miércoles, 29 de diciembre de 2010

Balance del 2010

Ahora que el año llega a su fin abundan los balances, los resúmenes y los listados de 'así fue el año'. Yo, la verdad, no soy muy dada a hacer balances, prefiero vivir en la inconsciencia y no deprimirme por lo que no hice o dejé de hacer, pero esta vez no he podido evitarlo y he sucumbido a la tentación de pasar revista a lo que fue este 2010 (será que como voy a cumplir dentro de nada 40 años -con lo cual me convertiré en una cuarentona, como me echó en cara un nada amable lector o lectora que se refugió en el anonimato para decirme esto y otras lindezas peores-voy ganando en capacidad de reflexión, cordura y saber estar). Y la verdad que no he tardado mucho en hacer el balance de mi 2010. Se resume solito:
- Películas vistas en casa: 1
- Películas vistas en el cine: 1.
- Películas empezadas a ver en casa y que no logré terminar por sueño: 2.
- Obra de teatro: 1.
- Conciertos: 1.
- Exposición: 1 (es decir, una exposición que he visitado yo solita, porque para mí correr delante de los cuadros sujetando niños y vigilando que no rompan algo no cuenta).
- Libros leídos enteros con total comprensión de su contenido: 2.
- Libros dejados a la mitad porque no lograba entenderlos o había olvidado de qué iban al retomar su lectura: otros 2.
- Libros que esperan a ser leidos en una estantería: 15.
-Libros publicados: 1 (aunque en realidad Diario de una madre imperfecta fue escrito en 2009, así que no cuenta para 2010)
- Blogs decadentes actualizados: 1 (soportado pacientemente por sus lectores, desde aquí, gracias por el aguante)

Es decir que pensándolo fria y racionalmente, con esa capacidad de análisis que me dan los casi 40, este 2010 ha sido cultural e intelectualmente (por dios, que esto no lo lean mis jefas) el año más pobre y embrutecedor de mi existencia, para qué negarlo.
Pero eso sí he hecho decenas de galletas de mantequilla y un montón de pizzas al alimón con varias manos redonditas y sonrosadas, he cosido varias bufandas para mis criaturas, he impartido varios cursillos elementales de destrezas físicas (flotar con manguitos, correr sin ayuda adulta, subir y bajar del columpio, ponerse y quitarse zapatillas y hasta camisetas con botones, dar vueltas de campana, tirar balón al aire, saltar de la bicicleta, cortar papel sin dejarse un dedo) he actualizado mi competencia matemática logrando un dominio absoluto de las tablas de multiplicar y, sin duda, he mejorado mi destreza para la multitarea (ya logro hacer no sólo dos sino tres y hasta cuatro cosas a la vez). Así que quizás el año no haya estado tan mal.

P.S. Y ahora que lo pienso, hoy todavía estoy a tiempo de verme otra peli, en casa o en el cine, y así doblar las pelis vistas este año y dejo el listón altísimo para el 2011.
Y por si no vuelvo a escribir ningún post este año, que vista mi frenética actividad intelectual será lo más probable, ¡Feliz Año Nuevo!

jueves, 23 de diciembre de 2010

La emoción de la Navidad




Ocho años llevo ya metida en la crianza. Ocho años siendo madre, que eso sí que te cambia la vida, llevando niños de aquí para allá, al parque, al cole, preparando comidas, papillas, biberones, poniendo termómetros, cambiando pañales... Vamos, que no soy una novata en el tema, y aún así, lo que más me ha impresionado de todo este negocio, la vez que más me he sentido una verdadera madre de familia ha sido el otro día cuando vi a mis hijos poniendo por primera vez el belén (que este año, con casa nueva hemos puesto un belén de verdad con todas sus figuras, su serrín y su musgo). Me impresionó verme a un lado del belén y que fueran ellos los que colocaban las figuritas. "Ahora eres tú responsable de sus ilusiones", me explicaba una prima mía muy sabia y sensata. Y será por eso, pero me emocionó verlos. Y me sentí madre de familia, de las de verdad, como si lo anterior no contara... Que tonta es una.


