viernes, 30 de diciembre de 2011

Balance y propósito de (feliz!) Año Nuevo

ESte año no voy a hacer balance. Solo diré de manera sucinta y, por una vez, sin caer en la hipérbole, que ha sido un buen año. Hemos hecho algún viaje majo, el padre de las criaturas y yo seguimos soportándonos y hemos atisbado que hay luz al final del túnel (cosa que en determinados momentos llegamos a dudar), así que seguiremos remando hacia ella.
Y tampoco voy a hacer una gran lista de propósitos para el nuevo año. Buena gana si 2012 traerá lo que quiera. Prefiero ser modesta, a la par que realista, en mis aspiraciones. Por eso como único propósito voy a retomar uno que ya me hice hace la friolera de tres años y que no logré cumplir: darme crema hidratante después de la ducha. Sí, ya sé que suena algo nimio, poco adecuado para ser el objetivo para el nuevo año de nadie, que esta es la época en la que la gente se propone aprender un nuevo idioma, o ser más generosa, o salir más con los amigos, o aprender cocina asiática. No va a ser mi caso. El que piense que hidratarse después de la ducha es algo chupado será que no ha tratado de darse la crema en las piernas con alguien aporreando la puerta del baño, o tirándose encima todos los botes, o chapoteando con botas y pantalones en la ducha de la que acabas de salir. O sea que lo dicho, a ver si en el 2012 lo logro (ayer me compré un bote de crema de esas superespesas que hace falta masajear durante minutos para que se absorba). Ya os iré contando.
Y que empeceis muy bien el 2012! Que hagais todo tipo de excesos, que ya está bien de tanta contención (salarial, sexual, intelectual....). A ser felices!

Comeduras de tarro de servidora Reina Maga

Antes de tener hijos yo estaba convencida de que era perfectamente factible darles una educación no sexista, igualitaria, vamos, que los niños no tenían necesariamente que estar siempre jugando con objetos rodantes u arrojadizos, ni las niñas con muñecas y objetos rosas. Pensaba yo que era todo cuestión de educarles en un entorno carente de estereotipos sexistas, tal como iba a ser mi futuro hogar (amén de armónico y civilizado). Como con tantas otras cosas de esto de la vida adulta, y ya van tantas, no tardé mucho en caerme del guindo. Con mi primer hijo comprobé que el universo para él se dividía en objetos que podían ser lanzados cual pelota o rodados cual coche, algo que pude constatar con mi segundo hijo. Daba igual lo que les comprara de juguetes, ellos se ocupaban de transformarlo y darle el uso que ellos querían. Y con la niña me he quedado de piedra al ver que, a pesar de que está creciendo al lado de dos chicotes, se pirra por el rosa y sueña con ser una pinchecha, mientras que ellos solo piensan en superhéroes. La verdad que no sé muy bien cuanto hay de innato en esto y cuanto de adquirido a través del entorno social, mucho me gustaría que alguien con cabeza me ilustrara sobre esto. Yo por de pronto me he tragado con patatas todos mis principios y teorías sobre el tema. Pero aún así no tiro la toalla del todo en mi empeño de educarles de manera igualitaria, trato de reconducir sus preferencias de regalos, o de darles otras posibilidades -que por lo general ignoran, debo decir- y a la niña pues evito vestirla de rosa a todas horas como ella desearía, y trato de que juegue a algo más que no sea pasear a su bebé o hacerle comiditas. Por eso me quedé de piedra el otro día cuando me di cuenta de que estaba en la cola de la juguetería, haciendo de reina maga, con un fuerte de indios y vaqueros en una mano para el mediano en una mano, un juego de ninjas para el mayor en la otra, y dilucidando con el padre de las criaturas si a la niña le comprábamos una cocinita o un coche para sus muñecas! Solté las cajas y me fui sin comprar. Hemos estado varios días dilucidando la cuestión, largas charlas hemos tenido el padre y yo. Y al final les caerá el fuerte, los ninjas y a la niña, en esto sí hemos hallado una alternativa de lo más adecuada, una bici sin pedales. Pero os diré que no estoy muy convencida. Qué complicado es esto de la maternidad, por dios. ¿Dónde se perdió el manual de los hijos?

martes, 27 de diciembre de 2011

Mamá se ha portado muy bien

No recuerdo porqué fue que reñí al mediano, sería alguna de las muchas veces que pega a su hermanita o que se niega a vestirse. El caso es que se fue protestando entre dientes a su habitación y le oí decir a su hermano mayor:
- Mala, mamá es mala muy mala. Y no le van a traer nada los Reyes.
- Pues sí le van a traer todo lo que pida, porque mamá es buenísima.

Y os aseguro que me tuve que controlar para no ir para allá y decirle que amplíe su carta a los reyes y pida más cosas porque todo todito se lo van a traer, que de eso me encargo yo personalmente que tengo línea directa con sus Majestades de Oriente. Y es que para una madre imperfectísima y confesa como es una, el reconocimiento de sus hijos significa mucho. Quizás a las madres perfectas, con esa seguridad y ese aplomo con el que se mueven en su vida diaria, no les aporte tanto. Pero para una, que su hijo diga esto vale su peso en oro. Vamos, que ya no hace falta que me traigan nada los reyes, pero por si acaso me voy a poner a pensar la lista.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Zambomba y pandereta en mano estamos celebrando la Navidad. Toda una fiesta. Que lo paseis muy bien todos! A ser felices.

P.S. Como uno de los ganadores del sorteo LEGO no dio señales de vida y no le podemos mandar su regalo, con toda la pena del mundo por él y sus hijos hemos tenido que repetir el sorteo para que el LEGO llegue a su destino antes de Reyes y la nueva ganadora es lucia_m75@yahoo.es . Enhorabuena

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Cuenta atrás

Quedan ya solo tres días para la Nochebuena y cual sería ayer mi disgusto al constatar que a mis hijos se les han olvidado los villancicos que con tanto amor y paciencia les enseñé el año pasado. ¿Dónde está la memoria prodigiosa de los niños? Es que no se acordaban ni del estribillo de Campana sobre Campana y mira que es difícil olvidarlo, que es de esos soniquetes que te taladran la cabeza. Con lo que me costó el año pasado, que me desgañité para que se aprendieran por lo menos dos villancicos y pudieran amenizar un poco con sus berridos la cena familiar. Y todos mis esfuerzos han sido en vano. Así que nos toca empezar de nuevo. Y encima me pilla sin voz, que he caido presa de un virus y no puedo ni hablar. Pero no pasa nada, no me voy a desanimar por esto, en cuanto vuelvan del cole les planto un CD, les doy una pandereta y a ensayar, que tenemos tres días. Por dios, qué estrés.
Os digo ya, por si alguien tenía pensando mandarme un regalo navideño, que desde hoy ya no abro la puerta a nadie que no conozca, ni aunque digan que me traen una cesta con dos jamones, porque, leyendo los comentarios a mi último post, mucho me temo que alguien me ha denunciado y me están ya analizando los servicios sociales y cualquier día tengo un trabajador social en la puerta y me quitan la custodia.

P.S. Se busca con urgencia al primer ganador del sorteo de Lego. No ha dado señales de vida y no tenemos dirección para enviarle su premio. Por favor, danielglglgl@hotmail.com, manifiéstáte porque sino vamos a tener que repetir el sorteo y te vas a quedar sin tu Templo del Fuego!

sábado, 17 de diciembre de 2011

La vuelta al túnel

Durante una semana los abuelos se han hecho cargo de nuestra hija menor (esa que no ha dormido ni una sola noche entera en sus dos años y nueve meses de vida, la misma que se despierta una media de tres veces por noche y que, recientemente, ha cogido la adorable costumbre de pasearse por la casa en silencio a las tres de la mañana). Nos vieron tan agotados que decidieron, por el bien de la niña, de la familia y hasta del vecindario, llevársela una semana, en un acto de generosidad que no tendré vidas suficientes para agradecer. Una semana. Seis noches. Siete días. Os aseguro que me han cundido más que los últimos seis meses. Se me había olvidado la de cosas que se pueden hacer cuando uno duerme y tiene ganas de vivir y hasta buen humor. Ya lo dice un estudio que publicó el otro día no sé qué revista: Dormir es crucial para la salud, además de descansar el cerebro fija los recuerdos y nos prepara para adquirir nuevos conocimientos. Esto explicaría mis lagunas mentales, mis lapsus, mis despistes y mucho más… Vamos, que lo poco que sabía lo estoy olvidando.

Ayer ya nos devolvieron a la niña de nuestros ojos. Su padre y yo nos pusimos el casco y la lámpara frontal y nos dispusimos a regresar a la mina a seguir picando, a cumplir una condena que no sé en qué momento nos tocó. Y os diré que es todavía más duro regresar al túnel después de haber visto, aunque haya sido por pocos días, la luz. Es terrible regresar a las noches insomnes cuando el cuerpo recuerda todavía lo bien que le sienta dormir. Yo supongo que puede ser culpa nuestra, que no la estamos educando bien, que algo tenemos que estar haciendo mal para que esta criatura no duerma, yo no lo niego, ya no sé qué pensar. Solo sé que hoy iba a titular esta columna Se regala niña de casi tres años en buen estado de salud. Pero he cambiado de idea porque lo mismo me denuncian, que hay gente muy sensible.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Y los ganadores son...

Ya hay ganadores en el sorteo de los juegos LEGO (por obra y gracias de la bolita virtual de random.org).
Los afortunados ganadores de un set de juego Ninjago son:
danielglglgl@hotmail.com
belendevivero@edu.xunta.es

Y un set de guerrero ninja recibirán:
vero_smurfita @ hotmail.com
juarezalvarez1998@gmail.com
joanapardo3@gmail.com.
fisiwoman@hotmail.com
picuchy@economistas.org

Enhorabena! Y gracias a todos por participar.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Adornos navideños caseros 100%

Este año no sé por qué, le he declarado la guerra al espumillón y a los adornos chinos. No sé si será un efecto secundario de unas hierbas que estoy tomando para reforzar el sistema inmunitario, o fruto de la hiperactividad que me da el dormir por la noche (los abuelos se han llevado una semana a la niña de nuestros ojos, esa que en sus dos años y nueve meses de vida no ha dormido una sola noche entera). Por una razón o por otra, el caso es que lo hemos hecho todo en casa. Y cuando digo todo, quiero decir Todo. La corona de la entrada a casa está hecha con ramas de pinos cortadas en la montaña, enrolladas y colgadas con una cinta de vichy roja (que busqué con una amiga por todo el centro de Madrid). Tengo dos dedos hinchados de los pinchazos de las agujas del pino, traté de enrollar la rama con los guantes de nieve pero no lo logré y acabé haciéndolo a pelo. Los adornos de colgar en puertas y ventanas los hemos hecho con cadenas en las que hemos mezclado estrellas de cartón, bolitas de papel albal y copos de nieve de papel reciclado. El árbol de Navidad lo han pintado los niños en un cartón gigante que encontramos en la calle. Nos hemos dado el gran currazo, para qué lo voy a negar, han sido varias tardes dedicadas a la tarea, pero, aunque esté feo que yo lo diga, nos ha quedado precioso. Tentada estoy de organizar visitas guiadas.

P.S. Aún quedan cuatro días, hasta el jueves a medianoche, para participar en el sorteo de LEGO.

martes, 6 de diciembre de 2011

Al cine

Hace unos días, en un raro momento de calma, a la hora de la cena, le pregunté a traición al padre de las criaturas:
- ¿Y si fuéramos al cine un día de estos?
- ¿Al cine?, me repreguntó, con la misma cara de perplejidad que si le hubiera dicho que le había apuntado de voluntario a la misión del Curiosity que se encamina hacia Marte surcando los espacios exteriores.
- Sí, al cine, no sé si te acuerdas, ese lugar cerrado donde proyectan una película en una pantalla muy grande.
- Ah, zanjó sin entusiasmo.

