martes, 30 de marzo de 2010

El talismán

Suele ocurrir en torno a los tres años. Después de empezar el cole, porque el colegio ya no es la escuela infantil. Es el cole. Y nuestros cachorros de menos de un metro comienzan a tener un mundo exterior. Al que enfrentarse cada día. Un mundo nuevo, fuera de su casa y de su hogar, al que enfrentarse. Un mundo nuevo del que hablar al volver a casa. Nuevas personas con las que relacionarse. Nuevos estímulos a los que reaccionar. Tantas sorpresas que asimilar. Tantos miedos que vencer. Pequeñas metas que alcanzar cada día. Enormes triunfos para diminutas personitas. Terribles derrotas que superar. Y es entonces cuando empiezan a aferrarse con desesperación a algún objeto diminuto . Da igual lo que sea. Puede servir desde una pieza rota del Lego, hasta un pokemon que su hermano mayor ha despreciado porque tiene repetido. También vale un imán del frigorífico, una chapa de botella, un canto rodado o un coche sin ruedas. Lo importante es que quepa dentro de su mano diminuta y regordeta. Escondida dentro del puño para que nadie lo vea. Y mantenerla ahí durante horas. Y hasta días lo atesoran con mimo. No lo sueltan nunca. Como mucho lo ponen a buen recaudo en algún lugar escondido. Se lavan las manos con él, apretando los dedos con todas sus fuerzas para que no pase el agua. Se dejan vestir con el puño cerrado. Comen con la otra mano. Duermen con él, guardándolo con mimo debajo de la almohada. Y por la mañana, en cuanto se despiertan, lo primero que hacen, aún medio dormidos, es tantear para recuperarlo. Y si no lo encuentran que se prepare toda la familia porque habrá que lanzar una búsqueda desesperada para encontrarlo lo antes posible. Porque sin ese talismán no logran enfrentarse al mundo. No pueden salir de casa sin él. Quién sabe si les da fuerzas. Para enfrentarse a ese mundo exterior que nosotros, los mayores, ya hemos asumido con todos sus rigores, pero que a ellos todavía les debe dar pavor. Y es que da pavor, pero a nosotros, que ya somos grandes y nos toca -qué remedio- actuar como tales, ya se nos ha olvidado. Y ese talismán diminuto, con apariencia de una mera piedra o un coche roto, les da fuerzas para conquistar todas esas cimas. Para pasar el día fuera de su casa, de su refugio, alejados de sus papás, de sus hermanos. En un mundo con otras reglas. Solitos.

domingo, 28 de marzo de 2010

Con las manos en la masa

La madre imperfecta tiene una fórmula infalible para imponerse a sus fieras, un recurso garantizado para recuperar el control de la situación cuando una teóricamente apacible tarde de sábado comienza a degenerar hacia una batalla campal: Pizzas. Pero no se trata de llamar al Telepizza o bajar a comprar a una pizzería cercana. No, no, nada de eso, hay que hacer la masa. Ya se sabe que con las manos en la masa, no se puede liar algo muy gordo.
La madre imperfecta no acaba de tener claro si meterse en la cocina a amasar con los niños es algo moderno o retrógrado, y no sabría decir si es una manera como otra cualquiera de perpetuar los roles tradicionales y, por consiguiente, dar un mal ejemplo para sus hijos. Sólo tiene claro que la simple pregunta “¿Hacemos pizza?” se convierte en una fórmula mágica, en un conjuro que al oírlo logra que las fieras paren de inmediato de hacer lo que estuvieran haciendo, se remanguen las mangas de la camiseta y corran a lavarse las manos. Y una vez preparados basta medio kilo de harina, un vaso de agua y un cubito de levadura (receta y elaboración más abajo, por si alguien se anima) para tener a los muchachos controlados durante un buen rato. Cada uno con su mandil, amasa que te amasa. Y además, resuelven la cena.
Y sí, al terminar hay harina por todas partes, incluidos los niños, pero se limpia con un trapo, y es muy barata.
Y como lo prometido es deuda, aquí procede la madre imperfecta, sin que sirva de precedente, a revelar su fórmula mágica:
Ingredientes: Medio kilo de harina. 250 cl. de agua. 1 cubito (25 g.) de levadura fresca. 1 pizco de sal.
Deshacer la levadura en el agua tibia. Verter sobre la harina y amasar hasta que se despegue de las manos (si es necesario, incorporar más harina). Dejar reposar la masa un par de horas en un lugar caliente (horno apagado). Luego extender sobre fuente de horno, y cubrir con tomate triturado mezclado con sal, aceite de oliva y orégano. Hornear hasta que la masa esté hecha. Salpicar con trozos de queso (mozzarella o gouda) y hornear otro par de minutos. Y a comer!