Pues todavía con la emoción os deseo a todos Feliz Navidad! Y lo hago con la obra de arte del mediano (os traduzco porque escribe en su propio alfabeto: en la parte superior pone Que seais muy felices!').


















jueves, 16 de diciembre de 2010

La compra por Internet

Os confieso que estoy completamente rendida a los avances de la modernidad. Todo con tal de simplificarnos la vida, que ya bastante tenemos. El último al que he sucumbido ha sido la compra del super por Internet. La primera vez que vi mi pedido (con sus 36 litros de leche), ahí empaquetadito en el hall de mi casa, sin haber pisado el supermercado, me tuve que contener para no darle un beso de tornillo al amable repartidor. Sí, es cierto que sube un poco el coste del pedido (entre 7 y 10 euros, según el super) pero por dios, me lo quito de otra cosa con tal no de perder tiempo arrastrando un carro que pesa más que yo.
Muchas de mis colegas son también adictas a la compra de ropa en la web, encuentran verdaderos chollos pero yo ahí no llego. Mis compras se limitan a lo estrictamente indispensable, vamos para comer. Aunque ahora en navidades los juguetes también entran en esa categoría. Por eso me he dado una vuelta por la juguetería online http://www.cleverkid.es/ Juguetes de verdad educativos y te los traen a casa! Muy recomendable el de mímica y sonidos. El mediano y yo estamos enganchados. Se muere de la emoción cada vez que logra adivinar algo. Y yo con él, la verdad.

La madre zombie

Os voy a ser muy sincera: Lo peor de todo este negocio es el cansancio. El mero cansancio físico. La extenuación. Cansancio acumulado de meses y hasta años sin dormir. Estoy tan agotada que hay veces cuando voy en metro que me dan ganas de tumbarme en un banco de la parada y dormir. Hay veces que siento que podría dormir durante una semana, porque aunque alguna noche duerma mejor (por eso de los turnos, hoy me toca a mí, mañana a ti, que mantengo con el sufrido e igualmente extenuado padre de las criaturas). No cierro los ojos cuando espero al metro sentada porque me da miedo entrar en un letargo sin fin. Cualquier día me despierto en un albergue para sin techo. Yo creo que si durmiera, si no estuviera tan pero tan horriblemente cansada, todo se me haría más llevadero. Los deberes, las travesuras, el caos, la logística diaria, las dificultades de la numerosez. Seguro que todo sería más fácil si durmiera. Porque tendría cabeza, energía y buen humor para hacerle frente a todo. Pero de momento, mucho me temo, me toca seguir ejerciendo de madre zombie.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Volare, oh oh oh

Decididamente volar se ha puesto cada vez más difícil. Y con niños es ya toda una proeza. Lo es en circunstancias normales, no te digo ya cuando concurren circunstancias sobrevenidas como la dichosita huelga de los controladores. La próxima vez que vuelva a hacer la locura de acometer un vuelo con la familia numerosa voy a necesitar apoyo psiquiátrico previo. Sólo me consuela pensar que esto ha sido todo un hecho histórico, sin precedentes, de esos que se recordarán "cuando ibamos de puente a venecia nos cerraron el espacio aéreo". En nuestras narices nos lo cerraron, vamos, y con las maletas en la bodega del avión. Siete horas tuvo que esperar el paciente padre de las criaturas para recuperarlas. Una se volvió a casa con la tropa llorosa. Y esperamos todo el sábado en casa, sin saber qué hacer, si deshacer maletas, si ir a comprar comida... Hasta que logramos que nos dieran un vuelo para el domingo por la mañana. Al amanecer prácticamente, y encima dando gracias porque salvábamos el puente. Cola de dos horas para facturar equipaje y de ahí al control de seguridad. 'Señora, tienen que quitarse las botas y los cinturones, los dos niños también". Y tú, como un autómata ya a estas alturas, te quitas botas, cinturón, las pones en una bandeja, con las botas de los dos niños y sus cinturones. Y coges a la niña en brazos porque toca doblar la sillita para pasarla también por los rayos X. Y la niña como ve que sus hermanos van descalzos se quita ella también sus botitas moradas y las lanza contra una señora. Y tú las vas a buscar, pides perdón a la señora, mientras el padre va metiendo los cinco abrigos por la cinta. Y las bufandas. Y las mochilas. Y pasas por el arco de rayos X con los niños. Primero uno. Luego otro. Y luego tú con la niña en brazos. Y el mediano pita al pasar. Y vaya susto que se lleva. Y le tienen que cachear. Sí, al de cuatro años. Que una cosa es que yo le llame terrorista cuando me enfado y otra cosa es esto, que le cachee un guarda de seguridad. El pobre lívido con sus bracitos en alto. Y ala, a ponerse todos las botas, y los cinturones. Y recuperas todo. Y a los tres niños. Y ala al avión (con una pausa de rigor en el parque de juegos de la T4, el único reducto agradable de todo el proceso de volar, desde aquí, gracias AENA). Y cuando llegamos por fin al avión estoy ya tan agotada que no me tengo casi en pie, me duelen ya los brazos de cargar a la niña y arrastrar bultos. Pero estamos felices de haber logrado llegar hasta allí. Y suspiro al sentarme en mi asiento. Y entonces se nos acerca el sobrecargo del avión y le dice a mi hijo mayor: "Tú no tienes padres, tienes héroes, porque hoy en día para llevar de viaje en avión a tres niños pequeños hay que ser un héroe". Casi me se salieron las lágrimas, de verdad.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Recogida de juguetes