Y ahí quedó la cosa. Pero la bomba ya estaba lanzada. Y aquello no había sido en vano. La conspiración de la madre imperfecta siguió su curso hasta que anoche, por fin, dio sus frutos, y fuimos al cine. Sí, al cine. A ver Un dios salvaje, la última de Polanski. Solo puedo decir una cosa: "Vedla, por lo que más queráis!". Sé que una madre que va al cine -a ver peli adulta, que las infantiles no cuentan- cada dos años y cuyo consumo cultural está mil veces por debajo de la media es una pésima crítica de cine porque cuando por fin logra salir de casa todo le parece maravilloso, que hasta disfrutó viendo El oso Yogui, pero hacedme caso y no os la perdais.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Campaña de recogida de juguetes

Ya no puedo negarlo. El espíritu navideño se ha apoderado de mí y ya no puedo pensar en otra cosa. Hoy quiero apoyar desde aquí la campaña anual de recogida de juguetes de Mujeres para el Diálogo y la Educación. Se recogen juguestes nuevos o usados en buen estado. El año pasado también lo hice, y hubo polémica. Hubo quien me dijo que era muy feo regalar lo que no se quería, que así no se enseñaba a los niños a ser generosos. A mí me parece que siempre merece la pena enseñarles a nuestros hijos que son unos afortunados, porque ellos tienen juguetes, pero que no todos los niños tienen esa suerte. El año pasado incluso les animé a desprenderse de algo que les gustara, para que hicieran feliz a otro niño. Pero si no queréis regalar juguetes usados, pues también podeis comprarlos nuevos y llevarlos. Lo importante es que haya juguetes, cuantos más mejor.
Estos son los puntos de recogida en Madrid hasta el 18 de diciembre:

Hotel Miguel Ángel
C/ Miguel Ángel, 29-31
Horario: de lunes a viernes
de 10 a 16 h.
Contacto: Marta Villegas

Hotel Tryp Centro Norte
C/ Mauricio Ravel, 10
Horario: 24 h.
Contacto: Javier Frauca

Hotel Convención
C/ O’Donnell, 53
Horario: 24 h.
Contacto: Juan Romero

Hotel Silken Puerta América
C/ Corazón de María, 10
Horario: lunes a sábado de 8 a 20 h.
Contacto: Olivia Góngora

Hotel Tryp Ambassador
Cuesta de Santo Domingo, 5
Horario: 24 h.
Contacto: Javier Huertas

Hotel Tryp Gran Vía
Calle Gran Vía 25 (Metro Gran Vía)
Horario: 24 h.
Contacto: Joaquín del Toro

jueves, 1 de diciembre de 2011

Cuenta atrás para Navidades con un SORTEO

Sin comerlo ni beberlo, y casi sin enterarnos, empieza la cuenta atrás hacia las Navidades. Las grandes jugueteras ya se nos han adelantado a los padres y hace ya varias semanas que con alevosía y premeditación han ido incluyendo en los periódicos esos catálogos llenos de todo lo que puede desear una criatura hasta la mayoría de edad. Yo por lo general, cuando me doy cuenta de que viene uno de esos catálogos, lo hago desaparecer a toda velocidad para que no caiga en manos de la tropa. Pero ha habido alguna ocasión que han sido ellos más rápidos y el dichoso folleto ha caído en sus manos. Hay uno ya que lo tienen completamente destrozado de las veces que lo han hojeado, y que han peleado por él los tres angelitos para elegir sus preferidos, que ya los tienen cada uno memorizados, con precio y todo.
Yo, sin embargo, aún no he logrado ponerme en modo navideño. Pero para irme mentalizando voy a lanzar un sorteo para declarar inaugurada la temporada festivo-navideña. LEGO, juguetera de la que me declaro fan incondicional, ha querido compartir una de sus novedades con los lectores/as de este blog y sortear entre todos vosotros uno de sus juguetes estrellas para estas Navidades: el ninjago.
Así que sorteamos dos cajas
Sortea dos juegos Ninjago. Templo del Fuego. Y cinco set de guerreros ninjas.

¿Cómo participar?
1- Escribir un comentario sobre vuestros preparativos navideños. No olvidéis incluir vuestro correo electrónico para que podamos contactar a los ganadores.
2- Podéis participar hasta el 14 de diciembre a las 24 horas. El sorteo se realizará el jueves 15 y justo después anunciaremos los ganadores que recibirán sus premios en casa justo antes de Navidad.

MUCHA SUERTE A TODOS.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Me aterran los terrores nocturnos

En nuestro completo catálogo de trastornos del sueño no podía faltar, además de una niña que se despierta continuamente y deambula por la casa y de episodios variados de 'descontrol', de esfínteres (que no voy a detallar para no revelar vergüenzas familiares), un niño con terrores nocturnos. Ese también lo tenemos dentro nuestra surtida gama de "todoloqueustedpuedenecesitarparanodormirunanochedeuntirónniporequivocación". No recuerdo cuándo empezó el mediano, que tiene ya cinco años, con estos episodios de pánico, pero ya llevamos varios años con ellos. Forman parte de nuestra rutina noctámbula e insomne. Si por casualidad una noche la niña ha cogido una buena racha de sueño (como mucho de un par de horitas), entonces ahí contraataca el mediano, no vaya a ser que nos acostumbremos a dormir demasiado de un tirón y nos vaya a pasar algo por la falta de costumbre.
Suele ser en la primera parte de la noche, es decir, cuando estás en la fase más profunda del sueño y si te despiertan es que no sabes ni quién eres ni cómo te llamas y mucho menos todavía quién es esa criatura que grita furiosa. Yo por lo general me despierto como un autómata, salto como impulsada por un resorte y corro a su lado (llevándome por delante todo lo que encuentro, esquinas incluidas porque a esas horas no recuerdo la composición de mi casa y la otra noche doblé literalmente una esquina, que del golpe casi me desplomo). Y ahí me quedo a su vera, a pesar de que poco puedo hacer por él cuando está gritando palabras inconexas, con los ojos abiertos pero sumido en algún sueño profundo del que no logro nunca despertarle. Y me limito a abrazarle muy fuerte, a acariciarle la cabeza, recuperando ya la noción de quién es y quién soy, mientras grita mamá, mamá mirando al infinito. Dicen que no hay que despertar a los niños cuando están en esta fase, yo por más que lo he intentado en alguna ocasión para tratar de poner fin a lo que le atormenta, tampoco lo he logrado. Así que me limito a estar a su lado lo que dura el episodio, entre 20 y 30 minutos, y luego regreso a mi cama confiando que, con un poco de suerte, no vuelva a repetirse esa noche, porque de verdad que me aterran estos terrores.

martes, 22 de noviembre de 2011

Hay días que no son días cualquiera

Hay días que la madre imperfecta teme abrir la puerta por si es un asistente social, o un agente de policía o la supernanny contratada por la comunidad de vecinos. Hay días que si alguien escuchara los gritos y alaridos provenientes de la casa de la madre imperfecta llamaría sin dudarlo a un asistente social, a un agente de policía o a la supernanny. Hay días que la madre imperfecta está tentada ella misma de llamar a un asistente social, a un agente de la policía, para entregarse antes de que la denuncien por escándalo público o por presunto maltrato a la infancia, o suplicar a la supernanny que haga una visita urgente a su hogar. Hay días -generalmente en un fin de semana lluvioso- que la madre imperfecta desearía que alguien, quienquiera que fuese, se presentara en su casa y pusiera orden en su jauría, y convenciera al mediano de que no puede tirarse a matar a la pequeña cada vez que le toca sus juguetes, o a la pequeña de que no puede ponerse la falda rosa encima del pijama, o al mayor de que tiene que ponerse él solito a hacer sus deberes, y a los tres de que no pueden gritar al mismo tiempo, ni tirarle cada uno de un brazo porque para empezar solo tiene dos brazos y una sola boca, así que solo puede hablar a uno cada vez. Hay días en los que la madre imperfecta, que por lo general suele tener la situación bajo control, no logra imponerse y le dan ganas de encerrarse en el baño bajo llave o unirse ella a sus hijos y tirarse al suelo y llorar y patalear y decir que no quiere comer la comida, ni ponerse la ropa, ni hacer caso, ni obedecer, ni nada de nada.

sábado, 12 de noviembre de 2011

La reparación del frigorífico

De repente se rompió la puerta del congelador. Sin culpables. Sin aparente causa. Pero estaba roto y no cerraba bien. Hubo que llamar al servicio técnico con urgencia. El servicio técnico se presentó en casa con la misma urgencia. Y con celeridad y ánimo de lucro reparó la puerta en menos de cinco minutos. Cuando me dijo el coste de la reparación tuve que controlarme para mantener la educación, sobre todo estando delante mis hijos. Con dignidad y compostura aboné dicho importe, cavilando para mis adentros si aún podría reciclarme como reparadora de frigoríficos. Despedí al reparador con impostada cortesía y nada más cerrar la puerta me puso a hablar sola sobre el agujero que aquella reparación nos hacía en el presupuesto del mes, que si vaya broma, que si vaya timo.... Tan abstraída estaba en mis lamentos que no me di cuenta de que los niños habían desaparecido. Al poco tiempo regresaron, por una vez en armonía y con un objetivo común, llevando los dos su huchita, que abrieron sobre la mesa ante mis narices. "Mira, tres euros y medio. Eran para comprarnos un lego, pero te los damos para ayudarte con lo del friogrífico, que nosotros también queremos ayudar".

jueves, 10 de noviembre de 2011

Comentando los comentarios

A estas alturas ya me conoceis más que un poquito y sabeis que soy una tremenda maleducada virtual y no respondo nunca a vuestros comentarios (básicamente por cuestión de tiempo, desde aquí mi rendida admiración para mis colegas blogueras que comentan cada uno de los comentarios que reciben, así se gana una el fervor de sus lectores, pero de verdad que a mí no me da la vida). A lo que iba, que no comento nunca, pero que visto la cantidad de comentarios recibidos por mi último post, 'Mamá no se va', y, sobre todo, la solidaridad y los ánimos que me habeis enviado madres y padres (desde aquí un saludo especial a ese campeón padre de trillizos+2, autor de hhttp://padrestresado.blogspot.com) , pues no me queda otra que daros las gracias, y deciros que después de leer todo lo que me contais, y pensar un poco más sobre el tema, he llegado a la conclusión de que, como me dijo una vez la presidenta de los empresarios de Noruega (ya sabeis, ese país maravilloso donde apoyan de mil y una maneras a los que se ponen a procrear), "sin duda soy mejor madre porque trabajo fuera de casa". Pero eso sí, cada caso es un mundo y cada hace lo que cree mejor o más le conviene....

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Mamá no se va

Llevo varios días, semanas, y hasta meses, aguantando sin contarlo. Esperando que iba a ser una cosa pasajera, sin importancia. Pero hoy ya no aguanto más y os lo tengo que contar porque sino reviento: todas las mañanas de lunes a viernes, en cuanto me levanto y me empiezo a vestir, la niña empieza a seguirme por toda la casa repitiendo como un mantra: "Mamá no se va, mamá no se va". Y mamá, que con todo el dolor de su corazón sí que se va, se lava, desayuna y se viste con el corazón aconjogado. Mañana tras mañana. Desde hace varios meses me lo dice todos los días. Supongo que desde que empezó a decir algo inteligible, y seguro que antes lo decía llorando.
Y os aseguro que no hay mañana que no me pregunte si estoy haciendo bien, me repito a mí misma que tengo que ir a trabajar, que no es posible hacerlo de otra manera, que la niña está bien cuidada. Y me consuelo recordando alguna encuesta que he leido que dice que los hijos de madres trabajadoras son más felices (el que no se consuela es porque no quiere), y pensando que estoy dando a mi hija un modelo de mujer independiente y autónoma (y atormentada por la culpa y las contradicciones), y que es mejor que tenga una madre realizada y satisfecha a una madre en casa insastifecha (estaría insatisfecha?). Y así me voy pintando y arreglando, con ese mico siguiéndome como una sombra repitiendo su mantra. Y para que se tranquilice un poco le explico que mamá se tiene que ir a ganar el dinerín para comprar chocolate ('tate', en su media lengua) y madalenas. Pero ni por esas se calma. Eso sí, cuando vuelvo del trabajo, viene corriendo a la puerta a recibirme y lo primero que me pregunta es "¿Y el 'tate'?"

miércoles, 19 de octubre de 2011

La ingente tarea del cambio de armario

Dentro de todas las tareas, obligaciones, deberes y cargas que tiene una madre o un padre de familia numerosa hay una que me da una pereza tremenda por encima de todas las cosas. Y seguro que muchos/as estaréis de acuerdo conmigo: se trata del cambio de la ropa con la llegada de una nueva temporada. De verdad que tiemblo cuando se acerca el verano o el invierno. Tiemblo con temblores de verdad. Y voy demorando la tarea hasta que la meterología se me echa encima y ya me arriesgo a que me quiten la custodia por mandar a los niños con pantalón de pana y 30 grados de temperatura, o con pantalón corto y camiseta con los primeros frios. Y es que no se trata solo de encaramarse a los armarios para recuperar la ropa de la otra temporada, que eso sería casi lo de menos. No, lo peor es todo lo que eso conlleva: hay que probar, que ya es toda una proeza lograr que se dejen probar más de dos prendas seguidas, ver si aún puede seguir usándolo ('a ver, bájate un poco el pantalón, que si te lo bajas yo creo que aún lo puedes usar un poco más'), y si ya le queda pequeño, pues el proceso continua, porque hay que comprar algo nuevo, y lo usado introducirlo en la cadena del reciclaje perpetuo que tanto nos ayuda a las madres de familia numerosa (desde aquí mis gracias encarecidas a todas mis proveedoras, por cierto, que la niña me ha crecido mucho este verano, y ha superado en altura a las dos hijas de amigas que me pasaban ropa, con lo cual estoy considerando someterla a alguna técnica china para que le crezcan menos por lo menos los pies...). Vamos, que es una tarea titánica, que en el caso de una familia numerosa puede llevar varios días de ingente trabajo y negociaciones ('anda, si te pruebas estos cuatro pantalones más, te doy dos pastillas de chocolate y te pongo la tele'), hasta el final de los cuales la familia andará vestida de aquella manera, o pasando frio o pasando calor. Este año debo confesar que este verano tardío que estamos viviendo me ha facilitado mucho la tarea, porque nos ha dado más margen de tiempo para hacer el cambio de armario. Pero me ha pasado lo contrario, que el otro día saqué a los niños al parque vestidos acordes con la estación, o sea, otoño, y se me cocinaron. Pero ya no hay marcha atrás. Así que a ver si llega de una vez ese dichoso primer temporal del otoño, que haga lo que haga yo ya no me subo al armario a buscar pantalones cortos.

