martes, 21 de junio de 2011

Deberían inventar la sábana fantasma con llave

Llevamos así diez noches seguidas. Vamos, que se ha convertido ya en una práctica habitual el que todas las noches (no sé a qué hora, prefiero no mirar el reloj para no endemoniarme más todavía) se presente en nuestra cama. Y os diré que tiene mérito, porque al acostarla la dejamos bien sujeta a la cama con una de esas sábanas fantasmas que se cierran cremallera y les dejan solo fuera los brazos y la cabeza. Pero se ve que con sus dos añitos y tres meses ya tiene mi niña la maña suficiente para bajar la cremallera y zafarse del invento. Todo esto en silencio, sin decir ni mu, y sigilosamente viene hasta nuestra habitación, concretamente hasta mi lado de la cama, y me da golpecitos en el brazo hasta que me despierto.
Y no sé por qué no inventan un prototipo superior de sábana fantasma, que tuviera candado y llave. Ahí lanzo esta idea de negocio. Y habrá quien me llame de todo por sugerir esto, y quien me diga que hay que probar otros métodos de persuasión, tratar de convencer a la niña de que debe volver a su cama. Pero qué quereis que os diga, que seré una floja, pero a esas horas de la noche mi capacidad de diálogo y de persuasión está bajo mínimos; vamos, que no me sale ni la voz.

lunes, 20 de junio de 2011

Mi reino por una mirilla

Me acaban de dar en el cole del mediano un CD con fotos que han ido haciendo a lo largo del curso. Para que lo copie. Y eso acabo de hacer, y esta noche lo veremos juntos en el ordenador y así me irá contando qué hacían y cómo lo pasaban. Y eso me servirá de consuelo, porque si hay algo por lo que pagaría lo que me pidieran sería por poder mirar por un agujerito para ver a mis fieras en el cole. Para ver qué hacen en cada momento, cómo van al baño, unas veces en fila y otras corriendo, solitos, con una urgencia, cómo se lavan las manos, como se concentran para trabajar, cómo se cambian las galletas en la merienda... cómo se pelean por los juegos y con quién hablan y de qué. Lo que fuera, por esa mirilla en sus vidas sin mí.

Viva el verano

Llegó el verano. Bueno, oficialmente llega mañana a las 19,16 minutos, y durará nada menos que 93 días. Pero a efectos prácticos ya está aquí, con todo su calor. Y estoy feliz. Me encanta. Me gusta ir en vestido y chanclas, me gusta el sopor que da el calor, me gustan las bebidas frescas, los helados, el caos de los horarios con los trasnoches y los madrugones. Me gusta dejar de ser la madre sargento que va marcando los horarios a gritos. Me gusta darles para la merienda zumos de frutas y helados. Pero sobre todo, sobre todo, lo que más me gusta del verano es tener a mis cachorros medio desnudos, o desnudos completamente. Para abrazarles, para comérmelos a besos, y sentir su piel sudada y cubierta, la de los dos pequeños, todavía de pelusa. Para bañarme con ellos, agarrada a ellos, y chapotear en el agua tragando agua con todo lo que nos reimos. Y para dormirnos luego agotados, abrazados unos a otros, sudando. Por eso el verano es mi estación favorita.

jueves, 16 de junio de 2011

Que a quién quieres más

Me lo contó con la voz quebrada y juraría, aunque había poca luz y no se veía bien, que se le asomaban las lágrímas a los ojos. Me dijo, casi susurrando para que no le oyeran los niños que jugaban en el salón, que se había puesto a revisar los cuadernos que habían traido los niños del colegio ahora a final de curso. Y el niño, en un ejercicio de español donde le preguntaban a quién quería más había respondido con las letras grandotas y desiguales de los seis años, que "a papá". Y la niña, a la que habían pedido que dibujara a quién quería más (y digo yo que estas preguntas deberían estar prohibidas), pues había dibujado también a su papá, con barba y bici. "Por lo menos uno de los dos podía haber dicho a su mamá", me repetía sin entender nada esta madre maravillosa, que dejó su trabajo para dedicar sus días y sus noches a sus tres hijos. "Pero no, sólo quieren a su padre", me seguía contando a mí pero en realidad hablando sólo para ella. Y no supe qué decirle. Creo que no le dije nada. Pero entendí su rabia.