viernes, 26 de marzo de 2010

Soy un zombi

No puede ser sano. Seguro que ya hay estudios sobre esto. Alguien tiene que haberlo estudiado. No me cabe duda de que en algún siniestro lugar del mundo lo han usado como método de tortura, o como forma de destrozar psicológicamente a los prisioneros. Seguro que alguno de los que han liberado de Guantánamo ha contado algo sobre esto. La alteración de los ritmos del sueño destroza a cualquiera. Es infalible. Nadie sale ileso. El otro día casi me eché a llorar al leer un estudio sobre las consecuencias en el cerebro de la falta de sueño. Pero tampoco me hace falta leer estudios para saberlo, me basta con observarme a mí. O al padre de las criaturas. Para sobrevivir hemos establecido turnos. Una noche sí. Otra no. Es decir: una noche te toca dormir, y a la siguiente, estar de guardia. Eso quiere decir que si alguno de los dos niños tiene miedo, sed, ganas de ir al baño, ha perdido algo esencial durante la noche (el chupete, el pokemon favorito del día o cualquier otro artilugio demoniaco) te corresponde a ti. Y que cuando la niña llore (una media de diez veces por noche) te toca calmarla. Ponerle el chupete, taparla y rezar. Para que tarde un poco más de media hora en volver a llorar. Y te deje dormir algo más de una hora de un tirón. Yo me conformo ya con eso, con dormir una hora, una hora y una hora. La noche que te toca guardia me siento como un condenado a trabajos forzados. Sí, ya sé que habrá quien diga que a mí nadie me obligó a tener tres hijos. Cierto es. Pero tampoco nadie te avisa de que te vas a pasar varios años sin dormir. Que tu pareja se va a convertir en tu compañero de trabajo (y de qué trabajo!). Y claro, la noche que te toca dormir -en una habitación sin menores dentro, naturalmente- colapsas casi en medio de la cena (el dia menos pensado me voy a desplomar sobre el plato), y más que dormir, entras en estado de inconsciencia. Podría caerse la casa que no me enteraría. Pero lo malo es que al día siguiente no estoy más despierta. No noto diferencia entre unos días y otros. No sé si es que acumulo cansancio, si es que el daño neuronal es ya irreversible, o si la combinación de 'una noche duermo y otra no' es contraproducente por alguna razón. El caso es que soy un zombi.