jueves, 13 de octubre de 2011

Esos maravillosos e irrepetibles dos años y medio

Lo dije con mi primer hijo, lo volví a repetir con el segundo, y ahora, en una nueva prueba de que la maternidad trastorna (algo muy fácil de constatar empíricamente, especialmente en las madres reincidentes) lo vuelvo a decir con la cabeza bien alta y sin un ápice de duda: a pesar de que mi hija de dos años y medio sigue sin dormir ni una sola una noche de un tirón y se despierta todavía unas tres o cuatro veces por noche todas las noches sin excepción (con el consiguiente desgaste de sus progenitores), a pesar de que se empeña en dormir con nosotros y ha vuelto a pedir biberón a las horas más intempestivas (sin ir más lejos, esta noche, a las cuatro menos cuarto de la mañana), a pesar de que no le entiendo cuando habla en su idioma particular y la mitad de las veces no sé qué me está diciendo, con lo cual se desespera y se enfada, a pesar de que no puedo perderla de vista un segundo porque la lía bien liada (se tira por encima un bote entero de polvo de talco, vacía mis pinturas de maquillaje… así a modo de ejemplos recientes), a pesar de que trasladarse con ella a pie es requetecomplicado porque ya no quiere ir sentada en su silla, pero tampoco camina lo suficiente para ir por su cuenta, a pesar de que viajar en coche es un suplicio porque no para de llorar, a pesar de que está atravesando una etapa muy caprichosa porque ha descubierto que en el mundo hay cosas más divertidas y más bonitas que otras y no siempre le toca una de ellas… A pesar de todo eso y más que ahora no recuerdo, si me dijeran que existe un elixir mágico e inocuo que me la mantuviera congeladita un poco de tiempo más en estos maravillosos dos años y medio, os aseguro que se lo daba sin dudarlo. Para disfrutarla un poco más y prolongar esta etapa inigualable e irrepetible de los dos años –sin duda, para mí la etapa favorita de los niños-, porque cada rato que paso con ella me sabe a poco.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Educar a un hijo es más difícil que pilotar un avión trasatlántico

Que conste que no lo digo yo, que si fuera opinión mía pasaría por otra exageración más, o por otra licencia literaria. Pero no es mío, lo leí en una entrevista a un filósofo muy serio y sesudo, del cual no recuerdo el nombre, que no se puede estar en todo, y decía eso, que educar a un hijo es más difícil que pilotar un avión trasatlántico. Deduzco que tenía hijos, y no sé si habría probado suerte como piloto, pero sabía, sin duda, de lo que hablaba. Y no puedo estar más de acuerdo. Yo nunca he pilotado un avión, y sin duda no ha de ser fácil manejar un aparato de esos, pero tampoco lo es lidiar a diario con estos cachorros. Y encima sin clases. A pelo. Como si te dijeran: 'Aquí tiene usted los mandos de este A380, y hágame el favor de llevarlo a Buenos Aires". De verdad que hay veces que me siento yo así y me quedo igual de perpleja. Con las preguntas del mayor (que tiene casi nueve años repletos de inquietudes), que tengo que tragar saliva, concentrarme y pensar antes de responderle, porque sé que con cada palabra que diga estoy sentando sentencia para el futuro. O con las rabietas del mediano, y su negativa a pasar por el aro, que sé que sería mucho más fácil dejarle hacer, y no insistir en que se termine la comida, o que se ponga determinada ropa, o que recoja su habitación. Pero no se puede ceder, porque cedes una vez y has firmado tu condena.
Y de verdad que hay momentos que no sé qué hacer, que me quedo paralizada por la duda. Pero está claro que hay que agarrarse a los mandos y tirar para adelante. Porque ya no se puede recular, que si no seguimos pilotando nos vamos a pique, como el avión.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Eximentes de maternidad

Una de las cosas que más cuesta aceptar cuando se tienen hijos es que son para siempre, y que no solo no hay días libres sino que no te puedes librar un segundo de tus responsabilidades. Pero de verdad que debería haber circunstancias o situaciones eximentes en las que una, de manera absolutamente transitoria y excepcional, no tuviera que ejercer de madre, más que nada, porque está imposibilitada para ello. En mi caso concreto hay dos circunstancias en las que soy absolutamente incapaz de ejercer mi papel materno:
1- Cuando tengo migraña.
2- Cuando hay turbulencias en el avión, porque entonces me puede el pánico, y soy incapaz de reaccionar, y menos aún de responder a las preguntas de mi hijos, del tipo: "Si nos diéramos contra esa montaña, ¿qué pasaría?". "¿Por qué sube tan rápido ahora el avión, para no caernos?". "¿Mamá, ¿ y cuando nos ponemos el salvavidas?". "¿El avión puede aterrizar en el mar'".

¿Y cuales son vuestros eximentes?

jueves, 29 de septiembre de 2011

Anécdotas del aeropuerto o por qué tiemblo cada vez que me toca volar con los niños

La familia numerosa se iba a Italia a hacer su viaje anual de visita a la familia paterna. En fechas absurdas, con el colegio ya empezado y saliendo un jueves y regresando un miércoles para pillar la oferta del vuelo más barato del año (que cinco billetes de avión dejan la cuenta corriente tiritando), y con los dedos cruzados para no coincidir con ningún temporal, ninguna huelga de controladores, ni ninguna de las calamidades que habían tenido que soportar en los viajes anteriores y que pusieron a prueba a los muy imperfectos progenitores y que hicieron que la madre, imperfectísima, temblara cada vez que pensaba en subirse a un avión con la prole.
Habiéndose encomendado a todos sus santos, la familia imperfecta facturó sus maletas (o más bien, maletones, porque como todo madre y padre sabe, para cinco días hace falta la misma ropa que para un mes) y se dispuso a cansar a los cachorros en el parque infantil de la T4 de Barajas (desde aquí mi agradecimiento a los responsables del aeropuerto que tuvieron a bien crear este lugar más propio de Noruega que de nuestras latitudes). La familia pasó por delante de una tienda Zara, y la madre, mientras agarraba a la niña para que no se perdiera entre la multitud, logró atisbar unas camisas de colores que le vendrían estupendo para el otoño. Sabiendo que no tendría otra oportunidad como aquella en los próximos meses, y convenciéndose a sí misma de que si compraba ahora algo ya no tendría que salir de compras hasta bien entrado el invierno, dejó al padre de las criaturas en el parque infantil y, mintiendo como una bellaca sin inmutarse ("voy al baño"), regresó al Zara, agarró la camisa y sin probarla, pagó en efectivo y sepultó la camisa en el fondo de su bolso, debajo de los biberones, los pañales, las toallitas húmedas y los bocadillos.
Satisfecha de su hazaña, y disimulando una sonrisa, corrió hace el parque de juegos, porque quedaba solo media hora para que saliera el vuelo. Al entrar en la sala, su nariz-radar detectó que a la niña había que cambiarla con urgencia. Y, sin decirle nada al padre, en este momento más imperfecto que nunca, cogió a la niña y la tumbó en el cambiador de este lugar que hasta entonces le había parecido Noruega. En menos de un segundo, con el culo al aire, y sin esfuerzo aparente la niña agarró el bote de jabón líquido colgado de la pared a la altura de su mano y (aquí se rompió el encanto y la madre imperfecta se dio cuenta de que por algo este país no es Noruega) y se tiró encima el litro de jabón líquido. La madre le pasó la niña, cubierta por entera de verde, al padre y corrió de nuevo a las tiendas del aeropuerto a la búsqueda de algo para cambiarla (porque como buena madre imperfecta llevaba de todo en el bolso, incluida una camisa nueva para ella, menos un cambio de ropa para la niña). Corrió entre las tiendas, mirando el reloj y comprobando que quedaban menos de veinte minutos para que saliera el vuelo, buscando con desesperación ropa infantil. Y lo único que encontró fue una camiseta de una marca de lujo a un precio obscenamente ridículo, que la madre no tuvo más remedio que pagar, convencida de que se trataba de la penitencia por su frivolidad. Y, una vez más, suspiró aliviada, y extenuada, cuando por fin lograron sentarse los cinco en el avión. Eso sí, la niña, completamente duchada, y limpia reluciente con camiseta nueva.

viernes, 16 de septiembre de 2011

¿Cuánto tiempo se puede sobrevivir sin dormir bien?

Acabo de cumplir diez años de casada con el padre de las criaturas. Diez años, que se dice pronto, y, vistas las cifras de divorcios, su mérito tiene. Y más mérito aún si os cuento que de estos diez años, los cinco últimos los hemos pasado sin dormir una noche de un tirón, haciendo turnos, una noche duermes tú, otra yo, o tú duermes hasta las cuatro y yo descanso de cuatro a siete, aunque claro, bien pensado, así no hay quien se divorcie, porque no coincides, ni te ves. Cinco años. 1825 noches. 1825, que se dice también pronto. La explicación es muy sencilla: por alguna extraña razón o defecto congénito, mis cachorros tardan dos años y medio en aprender a dormir toda la noche de un tirón. Cuando nació la tercera, coincidencias de la vida, el mediano acababa justo de cumplir dos años y medio, así que sin tiempo ni para recuperarnos –casi mejor, porque así no perdimos la costumbre- enlazamos sus noches en vela con las de la recién llegada, que a día de hoy, con sus dos años y medio ya bien cumplidos, sigue sin dormir una sola entera. Para no faltar a la verdad, reconoceré que cada año a lo mejor hemos tenido en total una o dos semanas libres para dormir de un tirón, gracias a la bondad y a la misericordia infinita de los abuelos que se han apiadado de nosotros y nos han relevado en la mina, porque dormir con mis hijos es como bajar a la mina. Y a la niña ya le tocaría empezar a dormir, digo yo. Pero aún no lo hace. Y llora cada hora. Y se levanta. Y corre por el pasillo. Y pide biberón a las cinco. O un cuento. Sentada en el sofá. Y no hay manera de reducirla en su cama. La sábana fantasma esa ya se la sabe abrir ella solita la cremallera, así que no nos vale. Y no he encontrado ningún otro artilugio para reducirla en su cama sin arriesgarme a ir a la cárcel. Y ya he tirado la toalla, ni Estivill ni nada, no nos funciona nada. Si alguien quiere poner a prueba un nuevo método, las puertas de mi casa la tiene abiertas para todo tipo de experimentaciones. Se nos ha ido de las manos la situación, y ya solo queda esperar que la niña empiece a dormir como sus hermanos. Y mientras tanto, pienso yo, mucho se habla de la importancia de dormir para los niños, para su desarrollo. Pero ¿por qué nadie habla de lo importante que es dormir para los padres? ¿Cuánto tiempo es posible sobrevivir sin dormir?

jueves, 15 de septiembre de 2011

Más de diez metros de plástico he usado forrando libros

Ya he forrado los libros. 16. De un solo niño. 16 libros. Y ahora alguien dirá que soy una exagerada, y que no pueden ser tantos. Y yo responderé que sí, que tiendo por lo general a la hipérbole y la exageración, pero que en esta ocasión me estoy ateniendo a la realidad tal cual es. He forrado 16 libros solo de mi hijo mayor. Si alguien sigue dudando de mi palabra, cosa que me parece razonable, podría incluso detallar los títulos de cada uno de los 16 para que no haya ya lugar a dudas. Y en esos 16 no estoy contando los cuadernos de ejercicios, que son tres, y ya he dicho que no pienso forrarlos, que los cuadernos, aunque sean de ejercicios y tengan formato de libro no se forran. Porque lo digo yo. También hemos comprado los bolígrafos. Y los sacapuntas. Las gomas. Y la mochila. Me falta preparar un cambio de ropa para el mediano. Y preparar varios libros de cuentos para que los lleve al cole, que la biblioteca del cole la nutrimos los padres, que no hay dinero para educación. Así que casi ya hemos superado la primera fase de la vuelta al cole. Pero solo es la primera. Ánimo.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ya hemos vuelto todos al cole

Ya he dejado a mis dos fieras grandes en el cole (la pequeña, por razones de ingeniería doméstica, sigue en casa un año más), y os confesaré que lo he hecho con alivio por una parte, pero con pena por otra, y este año, no sé por qué, casi con más pena que alivio. Pena porque se acaba el verano y nos toca ponernos serios, porque se hacen mayores... Y sobre todo pena porque me toca de nuevo convertirme en la madre sargento que vela por los horarios día y noche, que impone rutinas, y porque me toca sacar los aperos de arriero para llevarlos cada mañana de casa al cole!
Y en un día como hoy, mi solidaridad y mi apoyo a todos esos infatigables y admirables profesionales que bregan cada día con nuestros cachorros.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Eximentes de maternidad

Una de las cosas que más cuesta aceptar cuando se tienen hijos es que son para siempre, y que no solo no hay días libres, sino que no te puedes librar ni un segundo de tus responsabilidades. Eres madre 24 horas del día, siete días a la semana durante el resto de tu vida. Pero de verdad que debería haber circunstancias o situaciones eximentes (del verbo eximir, que según el diccionario significa "librar, desembarazar de cargos, obligaciones o cuidados"), en los que una no tuviera que ejercer de madre. Para mí, concretamente, hay dos situaciones en las que estoy imposibilitada e inhabilitada completamente para ejercer mi papel materno:
1- Cuando tengo migraña. No logro ni hablar, menos aún dar órdenes, o ocuparme de los cachorros.
2- Cuando hay turbulencias en el avión y el pánico me domina, y los niños, angelitos, empiezan a hacerme preguntas del tipo:
"Mira, mamá, el avión hace como que se va a caer, ¿seguro que el piloto sabe conducir?
"Si nos estrellamos contra esa montaña ¿qué pasa?
"¿Por qué sube ahora tan rapido? ¿Es normal?"
"¿Que es ese ruido? ¿ se ha estropeado el motor?
"Si se cae el avión al suelo no nos aplastamos, verdad que no?"

