miércoles, 26 de enero de 2011

De paseo con la niña

Quizás sea porque es más pequeñita que sus hermanos. Más menudita. O porque camina dando saltitos. O porque me agarra con una fuerza que no parezca propia de su manita diminuta. O porque cada cinco segundos mira hacia arriba, completamente hacia arriba, para verme y sonreir con cara de decirme "Estamos yendo de paseo tú y yo". Pero no lo dice así porque todavía no habla. Dice algo como "La tatequelilo Lele", que debe ser eso mismo. O porque sonríe todo el rato. O porque va saludando con la mano libre a todo el que nos cruzamos. O porque se esfuerza en seguir mi paso con sus saltitos. Y no se cansa. O porque va vestida como un arcoiris multicolor. Y a ella le encanta ir envuelta así en colores. No sé por qué será. Pero el caso es que salir con la niña a pasear, aunque sea para dar la vuelta a la manzana o ir a comprar el pan al super de enfrente es la experiencia más emocionante que recuerdo haber vivido en mucho tiempo. Y supongo que este es el prodigio de la maternidad, que cada momento, aunque lo hayas vivido antes (esos primeros paseos) es único. Y compensa todo, hasta esta pasada noche en blanco.

lunes, 24 de enero de 2011

De fregonas y escobas

El cuarto de su primo estaba abarrotado de juguetes. De todo tipo. Un verdadero paraiso de la infancia. Y ahí se adentró maravillada mi niña. Pizpiretísima con 20 meses. Con su paso a saltitos recorrió rápidamente la habitación, sin saber por cuál decidirse. Hasta que fijó sus ojos en algo. Y con el objeto de sus sueños salió al pasillo para que la viéramos. ¿Y sabeis que eligió entre aquel fabuloso repertorio de juguetes? ¡Una fregona! Y ni corta ni perezosa se puso a sacarle brillo al suelo del pasillo. Os aseguro que me dio una bajón al verla. ¿Por qué entre todos los juguetes del mundo tuvo que decidirse por una fregona? Nunca sus hermanos agarraron una fregona. Me quedé mirándola desolada, pensando: 'Mi amor, así, eligiendo la fregona, no vamos a llegar nunca a ninguna parte'. Y de verdad que yo espero que su generación lo logre, y supere el dichoso reparto de tareas. Pero lo que es nuestra generación aún tiene mucha batalla que dar. Y desde luego sí que nosotras no llegamos a ninguna parte mientras mantegamos estas dos actitudes:
- 'Deja, que ya lo hago yo, que tardo menos en hacerlo que en explicártelo'. Y esto se aplica a todo, al puré, al programa de la lavadora, a los deberes y a la ropa para el día siguiente....
- Complejo de coche escoba. Es decir, ir detrás de todos recogiendo y haciendo todo lo que ha quedado sin hacer. El término se lo tomo prestado a Paloma Bravo (autora de la novela superrecomendable La novia de Papá) que me hundió en la miseria al definir tan gráficamente mi labor diaria, el ir por la casa ultimando lo que no quedó hecho (los deberes, la ropa, sacar el pan del congelador...).
Uy, qué reivindicativa me he puesto hoy. Son cosas que pasan.

martes, 18 de enero de 2011

Propósitos para 2011

Con un poco de retraso aquí van por escrito mis propósitos para este 2011. No me voy a extender mucho (cada año que pasa voy ganando en realismo y reduciendo mis metas). Creo que me voy a conformar con dos metas que están completamente en mi mano (soñar con dormir toda la noche seguida, que es lo que más deseo en este mundo, es algo de ciencia ficción y absolutamente fuera de mi control, así que ni lo menciono):

- Darme crema hidratante absolutamente después de cada ducha o baño. Sin excepción. Aunque colapse el mundo. Esta meta ya me la puse hace un par de años. Pero no he logrado cumplirla y sigo escamándome como un reptil. Sí, sí. Parece una tontería. Una frivolidad, que lo es Pero concederse esos cinco minutos que lleva embardunarse de cabeza pies , esa autoindulgencia hedonista hace un bien enorme, no sólo para la piel, sino también para la mente y la psique, y si me apuras hasta la autoestima y la proyección personal y profesional, porque no se llega a ninguna parte si se te cae la piel a trozos de lo seca que la tienes.

