nadal con sus clases de flauta. De verdad que me parece una responsabilidad tremenda esta de decidir dónde mandar a los niños, que no me siento yo capacitada para decidir de esta manera qué desarrollan más de ellos mismos y qué no, si la sensibilidad musical, el golpe del revés, la pintura con acuarelas o el chino mandarín. Al final os confieso, y aquí os voy a sonar de lo más prosaico y, de nuevo, irresponsable, acaba primando más bien un criterio de orden práctico y pecuniario. A saber, actividades que se impartan en el barrio, que no cuesten un ojo de la cara, (porque no nos daría para pagarselas a los tres, y claro no vamos a mandar al mayor y a loos tros no) y, a ser posible, a las que a medio plazo se pueda mandar a los tres hermanos, por eso de amortizar el viaje. Naturalmente, ha de ser algo que le apetezca hacer a los niños, porque no los vas a llevar arrastrados, que ya basta con acarrearlos al cole, que lo de las extraescolares se tiene que hacer con ganas, que ya bastante tienen encima los pobrecitos nuestros. Así que este año el presupuesto nos va a dar para baloncesto e inglés para los dos mayores,  y a la niña la mantenemos todavía en el feliz limbo de las eternas tardes sin deberes ni clases. Y digo yo¿estaré haciendo bien? debería sacar de donde fuera el dinero para mandarlos a chino mandarín a los tres? debería mandarlos a esas esclavistas clases de entrenamiento matemático y mental tan de moda en las grandes ciudades y cuyo nombre no digo porque una no hace publicidad ni difama en vano? de verdad, que estoy sumida en un dilema que me tiene sin vivir en mí.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Pequeña corrección lingüística

Permitidme que vuelva sobre mis palabras y me corrija a mí misma, que ayer por un lapsus linguístico, fruto de la inercia con la que hablamos y con la que las palabras enmascaran la realidad (como cuando se dice de un ama de casa que 'no trabaja'), os conté que me había tomado esta semana de vacaciones para dedicarme en cuerpo y alma a la vuelta al cole de mis retoños. De vacaciones nada, si esto son vacaciones que me lleven para descansar a una explotación agrícola. Que me levanto a las siete y media para empezar a poner en marcha la maquinaria y me acuesto a las diez extenuada, una vez que se han dormido los retoños, sin haber parado un segundo en todo el santo día. Y mucho me acuerdo ahora de mi madre que siempre decía después de la cena, cuando caía rendida en el sofá, "no os lo creereis, pero me siento ahora por primera vez en todo el día". Y es que entre hacer la compra, ordenarla, arreglar habitaciones, ordenar armarios, preparar ropa otoñal, guardar indumentaria veraniega, forrar libros, preparar meriendas varias, e ir y venir al cole para recoger cachorros.. se me pasa el día sin haber visto pasar el tiempo, que esto de poner en marcha a a una familia numerosa es un trabajo a tiempo completo. De verdad que deseando estoy de sentarme el lunes en la oficina. Y ganas me dan de alargar jornada, en vez de reducirla, para librarme de algo de este trajín.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Nos toca semana de adaptación al cole

La pequeña de 9 a 10, 30. Y los otros dos de 9 a 1. Total, que me paso la mañana yendo y volviendo del colegio. No hago otra cosa, vamos. Y menos mal que me he cogido vacaciones para esta primera semana. Que la adaptación aquí la hago yo. Soy  yo la que se tiene que 'adaptar' al nuevo ritmo escolar. A levantarnos todos a una hora razonable, vestirnos, a ser posible cada uno a si mismo porque sino no nos van a dar las manos, que este año ya salimos todos de casa, no como hasta ahora que la niña se quedaba en casa y era una menos a vestir y arrastrar por la calle. Y una vez vestidos, a desayunar, a ser posible un desayuno completo (leche con pan) porque sino luego no hay quien aguante hasta la hora de la merienda. Y luego a lavarse la cara, para no ir con berretes de chocolate al cole, y los dientes, que lo de los dientes de verdad que tiene mucho mérito, que me toca estar todo el día detrás de ellos para que se los laven, y así luego las encuestas, de esas que hace alguien pensando en culpabilizar a los padres, que siempre hay algo que echarnos en cara, dicen que la mayoría de los niños españoles solo se lavan los dientes dos veces al día. Y qué queréis que os diga, que ya me parece una proeza, que se los laven dos veces, pero vamos, esto lo negaré ante el dentista encima de la tumba de mis antepasados. Y eso, que una vez vestidos, desayunados, lavados y peinados (que esa es otra, peinar), toca revisar las meriendas, para que cada uno lleve la suya, y meterlas en las mochilas. De verdad que me siento como un arriero en plena transumancia. Ganas me dan de irme a algún curso de entrenamiento de animales a ver si me enseñaban cómo modular mi voz, cómo adoptar un tono que provoque una obediencia ciega e inmediata en los cachorros. Sobre todo inmediata, porque no sé cuánto tardaremos en coger el ritmo para llegar a la hora. Que por más que grito, ayudo, amenazo, estimulo, chantajeo, no hay manera de que se vistan y desayunen en un tiempo razonable. Y a esto hay que sumarle, al menos en estos primeros días, el rechazo frontal al cole. "No quiero ir al cole", fueron las primeras palabras esta mañana de la niña y el mediano. A este último logré convencerle, tras media hora de dialéctica, de las ventajas de la escolarización. Pero a la niña no hubo manera y me tocó llevarla berreando y en brazos desde casa hasta el cole, que vaya espectáculo hemos dado por el barrio. Y en el cole la maestra me la ha tenido que arrancar literalmente de los brazos. Pero ventajas de tener varios hijos, mientras que con el primero y el segundo se me rompía el corazón de dejarles llorando, ahora con la niña ni me he inmutado, se la he pasado berreando a su profesora y me he ido tan pancha a tomar un café con una amiga. Corazón de pedernal me he vuelto.
Pues eso, que feliz vuelta al cole.

Compártelo