Iniciamos la operación Reajuste de Horarios

Con el calendario en la mano acabo de elaborar un riguroso programa de adaptación de horarios para prepararnos de cara a la inminente vuelta al cole (sí, es un hecho, la madre sargento ha vuelto, y con nuevas energías, que tiemblen esas criaturas). El programa incluye a todos los miembros de la familia, que falta nos hace recuperar cierta rutina después del descontrol veraniego. Y desde luego a juzgar por el desfase horario que hemos llevado este verano no descarto que suframos jetlag.

Naturalmente la adaptación al ritmo del curso escolar ha de ser gradual, no se puede pretender que los cachorros pasen de un día para otro de acostarse a las 11 o las 12 a meterse en la cama a las 9 menos cuarto, o de dormir hasta las 10,30 de la mañana (algo que, por desgracia, solo hace el mediano, que es el más dormilón de la familia) a levantarse a las ocho menos cuarto, que es la hora a la que se toca la diana en nuestra casa durante el curso.

Pero no me pondré nerviosa, aún tenemos tiempo hasta ese lunes 12 de septiembre en el que arranca la escuela de mis hijos. Es decir, faltan cinco días, así que podemos ir adelantando cada día en media hora el momento de irse a la cama y el de levantarse. Podemos lograrlo. Podemos lograrlo. Yes, we can.

martes, 6 de septiembre de 2011

Estos inicios de septiembre qué complicados son

Hay días críticos en todo calendario familiar: Unos son a finales de junio, cuando les dan las vacaciones a las fieras y todo el resto de la familia sigue con el acelerador pisado sin posibilidad de frenar. Pero en esa época parece como si las vacaciones ya se olieran, todo el mundo está de buen humor, y de alguna manera se suele hacer más llevadero.

No ocurre así con la otra época complicada del año: principios de septiembre, cuando la familia al completo ya ha regresado a su hogar (por lo general de espacio reducido y encerrado en cuatro paredes), ambos progenitores trabajan y las fieras aún no han comenzado el colegio. Ahora, a diferencia de en junio, los cachorros están acostumbrados a estar al aire libre, vestidos de cualquier manera y a tener una intensa actividad lúdica-social. Vamos, que cualquiera los mete en casa. No hay manera de reducirlos. Los míos están como potros salvajes. Vamos, que cada día que vuelvo del trabajo abro la puerta de casa temblando por si me han tirado algún tabique...

miércoles, 24 de agosto de 2011

Balance del veraneo

Una empieza las vacaciones (o el veraneo, porque como me dijo una vez una lectora, esto no son exactamente lo que se viene a entender por vacaciones) con muchas expectativas, muchos planes y muchas cosas por hacer. Que para eso está el verano, para soñar. Carga la maleta de libros, de acuarelas, de música, de películas, de planes de puesta en forma, de amigos a los que llamar, de menús novedosos que cocinar, de lugares que visitar…. Y a medida que van pasando los días esas expectativas se van rebajando, y te acabas conformando, y quedándote de lo más satisfecha, con haber leído un libro, haber visto un par de amigos, haber corrido dos veces en la playa y una en el campo.

Eso me ha pasado en el bendito mes de vacaciones que he logrado cogerme este año (aleluya!) y que ya llegó (snif) a su fin. Pero eso sí, os diré que, como compensación, a mi niña le salen las palmas palmitas de maravilla (que para eso le hemos invertido una buena cantidad de horas) yreconoce -aunque no siempre- tres colores primarios; el mediano bucea metiendo la cabeza con total seguridad (idem de horas invertidas) y el mayor es un rey del skate a dos ruedas (idem de lo mismo). No me he separado de ellos ni un momento (esto podeis interpretarlo como querais y sacar vuestras propias conclusiones, solo os diré que no llegué precisamente descansada al trabajo el primer día de vuelta). Y supongo que eso es lo que nos queda de este verano que va llegando remolonamente a su fin.

lunes, 22 de agosto de 2011

En verano la madre sargento se convierte en madre hippy y establecemos libertad de horarios

Tengo que reconocer que durante el curso escolar soy lo que se podría llamar una madre sargento. Doy órdenes sin piedad. Y hay normas estrictas que deben cumplirse a rajatabla. Sin cuestionarlas. (Os aseguro que a veces me odio a mí misma). Una de esas normas es la de la hora de irse a dormir: a las 8,30. Incluso en pleno mes de junio, aunque les dé el sol en la cara, los niños están en la cama a esa hora porque sino al día siguiente no logran levantarse para ir al cole o arrastran el cansancio todo el día. Así funcionamos durante todo el curso. Pero una vez que se ha terminado la escuela, pues paso, sin ninguna transición, de ser una madre sargento a ser lo que se podría llamar una madre hippy. Podéis llamarme inconsecuente, pero no sé hacerlo de otra manera. Entonces en verano, implantamos temporalmente un régimen de libertad de horarios. Dejo de guiarme por el reloj (incluso se me estropeó, así que mejor que mejor) y funcionamos por el reloj del estómago y del sol. Cada cual puede jugar, leer y correr hasta que le queden fuerzas.Claro, que por suerte, las fuerzas se les suelen agotar pronto, que ya me ocupo yo de que no paren en todo el día ('tírate otra vez de bomba, amor, pero cogiendo más carrerilla', o 'vamos a dar todos otra vuelta en bici, y ahora hacemos carrera'). Por lo general a partir de las 22,30, o incluso las 23, empiezan a caer uno detrás de otro. Rendidos. Sin poder ya ni quitarse la ropa. Y menos aún ponerse el pijama. Algún día hasta tengo que ayudarles a lavarse los dientes y ponerles a hacer pis. Están extenuados por las emociones del día. Y caen como plomo sobre la cama. La mayor parte de los días no logran ya ni leer un cuento, ni siquiera escuchar cómo les cuento yo uno. Porque nada más poner la cabeza sobre la almohada están ya profundamente dormidos, recuperando energías para disfrutar al día siguiente de un nuevo maratón de aventuras. Bendito verano.

miércoles, 17 de agosto de 2011

LA CRUDA REALIDAD DE LA NATURALEZA

Hace unos días mis dos hijos encontraron un pajarito en el jardín. Se había caído del nido y no sabía volar. Probaron a darle miguitas. Como no las comía, intentaron con leche de un platito. Le hicieron un pseudonidito para que estuviera calentito. Acudieron a pedirle consejo a un vecino conocido en la zona por su amor a los animales. Todo el día giró en función del pajarito. Que si come. Que si duerme. Que si camina. Que si trata de volar. Por la tarde decidieron dejarlo en una zona más a la vista para ver si venían sus papás a buscarlo. ¿Cómo puede ser que los papás pajaritos no busquen a su hijito? Seguro que si lo dejamos a la vista vienen sus papás a por él. La vigilancia del pajarito sólo decayó a la hora de comer helado. Ya se sabe que un helado de chocolate distrae del resto del mundo. Después del helado era ya hora de ir a la piscina. Y al volver –ya sin distracciones- lo primero que hicieron fue ir a ver cómo seguía el pajarito abandonado. Y oh, qué desolación, en el lugar dónde lo habían dejado sólo encontraron un par de plumas. Con un hilo de voz, el mayor comunicó a los presentes que no está el pajarito, sólo hay plumas, se lo han comido. Los padres dudaron de si darle la razón, o tratar de engañarle. Al final optaron por la vía más sencilla, es decir el engaño, porque enfrentar a los niños a la dura realidad es difícil y da mucha pereza en una tarde de verano. Que no hombre, que no, que seguro que lo han venido a buscar sus padres y ha perdido unas pocas plumas cuando se lo han llevado. El mayor miraba con cara de no creérselo, y el otro escuchaba paralizado por el terror. Y no dijeron nada más sobre el tema. Pero al día siguiente, lo primero que hicieron fue preparar cada uno un cubo con piedras para tirárselo “a los pájaros malos que comen pajaritos”. Toda una lección de vida.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Ese dulce momento del despertar

Si hay algo que me encanta, sobre todo ahora en vacaciones que tengo más tiempo, mucho más tiempo que perder, es acechar, cual animal de caza, el despertar de mis cachorros. Quedarme en silencio frente a ellos, o incluso tumbarme a su lado para acompasar mi respiración a la suya, y contemplar como duermen todavía plácidamente, hasta que de repente, como impulsados por un resorte, empiezan a desperezarse lentamente, estirando los brazos, dando una vuelta con pereza, frotándose los ojos, disfrutando todavía del sopor que les produce haber dormido bien y saboreando quizás quién sabe qué sueños, antes de abrir los ojos para encarar otro día, u otra tarde, si se trata de la siesta, con energía renovadas, qué digo renovadas, renovadísimas, como nuevos, completamente recargados para seguir descubriendo el mundo y emprendiendo nuevas y emocionantes aventuras, sobre todo ahora en verano que cada día trae mil y una emociones. Y me encanta, no puedo negarlo, que la primera cosa que vea sea la cara extasiada de su mamá.

sábado, 23 de julio de 2011

Que feliz verano

Nunca lo habíamos hecho, y decidimos probar suerte. Mucha gente nos había contado que era la mejor manera de afrontar un viaje largo en coche con la tropa, salir antes del amanecer para llevarlos dormido al menos las primeras horas del viaje y así avanzar un buen trecho en silencio, con los angelitos durmiendo placidamente en los asientos traseros. A mí, os confesaré, me sonaba un poco a ciencia ficción, pero como tiendo a ser una descreída, decidí darle una oportunidad a este sistema. Y así lo hicimos hace unos días, cuando nos disponíamos a iniciar nuestras vacaciones en la playa. El despertador sonó a las cinco, yo me desperté sin saber ni quién era ni qué tenía que hacer, el padre de las criaturas no estaba en mejores condiciones que yo. Al cabo de unos minutos nos pusimos en marcha, con bastante lentitud debimos de hacerlo, porque tardamos casi una hora en salir de casa con los niños ya en el asiento de atrás, y eso que lo habíamos dejado todo listo el día anterior (menos los niños, claro está) y que solo tomamos un café. Tres veces conté que estuvieran todos los niños en el coche, que no hubiera sido raro olvidarse alguno.
Empecé a conducir yo, pensando, ilusa de mí, que estaba espabilada. En la primera curva me di cuenta de que no lo estaba. Y seguía todavía luchando contra el sueño, cuando oi la primera voz, que confirmó mis peores pronósticos. "¿Por qué estoy en pijama en el coche?. No quiero estar en pijama". A ese comentario siguieron otros del tipo: "A mi oso no le gusta ir en coche. Quiere dormir en casa" o "Tengo frio, muchísimo frio, se me congelan los pies". Vamos, que nos encontrábamos con el peor de los escenarios posibles, es decir, los niños mucho más despiertos que los padres, que además, teníamos que conducir. No hace falta que me explaye mucho más, os imaginareis que el viaje se hizo eterno, casi más largo todavía que en condiciones normales porque ya se sabe que el sueño altera la percepción del tiempo. Eso sí, a la una de la tarde estábamos en nuestro destino. Y el resto del día fue una agónica espera hasta la hora de irnos a dormir. Vamos que no le veo ninguna ventaja a esto de pegarse el madrugón del siglo. Pero cada familia es un mundo y no hay fórmulas mágicas universales.
Pero bueno, dicho lo dicho, ya estamos de vacaciones. Entregados al complejo universo de los castillos de arena, la caza de cangrejos, la recogida de conchas, la observación de mareas y gaviotas... Y cuando ya llevo varios metros cuadrados de 'encremado', varios kilos de arena recogida, varias torres de arena derrumbadas por la ola y muchos muchos muchos achuchones a las fieras renegridas, hago un alto para desearos a todos un felícisimo verano. Que lo disfruteis como si fuera único e irrepetible, porque lo es.