martes, 23 de marzo de 2010

Despistes

Una madre tiene mil cosas en la cabeza, sobre todo en los
primeros meses de un bebé: las malas noches pasan factura
y hacen estragos en su capacidad de concentración, hasta
tal punto que con relativa frecuencia se producen situaciones
de riesgo. Se puede hacer una escala de los despistes, en
orden ascendente de importancia y peligrosidad.
La primera vez que salí yo sola a la calle con los tres niños
iba tan preocupada de que no se separara ninguno del cochecito
—y eso que habíamos entrenado previamente la dinámica en casa durante varios días y los había amenazado
con las consecuencias de incumplir el comportamiento prefijado—,
que me dejé el bolso en la primera tienda en la que
entramos. Eso pasa mucho cuando tienes niños, lo pierdes
todo; aunque, como me recuerda mi madre cada vez que
vamos de viaje, lo único importante es que no pierdas ningún
niño. Y yo, siempre que me lo recuerda, pienso que cualquier
día facturaré uno por error en el aeropuerto. Niños.
La verdad es que puedo estar bien orgullosa porque, por el
momento, nunca he perdido a ninguno, aunque ganas me
habrían dado alguna vez de perder a alguno por un ratito.
Pero eso es otra historia. Ahora bien, lo que se dice perder,
hemos perdido de todo: ropa, biberones, mochilas…
Luego están los errores que ponen en peligro la integridad
física del hogar. Ésos se dan especialmente cuando el bebé
tiene pocas semanas o meses y la madre tiene el cerebro
hecho un colador, y encima va todo el día corriendo por la
casa con la teta fuera. ¿Qué se puede esperar de alguien así?
Pues que deje abierta la puerta del congelador una y otra
vez; luego se descongela la comida, se crea una capa de escarcha
y de la cocina sale un charquito que llega hasta el pasillo.
O que meta los pañales sucios en la lavadora, la ponga
en marcha y después salga toda la ropa manchada de pegotes
de celulosa, que no hay manera de quitar y obligan a volverla
a lavar toda otra vez. O que abra la puerta de casa y
se deje las llaves en la cerradura (porque venían los tres llorando
y uno se hacía pis, el otro ya se lo había hecho y a la
niña le tocaba comer). Sólo le faltaba ya poner una señal luminosa
o un anuncio en la radio para que vinieran a robar,
aunque cualquiera se atreve a entrar en su casa a robar conlos gritos que dan los niños, que son más disuasivos que un
cartel de una empresa de seguridad. Y, cuando después de
buscar las llaves durante media hora por fin las encuentra
en la puerta, piensa que no le habría venido mal que hubiera
entrado alguien: lo habría puesto a cambiarle el pañal a la
niña y se le habrían quitado para siempre las ganas de robar
en casa ajena. Hay algunos despistes aún más peligrosos,
como dejarse el gas encendido sin darse cuenta. Voy a tener
que cambiar la cocina de gas por una vitrocerámica o una
de esas placas que se apagan solas si no hay llama, porque
el día menos pensado salimos todos volando por los aires.
Siempre que en las noticias dicen que ha producido una explosión
de gas, escucho con mucha atención por si hay una
madre recién parida involucrada en el asunto.
Pero los despistes más importantes son los que ponen en
peligro a los niños. Todos los veranos surge la noticia escalofriante
de algún padre o madre, sin duda con mil cosas en
la cabeza, que ha dejado a su hijo en el coche sin darse cuenta
y se ha ido a trabajar. Deberían fabricar unas alarmas que
avisaran de que te dejas al niño dentro del coche. Aunque a
mí la verdad es que no me haría falta, porque mis hijos ya la
llevan incorporada de serie y al segundo de parar el coche
los tienes chillando desesperados (si iban dormidos, se despiertan
inmediatamente) para que los bajemos. Alguna ventaja
había de tener que fueran tan escandalosos.

P.S. Y permitidme recordar, queridos lectores, que hasta el 14 de abril se puede votar por este blog como mejor blog en español (pinchad en el logo lateral de los BOBs en este misma página, -donde pone Finalista de los Bobs-, y ahí bajar hasta la última categoria: Mejor blog en español. Seleccionad Mi vida con hijos en la pestaña lateral y entregadle vuestro voto!. Gracias!) Ah! Y también podeis hacer comentarios, comentad comentad!

sábado, 20 de marzo de 2010

Toca presentar libro

Ha llegado el momento más esperado de la temporada: la presentación del Diario de una madre imperfecta.
¿Cuando? El miércoles 24 de marzo, a las 11 de la mañana.
¿Dónde? en Madrid, en el centro cultural Blanquerna (Alcalá 44).
¿Con quién? Con Luca Caioli, que presentará su magnífica novela 'Mañana' (altamente recomendable)

