miércoles, 21 de julio de 2010

Estampas del veraneo o Gimkana estival

- La primera prueba a superar obviamente es el traslado hasta el lugar elegido para el veraneo (gracias a la lectora –Baballa, eres grande- que agudamente sugirió este encantador y sugerente vocablo para designar ese periodo que transcurre fuera de la residencia habitual durante el que se realiza un trabajo no remunerado y del que se regresa mucho pero mucho más cansado de lo que se llegó). En nuestro caso fue el Levante, que dicen ante es la playa más cercana a Madrid, pero os aseguro que a mí se me antojó tan lejano y exótico como el Mar Caspio después del inenarrable viaje.
- Ritual del embadurnamiento: todas las mañanas después del desayuno y antes de bajar a la playa hay que untar de crema a la prole, que en el caso de una familia numerosa (aunque sea de categoría general con ‘sólo’ tres miembros) es mucha piel por cubrir de ungüento. Y digo yo, ahora que hay tanta diversidad de productos, ¿por qué no inventan una crema que dure una semana, que proteja durante siete días? O que por lo menos repela a la arena y evite que los menores se conviertan en croquetas apenas pisen la playa. Señores de la industria cosmética, póngase ustedes las pilas, que el primero que patente una crema de duración semanal antiarena se forra.
- Prueba de capacidad pulmonar: Una vez superado el ritual de las cremas, y el subsiguiente acarreo de criaturas y aperos de playa hasta la orilla del mar (que en determinados momentos se antoja lejana y remota como la tierra prometida) hay que proceder a hinchar toda suerte de artilugios flotadores. Algunos tienen un tamaño razonable, como los dichosos manguitos, pero hay otros, como los flotadores para bebés o los coches flotantes, que ya rozan peligrosamente lo saludable. Y cómo vas a dejar al niño sin su delfín flotador.
- Regreso a casa con la prole agotada, rebozada en arena y hambrienta. Tan agotada, tan hambrienta y tan pero tan rebozada en arena que no sabes si darles de comer con toda la arena encima, si bañarles primero arriesgándote a que te muerdan un dedo, o ponerlos directamente a dormir, con arena y sin comer. Y hagas lo que hagas, da igual el orden, no acertarás y así uno se te desvelará y ya no lograrás que duerma siesta, al otro se le pasará el hambre del cansancio y otro llorará sin parar durante las próximas tres horas.
- El milagro de la siesta. Como iba contando es prácticamente imposible sincronizar las siestas, lo más probable es que se vayan durmiendo –eso en el hipotético caso de que aún duerman por el día- uno al despertar otro. Pero hay veces que se produce una inaudita conjunción cósmica y se duermen todos juntos, y entonces puedes echarte junto a uno de ellos, en el borde de su cama, y unirte a su respiración pesada, oliendo su cuerpo sudado y besando su nuca peludita, que sabe todavía a salado.

miércoles, 14 de julio de 2010

En la tele

Mi vida con hijos también en la tele, gracias a Cámara Abierta en La 2. Si alguien -además de mi madre y mis hijos, que ya han visto cuatro veces el programa!!-estuviera interesado, se puede ver en este link a partir del minuto 1.19:



http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100713/camara-abierta/828624.shtml

viernes, 2 de julio de 2010

Vacaciones!

Este sábado es a la vez la fecha más deseada y temida del año: el día del comienzo de las vacaciones (yupi!!!). Pero también el día en que nuestra EVP (Enviada por la Providencia) regresa a su país después de cuatro años con nosotros. Cuatro años en los que ha sido -no tengo apuros en reconocerlo- el verdadero bastión de nuestro hogar. Por eso decididimos cogernos vacaciones el mismo día que ella se iba. Para poner tierra de por medio y empezar la vida sin ella fuera de nuestra casa en la que habrá -snif- un vacío irremplazable. Luego confio en que la providencia vuelva a enviarnos a alguien que nos ayude en nuestro maremagnum diario. Pero hasta entonces trataremos de disfrutar al máximo de las vacaciones. Vacaciones, que yo creo que es una palabra que habría que redefinir, o mejor aún, inventar otra palabra para referirnos a las vacaciones que NO son vacaciones porque no descansas, es más, te cansas más todavía que cuando vas a trabajar, porque unos días con los niños en un apartamento en la playa puntuan al mismo nivel de agotamiento que una semana en una cadena de producción de automóviles. Pero no me importa. Y de verdad que estoy deseando agotarme con los niños. Sueño con revolcarme con ellos en la arena, hacer obras de ingeniera frente a las olas, embardurnarlos de crema y ponerles gorros y gafas, dormirme la siesta oliendo su piel salada. Y sobre todo, perder mucho mucho el tiempo.
Iré dando señales de vida. Y en agosto regresaré al tajo. Así que mientras tanto, ¡feliz verano!

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