miércoles, 3 de noviembre de 2010

"¡Compórtense, señorías!"

Cada vez que veo a José Bono ahí en su estrado, o su palco, o su tribuna, o su estrado, como se quiera llamar el lugar donde se sienta el presidente del Congreso de los Diputados, tratando de poner orden entre los diputados no puedo evitar identificarme con él y sentir una enorme solidaridad con sus tribulaciones para hacerse escuchar y que se escuchen unos a otros los parlamentarios. Y es que yo me paso el día dando turno de palabra, no hago otra cosa con las fieras. ¡Que estoy hablando yooooooooooooo!, grita uno, que lleva más de diez minutos detallando el campeonato de peonza que han hecho en el cole (por cierto, si alguien tiene una explicación racional para este regreso triunfal de la peonza, por favor que me la haga llegar). "¡Que no me dejas hablar a mí nuncaaaaaaaaaaaa!", reclama el otro con razón, antes de empezar a dar rienda suelta a su verborrea. Y una trata de ser imparcial, y de conceder turnos de palabra equivalentes, y de la misma duración, pero hay veces que cuesta cuando sabes que te van a contar por enésima vez que la peonza amarillo fluorescente brilla mucho más cuando hace sol. Y desearía tener varias horas más cada día para sentarme con cada uno un buen rato a que me contaran toooooodo pero todo lo que me tengan que contar, sus miedos y sus hazañas del día, que es lo que más me importa ahora del mundo, para qué nos vamos a engañar. Pero como no las tengo, pues me tengo que conformar con estas conversaciones atropelladas que he de moderar lo mejor que puedo. Y eso que la niña todavía no habla, bueno, hablar habla, pero lo hace en tagalo o algún otro dialecto del sudeste asiático, y no se hace entender. Y supongo que todo esto es una manera de irles educando y enseñando a ser ciudadanitos.



P.S. Para la posteridad: la niña viene desfigurada del parque, con una herida en plena mejilla. Investigo qué ha ocurrido, y al final, el culpable (cuatro años) confiesa: "Es que pensiva que era la pared". Pensiva que era la pared... He de reconocerle el mérito, porque hay que tener más cara que espalda para poner esa excusa...

10 comentarios:

  1. El mío tiene casi tres y últimamente no se calla, en cuanto alguien empieza a hablar él suelta su conversa (que es ENORME)

    No suponía el futuro que me esperaba

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  2. Tu hija y la mia hablan el mismo idioma... qie ricos jajaja

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  3. Mis hijos no paran de hablar ni debajo del agua, y sólo me cuentan cosas de alienígenas y monstruos, tema del que no tengo ningún conocimiento, con lo que no puedo dialogar mucho y termina convirtiéndose en monólogo... pero todos los psicopedagogos y psico-lo-que-sea dicen que es buenísimo que escuchemos las cosas poco interesantes, porque cuando tengan quince años nos contarán las interesantes... yo creo que los psico-estos nos están tangando y con quince años no dirán ni mú, pero por si las moscas seguiré escuchando sus historietas siderales.

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  4. Hola, tengo tres niños, el pequeño con dos años no hablaba, el pediatra estaba convencido de que al niño le pasaba algo, y quería que le hiciera un montón de pruebas a las que nos negamos, un día decidió hablar, pero hablar con mayúscula, y ahora no calla nunca, nunca, nunca, (y aún no tiene tres años)no deja a sus hermanos ni abrir la boca....su última frase genial, al ver un rio grande grita: ¿A donde se dirige toda esta agua?

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  5. Jeje... los niños y sus charletas... a mi niño de 4 y medio, le entran más ganas que nunca de contar mil y una historias cuando ve que su papá y yo empezamos una conversación, y empieza a hablar atropelladamente, hasta que su padre y yo no nos oímos ya siquiera, y entonces tenemos que parar, recordarle que estamos hablando los mayores y que tiene que pedir permiso para hablar, así que retomamos la conversación de mayores con el niño con el brazo en alto, como en el cole pidiendo la vez, dando saltos a nuestro alrededor... ¡¡y claro!! se le quitan a uno las ganas de hablar y el niño se sale con la suya y nos cuenta una y mil historias que en ese mismo momento le han pasado por la mente... y los mayores debemos guardar en la recámara la conversación para retomarla cuando las fieras estén durmiendo, porque si no, no hay forma :-)

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  6. Has descrito perfectamente mi vida a diario: el pequeño, al que todavía le cuesta hablar, se pone a explicarme algo y el grande se cansa de esperar a que el otro termine y se pone a hablar y ya la hemos liado. "EStaba hablando yo", "pues acaba ya", "yo también quiero hablar"... buff, suerte que todavía queda tiempo para que la pequeña empiece a hablar...
    Por cierto, ¿de verdad han vuelto las peonzas?

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  7. confirmo lo de las peonzas, estuve este fin de semana en Bruselas y los hijos de mi amiga que vive allí también tenían peonzas, me sorprendió porque a mi marido le encantan y le ha regalado más de una a nuestro pequeño, así que enseguida se lanzó a hacerlas girar...

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  8. Ay cómo me encanta que expliques estas historias, me siento tan identificada, jeje. Los míos (7,5 y 2,5 años) no se piden la tanda, hablan los dos a la vez y yo no es que escuche hablar de peonzas, sino que mi cabeza es como una, va de lado a lado escuchando dos conversaciones a la vez. Pero me encanta.

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  9. Mi problema son el padre y la hija. Ambos se pelean por hablar y al final terminan gritando para que escuche a uno y no al otro.

    La mas chica aun balbucea y grita como condená y a veces entre los tres me vuelven loca

    Aggggg!!!

    Saludos!!

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  10. El mío aún habla en tagalo, pero callar no calla, jajaja.
    Por cierto, lo de las peonzas creo que es por una serie de dibujos que ponen en no se que canal en las que se hacen combates de peonzas (bueno, peonzas no son exáctamente pero se asemejan bastante) y si le sumas el marketing, pues ya tenemos la vuelta de las peonzas! Espero que no vuelvan las de los garbanceros!

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