jueves, 14 de julio de 2011

Esos recibimientos al llegar a casa

No creo que dure más de dos años. A lo sumo tres. Desde que empiezan a andar, y son autónomos para desplazarse por la casa, hasta que alcanzan los cuatro años y ya tienen otros intereses, y están en su habitación jugando a su bola. Pero durante esos años maravillosos, en ese tiempo (que pasa rápido, vuela, ya lo he comprobado con mis dos hijos mayores) una abre la puerta de casa al volver del trabajo y le reciben con un alarido de felicidad, y unos pasos atolondrados que corren hacia la puerta para recibirte como si fueras una estrella de hollywood. Pero no dura. Son solo unos años. Por eso hay que disfrutarlo. Yo lo hago cada día que llego a casa y abro la puerta presurosa para encontrarme lo antes posible con mi niña, que se me tira al cuello como un koala.

miércoles, 13 de julio de 2011

Carta a Esperanza Aguirre de un niño que quería jugar al tenis

Señora presidenta de Madrid,
Soy Mario y tengo casi ocho años, casi nueve. El año pasado iba a clases de tenis cerca de casa en el Canal con mi amigo Iñigo, que también tiene ocho y nos lo pasábamos muy bien, hacíamos cosas muy divertidas, nos gustaba sobre todo jugar al rey de la pista. Aprendimos a hacer el revés, la derecha y muchas más cosas. El próximo año nos gustaría seguir yendo para aprender más, y seguir pasándolo muy bien, pero dice mi mamá que ya no voy a ir porque va a ser mucho más caro, que antes nos costaba ocho euros y que ahora va a costar 80, y eso son 10 veces más, que ya me lo sé yo desde que tenía siete años. Y es una pena porque nos gusta jugar al tenis, pero claro, si cuesta mucho, pues no vamos a poder ir, y tampoco mi amigo Pablo, ni mi amiga Laura que se querían apuntar este año, porque además tenemos más hermanos y claro diez veces más de todos pues es mucho. En la tele dicen que los niños tenemos que hacer deporte para no estar gordos, pero claro si es tan caro… Y mi mamá se ha enfadado mucho y dice que si ahora el deporte va a ser solo para ricos. Yo creo que nosotros no somos ricos, aunque no sé si somos pobres, mi papá dice que lo normal.
(Las pistas de tenis del Canal de Isabel II, hasta ahora dependientes de la Comunidad de Madrid y uno de los pocos espacios que existen para practicar deporte en el centro de Madrid, han sido cedidas a la Federación Madrileña de Tenis. Consecuencia: las clases de tenis que el curso pasado costaban 17 euros mensuales (8,5 para familias numerosas, pues se aplicaba una reducción del 50%) pasan a costar a partir de septiembre unos 80 euros mensuales, sin descuento para familias numerosas. Y sí, estoy indignada. Soy una madre muy indignada. ¿Así se fomenta el deporte? ¿El deporte de quién fomentamos?).

martes, 12 de julio de 2011

Se sortean manguitos de última generación

No os haceis ni idea de las propuestas tan delirantes que me llegan a través del blog. Menos tirarme de un paracaidas con mi bebé (pero todo llegará), prácticamente me han propuesto de todo. Yo, por lo general, no hago mucho caso. Cierto es que de momento nadie me ha ofrecido nada que me retire de mi trabajo habitual ni convierta este blog en una mina de oro. Con frecuencia me mandan productos relacionados con el mundo infantil para que los pruebe y, de paso, os bombardee con publicidad. Yo de momento, como nadie me retira, pues hago oidos sordos, bien lo sabeis. Pero ahora, será que el verano y la inminencia de las vacaciones me han pillado más débil, y han logrado convencerme para que os hable de las excelencias de un chisme que me han mandado. Se trata de unos manguitos de última generación, llamados Puddle jumpers. Son una especie de manguitos con un flotador delantero. A mi niña de dos años le flipa nadar con ellos en la piscina, y la verdad que sí dan mucha seguridad. ¿Quereis unos para vuestros enanos? Pues la marca va a regalar uno entre los lectores /as de este blog. Así que ya sabeis, mandadme la anécdota más divertida que os haya pasado en la piscina con vuestros enanos, y la mejor, se lleva los manguitos. Que gane el mejor.

lunes, 11 de julio de 2011

El síndrome del abandono

Cuando era pequeña, cada vez que mis padres salían por la noche (que eran contadas ocasiones) a mí me entraba un pánico irracional a que nos abandonaran, a que no volvieran. Y tal era mi angustia que asomaba la nariz por la puerta de mi habitación para vigilar el trastero donde se guardaban las maletas, para ver si mis padres iban a por una y empezaban a empaquetar. Podeis llamarme paranoica. Pero en aquellos momentos yo estaba convencida de que me iban a abandonar, que se iban a marchar y no volverían nunca. Mis padres no solo nunca nos abandonaron a mí y a mis hermanos, sino que además casi no salían y estuvieron muchísimo con nosotros. Pero los miedos son irracionales e infundados. Y yo estoy convencida de que existe algo como un síndrome del abandono, ese pánico a que te abandonen tus seres más queridos. Y por eso debe ser que mi niña solo quiere dormir con nosotros, y que se pasa toda la noche, pero toda la noche, buscándonos con la mano, y acercándose a su padre o a mí para sentir que estamos ahí, y que no nos hemos ido.

martes, 5 de julio de 2011

Y además, soy una madre pusilánime.

"Pusilánime: dicese de aquel a quien le falta el ánimo o el valor para tolerar las desgracias o intentar las cosas grandes". Pues bien, aquí voy a reconocer ahora públicamente que además de ser imperfecta, soy una madre pusilánime. Me cuesta horrores afrontar los nuevos desafíos que plantea cada etapa del crecimiento de mis hijos, como quitarles el chupete, cambiarles de cuna, sacarles de mi cama.... Da igual que sea el primero, el segundo o la tercera. La experiencia no me ayuda, me cuesta muchísimo afrontar cada nueva etapa y me resisto tozudamente, prolongando las etapas hasta el límite de lo permitido (el mediano llevó chupete hasta los cuatro años y medio, que casi me denuncia la pediatra). Es más, con cada hijo me parece aún más difícil que con el anterior. Siempre pienso que al anterior se le daba mejor y era más espabilado.
Y ahora, concretamente ahora, me cuesta horrores quitarle el pañal a la niña (dos años y cuatro meses). Ha tenido que ser la abuela la que sentenciara hace dos días, arruinando mi paz y mi sopor del domingo: "a esta niña hay que quitarle el pañal ya mismo". ¡¿Pero ya ya?, pregunté yo desde la hamaca, tratando de resistirme. 'Ya. Es mejor en verano'. Y dicho y hecho. Le quitó el pañal, mientras yo pensaba en la pereza que me daba meterme en este berenjenal en pleno verano, con este calor, esta pereza... (en invierno me habría parecido aún peor momento, con ese frío, esos días tan cortos...)
Así que la abuela no me dio opción. Y casi mejor, a las pusilánimes hay que empujarnos para que actúemos. Así que ya tengo el verano hecho. Llevo dos días limpiando excrementos, me siento como si me hubieran regalado un perro.

viernes, 1 de julio de 2011

Visitas nocturnas

Pues al final he hecho caso a lo que me habeis aconsejado la mayoría -y también, para ser sincera, dejándome llevar por mi escasa falta de voluntad- y me he rendido ante las visitas nocturnas diarias de mi princesa y ya ni siquiera intento hacerle volver a su cama. La ayudo a encaramarse a mi cama, la recoloco y le doy la mano para que se duerma enseguida. Y así pasamos estas noches de tremendo calor entre vuelta y vuelta.
Y qué quereis que os diga, que cuando me despierto por la mañana y la veo ahí, o me despierta ella con sus manitas para reclamarme el biberón, siento casi más emoción que cuando amanecía con un novio nuevo.

martes, 21 de junio de 2011

Deberían inventar la sábana fantasma con llave

Llevamos así diez noches seguidas. Vamos, que se ha convertido ya en una práctica habitual el que todas las noches (no sé a qué hora, prefiero no mirar el reloj para no endemoniarme más todavía) se presente en nuestra cama. Y os diré que tiene mérito, porque al acostarla la dejamos bien sujeta a la cama con una de esas sábanas fantasmas que se cierran cremallera y les dejan solo fuera los brazos y la cabeza. Pero se ve que con sus dos añitos y tres meses ya tiene mi niña la maña suficiente para bajar la cremallera y zafarse del invento. Todo esto en silencio, sin decir ni mu, y sigilosamente viene hasta nuestra habitación, concretamente hasta mi lado de la cama, y me da golpecitos en el brazo hasta que me despierto.
Y no sé por qué no inventan un prototipo superior de sábana fantasma, que tuviera candado y llave. Ahí lanzo esta idea de negocio. Y habrá quien me llame de todo por sugerir esto, y quien me diga que hay que probar otros métodos de persuasión, tratar de convencer a la niña de que debe volver a su cama. Pero qué quereis que os diga, que seré una floja, pero a esas horas de la noche mi capacidad de diálogo y de persuasión está bajo mínimos; vamos, que no me sale ni la voz.

lunes, 20 de junio de 2011

Mi reino por una mirilla

Me acaban de dar en el cole del mediano un CD con fotos que han ido haciendo a lo largo del curso. Para que lo copie. Y eso acabo de hacer, y esta noche lo veremos juntos en el ordenador y así me irá contando qué hacían y cómo lo pasaban. Y eso me servirá de consuelo, porque si hay algo por lo que pagaría lo que me pidieran sería por poder mirar por un agujerito para ver a mis fieras en el cole. Para ver qué hacen en cada momento, cómo van al baño, unas veces en fila y otras corriendo, solitos, con una urgencia, cómo se lavan las manos, como se concentran para trabajar, cómo se cambian las galletas en la merienda... cómo se pelean por los juegos y con quién hablan y de qué. Lo que fuera, por esa mirilla en sus vidas sin mí.

Viva el verano

Llegó el verano. Bueno, oficialmente llega mañana a las 19,16 minutos, y durará nada menos que 93 días. Pero a efectos prácticos ya está aquí, con todo su calor. Y estoy feliz. Me encanta. Me gusta ir en vestido y chanclas, me gusta el sopor que da el calor, me gustan las bebidas frescas, los helados, el caos de los horarios con los trasnoches y los madrugones. Me gusta dejar de ser la madre sargento que va marcando los horarios a gritos. Me gusta darles para la merienda zumos de frutas y helados. Pero sobre todo, sobre todo, lo que más me gusta del verano es tener a mis cachorros medio desnudos, o desnudos completamente. Para abrazarles, para comérmelos a besos, y sentir su piel sudada y cubierta, la de los dos pequeños, todavía de pelusa. Para bañarme con ellos, agarrada a ellos, y chapotear en el agua tragando agua con todo lo que nos reimos. Y para dormirnos luego agotados, abrazados unos a otros, sudando. Por eso el verano es mi estación favorita.

jueves, 16 de junio de 2011

Que a quién quieres más

Me lo contó con la voz quebrada y juraría, aunque había poca luz y no se veía bien, que se le asomaban las lágrímas a los ojos. Me dijo, casi susurrando para que no le oyeran los niños que jugaban en el salón, que se había puesto a revisar los cuadernos que habían traido los niños del colegio ahora a final de curso. Y el niño, en un ejercicio de español donde le preguntaban a quién quería más había respondido con las letras grandotas y desiguales de los seis años, que "a papá". Y la niña, a la que habían pedido que dibujara a quién quería más (y digo yo que estas preguntas deberían estar prohibidas), pues había dibujado también a su papá, con barba y bici. "Por lo menos uno de los dos podía haber dicho a su mamá", me repetía sin entender nada esta madre maravillosa, que dejó su trabajo para dedicar sus días y sus noches a sus tres hijos. "Pero no, sólo quieren a su padre", me seguía contando a mí pero en realidad hablando sólo para ella. Y no supe qué decirle. Creo que no le dije nada. Pero entendí su rabia.

jueves, 9 de junio de 2011

Que nos han puesto un 9,5

Ayer por la tarde estaba en el trabajo y vi en el móvil que me llamaban de casa. Respondí a toda velocidad pensando que la chica tenía algún problema (ya se sabe que las madres estamos siempre en vilo), pero era mi hijo mayor. Para decirme que en el examen de conocimiento del medio le habían puesto un 9,5. Os aseguro que casi no pude responderle de la emoción y me sentí como si el 9,5 me lo hubieran puesto a mí. Y es que el pasado fin de semana nos lo pasamos 'repasando' el libro para este examen. Y sí, sé perfectamente que tienen que estudiar solos y que los padres hemos de limitarnos a preguntarles y comprobar que se lo saben, pero qué quereis que os diga, que tiene solo ocho años y que al final termino repasando con él y explicándole de nuevo todos los temas. Y espero que aprenda a estudiar por su cuenta antes de que su hermano entre en el ciclo de los deberes, porque sino no sé qué va a ser de nosotros....

