miércoles, 4 de julio de 2012

Loa a la jornada intensiva

En Yo Dona, la revista que me da de comer a mí y a mi tropa,  durante los meses de verano, de junio a septiembre, ambos incluidos, tenemos jornada intensiva de 9 a 4 (mientras que durante el resto del año, con la jornada partida trabajamos de sol a sol). Nos traemos la comida en un tupper y comemos en un momentín, para no perder tiempo. El trabajo sale adelante igual que durante el año, o, si me apurais, incluso mejor, porque no se hacen pausas innecesarias y todo el mundo está motivado para salir a la hora. Si el día se da bien (obviamente hay días que se complican y toca quedarse por la tarde, pero eso entra dentro de tus responsabilidades) llegas a casa antes de las cinco y tienes toda todita la tarde por delante para dedicársela a tus hijos, a tus plantas, a tus vecinos, a lo que quieras, y, last but not least, a ti. De 9 a 4 has trabajado con intensidad, y luego cuidas con la misma intensidad de los tuyos y de ti misma, que falta te hace. Puedes ir a nadar, hacer yoga, pintar cuadros o uñas, ordenar armarios, hacer granizados, ir a la piscina con los niños, salir de rebajas, leer, ver la tele, tocar el clarinete o pasear por un parque. En definitiva, ser una persona completa. Y sobre todo, no tener que renunciar a nada. La Comisión para la Racionalización de los Horarios Españoles, inasequible al desaliento en su empeño de conseguir que cambien los endemoniados horarios de este país nuestro, ha dicho por activa y por pasiva que con estas jornadas los empleados están más motivados, rinden más, y por ende, son más productivos. Y me pregunto yo, ¿por qué no podemos trabajar así durante todo el año?

Aclaración a pie de post: como habeis visto en este blog a veces hay anuncios, los coloca google a cambio de una remuneración irrisoria y no nos consulta, pone anuncios que están orientados a las lectoras del blog. Es decir, que una ni pincha ni corta. A veces los anuncios me encajan más, y a veces me chirrían un poco.

4 comentarios:

  1. Yo trabajé en una empresa de 9-2 y 4-7 con intensiva en verano y un año en septiembre nos dijimos "¿y si seguimos con la intensiva a ver cómo sale?". Ya nunca más volvimos al horario partido. Trabajas más intensamente pero evidentemente te compensa y cuando hay puntas de trabajo pues te quedas. Se vive y trabaja mucho mejor.

    ResponderEliminar
  2. Vivo en México, trabajo en una agencia de Naciones Unidas, nuestro horario permanente es de 8 a 3, un verdadero lujo!! Es verdad que se trabaja más intensamente, pero muy compensado pues podemos tener una vida personal después de la laboral. Y cuando tienes hijos mucho más!!

    ResponderEliminar
  3. En mi empresa eso de la jornada intensiva es que no salgas a comer. Puntopelota. Eso de tener las tardes libres es de vagos. Ociosos. Y así va el país.

    Sí, amigos. Tiste realidad que me arrastra por las calles a las 4 de la tarde con una solanera quepaqué para regresar a mi oficina de horarios decimonónicos.

    El hecho de tener una hija, además, agrava la cosa.

    Ya llegará septiembre y dejaré de morir de envidia.

    Dusfruten ustedes que pueden¡

    ResponderEliminar
  4. Estoy totalmente de acuerdo con equiparar los horarios al ritmo europeo. Y más nosotros, que tenemos este calor de tardes. Si consiguiésemos regularizar el horario ya sería un gran paso. Pero como dice trybeca trybeca, el verdadero problema lo tendríamos a la hora de hacer que las empresas lo aplicaran realmente. No digo que en las puntas de trabajo uno no pueda quedarse si quiere y lo considera oportuno, pero hay muchas empresas en las que, aunque la hora de salida sean las 19h si no te quedas una o dos horas más, te miran mal. Besos.

    ResponderEliminar

Compártelo