Naturalmente madres con bebés serán bienvenidas (se puede habilitar un rincón de lactancia). Corred la voz. Por Dios, que venga alguien.

jueves, 18 de marzo de 2010

Test de paternidad

Me parece fantástico que celebremos el Día del Padre. Desde aquí mando mi felicitación a todos. Y no es mi intención amargarle la fiesta a nadie, menos ahora que nuestros churumbeles tienen preparado su consabida manualidad, realizada con tanto esfuerzo y amor. Pero me parece a mí que, antes de darles su regalo, habría que exigirles un test de paternidad. Y no me refiero al de ADN. No, estoy hablando de una prueba para ver cómo ejercen nuestros hombres su paternidad, para comprobar hasta dónde se implican en el cuidado de los hijos, porque las estadísticas siguen siendo demoledoras al respecto. Ya digo que no quiero amargarle la fiesta a nadie. Bastaría con responder a este sencillo cuestionario:
1- Número de pie que calza su hijo (en el caso de tener varios, sería necesario responderlo de todos, en esta y las demás preguntas).
2- Nombre de su profesora.
3- ¿Cómo se llama su mejor amigo?
4- ¿La pediatra le toca de mañana o de día?
5- ¿Qué día tiene gimnasia y le toca ir con chandal?
6- ¿Cuál es su fruta favorita?
7- Comida que odia
8- Su personaje de cuento favorito.
9- ¿Cuanto cuestan los pañales que usa y el bote de leche en polvo? Si fuera mayor, sustituir esta pregunta por el precio de las extraescolares.
10- ¿Cuándo le tocan las próximas vacunas?

Si logra responder a más de cinco preguntas, le daremos un aprobado como padre. Por debajo de cinco, la verdad que no se merecería ni una maquinilla de afeitar. Y si supera las ocho, desde luego que es un padrazo . Con las diez respondidas correctamente, por favor, que nos mande su contacto para ver si podemos clonarlo!!!!

miércoles, 17 de marzo de 2010

Gracias!!!

La madre imperfecta y bloguera aficionada, un poco mas recuperada ya de la sorpresa y la emocion de haber sido nominada ni mas ni menos que a los BOBs con sus desvarios materno-filiales, agradece enormemente la nominacion, que no habria sido posible sin todos esos fieles lectores que dia a dia seguis mis andanzas.
Asi que gracias a todos!!!!!! Y gracias tambien por vuestros votos. Creo que tambien se pueden mandar comentarios y opiniones sobre este blog. Asi que a opinar.

martes, 16 de marzo de 2010

A votar por Mi vida con hijos

Con gran sorpresa la madre de familia numerosa se acaba de enterar de que su blog-terapia-paño de lágrimas es uno de los 11 finalistas para el premio BOB de este año al mejor blog en español (los premios más importantes e internacionales de la blogosfera para los blogs, concedidos por la Deutsche Welle). Un verdadero honor!
A partir de hoy, y hasta el 12 de abril, está abierto el plazo para votar on line. Así que por favor, queridos lectores y lectoras, no dejeis de votar, y decidselo también a vuestros amigos, colegas, vecinos y conocidos del parque! Haced campaña por esta humilde madre trabajadora. Demostremos a la blogosfera que una madre con tres hijos no sólo sobrevive sino que puede ganar un premio!
Este es el link de los bobs. Ahí podeis entrar a la página de las votaciones y teneis que ir hasta abajo del todo para votar a Mi vida con hijos mejor weblog en español:

http://www.thebobs.com/index.php?l=es&s=1155503109924847OMDFOOVR-NONE

Gracias a todos!