viernes, 3 de junio de 2011

Hijos, periquitos y demás mascotas

En los dos años que llevo conversando con vosotros a través de la blogosfera en rarísimas ocasiones he respondido a los comentarios. No sé, ahora que lo pienso, si lo he hecho en más de una ocasión. Por lo general prefiero recibir con entusiasmo y orgullo los muchos comentarios positivos que me haceis llegar, en los que compartís conmigo y los demás lectores vuestras propias experiencias (este es el verdadero lujo del blog, haber creado una verdadera terapia colectiva). Y ante los negativos, que son muchísimos menos, pues hago oidos sordos, porque al fin y al cabo una es de la opinión que cada cual es libre de pensar lo que quiera y que cuantas más visiones diferentes de las cosas, mejor. Sin embargo, he ido percibiendo que hay una corriente de pensamiento según la cual aquellas que nos hemos metido en la maternidad, como suele ser algo que una elige conscientemente y, en teoría, en plena posesión de sus facultades mentales, pues no tenemos absolutamente ningún derecho a quejarnos y debemos soportar estoicamente todo lo derivado de la maternidad y la crianza. Son personas estas que, refugiados en el delicioso anonimato de la web, me dicen, por ejemplo, cosas como "Se siente..." cuando hablo de los problemas que suscita para los padres trabajadores el que los niños tengan tres meses de vacaciones en verano. Y qué quereis que os diga. Que en esta ocasión no estoy dispuesta a tragarmelo sin decir nada. En España tenemos una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. Y esto no es casual, sino que deriva de las enormes dificultades para conciliar la maternidad con la vida laboral. Y esto tiene su origen en una concepción social de la maternidad como un hecho individual, sin ninguna repercusión para la comunidad, no como en otros países donde tener hijos es una labor preciosa para la sociedad y por ello los que se ponen a ello reciben todo tipo de apoyos. Pero aquí, en esta España nuestra a veces he tenido la sensación de que yo me he puesto a tener hijos como otro se pone a criar periquitos. Y claro, si los periquitos te dan problemas, ensucian mucho y te despiertan por la noche, pues te aguantas y soportas que para eso te empeñaste en hacer colección de ellos. Pues más o menos así piensan algunas personas sobre el negocio este de los hijos. Y así nos va.

miércoles, 1 de junio de 2011

¡Socorro, se acaba el cole!

Y de repente ya estamos en junio. Inmersos todos en las fiestas de fin de cole, con sus atuendos correspondientes, las reuniones con los profesores, en los exámenes y trabajos de fin de curso. Desbordados. Y además con un serio problema que resolver: qué hacer con los niños en vacaciones. Porque dentro de nada nuestros angelitos ya estarán en casa. Los mios concretamente, el 13 de junio. Sí, el 13 de junio, que en su cole les dan las vacaciones antes, porque están agotados. Y ahí iniciarán sus tres meses de vacaciones. Noventa días. Y no es un tema baladí.
Por lo general los mortales tenemos como mucho un mes de vacaciones. Con lo cual quedan dos por resolver. Y ahí estamos todos los padres -no se habla de otra cosa a la salida del cole- haciendo composiciones y cábalas, calendario en mano, pensando cuándo y cuánto se puede tirar de abuelos, a qué campamento te puedes permitir mandarlo, que cuestan un ojo de la cara, y sino son tan caros es más difícil conseguir plaza que sacarse una oposición. En el polideportivo que está al lado de nuestra casa hubo 1.300 solicitudes para 100 plazas en un campamento urbano matinal. 13 niños para cada plaza (y no 130 como había escrito inicialmente, que parece mentira que me pase el día repasando las cuentas de mi hijo mayor, si es que no me da la neurona). Naturalmente no tuvimos la suerte de que nos tocara. Hubo que buscar otras opciones. Pero bueno, os dejo que voy a seguir mirando el calendario.
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lunes, 30 de mayo de 2011

Hoy es un día grande porque mi reina me ha dado su primer beso

Hoy es uno de esos días que hay que marcar en oro en el calendario. Esto no lo entenderán los que no tienen hijos (y por tanto no han sufrido esa mutación neuronal que tenemos los padres y madres). Pero para mí este 30 de mayo es un gran día porque mi niña me ha dado su primer beso. Sí, su primer beso!!! Llevábamos varios meses de intenso entrenamiento preparando este momento, en el que ha acercado su carita y ha hecho Muack contra la mía. No quiero entrar en detalles sobre si su primer beso se lo ha dado a la chica que la cuida durante el día. Es muy probable. No indagaré por ahí porque solo me falta amargarme por toooodo lo que me estoy perdiendo. El caso es que hoy me ha dado a mí, su mami, un beso en la mejilla por primera vez. Jeje, y antes que a su padre, que todavía no la ha visto hoy.

Y aprovecho este día de tan gran dicha para contaros que el viernes 3 de junio volveré a firmar libros (sí, el mismo del año pasado, Diario de una madre imperfecta, para qué os voy a engañar, los que me leeis ya sabeis que la vida no me da para más) en la Feria del Libro de Madrid. Ya os diré la caseta por si alguien se quiere pasar a saludar. O a comprar, que hay que terminar la edición!

viernes, 27 de mayo de 2011

El discreto encanto de las repeticiones, o porqué me gusta jugar a La nena no está.

Es bien sabido que a los niños les encantan las repeticiones. Hacer las cosas una y otra vez. Cuantas más veces, más les gusta. Y tengo que confesar que a mí también me gusta -de vez en cuando- sumergirme en ese bucle. Qué mejor manera de romper con la lógica, con la realidad, con el ritmo frenético en el que estamos inmersos que ponerse a repetir una y otra vez cómo hacen los animales (por cierto, ¿alguien sabe cómo hace el cocodrilo o la jirafa?). O a mostrar dónde están todas y cada una de las partes del cuerpo. Que no me canso de verselas señalar a la niña de mis ojos. Y sus ojitos se señala cada vez que le pregunto donde los tienes. Y luego me señala los mios, y casi me saca uno con su dedo regordete. O a jugar a 'La nena no está'. Para que se tape la cara con sus manos rechonchas y morenetas. Y se parta de risa con la cara medio tapada mientras yo finjo que la busco por la habitación. Y luego chille 'tas' con su lengua de trapo y 'reaparezca' ante mí como por arte de magia. Y de verdad que no me canso de hacerlo.

lunes, 23 de mayo de 2011

Estoy en esa etapa de mi vida en que solo puedo recomendar toboganes

Hubo una época en que yo estaba al día de las películas interesantes que salían, de los libros nuevos, de los restaurantes de moda, de las canciones que sonaban. Iba al cine, a los conciertos, leía con avidez... Luego fui bajando al ritmo, pero aún así me sonaban los nombres de las películas (que apuntaba mentalmente para verlas más adelante), sabía los restaurantes a los que iba la gente o estaba al tanto de cuando sacaban disco mis grupos favoritos. Ahora tengo que confesar que sería incapaz de decir el nombre de una película que esté en cartelera, de un album que tenga menos de cinco años y si os recomiendo un restaurante es probable que haya cerrado. Así que esta mañana, cuando en Yo Dona, la revista para la que trabajo, me pidieron que hiciera una recomendación de algo nuevo para la web, pensé que lo único que yo puedo recomendar en esta etapa de mi vida (ojo, que no me quejo, solo constato, que luego se me echan encima los que dicen que sarna con gusto no pica) son toboganes. Sé dónde están los más limpios, los más altos, los más resbaladizos, los más artesanales, los más rústicos. Y sin duda, los más divertidos: los que han instalado en Madrid Rio, ese inmenso paseo lúdico que sigue el reinventado Manzanares. Entre Pirámides y Legazpi. Son verdaderamente gigantes. Imprescindibles. Os lo dice una experta.

miércoles, 18 de mayo de 2011

De deberes, disfraces, gusanos y otras obligaciones escolares que nos caen a los sufridos progenitores

A pesar de ser una madre imperfecta, yo me esmero todo lo que puedo en cumplir mis obligaciones con el cole de mis hijos. Les ayudo con los deberes (echándole un tiempo considerable para repasar, que no hacer, corregir, ayudar, explicar... que es algo que nunca entenderé el por qué de repente los padres nos vemos obligados a hacer horas extras con los deberes), me encargo de que tengan todo el material escolar a punto y lo voy reponiendo con mimo a lo largo del curso, me implico con los trabajos especiales y me echo a los montes con entusiasmo para conocer la flora y fauna de nuestro entorno, hacer fotos y luego describirlo; trato de ir a verles (aunque no siempre es posible) y aplaudirles cuando compiten, cantan, recitan o bailan; les disfrazo en Carnaval y en las fiestas designadas discrecionalmente por el cole (hoy sin ir más lejos he mandado al mayor vestido de campesino, para celebrar el día de Castilla y León, y pertrechado con chorizo y dulces de mi tierra, y al mediano de chulapo con sus correspondientes rosquillas, sí, habeis leido, hoy 19 de mayo, ya sé que es muy original el cole de mis hijos y no voy a decir más por si alguien relacionado con el centro tuviera a bien -o a mal- ser lector de este blog).
De verdad que todo esto lo hago hasta con entusiasmo (como ayer, que para que fueran hoy tan contentos le hice una hoz de cartón a uno, para su traje de segador, y al otro un hermoso clavel de papel pinocho para su chaleco de chulapo). Pero hay veces que de verdad siento que están poniendome a prueba (o abusando directamente de la buena voluntad y paciencia de una). ¿De verdad puede obligarme la profesora de mi hijo mediano a llevarme a casa una caja de repugnantes gusanos de seda para que les alimente, les cuide y me quede con varios de ellos? Pues parece que sí.
P.S. Y os diré algo más, con 'solo' dos hijos metidos en esta dinámica escolar, ya no me da la vida para llegar a todo. Cuando la niña entre también en esta rueda no sé cómo haremos. Pero lo haremos, supongo.

Más plazas de escuela infantil pública



Tuve la suerte (milagrosa) de obtener plaza para mi hijo mediano en una escuela infantil pública cuando hizo dos años. Y pasó un año maravilloso. Atravesabas el umbral del centro y te sentías en Noruega, con aquellos colores, esas instalaciones, ese dinamismo.



Para la niña no he pedido plaza (principalmente porque como nos hemos cambiado de casa no tengo ninguna escuela pública cerca), pero aún así quiero sumarme a la reinvidicación de cientos de padres que se quejan por la escasez de plazas en el centro de Madrid, donde solo se han ofertado 176 plazas para el próximo curso.



Para mañana jueves 19 de mayo han convocado una protesta a las 18.30 en la Puerta del Sol.






lunes, 16 de mayo de 2011

La primera comunión

No puedo ser objetiva sobre el tema. Un trauma de infancia me lo impide. Seré breve: cuando hice la primera comunión tenía casi ya la misma estatura que ahora (1,70, fui una niña de crecimiento físico precoz), por lo cual en la foto de grupo yo sobresalgo por encima de las demás niñas. Todas ellas estaban adorables, con sus vestidos de tules y organzas blancos, mientras que yo estaba claramente fuera de lugar. Casi una cabeza le sacaba al sacerdote, no os digo más. Mi cara en la foto es un poema, se notaba que estaba pensando ¿qué he hecho yo para merecer esto?. Así que entendereís que no sea objetiva con el tema y que se me pongan los pelos como escarpias cada vez que veo las pseudobodas que se organizan con las primeras comuniones. Por eso, no os imaginais que alivio experimenté al oir al párroco de la iglesia donde hará mi hijo mayor la comunión el próximo sábado que tienen que ir todos iguales con una túnica blanca. "Un año que dimos libertad hubo todo tipo de excentricidades", dijo el párroco.
A mí me parece genial esta decisión, pero seguro que todavía hay alguna madre que se queda con ganas de vestirle de almirante con galones. O de emperatriz Sissi, que de todo hay en la viña del Señor.

jueves, 12 de mayo de 2011

Todo sea por Disneyland

Tengo que deciros que no soy muy fan de Disneyland. Incluso si os soy sincera cuando oigo los cuentos de familias amigas que se han pasado cuatro días corriendo de cola en cola, levantándose incluso al amanecer, para hacerse la foto con Blancanieves o con Bambi se me ponen los pelos como escarpias. Pero supongo, y esto solo es un suponer, que es uno de esos ritos de pasaje que a los padres nos toca hacer: llevar a los hijos al zoo, al circo, a un parque de bolas y a Disneyland. Y si no te dejas un riñón en el asunto, pues mejor que mejor. Todo esto para justificar que esta humilde bloguera se ha presentado a un concurso (y con esto probablemente decepcionaré a muchas lectoras, si es que me queda aún alguien por decepcionar) de blogs premiado con un viaje a Disneyland para toda la familia. Y que teneis que votar los lectores: http://elclubdelasmadresfelices.com
Pues eso, que qué no haría una madre por sus hijos.... Para lo que hemos quedado, para presentarnos a concursos de Disneyland.

viernes, 6 de mayo de 2011

¿Y tú alguna vez te has arrepentido?

