viernes, 31 de agosto de 2012

A Francia que nos vamos de boda

Mi hermano se casa en Francia. Y allá que nos vamos todos hoy a casarlo. Y cuando digo todos, digo todos, los tres cachorros, y el oso de peluche del mediano, que no sin él no vamos a ninguna parte. Qué no hará una por su hermano menor. Temblandito estoy de echarme a los mundos, que de todo me pasa cada vez que piso un aeropuerto, que una vez que nos íbamos a ver a la familia política en Italia (ya os digo que yo viajo no tanto por voluntad propia sino por las circunstancias que a ello me llevan) me cerraron el espacio aéreo en las narices (gracias a esos controladores aéreos a los que desde aquí aprovecho para mandar, de nuevo, mis más efusivos cariños), y la última vez la niña se vació un bote entero de jabón líquido en el baño y me tuve que gastar un sueldo en comprarle ropa de marca, la única que había en el Duty Free. Lo dicho, que tiemblo cada vez que he de viajar con la familia, que hasta no me siento con todos los niños en el avión, no respiro. Que hasta una vez el comandante le dijo al mayor, que tus padres son unos héroes por llevaros de aquí para allá. Miedo tengo no tanto de perder un niño, que digo yo que lo encontraría, que todo el mundo está muy pendiente de los niños perdidos, y siempre hay algún policía que lo recoge, y hasta te lo anuncian por megafonía : la mamá de menganito rodríguez que se pase por el mostrador. Mi mayor miedo, os lo confieso aquí en petit comité, es perder al oso, porque a ese ni me lo van a anunciar por megafonía ni me lo van a llevar a una comisaría, y bueno se iba a poner el mediano como se le pierda el oso, que es como su media naranja, que lo lleva a todas partes, parece un dibujo animado pegado a su oso. Y en tres horas estoy ya en el aeropuerto, y me empieza a faltar ya la respiración, que de solo pensarlo hiperventilo. Voy a empezar a practicar una postura de yoga, aunque sea mental, para ver si conservo la calma porque como encima esté nerviosa pierdo capacidad de estar alerta y concentración, e ir a al aeropuerto en plan familia numerosa se va de viaje y factura equipaje (qué ripio tan majo me ha salido) requiere una concentración que riete tú de los pilotos de combate o los cirujanos cardiacos.
Lo dicho, que qué no haría una por su hermano pequeño.

jueves, 30 de agosto de 2012

Cuenta atrás para la vuelta al cole

Se acaba agosto y entramos en la cuenta atrás para la vuelta al cole. Todos los años tengo sentimientos encontrados sobre este momento, por una parte, me apetece ya que los cachorros recuperen su ritmo y su rutina, que ahora que hemos vuelto de vacaciones después de todo un verano de libertad están como potros salvajes y el día menos pensado me tiran abajo un tabique. Y ya necesitan recuperar unos horarios, un ritmo, unas tareas, un algo que les centre.... Pero por otra parte, me da pena que se termine el verano, y sobre todo me da una pena atroz tener que convertirme de nuevo en la madre sargento, que mete prisa, que ordena, que gruñe, que grita, que ordena. Me encanta ahora dejarles en casa por la mañana todavía medio dormidos, en pijama, y salir de casa yo sola, sin tener que ir metiendo prisa a nadie más que a mi misma, que salgo mucho más contenta, mil veces más sonriente y menos estresada, porque durante el curso escolar llego al trabajo extenuada y de mal humor, como si hubiera organizado la trashumancia de toda la ganadería vacuna de este país. Pero todo se acaba y en poco más de una semana ya estaremos a la puerta del cole, esperando que se abra la puerta con las mochilas nuevas y los lápices afilados (que ya lo tengo todo listo, porque este año lo de la subida del IVA me ha venido de perlas para no dejarlo todo para el día antes). Y este año ya irán los tres cachorros por primera vez juntos al mismo cole. Y ojalá que la escuela se convierta en lo que escribía el otro día Gustavo Martín Garzo en un maravilloso artículo: Por una escuela pública, laica y literaria
Con sus reflexiones os dejo, para que compreis más motivados el material escolar ( y os duela menos soltar la pasta que nos cuesta, que este año sin beca de libros ni nada de nada es lo más parecido a un atraco)

