lunes, 1 de marzo de 2010

¡Ya tiene dientes!

En esto de la maternidad (y de la paternidad), como en tantas otras, la experiencia es un grado. Eso quiere decir que a partir del segundo hijo te agobias menos cuando tiene fiebre, le llevas al pediatra más esporádicamente (en esto no voy a dar detalles no sea que me denuncien por negligencia), ya no esterilizas nada (agg, esto tampoco debería contarlo, pero a la niña no le he esterilizado ni un chupete y ahí está ella tan rica y tan inmunizada...), vas introduciendo los nuevos alimentos con cierta libertad (voy a dejar de dar detalles sobre mi forma de ejercer de madre que estoy viendo que me busco la ruina, que el otro día en la visita a la pediatra tuve que corregir sobre la marcha y asegurarle que naturalmente que todavía no se me ha ocurrido darle huevo a la niña, vamos, cómo iba a darle huevo tan pronto, y tampoco yogur normal, naturalmente que no, si todavía no le toca, ¿verdad que no?), si un día no quiere comer pues tampoco te agobias, ya comerá al día siguiente.... En definitiva, que te tomas las cosas con más calma, con muchísima más calma, que para eso has logrado sacar adelante antes a otros, y eso de la veteranía hace las cosas mucho más fáciles. Pero esto de la experiencia y el afrontar las cosas de otra manera, no funciona para todo, por más hijos que tengas, hay momentos que se viven SIEMPRE como si fueran la primera vez: los avances del primer año.
Tengo que confesar que he aplaudido, festejado, fotografiado y anunciado al mundo exterior cada primer diente de arriba y de abajo de mis tres hijos (y casi hasta el segundo, ahora que lo pienso) como si fuera un momento cumbre para la humanidad. Ayer sin ir más lejos terminé un reportaje gráfico sobre la dentadura nueva de mi niña, que tiene ya CUATRO dientes, dos abajo y dos arriba (enormes y separadísimos).
Y estoy ya acechando sus primeros pasos, no sea que los vaya a dar sin que esté yo delante, que es algo que no me quiero perder por nada en el mundo (y será cuestión de suerte que los dé precisamente estando yo delante, porque al fin y al cabo no estoy todo el día con ella, es cierto que con sus hermanos tuve suerte y estaba yo delante en ese momento cumbre, aunque ahora que lo pienso, quizá se puso a caminar antes de que yo llegara y la persona que los cuidaba se calló por respeto, cosa que le agradezco) . Por el momento, a sus 11 meses la niña no ha hecho grandes progresos pero ya se logra poner de pie y quedarse unos segundos quietecita agarrado a algo. Y ahí estoy yo vigilándola, a ver si ya se decide a echar un paso. Y dentro de nada empezaré ya a entrenarla para que dé besos (tengo que confesar que al mediano estuve entrenándole varias semanas para lograr que me diera a MI su primer beso, y cuando por fin me lo dio me supo a gloria bendita, aunque más que un beso fue un lametón baboso).

4 comentarios:

  1. Jajajajaja!!!!
    Yo también he vivido con auténtico deleite la salida de sus primeros dientes...Mi Criatura tiene 12 meses y tampoco anda aún...aunque ahí estoy yo, ojo avizor, esperando a que se lance, cámara en mano, para inmortalizarlo!!!!

    Me encanta la perspectiva de ser un poco más flexible con la llegada del segundo hijo...y posteriores!!!

    Qué ganas de quedarme embarazada de nuevo...estaremos locas????

    http://madreymas.blogspot.com

    ResponderEliminar
  2. Me parto, el principio del post es como mi vida... ni te cuento que yo al pediatra le meto cada trola que vamos!!! lo peor es que yo creo que el lo sabe....
    Besos y enhorabuena por los dientes!!

    ResponderEliminar
  3. ¡Yo si fuera por mi pediatra tendría al niño sólo con 4 frutas, pollo y pescado blanco! ¡Anda ya! Son de un soso...

    ResponderEliminar
  4. eres una madraza de la cabeza a los pies... yo sigo con los agobios del primero y cada cosa que le pasa me preocupo, pero supongo que hay que pasar por ello y vivirlo lo más intensamente posible también, ahora empiezo a darme cuenta de que mi primer hijo no volverá ya a tener un año, y lo que viví ya lo viví...

    ResponderEliminar

Compártelo