sábado, 29 de mayo de 2010

Hablando de libros

Aprovechando que es la Feria del Libro voy a confesaros algo. No sé si habreis leido uno de mis primeros post en los que daba varias razones para tener hijos (como dormirse a su lado, hacerles cosquillas, o cuestionarme el mundo desde sus orígenes, entre otras, a cual más peregrina). Bueno, pues ahora os voy a revelar otra razón todavía más absurda irracional, pero que sin duda, y esto os aseguro que no es una licencia literaria, fue una de las que me animó a lanzarme en esta aventura procreadora -y sí, podeis tacharme de nuevo de pirada-: quería tener personitas a quien contarles, día tras día, las aventuras de los Mumin. Y os preguntareis quiénes son los Mumin, pues bien, son unos trols inventados por la escritora finlandesa Tove Jansson, que creó en sus libros un mundo fantástico, con una filosofía de la vida tan única y maravillosa que yo aún ahora me sigo refugiando en el valle Mumin cada vez que necesito consuelo.
La gran noticia, y por eso os lo cuento, es que la editorial Siruela ha reeditado los Mumin (que pasaron sin pena ni gloria por España hace muchos años, y que no sé muy bien cómo cayeron en mis manos para marcar mi vida). Y están a la venta en la Feria del Libro. No dejeis de regalárselos a vuestros hijos, de contárselos, y de leerlos vosotros, padres y madres, porque os vendrá muy bien tomar nota de su manera de ver la vida. Mi modelo de madre es y será Mama Mumin, siempre cargada de paciencia, buen humor, y un bolso gigantesco en el que guarda la solución para todos los males de este mundo. Mis hijos siguen convencidos de que cada noche me llama Papa Mumin para contarme las ultimas peripecias de su familia. Y en la cocina tenemos una hucha donde estamos ahorrando para ir un día todos al Parque Mumin que hay en Finlandia.

P.S: Y ya que hablamos de libros, y de Ferias, quiero dar las gracias a todas las lectoras que, Diario de una madre Imperfecta en mano, se acercaron el pasado viernes por la tarde a verme a la Feria. Gracias a la que vino con su bebé de quince días, a la matrona embarazada que vino a contarme que recomendaba mi libro en sus clases de preparación del parto, a la que me confesó que llevaba un día en huelga de madre, o a la que me pidió que escribiera más entradas porque este blog le sabía a poco. A ellas y a todas las/los demás que seguís mis desvarios día a día, muchas gracias!

miércoles, 26 de mayo de 2010

Firmas en la Feria del Libro

Es primavera, llegan las flores y la Feria del Libro!!! Y ahí estaré firmando:
-viernes 28 firmaré Diario de una madre Imperfecta en la caseta 139 de 19 a 21.
- sábado 29 firmaré mi anterior libro, La casa de Cristal (pero también todo lo que me pongais delante) en la caseta 302 de 12 a 14.
Os espero!!!!!

lunes, 24 de mayo de 2010

Huída hacia adelante

Desde hace siete años -que fue cuando nos estrenamos en el negocio este de la crianza de personitas- no descansamos nunca. Nunca. Como la opción de 'una tarde tranquila en casa leyendo el periódico en el sofá' se ha convertido en algo parecido a la ciencia ficción, en un imposible, una utopía inalcanzable, estamos inmersos en una frenética actividad -Que yo fomento, debo confesar-. Nuestra vida se ha convertido en una eterna huída hacia adelante. Ya que el descanso está vetado, no paremos nunca. Nunca. ¿Para qué? Y menos aún los fines de semana. Siempre hay que hacer algo. Lo que sea. De interior o exterior. Según el tiempo.
Como este fin de semana hacía tan bueno, nos echamos al monte. A ver la explosión de la primavera. A perseguir animales. Vertebrados e invertebrados. A coger flores. A hacer ramilletes. A soplar molinillos. A tirar piedras al rio. Y a saltar charcos. Con todo lo que ha nevado y llovido, hay riachuelos por todas partes. Todos los caminos estaban anegados. Y cuando estaba saltando de piedra en piedra, cargando a duras penas con un delicioso gorriente embarrado que además me iba dando patadas, y viendo cómo el mayor se apañaba él solo, orgullosísimo de ser tan pero tan mayor, para ir pasando, y como la pequeña saludaba feliz desde la mochila donde la llevaba su padre, pensé, quien sabe si fue un fogonazo de lucidez o una alucinación, que quizá la felicidad sea esto.