¿Cuantos juguetes en perfecto estado tenemos en casa que nuestros hijos ya no usan? La mejor opción es donarlos para otros niños. O también podemos aprovechar, ahora que muchos estamos ya adelantandonos y haciendo de reyes magos, cuando compremos algo para nuestros hijos adquirir también algo para esos niños que no tendrán unos reyes tan opulentos como los nuestros. La iniciativa, a la que me sumo con entusiasmo, es de Mujeres para el Dialogo y la Educación, que ha puesto en marcha su VII Campaña ¡Claro que sí! de Recogida de Juguetes.
http://www.mde.org

Estos son los puntos de recogida

Hotel Miguel Ángel
C/ Miguel Ángel, 29-31
Horario: de lunes a viernes
de 8:30 a 16 h.
Contacto: Marta Villegas

Novotel Madrid Puente de la Paz
C/ Albacete,1
Horario: de lunes a viernes
de 8:30 a 16 h.
Contacto: Javier Beltrán

Hotel Convención
C/ O’Donnell, 53
Horario: 24 H.
Contacto: Juan Romero

Hotel Silken Puerta América
C/ Corazón de María, 10
Horario: lunes a domingo de 8 a 20 h.
Contacto: Olivia Góngora

Hotel Tryp Ambassador
Cuesta de Santo Domingo, 5
Horario: de lunes a viernes de 8 a 20 h
Contacto: Carlos Herguedas

Hotel Tryp Gran Vía
Calle Gran Vía 25 (Metro Gran Vía)
Horario: de lunes a viernes de 9 a 14 h
y Sábados de 10 a 13 h
Contacto: Joaquín del Toro

De puente

Nos vamos de puente. A Italia, a ver la familia paterna. Qué apetecible, ¿verdad? irse de escapadita a Italia. Pues os diré que estoy con taquicardia, me tiemblan las manos del stress. Elegimos esta fecha por no ir en Navidades, entrado el invierno, para que no nos pasara como las navidades pasadas cuando una ola de frio polar sacudió Europa y de paso nuestro avión que tuvo unas turbulencias que aún me quitan el sueño. Pues bien, la ola de frio polar se ha adelantado y está ya sobre nosotros. Y volamos esta noche. Si la nieve nos deja. Aún tengo que salir del trabajo, correr a casa, terminar las maletas, vestir a los niños, preparar todo para el vuelo (biberón, pañales, bocadillos, chuches, toallitas, billetes, documentos.... por dios, me están entrando sudores frios) e iniciar el desplazamiento al aeropuerto (en dos tandas, porque no cabemos todos en un taxi, ni el coche de mi santo hermano que se ha ofrecido a llevarnos). Y allí vigilar para que no se nos pierda ningún niño, que es lo que me dice siempre mi madre cada vez que vamos al aeropuerto (cada vez menos, ya os digo que casi no viajamos), 'por dios, que no se te pierda un niño'.
Os aseguro que cuando por fin me siento en el avión, comprimida en el asiento con la niña encima me tiemblan las piernas del stress y experimento un alivio incomensurable de haber logrado llegar hasta allí con los tres niños, todas las bolsas.... Y eso que el viaje no ha hecho más que empezar en ese momento. Pero de verdad que hasta que no me siento en el avión no respiro. Me tomaría un tranquilizante, pero entonces sí que se me perdería un niño en el aeropuerto.
Ala, buen puente a todo el mundo. Y que no se os pierda nadie. O mejor aún, perdeos vosotros.