"Se educa al niño para decirle que en este mundo, por muy raro que pueda parecer, es posible la felicidad. Educar es ayudar al niño a encontrar lugares donde vivir, donde encontrarse con los otros y aprender a respetarles. Lugares, a la vez, de dicha y de compromiso. Donde ser felices y hacernos responsables de algo. Blancanieves huye al bosque, se encuentra con la casa de los enanitos y pasa a ser una más en su pequeña comunidad; Ricitos de oro, al utilizar los platos, sillas y camas de los osos se está preguntando sin saberlo por su lugar entre los otros. Una casa hecha para escuchar a los demás y estar pendiente de sus deseos y sueños, donde hacernos cargo incluso de lo que no entendemos, así deberían ser todas las escuelas.
Educar no es pedirle al niño que renuncie a sus propios deseos, sino ayudarle a conciliar esos deseos con los deseos de los demás.En un cuento de Las mil y una noche dos niños viven felices en su palacio, donde tienen todo lo que pueden desear. Una tarde ayudan a un anciano y este, en señal de agradecimiento, les habla de un jardín donde pueden encontrar las cosas más maravillosas. Y los niños, desde que oyen hablar de un lugar así, solo viven para encontrarlo. Adorno dijo que la filosofía era preguntarnos no tanto por lo que tenemos sino por aquello que nos falta. Eso mismo debe hacer la educación, incitar al niño a no conformarse, a buscar siempre lo mejor. ¿Para qué le contaríamos cuentos si no tuviéramos la esperanza de que puede encontrar en el mundo un lugar donde los pájaros hablan, los árboles cantan y las fuentes son de oro? Aún más, ¿si no fuera para encontrar también nosotros, los adultos, gracias a los niños, lugares así?"





lunes, 27 de agosto de 2012

El pictograma de la buena conducta

Conversación registrada una tarde cualquiera de verano, a más de 35 grados, en la cocina de casa con mi hijo mediano (cinco años, casi seis):
- Mamá, ¿tú sabes que es un pictograma?
- Sí, claro, respondo un poco perpleja.
- ¿Y qué es?
- Pues unos dibujos que significan algo, así escribían los egipcios.
- Sí, eso es, responde satisfecho el pequeño enano sabiondo, que todavía no sabe leeer. ¿y tú podrías dibujarme uno para decirme que me tengo que portar bien todo el día? Porque así lo pongo en la pared y no me olvido.

jueves, 23 de agosto de 2012

Madre desactivada por la ola de calor

Como no termine ya la ola esta de calor africano que estamos viviendo desde hace días me va a pillar el día del inicio del cole con los niños sin mochilas, ni pantalones, ni zapatos, ni libros, ni nada de nada. Y con los niños desnutridos y deshidratados. Y es que este calor me tiene completamente desactivada, soy incapaz de ejercer, lo siento, pero hay condiciones metereológicas adversas en las que es imposible ejercer una maternidad responsable y dedicada, como una querría. De verdad, por encima de los 35 grados (reales, lo que debe equivaler en mi recalentado hogar a una sensación térmica de como poco 49 grados) no hay madre que valga. Habrá quien me diga que el calor no es eximente, y que una buena madre lo es en el frío y en el calor, en la salud y la enfermedad. Será que una es muy floja, y muy imperfecta, que ojo, no lo niego, yo soy la primera en reconocerlo, pero  llego a casa después del trabajo, abro la puerta de mi casa, me da el bofetón de calor en la cara y lo único que quiero es que los niños se metan desnudos en la bañera, a riesgo de que me inunden la casa, y coman únicamente polos y refrescos, y se tiren de los pelos, de las orejas o se den bofetones, con tal de que me dejen tranquila y me dejen boquear agónicamente, cual pez fuera del agua, sin tener que separarles ni alimentarles.
Y nos quedan solo ocho días para comprar el material escolar al IVA del 4%, que el 1 de septiembre va a costar todo aún más caro. Lo dicho, que a ver si para este calor y me pongo a la faena, que sino de esta sí que me quitan la custodia.

martes, 21 de agosto de 2012

Mi mamá es kioskera

Estábamos viendo el Intermedio, el programa ese delirante de Wyoming, uno de las pocos que hoy en día logran retenerme más de dos minutos frente a la pantalla, y una de sus chicas estaba entrevistando a un músico. La conversación era bastante surrealista, en la línea del programa, pero era una entrevista al fin y al cabo. Mi hijo mediano, aprovechando la relajación de horarios y costumbres que practicamos durante el verano en esta casa (en contraposición con el implacable ritmo marcial que tenemos durante el curso escolar), estaba tirado en el sofá remoloneándose para no ir a la cama.
- Y esto qué es, mamá?, preguntó, extrañado, con muy buena lógica.
- Pues una entrevista.
Se hizo un silencio. Se notaba que el enano estaba procesando la información y tratando de relacionarla con otra cosa.
Ah.
Y eso es lo que tú haces?, preguntó, sin duda, recordando alguna otra conversación anterior.
Bueno, sí, yo hago entrevistas a veces, sí.
Ah.
Y se hizo de nuevo el silencio, para de nuevo procesar esta información.
- Pues yo pensaba que tu trabajo era vender periódicos.