jueves, 9 de junio de 2011

Que nos han puesto un 9,5

Ayer por la tarde estaba en el trabajo y vi en el móvil que me llamaban de casa. Respondí a toda velocidad pensando que la chica tenía algún problema (ya se sabe que las madres estamos siempre en vilo), pero era mi hijo mayor. Para decirme que en el examen de conocimiento del medio le habían puesto un 9,5. Os aseguro que casi no pude responderle de la emoción y me sentí como si el 9,5 me lo hubieran puesto a mí. Y es que el pasado fin de semana nos lo pasamos 'repasando' el libro para este examen. Y sí, sé perfectamente que tienen que estudiar solos y que los padres hemos de limitarnos a preguntarles y comprobar que se lo saben, pero qué quereis que os diga, que tiene solo ocho años y que al final termino repasando con él y explicándole de nuevo todos los temas. Y espero que aprenda a estudiar por su cuenta antes de que su hermano entre en el ciclo de los deberes, porque sino no sé qué va a ser de nosotros....

viernes, 3 de junio de 2011

Hijos, periquitos y demás mascotas

En los dos años que llevo conversando con vosotros a través de la blogosfera en rarísimas ocasiones he respondido a los comentarios. No sé, ahora que lo pienso, si lo he hecho en más de una ocasión. Por lo general prefiero recibir con entusiasmo y orgullo los muchos comentarios positivos que me haceis llegar, en los que compartís conmigo y los demás lectores vuestras propias experiencias (este es el verdadero lujo del blog, haber creado una verdadera terapia colectiva). Y ante los negativos, que son muchísimos menos, pues hago oidos sordos, porque al fin y al cabo una es de la opinión que cada cual es libre de pensar lo que quiera y que cuantas más visiones diferentes de las cosas, mejor. Sin embargo, he ido percibiendo que hay una corriente de pensamiento según la cual aquellas que nos hemos metido en la maternidad, como suele ser algo que una elige conscientemente y, en teoría, en plena posesión de sus facultades mentales, pues no tenemos absolutamente ningún derecho a quejarnos y debemos soportar estoicamente todo lo derivado de la maternidad y la crianza. Son personas estas que, refugiados en el delicioso anonimato de la web, me dicen, por ejemplo, cosas como "Se siente..." cuando hablo de los problemas que suscita para los padres trabajadores el que los niños tengan tres meses de vacaciones en verano. Y qué quereis que os diga. Que en esta ocasión no estoy dispuesta a tragarmelo sin decir nada. En España tenemos una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. Y esto no es casual, sino que deriva de las enormes dificultades para conciliar la maternidad con la vida laboral. Y esto tiene su origen en una concepción social de la maternidad como un hecho individual, sin ninguna repercusión para la comunidad, no como en otros países donde tener hijos es una labor preciosa para la sociedad y por ello los que se ponen a ello reciben todo tipo de apoyos. Pero aquí, en esta España nuestra a veces he tenido la sensación de que yo me he puesto a tener hijos como otro se pone a criar periquitos. Y claro, si los periquitos te dan problemas, ensucian mucho y te despiertan por la noche, pues te aguantas y soportas que para eso te empeñaste en hacer colección de ellos. Pues más o menos así piensan algunas personas sobre el negocio este de los hijos. Y así nos va.

miércoles, 1 de junio de 2011

¡Socorro, se acaba el cole!

Y de repente ya estamos en junio. Inmersos todos en las fiestas de fin de cole, con sus atuendos correspondientes, las reuniones con los profesores, en los exámenes y trabajos de fin de curso. Desbordados. Y además con un serio problema que resolver: qué hacer con los niños en vacaciones. Porque dentro de nada nuestros angelitos ya estarán en casa. Los mios concretamente, el 13 de junio. Sí, el 13 de junio, que en su cole les dan las vacaciones antes, porque están agotados. Y ahí iniciarán sus tres meses de vacaciones. Noventa días. Y no es un tema baladí.
Por lo general los mortales tenemos como mucho un mes de vacaciones. Con lo cual quedan dos por resolver. Y ahí estamos todos los padres -no se habla de otra cosa a la salida del cole- haciendo composiciones y cábalas, calendario en mano, pensando cuándo y cuánto se puede tirar de abuelos, a qué campamento te puedes permitir mandarlo, que cuestan un ojo de la cara, y sino son tan caros es más difícil conseguir plaza que sacarse una oposición. En el polideportivo que está al lado de nuestra casa hubo 1.300 solicitudes para 100 plazas en un campamento urbano matinal. 13 niños para cada plaza (y no 130 como había escrito inicialmente, que parece mentira que me pase el día repasando las cuentas de mi hijo mayor, si es que no me da la neurona). Naturalmente no tuvimos la suerte de que nos tocara. Hubo que buscar otras opciones. Pero bueno, os dejo que voy a seguir mirando el calendario.
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