- Tratar de ser mucho más paciente. Esto va a ser más difícil todavía que lo de la crema, me temo. Aquí no hay bote que valga. Pero mucha falta me hace. Mucha. Para mi bienestar emocional y el de mi entorno. ¿Cómo se aumenta la paciencia? Alguien sabe de algún lugar donde te entrenen?


Y si lograra ir cumpliendo los dos, el año no iría mal.

El himno de la madre tigresa

Parece ser que en Estados Unidos está causando gran revuelo el libro escrito por una madre de origen chino (o quizás debería asio-americana conforme a las normas de corrección política estadounidenses), El himno de la madre tigresa. En él, Amy Chuan, una exitosa profesora de Derecho en la prestigiosa universidad de Yale, cuenta su manera de educar a la china, con sus trucos para tratar de convertir a sus hijas en verdaderas triunfadoras. Entre ellos, amenazar con quemar su peluche favorito si no logran dominar una complicada pieza de piano, vetar las visitas a casas de amigos durante toda la enseñanza obligatoria, o tirarles a la cara una felicitación de cumpleaños hecha en el colegio a los 4 años. Vamos, mano de hierro de la de antes, nada de concesiones al sentimentalismo ni a la educación enrollada y confraternizadora de los últimos años. No me definiría yo a mí ni mucho menos como una madre tigresa (en realidad, no sé cómo me definiría, supongo que depende mucho del día y del humor que tenga). Pero reconozco que alguna idea me está dando. Que tiemblen esos enanos imberbes.

miércoles, 12 de enero de 2011

Celebrando el cumpleaños

Os habreis preguntado (si es que todavía hay alguien ahí fuera leyendo mis desvaríos) que dónde me he metido, si he desaparecido con el nuevo año. Y os diré que no. Aquí sigo. Desvariando. Pero es que tengo algo terrible que confesaros y no sabía cómo hacerlo. Es más, llevo unos días torturada por el remordimiento. O para ser más exactos, torturada por la falta de remordimientos.
Bueno, pues no voy a ocultarlo más tiempo: para celebrar por todo lo alto mi 40 cumpleaños (y sentir yo que cumplía 'sólo' 40 y no 75, debido al agotamiento que arrastro) nos fuimos de viaje el padre de las criaturas y servidora. Solos. Sin más que complementos que el bikini y la toalla de playa. Sin otro accesorio que una gorra. Sin ningún menor dependiente. Sin mirar atrás! Por primera vez en ocho años nos separábamos de los niños por más de 24 horas. Nada menos que una semana. Una semana. Siete días de 24 horas, y cómo cunden los días y las horas sin niños!
Como llevábamos tanto tiempo sin vernos a solas durante más de dos horas, yo iba naturalmente con con el temor de que volviéramos divorciados. Me fui triste, nerviosa, me costó despedirme de los niños y pensé que les iba a echar muchísimo de menos. Pues bien, y aquí es donde viene la confesión que llevo días ocultando: no fue así. Me acordé levemente de ellos, pero vamos, fue una nostalgia de lo más llevadera, que no amargó el viaje en ningún momento. Para mi sorpresa, no nos hemos divorciado. Y sí, nos hizo mucha ilusión ver a los niños al volver a casa, pero vamos, hasta ese momento sobrevivimos divinamente sin ellos.
Y ahora que ya he confesado, me quedo más tranquila.
P.S. Y naturalmente, como os imaginareis, esta escapada no habría sido posible sin la ayuda de toda una red familiar a la que movilicé como regalo de cumpleaños.

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