Como la metereología no da tregua, he decidido adoptar una actitud nórdica ante la situación: no hay mal tiempo sino malos abrigos. Así que este fin de semana (de tiempo perro donde lo haya, ¿qué pecado hemos cometido para merecer esto?) he pertrechado a los niños como si fueran a esquiar y me he lanzado a las calles con ellos. Bueno, tampoco me he vuelto tan nórdica como para chapotear en los charcos y correr en los parques embarrados, a eso todavía no he llegado aunque tiempo al tiempo (y nunca mejor dicho). He de confesar que nos hemos refugiado en todos los lugares donde había actividades infantiles. Y desde aquí doy las gracias a todos los programadores culturales que piensan en las pequeñas personitas y ofertan planes para ellos. Hemos visitado una exposición de pintura en el Caixa Forum (de Barceló, fantásticas sus pinturas, pero sin duda para los enanos, impagable "el elefante que hace el pino con la trompa y las patas para ´rriba" en palabras del pequeño de mis dos chicos), seguida del consiguiente taller de pintura creativo (fantástico y muy creativo), y del consiguiente post-taller en las paredes de su habitación (aún más creativo que el anterior, y nos ha dejado un hermoso fresco en rotulador y lápices de colores. Y sí, le reñí, pero tampoco con mucha insistencia porque al fin y al cabo el pobre no estaba haciendo más que poner en práctica lo aprendido y seguro que Barceló también pintó las paredes de su habitación y si le hubieran reñido mucho quizás no habría llegado a ser el genio que es).
También hemos ido a un concierto de rock para niños. Y hemos visitado -ventajas de la gran ciudad, que alguna ha de tener- el Museo Naval (altamente recomendable para niños: exponen maquetas de barcos, cañones de verdad, balas, bayonetas. Y sin duda, la gran sensación para mis hijos: un torpedo -el pequeño, en plena etapa de exaltación escatológica, aún se rie al recordarlo-.
lunes 8 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)






10 comentarios: