martes, 13 de noviembre de 2012

Llegó el ratoncito Pérez

Fue anoche durante la cena, comiéndose un filete. Ya llevaba varios días alertando, y preparándose él mentalmente, de que se le movía un diente. Se me mueve un diente, mamá. Mamá, mira este diente que ya está flojo. Que se me va a caer ya el diente. El acontecimiento era importante porque, a pesar de que era el segundo diente que se le caía, era el primero que se le caía en territorio nacional, es decir, en la zona de influencia del excelentísimo Ratoncito Pérez. El primer diente se le cayó en París, en plenos Campos Elíseos, y la verdad nos dio tanta pena su desolación por perderlo tan lejos del ratoncito pérez, que nos inventamos un primo gabacho del roedor más famoso, el ratoncito Pegués, que cumplió su cometido trayéndole, para gran alborozo del desdentado, una reproducción en miniatura de la Torre Eifel. Anoche entonces fue el gran momento, su primera cita con el verdadero, el único, el mismo que viste y calza, Ratoncito Pérez. Y para la ocasión limpió primorosamente con su cepillo de dientes el incisivo, luego me pidió que se lo envolviera en papel aluminio para no perderlo. Como no lo veía bien y, sin duda, temía que se le esfumara, me pidió que mejor lo envolviera en papel de plástico trasparente, para no perder de vista su trofeo. Con él en el puño bien cerrado, se lavó los dientes, hizo pies y se quitó las zapatillas. Pero hete ahí que en ese interim, perdió el diente, y cuando lo fue a meter bajo la almohada, ya no lo encontraba. Oh, gran desgracia, qué drama. Mi diente, mi diente, dónde está mi dienteeeeeeeeee, gritaba a todo lo que daba llorando con lágrimas de verdad, que le salían a chorro de los ojos como en un dibujo animado. Y ahí me teneis a mí, fiel ayudante del ratoncito, buscando el diente por toda la casa, pensando con qué podríamos sustituirlo porque ni un duro daba yo por encontrarlo. Pero cual sería mi sorpresa cuando debajo de la cama, por uno de esos milagros que se producen con frecuencia en el mundo infantil y que hacen creer en la existencia de seres superiores con o sin alas, me topé con el minúsculo incisivo envuelto en plástico. Dando gracias al Santísimo, porque ya me temía yo un megadrama si no aparecía, se lo entregué al lastimero desdentado, que, con un apego renovado hacia su incisivo, me dijo que no sabía si dejárselo al ratoncito pérez o guardarselo él de recuerdo. Yo me quedé perpleja, suspiré, y le respondí que tenía cinco minutos para pensarlo, que reflexionara bien. A los dos minutos me llamó para anunciarme que lo metía debajo de la almohada, porque quería que el ratoncito pérez se hiciera un castillo de dientes. Así que ahí pusimos en marcha el protocolo de emergencia, porque a pesar de que el diente llevaba varios días flojo no había estado yo muy previsora y no tenía nada preparado, pero menos mal que por esas cosas de las madres que siempre guardamos cosas para cumpleaños imprevistos y demás saraos, encontré en mis cajones un fantástico libro de pegatinas de Caillou, que estas mañana el desdentado descubrió alborozado bajo su almohada. Gracias, rantoncito pérez.

7 comentarios:

  1. Mi bicho grande perdió un diente en la catedral de Rouen ..... pero el ratoncito Pérez salió viajero y fue hasta versalles esa noche.
    Menos mal que es viajero porque el primero diente tambien se lo comió fuera de casa en una cabañita ....

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  2. Nuestro Ratón Pérez también es viajero, vivimos en México, y ha andado por nosotros en varios lados. Además sabe leer muy bien pues el primer diente se fue mientras comía, por lo que le tuvimos que escribir una carta para contarle lo sucedido y hasta nos respondió!! Por acá en México debe ser más complicado pues el ratoncito siempre trae dinero, deja un billetito bajo la almohada, eso sí, dentro de un sobrecito porque esta madre es medio histérica con la limpieza.

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  3. Cinco euros son muy socorridos... y muy bien aceptados por los pierdientes. Nosotros, bueno, él, se tragó uno, así que hubo que escribirle una nota: Vale por un diente jajaja

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  4. Como me guardo los dientes, cuando pierden o se tragan uno, hago como que lo encuentro y al ratoncito pérez le damos el cambiazo poniendo otro diente... hasta ahora nunca se ha dado cuenta, o al menos se hace el disimulado porque siempre trae un regalito ;)

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  5. jajajaja qué recuerdos....me voy a atrever a sugerirte una entrada de mi blog:
    http://4marisyundestino.blogspot.com.es/2011/02/ha-vuelto-ocurrir.html

    Mi hija perdió su segundo diente, aún no sabemos si se lo tragó, y decidimos dejarle una nota al Ratón, que eficiente como ninguno, dejó su tesoro a cambio del diente.
    Desde hace unos 3 años, vamos cada año a una visita guiada teatralizada por madrid que sólo hacen en la época de navidades y que sale de la plaza mayor, llegando hasta el palacio Real. Las entradas se compran por la mañana en la oficina de turismo de la misma plaza mayor. Seguro que a tus hijos les encanta, no te contaré más.

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  6. Has visto? al final me perdí en mi verborrea y no te dije lo que quería...por supuesto, me refiero a la visita guiada del ratón perez. Los niños podrán conocer que realmente ese ratón existe, dónde vive y tendrán que ayudar a los guías a resolver un misterio...el ratón ha desaparecido!!!!!!!
    No es publicidad, te lo aseguro, como te dije, ya he ido 3 años seguidos y siempre cuentan la misma historia y mi hija ha flipado las 3 veces.

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  7. jaja, es verdad que las mamis siempre tenemos algún regalito por ahí oculto por si las moscas...

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