lunes, 1 de octubre de 2012

Los niños franceses no tiran comida al suelo


A puntito está de llegar a las librerías españolas Cómo ser una madre cruasán, el bestseller de la periodista norteamericana Pamela Druckerman. Su título original es Los niños franceses no tiran la comida al suelo, y ha causado sensación tanto en Francia, como en Estados Unidos. Druckerman se maravilla de que los niños franceses se comportan con civismo en los restaurantes, comen de todo, duermen bien por la noche y juegan con tranquilidad mientras sus madres, siempre a la última moda e ideales de la muerte, charlan de sus cosas. En su libro Druckerman promete desvelar el secreto de estas tan envidiadas madres francesas, así que a ver si es verdad y aprendemos alguna receta mágica.
Os diré solo una cosa, hace poco hemos estado de viaje en Francia, y no, no tengo material suficiente para darle la réplica a Druckerman, ya me gustaría, pero una cosa he podido constatar sobre el mundo de la infancia en Francia: nunca  me había sentido tan incómoda haciendo una vida normal con niños. Y eso que España no es que sea precisamente el paraiso de los niños.  Y os aseguro que en esta ocasión las criaturas se han portado inmejorablemente, vamos, que los angelitos han aprobado con nota, así que el problema no han sido ellos.
Una tarde que, muertos de hambre, entramos a cenar en una cafetería y le dije a la camarera que éramos cinco, pero que teníamos una silla de bebé, que podía plegar naturalmente si ello facilitaba la labor, me miró como si estuviera haciendo entrada con una estación espacial. No os digo más que metí la silla plegada debajo de mi asiento, a punto estuve de sentarme yo en ella para que no ocupara espacio y lograr así que nos dieran de comer. No he comido más rápido en mi vida, aquello no fue comer, fue devorar para salir lo antes posible del lugar, y así me ocurrió en otros lugares.
Otro día, cuando pedí un plato para mi marido, otro para mí, y para los tres niños dos platos para compartir (no soporto que sobre comida)  el camarero me informó que me tenía que cobrar un suplemento de cubierto de nada menos que 6 euros por no pedir un plato por persona. Seis euros de suplemento, para que los angelitos compartieran un plato.
 Así que me parece normal que los niños franceses no tiren la comida al suelo, ni dejen comida en el plato, seguro que lleva un suplemento y sus madres les han aleccionado, por la cuenta que les trae. Que con esto de la maternidad toca adecuarse al entorno.

8 comentarios:

  1. Yo no sé como son los niños franceses, pero sin querer genealizar, he de decir que lo que deja mucho que desear en Francia es la hostelería y la atención al cliente, o al menos cuando lo comparas con España. Y he estado ya varias veces, con y sin niños. Un abrazo

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  2. Real como la vida misma. Está claro que quien dirige estos negocietes y tantos otros no tiene ni bebés ni niños. Es más, dudo de que hayan sido pequeños alguna vez...

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  3. Je,je,je...cuando fuimos nosotros a París con unos amigos con niños (nosotros aún de solteros) y quisimos cenar por ahí, nos dejó locos que nos dieran en el hotel una guía de dónde cenar con niños...Pero una guía bien hecha, editada y demás...Nos quedó claro que los franceses habían hecho Eurodisney para alejar a los niños de París.

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  4. ...pues yo llevo desde el 95 aqui y no me parece que sea una extraterrestre educando a mis tres chicos, cuando vamos al restaurante comemos normalmente: los ninos hablan, hacen ruido, se comen las patatas fritas con los dedos...vamos como todos los ninos del mundo..; eso si Francia es mas caro y eso sorprende.

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  5. Hola Isabel,

    Mira yo me crié en París y para mí es mi hogar, pero no por eso dejo de darme cuenta de lo desagradables que son los franceses, de lo maleducados con el público, de que la hostelería es más cara y está peor atendida y de que en España los niños se comportan como niños y a nadie (salvo excepciones) se le pone cara de acelga. Yo llevo a mi hijo al restaurante desde que tenía, no sé, 10 meses, y jamás ha dado un espectáculo (y eso que es un niño normal, con sus momentos...), se ha comportado como un niño, a veces quiere comer y otras no, suele comer de nuestros platos porque a nosotros tampoco nos gusta tirar comida y no pasa nada.
    Te paso una anécdota de la Gare de Lyon: un señor se sintió mal y hubo que sentarlo en una silla de un bar, el señor pidió agua y el camarero le preguntó "Evian o Perrier?"
    Lo curioso del caso es que según las leyes francesas no se puede negar a nadie un vaso de agua del grifo, ni se puede impedir ir al baño... No nos has contado como os fue en ese sentido.
    Un saludo cordial

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  6. Jajaja! Pero los niños no venían de Paris? Es verdad q son muy desagradables en general... Aunque Francia no es Paris, por suerte, y hay lugares mejores a los q llevar a los críos. Yo hubiera montado en cólera por lo del suplemento de 6 euros! Un abrazo

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  7. Los niños parisinos son estirados como sus padres y éstos, en general, además de vestirlos mal y con combinaciones horrorosas de 15 colores, los tienen todo el día con la nounou, por lo que dudo que vayan a ningún restaurante que no sea la cantina de su école maternelle (donde por cierto lo único bueno que comen es el queso del postre).

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  8. Al final tendré que darle la razón a mi marido y nunca, jamás, podré viajar a París.

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