martes, 21 de agosto de 2012

Mi mamá es kioskera

Estábamos viendo el Intermedio, el programa ese delirante de Wyoming, uno de las pocos que hoy en día logran retenerme más de dos minutos frente a la pantalla, y una de sus chicas estaba entrevistando a un músico. La conversación era bastante surrealista, en la línea del programa, pero era una entrevista al fin y al cabo. Mi hijo mediano, aprovechando la relajación de horarios y costumbres que practicamos durante el verano en esta casa (en contraposición con el implacable ritmo marcial que tenemos durante el curso escolar), estaba tirado en el sofá remoloneándose para no ir a la cama.
- Y esto qué es, mamá?, preguntó, extrañado, con muy buena lógica.
- Pues una entrevista.
Se hizo un silencio. Se notaba que el enano estaba procesando la información y tratando de relacionarla con otra cosa.
Ah.
Y eso es lo que tú haces?, preguntó, sin duda, recordando alguna otra conversación anterior.
Bueno, sí, yo hago entrevistas a veces, sí.
Ah.
Y se hizo de nuevo el silencio, para de nuevo procesar esta información.
- Pues yo pensaba que tu trabajo era vender periódicos.

Podía haber sido peor, que al fin y al cabo ser kioskero es un negocio muy digno, desde aquí todos mis respetos, por lo menos el cachorro se había quedado con que era algo relacionado con los periódicos, que ya es algo. No me quiero imaginar lo que deben pasar los asesores fiscales, los comunity managers, o los programadores informáticos para explicarle a sus hijos cómo se ganan las lentejas.

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