miércoles, 4 de agosto de 2010

Una cena de lo más relajante

Los padres imperfectos de familia numerosa decidieron irse de cena con toda la prole, que en vacaciones viene bien romper el ritmo, sacudirse rutinas y tomar el aire con las fieras. Así que después de un paseito por el borde del mar decidieron tomar algo en un chiringuito con buena pinta. Llevados por el relajo vacacional, cometieron el error de no hacer una inspección previa de seguridad antes de sentarse. De haberlo hecho se habrían fijado que el chiringuito en cuestión se encontraba al borde de un acantilado (de pocos metros, pero suficientes para abrirse la cabeza, más si te empuja alguien) y que la única barrera para precipitarse era una soga. Sin barrera. Una soga y el abismo. Tampoco se dieron cuenta de que el chiringuito en cuestión era un lugar de moda para ir a tomar una copa viendo el atardecer. Y casualmente era la hora del atardecer, con lo cual a los pocos minutos de llegar, el lugar, que estaba vacio cuando ellos llegaron, estaba abarrotado de parejitas enamoradas venidas hasta aquí para jurarse amor eterno. A ser posible sin un enano delante mirando y escuchando.
Plenamente conscientes del error cometido, los padres imperfectísimos pensaron incluso en levantarse e irse pero les pareció inapropiado y hasta de mala educación, así que leyeron la carta a toda velocidad, y eligieron las primeras raciones que vieron. La espera por la comida, que afortunadamente fue corta, se les hizo eterna, porque no lograban retener en sus sillas a ninguno de los tres niños. La niña se empeñaba a tirar el biberón, que rodaba por el suelo hasta el borde del abismo. Suerte que allí estaba el mediano, al que no había manera humana de hacerle soltar la soga, y lo agarraba en el último momento antes de que se cayera. El mayor también lo agarró un par de veces. Al biberón y al hermano. Los padres imperfectos -que, aunque en ocasiones cueste creerlo, hacen todo lo que pueden por educar a sus hijos y convertirles en persona de provecho y en seres humanos civilizados- se pusieron en situación de máxima alerta y activaron el sistema de turnos (ahora me levanto yo y tú vas comiendo un boquerón porque frios están malísimos, ahora saltas tú y yo le doy un sorbo a la cerveza, que con tanto stress ni la he probado). A pesar de la alternancia, terminaron las raciones en cinco minutos, sin ni siquiera quitarle las espinas a la sardina, casi ni la cabeza. Y pidieron la cuenta agarrando cada uno a un niño de la mano, ante la mirada del resto de los comensales, frente a los cuales se sentían tan fuera de lugar como alguien vestido de pies a cabeza en una playa nudista.
Pagaron directamente en la caja. Y se fueron a toda velocidad.
Y al mirar el reloj y ver que habían trascurrido 25 minutos desde que se sentaron, 23exactamente, la madre imperfecta pensó que los restaurantes deberían ofrecer descuentos (un 20 o un 30% como poco ) para aquellos que terminen de cenar en menos de media hora. Eso quizás promovería que las familias con niños tomaran algo en los bares...

9 comentarios:

  1. Aysss, como te entiendo...5 años hace ya que no sabemos que es tomarnos unas tapas sin hacer turnos, jajajajaja...
    Besos

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  2. Jajaja, Isabel, exactamente con ese mecanismo funcionan mis almuerzos en restaurantes. Uno come mientras el otro vigila a los niños o incluso los saca del restaurante y los pasea por los alrededores. Tratamos de escoger restaurantes con jardines o un espacio de "desfogue". La niña es buena y le gusta conversar. El niño en cambio es una bala. ¿No son lindos?

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  3. Acabo de descubrir tu blog y me gusta mucho :D sobre todo la forma en la que escribes, le das un toque muy cómico a todo :D. Ojalá mi tía hiciera eso, tiene 3 hijos y la pobre está que no puede más XD. Un beso, sigue así!

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  4. Con solamente un vástago todavía, pero que identificados nos sentimos igualmente...

    Enhorabuena por el blog. Soy un lector reciente pero creo que he venido para quedarme :-)

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  5. Me pregunto cuántos años en promedio habrán aplazado la paternidad las románticas parejas que los rodeaban.

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  6. Hola
    Acabo de descubrir tu blog,ahora mismo,llegué a él mediante otros y es como una coincidencia gigante,pues hoy mismo estaba diciéndole a mi hermana lo difícil que me está resultando ser madre.
    Ayer,a las cinco de la mañana, sentada en la mesa de la cocina, con un bebé dando alaridos en mis brazos por enésima vez durante la noche, y las lágrimas rodándome por las mejillas,me di cuenta de lo irreversible de la situación.Y de que estaba perdiendo toda la lucidez.
    Me encantó leer tu primera entrada,ha sido como verme a mi misma,te lo prometo,y me he sentido mejor, te lo prometo, muchas gracias por compartirlo.

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  7. Acabo de empezar a leer tu blog y me lo estoy pasando bomba además de sentirme super identificada.
    Yo debo ser también una madre desnaturalizada dado que cuando nació mi hija (que ahora tiene 14 meses), despúes de 15 días de "relativa tranquilidad" llego el infierno. Una piltrafilla que me consumia y que nunca se daba por satisfecha a la cual no me podía acercar mucho porque directamente se tiraba como los cocodrilos a los ñus en un reportaje de la 2.
    A mi madre, que por esa epoca estaba todavia conmigo (gracias mamá), la dije en uno de los tantos momentos de desesperación "Mamá es que no estoy disfrutando de ella" y ella indignada me dijo " no digas eso!!!!! " quien diga que ha disfrutado de cada momento de la maternidad creo que miente, otra cosa es que somos capaces de olvidar esos malos momentos solo viendo como nos miran o la primera vez que dicen mamá.

    Sigue escribiendo, me haces pasar muy buenos ratos

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  8. Ah que bueno como lo cuentas. Pero la verdad que es la pura realidad lo que cuentas. Mis hijos ya son algo mayores, y te digo que esa etapa pasa, yo lo he pasado francamente mal en situacíones así y más cuando he ido hacer la compra sola con los niños. Muchas de mis tensiones musculares que tengo ahora son debidas a mi actitud antes situaciones así. Cuidaros mucho que todo pasa factura en la vida. Un saludo desde Sevilla

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