Tengo bastantes amigas que no tienen hijos, algunas porque no han querido, otras porque aún no se han decidido a meterse todavía en este embrollo. Una de ellas me preguntó anoche: "¿Y tú alguna vez te has arrepentido de tener hijos?". Y os aseguro que al oir su pregunta lo primerito que me pasó por la mente, en un flash vertiginoso, fueron las últimas y demoledoras noches, que han sido peores aún de lo normal, los cinco últimos años -cinco, que se dice pronto, cinco años- en los que 'lo normal' ha sido no dormir nunca una noche de un tirón, las peleas y los gritos.... Pero también resonó en mi cabeza la voz de trapo de la niña diciendo, como dice ahora cada vez que llego a casa, "mimami". Y del mediano cuando se me tira encima como un oso. Y las bromas del mayor . Y respondí sin dudarlo, "Pues la verdad que no, nunca".

martes, 3 de mayo de 2011

Regalos del Día de la Madre

Os confesaré, así entre nosotras, que mi regalo ideal habría sido una tarde en un spa, o mejor aún, un fn de semana entero. O una semana. En Bali. Por poner distancia de por medio. Pero no coló. Y, a pesar de que estuve mirando ofertas (para irme, no a Bali, que más quisiera, sino un par de horas a un spa cerca de casa, que al fin y al cabo dos horas bien aprovechadas y en silencio es casi como irse a Bali) al final no me animé ( supongo que debido a la famosa culpa que todas o casi todas arrastramos y ese dichoso afán por querer -por qué, señor, por qué???- pasar el máximo tiempo posible con los retoños). En cualquier caso, no hubo autorregalo (con ganas me quedé, la verdad). Pero sí tuve toda una colección de regalos trabajosamente currados por mis hijos (desde aquí, mi más sincero agradecimiento a las profesoras de mis hijos que año tras año se desviven por sorprendernos a las madres de sus alumnos). Concretamente este año me cayeron dos retratos, uno más figurativo y otro más abstracto, una descripción muy prosaica de servidora. Y una poesía! sí, una poesía, que con ganas me quedo de reproducir aquí, pero que no haré porque es muy sentida y muy emotiva.
Con todo, lo mejor del día fue el mediano, con voz de no haber roto un plato en su vida, enmendando, la plana a su hermano mayor cada vez que hacía algo no aconsejable: "hoy hay que portarze bien, que el día de laz mamáz". Un año de las madres habría que decretar! Con retraso, felicidades a todas las madres, que mucho os lo mereceis todo lo que os hayan regalado.

martes, 26 de abril de 2011

Las antivacaciones

Con ese revelador título de 'Las antivacaciones' iba a contaros yo cómo han trascurrido estos días de asueto. Pero casi mejor voy a correr un tupido velo y mirar el futuro con optimismo. Sólo quiero dejar constancia de lo contenta que estoy, y lo digo de corazón, de tener un trabajo al que acudir y un centro escolar en el que depositar a mis hijos.
Feliz vuelta a la rutina!
Y también quiero dar la enhorabuena a la agencia española de metereología por lo certero y atinado de sus previsiones. Efectivamente, el tiempo ha sido tan horrible como dijeron que iba a ser.

miércoles, 20 de abril de 2011

Ese delicioso momento de hacer las maletas

Cada uno de nuestros viajes familiares en coche supone una nueva prueba de fuego para nuestro modesto y compactito monovolumen. El maletero siempre va a reventar. Los niños logramos atarlos a duras penas (con serio riesgo para nuestra integridad física, el día menos pensado pierdo un dedo en el intento) y nada más hacerlo bloqueamos las puertas para que no salgan despedidos por la presión. En esta ocasion va a ser un más difícil todavía. Es cierto que nos iremos 'solo' cinco miseros días. Pero todo el que tiene niños pequeños sabrá que te da igual irte para un fin de semana que para un mes, al final llevas prácticamente lo mismo (algo que el padre de las criaturas no termina de entender, y siempre acaba preguntando '¿pero hace falta llevar todo esto?. Desde aquí le reto a que haga él las maletas). Una barbaridad de cosas. Más aún si el pronóstico de tiempo es como el que es (y no voy a hurgar más en la herida). A la ropa primaveral propia de la estación que había empacado en el primer intento he tenido que añadir forros polares, chubasqueros y botas de lluvia. Pero también bañadores y set de piscina por si nos da por ir a alguna piscina climatizada para pasar el rato bajo la lluvia. Como las previsiones sigan empeorando me va a tocar bajar del armario los gorros y los guantes. También voy a tener que meter algún juego de mesa para poder entretener el tiempo que nos tocará pasar atrincherados en casa esperando a que escampe. Y pinturas. Y lápices. Y algún libro infantil. Y maizena para hacer natillas, que les entretiene mucho darle vueltas. E ibuprofeno, que seguro que alguno se pone malo. Y cuando estoy en este trance de las maletas es cuando entiendo porqué estoy sumida, a mi pesar, en la etapa más sedentaria y menos viajera de mi existencia.
¡Felices vacaciones!

lunes, 18 de abril de 2011

Sin ruedines

Uno de los hitos de la infancia es el momento en el que se aprende a montar en bici sin ruedines. Digo de la infancia aunque en algunos casos, como el mío, sea más bien la adolescencia. A los 13 años, con la misma altura que tengo en la actualidad, aprendió servidora a montar en bicicleta. Menos mal que mis hijos en eso no salen a mí. El mayor se lanzó cuando le faltaban dos meses para cumplir cinco años. Todo un prodigio de precocidad. Y no hizo falta dejarse los riñones llevando por detrás. Se lanzó él solito. El mediano hizo lo propio este fin de semana (en un día de campo maravilloso, bajo un sol preveraniego y una temperatura ideal que me ha congraciado con el mundo y sus habitantes). Y, con cuatro años y medio, superó la marca de su hermano. También lo hizo solo. Sin hipotecar los riñones de sus padres. Dijo con voz decidida: 'papá, que me quites los ruedines'. El padre, un tanto dudoso, se los quitó. Y el aguerrido ciclista se lanzó al mundo con esa alegría que dan los grandes descubrimientos. Ni él mismo se creía que iba ya tan solo y tan rápido. Pero allí que iba. Gritando: "Ez bellízimo". La verdad que no nos lo esperábamos y nos sorprendió tanta determinación. Al día siguiente, sin embargo, él mismo nos dio su explicación del gran avance: "Poz quería ir zin ruedinez para que M. (su hermanita) no me coja la bicicleta. Ezcondez los ruedinez". Ahí lo entendimos todo.

viernes, 15 de abril de 2011

El mundo entero contra mí

Llevo varias semanas sospechando que hay una conspiración contra mí. O que, sin enterarme, estoy de finalista de un reality show, con cámara oculta, y que en cualquier momento va a aparecer alguien y me va a decir: "Enhorabuena, has superado todas las pruebas, que no eran fáciles, y has logrado pasar a la final, que se celebrará dentro de dos semanas en la isla de Bali". Lo sospecho pero no logro confirmarlo, aunque los indicios son múltiples. El mundo entero está contra mí. Hasta la Agencia España de Metereología. Os aseguro que anoche cuando la chica del tiempo (esa que habla con todo detalle de la temperatura en las capas altas de la atmósfera) dijo que de jueves a domingo de la semana santa va a hacer malo, casi me pongo a llorar. P.S. A los afortunados/as que os vais de vacaciones ya este fin de semana, y que vais a aprovechar los últimos días de este verano adelantado que hemos vivido y que nos ha puesto la miel en los labios, pues que seais muy felices!!!!!! (sin acritud, de verdad).

jueves, 14 de abril de 2011

La gota que colmó el vaso

El amor de una madre no tiene límites. Es algo universalmente conocido. Algo muy aceptado en nuestro saber colectivo. Pero el de una madre imperfecta (y más aún de una imperfecta confesa) sí. Es limitado. Y se agota. Y con él, la paciencia. Y el aguante. Tiene que haber (y de hecho, hay) un límite a la cantidad de veces que un ser humano (aunque sea una madre amorosa) puede mediar cada día entre dos fieras, a la cantidad de colacaos derramados que limpia cada día, a las veces que arrastra niños al cole, que viste niños que se resisten a ser vestidos, que se resisten a ser alimentados, a ser lavados o dormidos. No sé, serán doscientas, trescientas, quinientas. en un trimestre. Pero tiene que haber un límite. Y yo lo he rebasado. Lo confieso públicamente. La gota que colmó el vaso fue esta mañana, último día del trimestre escolar más largo de la historia de la escolarización, cuando el mediano se negó a desayunar y a vestirse, como ha hecho todas y cada una de las mañanas de este curso escolar.
Será que este año las vacaciones de Semana Santa llegan más tarde. Y ya estamos todos muy cansados. Del mundo exterior. Y de nosotros mismos. Pero a mí se me ha colmado el vaso. Y se ha derramado el agua. Como el colacao.

lunes, 11 de abril de 2011

Test de estrés para padres

Mucho se está hablando de someter a tests de estrés a las centrales nucleares. Yo creo que también habría que someter a los padres a estas pruebas y al que no lo pase alejarle por un tiempo de sus retoños. Por el bien de todos. Os voy a proponer una. Algo sencillo y cotidiano. Se trata de llevar a uno de los niños, al mediano por ejemplo, al cumpleaños de un amiguito. En el otro extremo de la ciudad. Deberás convencer al padre de la criatura, por lo general reacio a usar el coche en ciudad, de que vayais todos en coche, para luego ir a dar un paseo al campo. Hay que salir de casa media hora antes de la cita del cumpleaños con los tres niños vestidos y el regalo. Parece fácil, verdad? Pues aquí empezamos con los obstáculos, que en una prueba de estrés lo que se valora es la capacidad de hacer frente a los imprevistos (sean tsunamis o rabietas):

  • La Castellana está cortada por una manifestación contra ETA. Eso obliga a dar vueltas por todo el centro de Madrid sorteando las masas. Lo que iba a ser un trayecto sencillo de un cuarto de hora se convierte en un periplo de casi 60 minutos.

  • A los cinco minutos de salir de casa vomita el mediano. A los diez minutos se une el mayor (tan solidario él).

  • Cuando habeis logrado dejar atrás a los manifestantes os dais cuenta de que os habeis olvidado el regalo en casa. Y a un cumpleaños no se puede ir sin regalo, así que dais un par de vueltas por la zona para ver si hay algún sitio donde comprar algo. A los diez minutos, con los niños cubiertos de vómito y el mediano llorando porque él quiere llevarle el regalo que ha elegido él mismo para su amiguito y no otro cualquiera, desistís de la idea.

  • Desecharás la tentación de darte a la fuga, porque lo que realmente te pide el cuerpo es echarte a correr en un semáforo en rojo.

  • Finalmente decidireis agarrar el toro por los cuernos y llevar al niño al cumple sin regalo.

  • Subirás a la casa del cumpleaños con el niño sucio y sin regalo. Y, aquí va la última etapa de la prueba de estrés, te tocará pedirle un cubo de agua y una bayeta a alguien completamente inesperado, pongamos por ejemplo a una ministra, amiga de la madre del festejado, que te abrirá la puerta y te dará un par de bayetas bien escurridas mientras tú no sabes si llorar o aparentar normalidad a pesar de todo.