viernes, 12 de marzo de 2010

Viaje de trabajo

A la madre de familia numerosa le tocó el otro día ir a un viaje de trabajo. Llevaba tiempo en dique seco y notaba ya que le estaban creciendo raíces (además de hijos).
- No te va a dar tiempo a hacerlo todo en un día, vas a tener que quedarte a hacer noche. ¿Te importa?, le preguntaron.
- No, claro que no, respondió la madre de familia numerosa, con una voz que trataba de ser firme y profesional. En realidad le hubiera gustado decir: No, claro que no, todo lo contrario!!!!. Pero no lo hizo.
Cuando se lo contó al padre de las criaturas también tuvo que reprimir su entusiasmo ("No queda otro remedio, he intentado hacerlo todo en un día, pero ha sido imposible", siguió diciendo en tono serio y profesional). Y también tuvo que fingir un poco al despedirse de los niños una mañana lluviosa (el mediano incluso intentó hacer una escena aferrándose al trolley para evitar que se marchara su Mamáaaaaaaaaaaaaa). "¿No te da pena dejar a los niños?", le había preguntado una compañera de trabajo. Y ahí sí que respondió sin disimulos, consciente de que se arriesgaba a que la llamaran madre desnaturalizada: "Pues mira, no, ninguna, más pena me doy yo que estoy sin dormir y estoy al borde de la muerte por agotamiento". Al fin y al cabo, para ser madre, buena o mala, es condición indispensable estar viva. Y a ser posible en buen estado de salud.
Iba con una agenda de entrevistas cargadísima, con un largo viaje en coche por delante, y, sin embargo, su ánimo era como si se fuera de vacaciones. ¡Que me voyyyyyy! Durante la semana previa al viaje, con emoción de adolescente, había ido acumulando libros, revistas, música que llevarse al viaje (de dos días y una noche. Una noche). Su destino era una ciudad feotona, sin nada que ver ni visitar, y lo agradeció porque así nada le distraería de su plan al terminar el trabajo: encerrarse en la habitación del hotel. Ni cine, ni teatros, ni restaurantes de moda podrían desviarla de su camino. Con determinación férrea a las nueve y media estaba ya recluida en su habitación. Abrió el trolley para ver los libros que había traido, le echó un vistazo a uno, pero enseguida decidió aprovechar para hacer lo que verdaderamente le apetecía: Dormir. Dormir. Toda una noche entera ante sí. Sin ruidos. Sin lloros. Sin miedos. Sin toses. Sin biberones. Sin chupetes perdidos. Sin peluches extraviados. Sin pijamas meados.
Y se durmió en los brazos de Morfeo (que no los hubiera cambiado ni por los de George Clooney). Como no estaba acostumbrada a dormir toda una noche seguida se despertó varias veces, lo cual aumentaba más el placer de pensar que podía volver a dormirse, porque nadie iba a echarse a llorar, nadie iba a tener miedo, ni a mearse, ni a tener sed, ni pesadillas.
Y al amanecer se despertó como nueva, aunque con la cabeza embotada, sin duda por la falta de costumbre de dormir tanto. Y por la tarde cuando regresó a casa y sus hijos la recibieron entusiasmados como si regresara de vencer una guerra, los quiso más todavía. Y mejor, sin duda. Que cuando se ha dormido todo se hace mejor.