martes, 30 de noviembre de 2010

Dudas de madrugada

La madre imperfectíiiiiiiiisima se despertó a las cinco y media de la mañana, al oir el llanto histérico de la niña, se levantó sin saber quién era, y se arrastró dando tumbos hasta la habitación de la niña. Y se la encontró de pie en la cuna llorando desesperada para que la sacaran de su jaula. Trató de calmarla con caricias, con abrazos, con un biberón, con el chupete, con un cuento, con una nana, con más caricias, con más abrazos y con más cantos. En vano. Hacía un par de días que los agotadísimos padres imperfectos, al borde del colapso nervioso, habían decidido poner fin al colecho porque no lograban dormir nada con la niña en la cama. Y se habían puesto como objetivo el lograr que la pequeña, a sus 20 meses, se habituara a dormir en la cunita. Pero ella no se resignaba y estaba dispuesta a dar la batalla.
Y de verdad que a esas horas la madre imperfectísima ya no sabía qué hacer, si claudicar y regresar al colecho, si perseverar sin dejarse ablandar por los llantos y luego pedir excusas a los vecinos, y si le hubieran preguntado no habría sabido decir si es mejor criar con o sin apego, en realidad no sabía ni siquiera qué era el apego, sólo sabía que quería a sus hijos más que a si misma, pero que para criarlos lo fundamental era estar viva y el agotamiento la estaba matando. Y habría dado cualquier cosa por tener las ideas clarísimas y ser capaz de defenderlas, y hasta aconsejar a alquien qué es mejor para los hijos, pero hasta para eso era imperfectísima, y más aún a esas horas y con ese cansancio. A las seis y cuarto de la mañana, después de tres cuartos de hora de llantos, la niña se durmió agotada, y la madre se echó una cabezadita antes del desayuno.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Contra el encimonismo

Es muy probable que ya lo hayais leido ayer en El País. Pero por si acaso os lo perdisteis porque no tiene desperdicio: Elvira Lindo arremetiendo contra las madres perfectas y el encimonismo (que mi hermano, mucho más avispado que yo, ha deducido que es la manía de estar siempre encima del hijo). Pues eso ¡todos contra el encimonismo!


http://www.elpais.com/articulo/opinion/Madres/perfectas/elpepusocdgm/20101128elpdmgpan_2/Tes

viernes, 26 de noviembre de 2010

A esos padres

Este post es mi modesto homenaje a ese 7% de los padres españoles que pasan tanto tiempo con sus hijos como el que pasamos las madres. Sólo un 7% de los padres le echa las mismas horas a la crianza que nosotras, las sufridas madres. Las cifras las revelaba ayer un estudio de la Fundación La Caixa, y no sé si decir que superan mis peores expectativas. Eso quiere decir que en el 93% de las familias españolas somos las madres las que echamos horas, robándonoslas a nosotras mismas y a nuestro trabajo, para estar con los niños, llevarlos de una actividad a otra, comprarles ropa, hacer deberes, leer cuentos, bañar y peinar, cortar las uñas y preparar meriendas y cenas.
El informe muestra que el tiempo que dedican diariamente los padres a sus hijos es el mismo tanto si su mujer trabaja fuera de casa, como si no lo hace. Es decir, si la madre sale de casa, el padre no entra a suplir ese vacío o no entra lo suficiente. En muchos casos (salvo en ese honrosísimo 7% al que hoy rindo homenaje) ellos siguen llegando a una hora a la que los niños ya han ido al médico, a sus actividades extraescolares, ya han hecho deberes, leido cuentos, han merendado y a veces hasta cenado, y ya están bañaditos, peinados y con las uñas cortadas, y con el pijama puesto, e incluso a veces hasta remendado porque se le había roto en un codo. Y eso explique quizás por qué las madres vamos casi siempre corriendo, saludándonos a la carrera a la puerta del cole, arrastrando niños por la calle para que caminen más rápido, llamando al trabajo desde la cola del médico, o respondiendo mails mientras tomamos la lección de ciencia.
Y hoy el post me ha salido muy serio. Y eso que os aseguro estoy de muy buen humor, contenta y feliz con mividaconhijos, que es ya la única vida que sabría vivir. Pero es que hay veces que no puedo evitarlo y me toca ponerme seria.