lunes, 17 de mayo de 2010

A 40 centímetros del suelo. 2nda parte

No falla. En cuanto la ponemos en el suelo, arranca a gatear como un perrillo y sale disparada hacia la lámpara de pie, que tiene uno de esos mandos de intensidad graduable a ras de suelo. Con una habilidad pasmosa enciende la luz al máximo, y con el camino ya bien iluminado prosigue su trayectoria a toda velocidad hacia el baño. Ya no se para cada dos metros. Ni mira hacia atrás. Y ha dejado de aplaudirse. No tiene tiempo que perder, porque sabe que la perseguimos para frenarla. Y ella tiene una misión que cumplir: encaramarse al bidé y darle al grifo monomando. A toda potencia. Y chapotear mojándose hasta el codo. Si tardamos un segundo es capaz incluso de quitarse un zapato y tirarlo al water.
Y así una y otra vez. En cuanto la ponemos en el suelo repite recorrido con el mismo entusiasmo y premura. Como si le hubiéramos dado cuerda y preprogramado.
Ocho veces apagué ayer la luz y casi otras tantas cerré el grifo del bidé y le sequé las manotas, porque no logro que sus hermanos -quien sabe si están compinchados con la pequeña aguadora- dejen cerrada la puerta del baño.
Y, riesgos del gateo, su hermano mediano, emulando a su hermana, se dio un cosco con una amiga que casi se abre la cabeza. Hoy ha ido al cole con un ojo amoratado, que miedo me daba que me denunciaran por maltrato. Pero él iba tan orgulloso: "¿De qué color tengo ahora el ojo?", me preguntó antes de salir de casa para ir al cole.

miércoles, 5 de mayo de 2010

A 40 centímetros del suelo

A cuatro patas. A cuarenta centímetros del suelo. Gatea un par de metros. Husmea. Observa. Se para. Se sienta. Se echa a reir. Y aplaude. ¡Aplaude!. Con sus manos regordetas. Y no sé si se aplaude a sí misma, por todo lo que ha conseguido, si aplaude al mundo, que está descubriendo ahora mismo ante nuestros ojos y sin duda le parece fascinante y lleno de maravillas, aunque estén a cuarenta centímetros del suelo, o si me aplaude a mí, que la estoy mirando, también a cuatro patas, a medio metro -yo, no ella- del suelo. Porque nada me gusta más -y lo hago siempre que puedo, aunque no tanto como yo quisiera- que echarme al suelo con ella, y acechar su gateo, seguirla en su periplo de descubrimiento del mundo. Y pararme cada dos metros cuando se para ella. Y sentarme a su lado cuando observa algo con la boca abierta, con la misma cara que debió tener Cristobal Colón al ver tierra americana por primera vez. Y aplaudir, sin saber bien a qué, cuando aplaude ella. Y reirme, con la felicidad aún sin estrenar, como si fuera un regalo sin desenvolver. Y volver a avanzar a cuatro patas hasta descubrir por primera vez otra maravilla del mundo -que puede ser un bidé, o una alfombra con pelos de colores, o un coche olvidado por sus hermanos-. A 40 centímetros del suelo.

martes, 4 de mayo de 2010




Nunca había publicado una foto en este blog. Pero hoy he decidido hacer una excepción para mostraros mis regalos del Día de la Madre. Mirad que pedazo de retrato me han hecho. Y qué estupenda recreación de la vida animal.

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