lunes, 8 de marzo de 2010

Frescos y torpedos

Como la metereología no da tregua, he decidido adoptar una actitud nórdica ante la situación: no hay mal tiempo sino malos abrigos. Así que este fin de semana (de tiempo perro donde lo haya, ¿qué pecado hemos cometido para merecer esto?) he pertrechado a los niños como si fueran a esquiar y me he lanzado a las calles con ellos. Bueno, tampoco me he vuelto tan nórdica como para chapotear en los charcos y correr en los parques embarrados, a eso todavía no he llegado aunque tiempo al tiempo (y nunca mejor dicho). He de confesar que nos hemos refugiado en todos los lugares donde había actividades infantiles. Y desde aquí doy las gracias a todos los programadores culturales que piensan en las pequeñas personitas y ofertan planes para ellos. Hemos visitado una exposición de pintura en el Caixa Forum (de Barceló, fantásticas sus pinturas, pero sin duda para los enanos, impagable "el elefante que hace el pino con la trompa y las patas para ´rriba" en palabras del pequeño de mis dos chicos), seguida del consiguiente taller de pintura creativo (fantástico y muy creativo), y del consiguiente post-taller en las paredes de su habitación (aún más creativo que el anterior, y nos ha dejado un hermoso fresco en rotulador y lápices de colores. Y sí, le reñí, pero tampoco con mucha insistencia porque al fin y al cabo el pobre no estaba haciendo más que poner en práctica lo aprendido y seguro que Barceló también pintó las paredes de su habitación y si le hubieran reñido mucho quizás no habría llegado a ser el genio que es).
También hemos ido a un concierto de rock para niños. Y hemos visitado -ventajas de la gran ciudad, que alguna ha de tener- el Museo Naval (altamente recomendable para niños: exponen maquetas de barcos, cañones de verdad, balas, bayonetas. Y sin duda, la gran sensación para mis hijos: un torpedo -el pequeño, en plena etapa de exaltación escatológica, aún se rie al recordarlo-.

lunes, 1 de marzo de 2010

¡Ya tiene dientes!

En esto de la maternidad (y de la paternidad), como en tantas otras, la experiencia es un grado. Eso quiere decir que a partir del segundo hijo te agobias menos cuando tiene fiebre, le llevas al pediatra más esporádicamente (en esto no voy a dar detalles no sea que me denuncien por negligencia), ya no esterilizas nada (agg, esto tampoco debería contarlo, pero a la niña no le he esterilizado ni un chupete y ahí está ella tan rica y tan inmunizada...), vas introduciendo los nuevos alimentos con cierta libertad (voy a dejar de dar detalles sobre mi forma de ejercer de madre que estoy viendo que me busco la ruina, que el otro día en la visita a la pediatra tuve que corregir sobre la marcha y asegurarle que naturalmente que todavía no se me ha ocurrido darle huevo a la niña, vamos, cómo iba a darle huevo tan pronto, y tampoco yogur normal, naturalmente que no, si todavía no le toca, ¿verdad que no?), si un día no quiere comer pues tampoco te agobias, ya comerá al día siguiente.... En definitiva, que te tomas las cosas con más calma, con muchísima más calma, que para eso has logrado sacar adelante antes a otros, y eso de la veteranía hace las cosas mucho más fáciles. Pero esto de la experiencia y el afrontar las cosas de otra manera, no funciona para todo, por más hijos que tengas, hay momentos que se viven SIEMPRE como si fueran la primera vez: los avances del primer año.
Tengo que confesar que he aplaudido, festejado, fotografiado y anunciado al mundo exterior cada primer diente de arriba y de abajo de mis tres hijos (y casi hasta el segundo, ahora que lo pienso) como si fuera un momento cumbre para la humanidad. Ayer sin ir más lejos terminé un reportaje gráfico sobre la dentadura nueva de mi niña, que tiene ya CUATRO dientes, dos abajo y dos arriba (enormes y separadísimos).
Y estoy ya acechando sus primeros pasos, no sea que los vaya a dar sin que esté yo delante, que es algo que no me quiero perder por nada en el mundo (y será cuestión de suerte que los dé precisamente estando yo delante, porque al fin y al cabo no estoy todo el día con ella, es cierto que con sus hermanos tuve suerte y estaba yo delante en ese momento cumbre, aunque ahora que lo pienso, quizá se puso a caminar antes de que yo llegara y la persona que los cuidaba se calló por respeto, cosa que le agradezco) . Por el momento, a sus 11 meses la niña no ha hecho grandes progresos pero ya se logra poner de pie y quedarse unos segundos quietecita agarrado a algo. Y ahí estoy yo vigilándola, a ver si ya se decide a echar un paso. Y dentro de nada empezaré ya a entrenarla para que dé besos (tengo que confesar que al mediano estuve entrenándole varias semanas para lograr que me diera a MI su primer beso, y cuando por fin me lo dio me supo a gloria bendita, aunque más que un beso fue un lametón baboso).

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