Podía haber sido peor, que al fin y al cabo ser kioskero es un negocio muy digno, desde aquí todos mis respetos, por lo menos el cachorro se había quedado con que era algo relacionado con los periódicos, que ya es algo. No me quiero imaginar lo que deben pasar los asesores fiscales, los comunity managers, o los programadores informáticos para explicarle a sus hijos cómo se ganan las lentejas.

martes, 14 de agosto de 2012

Alucinaciones de una noche de verano

Después de las vacaciones volvéis todos a casa, está tan recalentada después de tantos días cerrada, que parece que el aire sahariano se ha instalado para siempre en tu salón, no te sorprendería ver aparecer un camello por la puerta del baño. Los cachorros al principio cogen el regreso al hogar con ilusión, sacan todos sus peluches, los colocan en fila en la cama, hacen una fiesta, se acuestan con ellos. Y tú, pobre ilusa, piensas que, a pesar del calor, todo está yendo rodado. Pero la realidad te golpea sin piedad en mitad de la noche. A las dos de la mañana, oyes gritos y medio sonámbula vas a la habitación de tu hijo mediano, sin saber bien quién eres y sin tener muy claro tu vínculo con esa personita que de pie en la cama te recibe con esta declaración de intenciones: "Tengo sed, tengo hambre. No quiero dormir más. Por qué la noche es tan larga? por qué no se hace de día?" Y tú no sabes si traerle una botella de agua, hacerle una tortilla, o explicarle que aún quedan seis horas hasta que se haga de día, que son las dos de la mañana, por dios. Pero él que va a entender de las dos de la mañana. Así que le das un vaso de agua, y en esto se despierta la pequeña, y también pide agua, menos mal que esta no tiene hambre, pero sí que tiene ganas de cambio, y sin decir nada, coge su almohada, su chupete, su biberón acabado, su muñeca, vamos como si se mudara, y se va a otra cama, a cambiar de aires. Y el mediano sigue diciendo que por qué el cielo sigue tan oscuro, que si el sol se ha ido para siempre. Y tú a estas alturas ya dudas de si hay un eclipse, de si te lo estás soñando, de si estás despierta. Sigue haciendo mucho calor, no sopla una brizna de aire. Pero no tienes sed. A la media hora te acuestas, pero ahora sí que estás completamente despierta. Y te parece estar viviendo una alucinación. A la mañana siguiente vas al trabajo como si no te hubieras ido de vacaciones.

viernes, 10 de agosto de 2012

Gracias, Pixar

Hasta que no tuve una hija no descubrí el universo Princesas. Ese mundo almibarado de color rosa protagonizado por delgadas y lánguidas damiselas, en su mayoría rubias y pien peinadas, que pasan media vida esperando a su príncipe azul y que se reproduce, hasta la saciedad y la nausea, en todo los productos destinados a nuestras niñas, desde la ropa interior hasta las mochilas del cole, pasando por toallas o paraguas. Vamos, que si le vas a comprar unas braguitas a tu niña de tres años es más que probable que lleve a la Cenicienta o a la Bella Durmiente en el trasero. Yo en principio no tenía nada en contra, de hecho, me encanta la película La Bella Durmiente. Pero el tema empezó a preocuparme con la insistencia de mi hija, tres añitos recién cumplidos, en vestir siempre de rosa, llevar solo vestidos y escuchar exclusivamente cuentos de princesas que se casan con un picey (su abreviatura para principe y rey). Y eso que la niña aún no ha ido al cole, y que vive en un entorno rico en testosterona, coches, ruedas, superhéroes y monstruos de diverso tipo. Quizás por eso, como reacción al entorno o como refugio ante la fuerza bruta de sus hermanos, ha desarrollado ese amor por las princesas. Yo me empeño continuamente en sacarla de ese guión, contarle otros cuentos, hablarle de princesas que llevan espadas y cabalgan en bicicleta. Pero reconozco que me cuesta, porque ella sabe lo que quiere y lo exige. Por eso estoy encantada de que Pixar haya venido en mi auxilio con su nueva película: Brave (indomable), una maravillosa historia con una princesa rebelde, pelirroja, despeinada, que, con sus greñas rizadas y pelirrojas, cabalga sin miedo y supera en tiro al arco al más aguerrido guerrero. Por fin mi niña tiene otro modelo de princesa por el que suspirar y en el que mirarse. Gracias, Pixar.

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