miércoles, 29 de diciembre de 2010

Balance del 2010

Ahora que el año llega a su fin abundan los balances, los resúmenes y los listados de 'así fue el año'. Yo, la verdad, no soy muy dada a hacer balances, prefiero vivir en la inconsciencia y no deprimirme por lo que no hice o dejé de hacer, pero esta vez no he podido evitarlo y he sucumbido a la tentación de pasar revista a lo que fue este 2010 (será que como voy a cumplir dentro de nada 40 años -con lo cual me convertiré en una cuarentona, como me echó en cara un nada amable lector o lectora que se refugió en el anonimato para decirme esto y otras lindezas peores-voy ganando en capacidad de reflexión, cordura y saber estar). Y la verdad que no he tardado mucho en hacer el balance de mi 2010. Se resume solito:
- Películas vistas en casa: 1
- Películas vistas en el cine: 1.
- Películas empezadas a ver en casa y que no logré terminar por sueño: 2.
- Obra de teatro: 1.
- Conciertos: 1.
- Exposición: 1 (es decir, una exposición que he visitado yo solita, porque para mí correr delante de los cuadros sujetando niños y vigilando que no rompan algo no cuenta).
- Libros leídos enteros con total comprensión de su contenido: 2.
- Libros dejados a la mitad porque no lograba entenderlos o había olvidado de qué iban al retomar su lectura: otros 2.
- Libros que esperan a ser leidos en una estantería: 15.
-Libros publicados: 1 (aunque en realidad Diario de una madre imperfecta fue escrito en 2009, así que no cuenta para 2010)
- Blogs decadentes actualizados: 1 (soportado pacientemente por sus lectores, desde aquí, gracias por el aguante)

Es decir que pensándolo fria y racionalmente, con esa capacidad de análisis que me dan los casi 40, este 2010 ha sido cultural e intelectualmente (por dios, que esto no lo lean mis jefas) el año más pobre y embrutecedor de mi existencia, para qué negarlo.
Pero eso sí he hecho decenas de galletas de mantequilla y un montón de pizzas al alimón con varias manos redonditas y sonrosadas, he cosido varias bufandas para mis criaturas, he impartido varios cursillos elementales de destrezas físicas (flotar con manguitos, correr sin ayuda adulta, subir y bajar del columpio, ponerse y quitarse zapatillas y hasta camisetas con botones, dar vueltas de campana, tirar balón al aire, saltar de la bicicleta, cortar papel sin dejarse un dedo) he actualizado mi competencia matemática logrando un dominio absoluto de las tablas de multiplicar y, sin duda, he mejorado mi destreza para la multitarea (ya logro hacer no sólo dos sino tres y hasta cuatro cosas a la vez). Así que quizás el año no haya estado tan mal.

P.S. Y ahora que lo pienso, hoy todavía estoy a tiempo de verme otra peli, en casa o en el cine, y así doblar las pelis vistas este año y dejo el listón altísimo para el 2011.
Y por si no vuelvo a escribir ningún post este año, que vista mi frenética actividad intelectual será lo más probable, ¡Feliz Año Nuevo!

jueves, 23 de diciembre de 2010

La emoción de la Navidad




Ocho años llevo ya metida en la crianza. Ocho años siendo madre, que eso sí que te cambia la vida, llevando niños de aquí para allá, al parque, al cole, preparando comidas, papillas, biberones, poniendo termómetros, cambiando pañales... Vamos, que no soy una novata en el tema, y aún así, lo que más me ha impresionado de todo este negocio, la vez que más me he sentido una verdadera madre de familia ha sido el otro día cuando vi a mis hijos poniendo por primera vez el belén (que este año, con casa nueva hemos puesto un belén de verdad con todas sus figuras, su serrín y su musgo). Me impresionó verme a un lado del belén y que fueran ellos los que colocaban las figuritas. "Ahora eres tú responsable de sus ilusiones", me explicaba una prima mía muy sabia y sensata. Y será por eso, pero me emocionó verlos. Y me sentí madre de familia, de las de verdad, como si lo anterior no contara... Que tonta es una.