  • Limpiareis el coche en la calle y subireis todos a la fiesta de cumpleaños como si no hubiera pasado nada. Evitareis daros a la bebida, que sería lo suyo.

miércoles, 6 de abril de 2011

Palabras prohibidas

Cada uno de mis hijos está en una etapa diferente en su aprendizaje del lenguaje (el mayor habla y lee, el segundo habla pero no lee, y la pequeña no dice prácticamente inteligible) así que nos enfrentamos a todo tipo de situaciones. La otra noche por ejemplo durante la cena, con todos delante, el mayor va y suelta: -"En el diccionario vienen palabras impresionantes" - "Ah, sí, ¿cómo cual?", pregunté yo, corta de reflejos, sin mucho interés, pensando que me iba a responder algo como "desorbitado" o "estratosférico". "Pues puta, puyazo... vienen todas en el diccionario", respondió con visible sorpresa, ante la mirada atónita de su hermano mediano, que, sin saber de qué hablábamos, enseguida captó que su hermano se adentraba por terrenos prohibidos. "Y son palabrotas", añadió el mayor, insistente, ante la mirada del mediano, quien no podía ni tragar las croquetas de la perplejidad por la conversación de la que estaba siendo testigo. Y ahí me tocó explicarle porqué unas palabrotas estaban en el diccionario. No sé si logré hacérselo entender, la verdad. Y mientras el mayor trata de asimilar el hecho de que una horrible palabrota absolutamente prohibídisima estuviera impresa y bien impresa en un libro tan respetable como el diccionario, el mediano se ha dedicado a hacerle un curso intensivo en escatología a su hermana pequeña, que aún no dice nada comprensible, pero que, sin embargo, gracias a la ayuda de tan diligente profesor particular, ya sabe decir perfectamente "caca" y "pis". P.S. Y hoy, 6 de abril, la niña de mis ojos cumple dos añitos. Y se agarra dos deditos de una mano con la otra para decirnos "do" cada vez que le preguntamos, con esa insistencia de la que somos capaces los adultos cuando nos hace gracia algo de nuestros niños, que cuantos años cumple. Y os aseguro que cada vez que lo hace (y van ya muchas) me la quiero comer a besos. Os dejo que me voy a terminar de decorar la tarta que le he hecho, porque una es una madre imperfectísima pero vamos, la tarta de cumpleaños de mis niños la hago yo siempre. Faltaría más.

lunes, 4 de abril de 2011

Abdicación temporal

¿Os acordais de cuando el rey Balduino de Bélgica abdicó durante dos días y suspendió su reinado para no tener que aprobar la ley del aborto? Bueno, pues así me sentí yo el día que llevé a mis hijos a una sesión de juegos de la Play Station. Invitaron a todos los niños de mi trabajo a una sesión para probar todos los nuevos juegos, todas las nuevas consolas, los nuevos juegos. Todo ello con merienda a base de gusanitos, Fantas varias, Panteras rosas y tigretones (llevaba décadas sin verlos, yo pensaba que ya los habría prohibido la Unión Europea ), productos que nunca ha entrado en nuestra casa. A mis hijos se les salían los ojos de la órbita al verse allí. No podían creerse que la tirana implacable de su madre les había llevado a un lugar similar. Al principio dudaron unos segundos, y luego se abalanzaron sin dudarlo ya sobre todas las tentaciones que se les ofrecían. Y yo, ahí, pues eso como Balduino cuando abdicó, mirando el reloj para ver cuanto tocaba de nuevo volver a la faena

jueves, 31 de marzo de 2011

¿Cómo sería yo si durmiera?

Por fortuna no ocurre con frecuencia. Normalmente estoy tan dormida y tan cansada que me mantengo en una especie de embotamiento crónico, y eso hace que no me cuestione nada ni piense que podría haber otras maneras de vivir y que sin duda hay otros mundos y están en este. Y casi es mejor, la verdad. Me limito a sobrevivir y a tirar para delante, a ser posible, con alegría y buen humor, aunque no siempre. Pero de repente, por alguna conjunción cósmica de esas que ocurren una vez cada medio siglo, logro dormir una noche entera, o por lo menos cinco horas seguidas (cinco horas seguidas, ¡dios mío!, cinco horas de un tirón) y con un sueño verdaderamente reparador, tan reparador que a la mañana siguiente me levanto casi (y digo casi porque naturalmente hay daños irreversibles) como nueva. Y me vuelvo a sentir yo misma. Yo como era antes de no dormir. Yo como era antes de ser un cadáver agotado que se queda dormida a las nueve en cuanto acuesta a los niños, y que se va a la cama a las 9,30 para ir durmiendo un rato antes de que se empiecen a despertar al poco rato. Yo como una persona normal que ha dormido y se levanta con energías, sin sentirse un condenado a trabajos forzados, sin ser una versión femenina y posmoderna del Sísifo clásico. Yo con ganas de comerme el mundo. Y en días así, que ya os digo que son poquísimos, pienso en todas las cosas que podría hacer, en todos esos retos que podría enfrentar si estuviera siempre así, un día tras otro. Naturalmente querría a mis hijos más y mejor todavía, con mucho mejor humor y más paciencia. Y lo pasaría mejor todavía con ellos porque estaría de mucho mejor humor y con más ganas de fiesta. Pero además aprendería idiomas, y mejor aún, evitaría que se me olvidaran para siempre los que tanto esfuerzo me costó aprender (empezando por mi lengua materna...). Iría a clases de pintura, que es el sueño de mi vida, aprender a pintar bien. Y también a clases de baile, de danza del vientre. Haría más deporte, triathlon, por ejemplo. Me buscaría un amante, o, mejor aún, recuperaría al que fue mi amante y ahora es compañero de curro. Iría impecable, sin manchas, planchada, y a la moda. Escribiría más libros. Abriría un negocio que el cuerpo me pide ser mi propia jefa. Pero ya os digo que estos momentos son escasos. Muy escasos. Son como un fogonazo de lucidez que me ilumina unas pocas horas. Al día siguiente, tras una nueva noche en las galeras, todo se ha esfumado y yo vuelvo a ser de nuevo una persona con sueño. Y sin embargo, no puedo evitar pensar cómo sería yo si durmiera.

Cosas que siguen pasando

Me cuenta una amiga, madre de tres hijos pequeños como yo, que en el centro de la gran ciudad a eso de las siete de la tarde (hora en la que día tras día, prácticamente sin excepción, servidora se arremanga y se dispone a iniciar la dura faena vespertina) la gente sigue saliendo del trabajo y se sigue yendo a tomar algo, normalmente alcohólico, en uno de esos lugares que han proliferado bajo el nombre de afterwork, y que a mí se me antoja una marcianada total porque para mí no hay afterwork que valga, o entra en una tienda a echar un vistazo de la ropa que toca llevar esta primavera, o tiene reuniones de trabajo en hoteles, o pasea por las calles abarrotadas. Y me asegura que sí, que hay mucha gente. Y qué quereis que os diga, que estas noticias del mundo exterior no dejan de sorprenderme, porque a veces, metida como estoy en mi burbuja o en mi túnel de la crianza, pienso que el mundo se ha detenido, y por eso me sorprende que sigue girando, y que a esas horas críticas del atardecer haya vida más allá de los pañales, los baños y los purés.

lunes, 28 de marzo de 2011

Como si no hubiera cambiado la hora

Supongo que he de estar contenta: en mi casa el cambio de hora pasa completamente inadvertido. Vamos, que ni se enteran las fieras de que el reloj se ha saltado una hora. Ayer a las siete y media de la tarde (es decir, las seis y media del día anterior) ya estaban los dos pequeños exigiendo la cena como cualquier otra tarde. "Que ez tardíiiiizimo!", clamaba el mediano. Y la pequeña, que sigue sin decir nada inteligible, acompañaba sus exigencias encaramándose a un taburete para coger uno de sus cuencos de colores, que es lo que hace cada vez que tiene hambre: se coge su propio plato (en un gesto que a mí me recuerda a los que iban al comedor de los pobres con su escudilla metálica), se sienta a su trona y golpea la mesa para reclamar comida. Así que nos tocó hacer la cena contrarreloj, entre chillidos y porrazos, que no hay nada que me estrese más en el mundo. Cenaron a la velocidad de la luz y a las ocho y media ya estaban en la cama como siempre, que es algo en lo que soy inflexible, mientras hay cole, se acuestan a las ocho y media, aunque les dé el sol en la cara!

miércoles, 23 de marzo de 2011

Visiones infantiles de la guerra

Una vez más la televisión vuelve a traernos la guerra hasta nuestros salones. Al mediano de momento prefiero mantenerlo alejado del mundo real, pero al mayor, ocho años y medio, hemos decidido, poco a poco, irle abriendo los ojos al mundo en el que le ha tocado vivir. Y antesdeayer le expliqué, con palabras muy medidas para que lo entienda, lo que está ocurriendo en Libia. Y estas han sido sus reflexiones:
"¿Y por qué la gente hace la guerra, mamá, si es muy mala? ¿Por qué se disparan cohetes?
"Mamá, ¿verdad que llevar escopeta es de muy mala educación?"

Qué pena que toda esta sensatez se pierda cuando nos hacemos mayores...

jueves, 17 de marzo de 2011

'Duerme bien, crece sano'

Mañana 18 de marzo es el Día Mundial del Sueño. Y con tal ocasión la Sociedad Española del Sueño, la Sociedad Española de Neurología y la Asociación Española de Pediatra han lanzado la campaña Duerme bien, crece sano.
Parece ser que los trastornos del sueño -que mis hijos sufren durante los primeros dos años y medio de vida, como bien sabreis a estas alturas todos los sufridos seguidores de este blog- aumentan en los niños el riesgo de obesidad, hipertensión, el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, la irritabilidad, la inestabilidad emocional y el fracaso escolar. Mis hijos, la verdad, y desde aquí doy gracias, no han sufrido ninguna de estas consecuencias. Como dicen los pediatras cada vez que les he consultado este tema, "el niño duerme mal, pero lo importante es que está muy sano".
Efectivamente, los niños están muy sanos. Y de eso doy gracias. Pero ¿ y los padres? ¿quién se preocupa de los padres?
La Sociedad Española del Sueño, la Sociedad Española de Neurología y la Asociación Española de Pediatría advierten que "es necesario concienciar a la población de que el sueño es algo fundamental para la calidad de vida, y también para la cantidad de vida ya un creciente número de estudios muestran que la mala calidad del sueño determina ya desde edades tempranas de la vida nuestra salud y aumenta el riesgo de padecer determinadas enfermedades en un futuro”.
Yo me considero más que concienciada de que el sueño es fundamental, y soy la prueba viviente de que la mala calidad del sueño durante un periodo de tiempo prolongado (exactamente cuatro años y medio) perjudica mi salud y sin duda aumenta el riesgo de padecer enfermedades, y, añado yo de mi cosecha, acelera el envejecimiento del organismo. Además de tener otras consecuencias como el deterioro de mi relación, el aumento del riesgo de divorcio... y demás.
Pero después de haberlo intentado todo todo os confesaré que a estas alturas no me queda más que rezar para que la niña siga el patrón de sus hermanos y empiece a dormir a los dos años y medio (ya sólo nos queda medio año de insomnio, yipiiiii)

martes, 15 de marzo de 2011

Al cielo

Nunca me había pasado antes. Me lo habían contado otras madres, que a cierta edad a los niños les entra la preocupación por la muerte. Pero a los míos nunca les había dado por esas cuestiones tan trascendentales. Hasta ayer, cuando iba con el mediano (cuatro años y medio) por la calle:
- Mami, yo no me quiero ir al cielo.
- ¿Y por qué te vas a ir al cielo?
- Poz cuando me muera. Pero yo no quiero.
- Pero ahora no te vas a morir, te morirás cuando seas viejito, y todavía eres muy pequeñito.
- Poz cuando sea viejito, y me moro, me agarro fuerte fuerte a una farola, con mucha fuerza que yo como mucho y tengo mucha fuerza, y azí ya no me voy al cielo.
- Eso, eso tú te agarras muy fuerte y así ya no te vas.

viernes, 11 de marzo de 2011

¿A qué colegio llevas a tus hijos?

Llevo varios días en que, por unas u otras razones, no hablo otra cosa que de colegios. Como si el mundo entero viviera pendiente de escoger centro escolar. No es mi caso, porque la niña aún tiene dos años y el próximo curso no le toca todavía entrar en el colegio. Pero sí a mi hermana, a varias amigas... y en mi revista acabamos de publicar un reportaje sobre métodos educativos. Así que me lo sé todo (en realidad no tengo ni idea, pero ya sabeis la manía que tenemos los periodistas de creer que sabemos algo). Y le he dado muchas pero muchas vueltas al tema. En el colegio donde van mis hijos (el mayor ya a 3º de primaria, el mediano a 2º de infantil) no hacen una sola letra ni un número hasta los 6 años. A mí al principio me sorprendió. Y desde luego esto casi me va a costar que me he desherede mi familia (con varios miembros que se dedicaron a la enseñanza y a los que le parece intolerable que una personita de 6 años sea analfabeta) Yo, la verdad, no sé si es bueno o malo, si es desperdiciar años valiosos, si esto tendrá consecuencias en el futuro, si deberían irse preparando para el mañana, si sería mejor que leyeran antes, si esto les va a causar un retraso irrecuperable. Pero qué quereis que os diga. Que, después de darle muchas vueltas, estoy encantada -y esto supongo que es hacer de la necesidad virtud- de que mis hijos alarguen un poco más su infancia, que ya tendrán tiempo -toda la vida- de estar sumidos en letras y números. Y qué maravilloso que puedan pasar algún añito más (¿qué son seis años en una vida?) dedicados exclusivamente a pintar con todos los colores, a emborronar papeles sin seguir más instrucción que su imaginación, a jugar y a construir inventos con plastilina y cartones. Sin hacer fichas, ni nada que limite esa desorbitada creatividad de los pequeñajos. Sumidos en un mundo completamente infantil, lúdico y totalmente delirante, sin letras ni números ni nada que les anticipe lo seria que se pone luego la vida.

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