lunes, 25 de enero de 2010

'El mío más'

Quedar con gente que no tiene hijos supone un esfuerzo desmedido
para los sufridos padres entregados a la crianza. Por
eso tienden a agruparse con sus semejantes, es decir, con
aquellas personas machacadas por las noches en vela, el acarreo
de kilos en movimiento, que no han pisado un cine como
poco en meses, cuyos problemas de concentración son tan
severos como escasos sus temas de conversación y que están
por debajo de la media nacional y mundial en la frecuencia
de las relaciones sexuales. Desde que uno tiene hijos, se intensifican
las actividades con los amigos que se han estrenado
también en la progenitura. De esta manera, uno se siente
comprendido y acompañado en su cansancio, no necesita
hacer tantos esfuerzos para mantener una conversación
como con los amigos solteros o sin hijos y las criaturas se entretienen
entre ellas, aunque sea dándose porrazos. Huelga
decir que la mayoría de las veces los adultos no logran cruzar
más de dos frases seguidas. Si quedas con una amiga y sus
hijos en el parque para hacer más llevadera esa cita diaria
tan soporífera como insoslayable, al cabo de tres horas juntos
no habrás logrado enterarte de qué nueva oferta de trabajo
le han hecho, de qué han operado a su padre y menos aún
de por qué se ha enfadado con su marido.
—Y entonces ¿qué le pasó a…?
—Pues resulta que… ¡Uy!, espera un segundo. ¡Que sueltes
esa colilla! ¡Pero no te quites los zapatos! Perdona, ¿qué
me decías?
—No, nada, te preguntaba por tu padre.
—Pues fíjate, el pobre, al mes de la operación de cadera,
le encontraron…
—¡Ay!, que se te va a tirar del columpio. ¡Espera! ¡Ya voy!
Al poco rato, las amigas desistirán de tratar de mantener
una conversación normal y se centrarán en los niños.
—Mira, ya juegan juntos sin pegarse.
—Bueno, a ver cuánto duran. ¡Que le dejes la pala a tu
amigo!
—¡No le tires arena a los ojos!
Y aunque no logren hilar dos frases coherentes seguidas
ni contarse nada la una a la otra, al menos se sentirán acompañadas,
que ya es mucho. No obstante, este tipo de encuentros,
ya sea con amigos de toda la vida o con meros
co nocidos, tienen un riesgo tremendo al que no hay que ser
ajeno: las comparaciones del desarrollo y de las habilidades
y destrezas de las criaturas. «Qué crecido está el tuyo para
tres meses, aunque está flaquito». «Qué gordito, ¿cuánto
pesa? Fíjate, pues el mío con cuatro meses ya pasaba de siete
kilos, y me decía el pediatra que porque estaba muy grande,
que si no sería obeso». En estas conversaciones dan mucho
juego los percentiles, que más que una referencia pediátrica
se diría que son un concepto creado para los padres, que de
esta manera tienen una base científica para dar rienda suelta
a su orgullo. ¡Ay del padre o madre que no los domine!, porque
lo mirarán como un perro verde o un padre desalmado.
También están las comparaciones alimentarias (del tipo: «El
mío no soporta las verduras, pero come muy bien la fruta»)
y aquéllas que rayan o ahondan directamente en la escatología.
A todos nos ha pasado que hemos quedado con alguna
amistad en el parque y hemos vuelto a casa con todos los detalles
de cómo y cuándo su hijo usó papel higiénico por primera
vez, pero sin saber nada de cómo le va a ella y sin
fijarnos siquiera en que se ha cortado el pelo.

5 comentarios:

  1. Y eso las majas. También hay las que les gusta repetir una y otra vez que han dado de mamar hasta nosecuantos meses, las que sus hijos gatean a los 4 meses, caminan a los 9, las que sus hijos no se pelean nunca y si no van ya a la universidad es porque no les dejan. Y es que las hay que les encanta ponerse medallas a costa de sus niños!

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  2. me parto de risa, es verdad, no se puede tener una conversación, al final desistes, y también es verdad que según con quien, a veces parece que es que quieren competir...yo de esas pienso, cuando sus niños son aún muy pequeños, como yo tengo ya experiencia de varios, eso de "ya, ya, ya te enterarás..." pero me muerdo la lengua!

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  3. Yo, como dice mi amiga Coral, soy muy antipática, me revienta la "solidaridad" femenina que se da en los parque. ¿Por qué una desconocida me tiene que preguntar por mis niños? Si ya piden el pipí, si comen la fruta, etc. y sino cuando critican a sus parejas porque no juegan con los niños o no.
    He aprendido a hacer punto, y me lo llevo al parque mientras mis tres monstruos juegan, y así tenemos una magnífica colección de bufandas hechas a mano. Siempre está la que se te acerca y dice ¡mi madre/abuela está siempre haciendo punto, yo ni lo intento!!!

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  4. Me encanta tu blog, porque es real como la vida misma. Te sigo. Un beso.
    Rosa

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  5. A mi me pasa como a Rosa, que sólo hablo con la gente que conozco (para hablar con cualquier desconocido que mire de refilón a la niña, ya está mi marido). En lo que no estoy de acuerdo es en lo de la solidaridad, porque cuando preguntas a alguien qué tal le va con sus hijos (los que tienen parecidas edades a los tuyos) siempre te dicen que fenomenal. Y si se te ocurre decir que no has dormido nada, que tienes la cabeza debajo del brazo o que no puedes más te miran por encima del hombro...

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