Pues todavía con la emoción os deseo a todos Feliz Navidad! Y lo hago con la obra de arte del mediano (os traduzco porque escribe en su propio alfabeto: en la parte superior pone Que seais muy felices!').


















jueves, 16 de diciembre de 2010

La compra por Internet

Os confieso que estoy completamente rendida a los avances de la modernidad. Todo con tal de simplificarnos la vida, que ya bastante tenemos. El último al que he sucumbido ha sido la compra del super por Internet. La primera vez que vi mi pedido (con sus 36 litros de leche), ahí empaquetadito en el hall de mi casa, sin haber pisado el supermercado, me tuve que contener para no darle un beso de tornillo al amable repartidor. Sí, es cierto que sube un poco el coste del pedido (entre 7 y 10 euros, según el super) pero por dios, me lo quito de otra cosa con tal no de perder tiempo arrastrando un carro que pesa más que yo.
Muchas de mis colegas son también adictas a la compra de ropa en la web, encuentran verdaderos chollos pero yo ahí no llego. Mis compras se limitan a lo estrictamente indispensable, vamos para comer. Aunque ahora en navidades los juguetes también entran en esa categoría. Por eso me he dado una vuelta por la juguetería online http://www.cleverkid.es/ Juguetes de verdad educativos y te los traen a casa! Muy recomendable el de mímica y sonidos. El mediano y yo estamos enganchados. Se muere de la emoción cada vez que logra adivinar algo. Y yo con él, la verdad.

La madre zombie

Os voy a ser muy sincera: Lo peor de todo este negocio es el cansancio. El mero cansancio físico. La extenuación. Cansancio acumulado de meses y hasta años sin dormir. Estoy tan agotada que hay veces cuando voy en metro que me dan ganas de tumbarme en un banco de la parada y dormir. Hay veces que siento que podría dormir durante una semana, porque aunque alguna noche duerma mejor (por eso de los turnos, hoy me toca a mí, mañana a ti, que mantengo con el sufrido e igualmente extenuado padre de las criaturas). No cierro los ojos cuando espero al metro sentada porque me da miedo entrar en un letargo sin fin. Cualquier día me despierto en un albergue para sin techo. Yo creo que si durmiera, si no estuviera tan pero tan horriblemente cansada, todo se me haría más llevadero. Los deberes, las travesuras, el caos, la logística diaria, las dificultades de la numerosez. Seguro que todo sería más fácil si durmiera. Porque tendría cabeza, energía y buen humor para hacerle frente a todo. Pero de momento, mucho me temo, me toca seguir ejerciendo de madre zombie.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Volare, oh oh oh

Decididamente volar se ha puesto cada vez más difícil. Y con niños es ya toda una proeza. Lo es en circunstancias normales, no te digo ya cuando concurren circunstancias sobrevenidas como la dichosita huelga de los controladores. La próxima vez que vuelva a hacer la locura de acometer un vuelo con la familia numerosa voy a necesitar apoyo psiquiátrico previo. Sólo me consuela pensar que esto ha sido todo un hecho histórico, sin precedentes, de esos que se recordarán "cuando ibamos de puente a venecia nos cerraron el espacio aéreo". En nuestras narices nos lo cerraron, vamos, y con las maletas en la bodega del avión. Siete horas tuvo que esperar el paciente padre de las criaturas para recuperarlas. Una se volvió a casa con la tropa llorosa. Y esperamos todo el sábado en casa, sin saber qué hacer, si deshacer maletas, si ir a comprar comida... Hasta que logramos que nos dieran un vuelo para el domingo por la mañana. Al amanecer prácticamente, y encima dando gracias porque salvábamos el puente. Cola de dos horas para facturar equipaje y de ahí al control de seguridad. 'Señora, tienen que quitarse las botas y los cinturones, los dos niños también". Y tú, como un autómata ya a estas alturas, te quitas botas, cinturón, las pones en una bandeja, con las botas de los dos niños y sus cinturones. Y coges a la niña en brazos porque toca doblar la sillita para pasarla también por los rayos X. Y la niña como ve que sus hermanos van descalzos se quita ella también sus botitas moradas y las lanza contra una señora. Y tú las vas a buscar, pides perdón a la señora, mientras el padre va metiendo los cinco abrigos por la cinta. Y las bufandas. Y las mochilas. Y pasas por el arco de rayos X con los niños. Primero uno. Luego otro. Y luego tú con la niña en brazos. Y el mediano pita al pasar. Y vaya susto que se lleva. Y le tienen que cachear. Sí, al de cuatro años. Que una cosa es que yo le llame terrorista cuando me enfado y otra cosa es esto, que le cachee un guarda de seguridad. El pobre lívido con sus bracitos en alto. Y ala, a ponerse todos las botas, y los cinturones. Y recuperas todo. Y a los tres niños. Y ala al avión (con una pausa de rigor en el parque de juegos de la T4, el único reducto agradable de todo el proceso de volar, desde aquí, gracias AENA). Y cuando llegamos por fin al avión estoy ya tan agotada que no me tengo casi en pie, me duelen ya los brazos de cargar a la niña y arrastrar bultos. Pero estamos felices de haber logrado llegar hasta allí. Y suspiro al sentarme en mi asiento. Y entonces se nos acerca el sobrecargo del avión y le dice a mi hijo mayor: "Tú no tienes padres, tienes héroes, porque hoy en día para llevar de viaje en avión a tres niños pequeños hay que ser un héroe". Casi me se salieron las lágrimas, de verdad.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Recogida de juguetes

¿Cuantos juguetes en perfecto estado tenemos en casa que nuestros hijos ya no usan? La mejor opción es donarlos para otros niños. O también podemos aprovechar, ahora que muchos estamos ya adelantandonos y haciendo de reyes magos, cuando compremos algo para nuestros hijos adquirir también algo para esos niños que no tendrán unos reyes tan opulentos como los nuestros. La iniciativa, a la que me sumo con entusiasmo, es de Mujeres para el Dialogo y la Educación, que ha puesto en marcha su VII Campaña ¡Claro que sí! de Recogida de Juguetes.
http://www.mde.org

Estos son los puntos de recogida

Hotel Miguel Ángel
C/ Miguel Ángel, 29-31
Horario: de lunes a viernes
de 8:30 a 16 h.
Contacto: Marta Villegas

Novotel Madrid Puente de la Paz
C/ Albacete,1
Horario: de lunes a viernes
de 8:30 a 16 h.
Contacto: Javier Beltrán

Hotel Convención
C/ O’Donnell, 53
Horario: 24 H.
Contacto: Juan Romero

Hotel Silken Puerta América
C/ Corazón de María, 10
Horario: lunes a domingo de 8 a 20 h.
Contacto: Olivia Góngora

Hotel Tryp Ambassador
Cuesta de Santo Domingo, 5
Horario: de lunes a viernes de 8 a 20 h
Contacto: Carlos Herguedas

Hotel Tryp Gran Vía
Calle Gran Vía 25 (Metro Gran Vía)
Horario: de lunes a viernes de 9 a 14 h
y Sábados de 10 a 13 h
Contacto: Joaquín del Toro

De puente

Nos vamos de puente. A Italia, a ver la familia paterna. Qué apetecible, ¿verdad? irse de escapadita a Italia. Pues os diré que estoy con taquicardia, me tiemblan las manos del stress. Elegimos esta fecha por no ir en Navidades, entrado el invierno, para que no nos pasara como las navidades pasadas cuando una ola de frio polar sacudió Europa y de paso nuestro avión que tuvo unas turbulencias que aún me quitan el sueño. Pues bien, la ola de frio polar se ha adelantado y está ya sobre nosotros. Y volamos esta noche. Si la nieve nos deja. Aún tengo que salir del trabajo, correr a casa, terminar las maletas, vestir a los niños, preparar todo para el vuelo (biberón, pañales, bocadillos, chuches, toallitas, billetes, documentos.... por dios, me están entrando sudores frios) e iniciar el desplazamiento al aeropuerto (en dos tandas, porque no cabemos todos en un taxi, ni el coche de mi santo hermano que se ha ofrecido a llevarnos). Y allí vigilar para que no se nos pierda ningún niño, que es lo que me dice siempre mi madre cada vez que vamos al aeropuerto (cada vez menos, ya os digo que casi no viajamos), 'por dios, que no se te pierda un niño'.
Os aseguro que cuando por fin me siento en el avión, comprimida en el asiento con la niña encima me tiemblan las piernas del stress y experimento un alivio incomensurable de haber logrado llegar hasta allí con los tres niños, todas las bolsas.... Y eso que el viaje no ha hecho más que empezar en ese momento. Pero de verdad que hasta que no me siento en el avión no respiro. Me tomaría un tranquilizante, pero entonces sí que se me perdería un niño en el aeropuerto.
Ala, buen puente a todo el mundo. Y que no se os pierda nadie. O mejor aún, perdeos vosotros.

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