jueves, 18 de noviembre de 2010

La magia de la pintura

También le pasó al mayor: su vida cambió cuando descubrió que era capaz de manchar de colores un papel, de inventar mundos fantásticos, de copiar el mundo que veían sus ojos desde esta atalaya privilegiada de un metro y poco más de altura. De hecho fue lo único que le hizo sentarse, un poco antes de cumplir los cuatro años. Yo hasta entonces pensaba que tenía un problema en las nalgas que le impedía estar en esa postura. Hasta que empezó a pintar, y para mi sorpresa, logró pasarse largos ratos sentado, o de rodillas en una silla, concentrado en su nueva pasión. No hace falta ni decir que hemos hecho todo lo posible por estimular esta afición, toditas las tecnicas tiene el niño, su favorita: la acuarela.
Pues bien, exactamente lo mismo le ha ocurrido al mediano. Ha sucumbido a la pintura, está completamente abducido por ese mundo suyo de colores intensos. En su caso nos ha sorprendido más todavía, porque no había hecho antes ni un solo garabato, de hecho yo ya pensaba con cierta pena que este nos iba a salir menos pintor que su hermano (por esas comparaciones absurdas que siempre hacemos las madres, y que yo trato muy mucho de mantener en secreto). Hasta que de repente empezó a traer del cole fabulosos dibujos de puro color. Y por las tardes, oh, maravilla, empezó a agarrar hojas y robarle pinturas a su hermano. Enseguida le preparé su propio equipo de pintor y todas las tardes se sienta a su mesita para hacer verdaderas obras de arte (ah, pasión de madre), casas de colores imposibles, soles con enormes sonrisas, nubes enfadadas porque tienen que ponerse a llover, conejos traviesos, coches risueños... Y a mí me encanta verle, convertido en un pequeño artista enfebrecido. Y mi momento favorito es cuando observamos la obra finalizada y vamos describiendo lo que ha pintado. '¿Y esto qué es?', le pregunté un día, porque no entendía unos rayajos que había hecho entre un árbol y un coche. 'Poz, un rayo lazer', me respondió con desprecio por no haber sido capaz de adivinarlo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Una cola de dragón en el cuello

La maternidad trastorna. Yo soy la clara prueba. Cualquiera que me conozca lo reconocerá de inmediato. Un ejemplo concreto y palpable: He pasado de odiar las labores a pedirle a los reyes una máquina de coser. De hecho me la trajeron el pasado enero. La abrí con un regocijo que no recordaba desde que me trajeron a Lucas, el novio de la Barbie. En mi entorno esta transformación, o trastorno, ha sido recibida con perplejidad y escepticismo. “Nunca pensé que viviría para verte coser”, afirmó mi madre, sin ninguna brizna de emoción en su voz, más bien confundida ante la insondable complejidad del ser humano. “La verdad que te prefería cuando hacías otras cosas”, mi hermano, con voz de desilusión al verme cortar trozos de tela sin levantar la cabeza para saludarle.
Que nadie espere maravillas, no sé hacer casi nada, por algún defecto de mi configuración neuronal estoy completamente incapacitada para concebir espacialmente los tejidos, es decir, para saber cuándo hay que coser del derechas, del revés o para imaginar cómo quedará algo una vez cosido… Vamos, que lo único que sé hacer es coser recto, básicamente, manteles y servilletas, mi especialidad. Este verano renové todo el ajuar de las mesas, y me dio una satisfacción que ni cuando vi publicado mi primer artículo en un periódico. En fin, supongo que todo esto tiene que ver con la inagotable capacidad de adaptación del ser humano y su eterna búsqueda de la felicidad: es decir, ya que no voy a ganar ni un Nobel, ni a subir al Klimanjaro, pues me conformo con coserme unos mantelitos y me quedo tan contenta. Para qué ponerme metas más altas si sólo me van a hacer infeliz….
Este invierno he ampliado mis habilidades con el descubrimiento de un nuevo material: el forro polar, que no hace falta ni rematar. Así que me estoy dedicando a hacerle bufandas a niños propios y ajenos. Mi nueva especialidad: bufanda rematada como si fuera una cola de dragón. El mediano la llevó esta mañana al cole muy contento, enrollada a duras penas en su cuello corto. Al verle llegar, le dijo un amiguito: “Yo también tengo bufanda”. Y el mío respondió: “Ya, pero la mía es de cola de dragón”, respondió, orgulloso, acariciando su trofeo de forro polar. Ni os cuento lo orgullosa que salió esta madre trastornada del cole…

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Nostalgia viajera

Desde que tengo uso de razón este ha sido el año de mi vida en el que he viajado menos. Sin lugar a dudas. Yo era de las que pensaba que la llegada de los hijos no debería hacer cambiar en absoluto el estilo de la vida de los padres (entendido, por favor como plural genérico y abarcador de ambos progenitores, sean del sexo que sean), que una podía seguir haciendo básicamente lo mismo que hacía antes sólo que un churumbel a la cadera. Ay, pobre ilusa. Con el primero debo deciros, con cierto orgullo, que logramos más o menos hacerlo. Seguimos viajando, sobre todo en los primeros meses en el que el enano dormía placenteramente y se dejaba llevar, de día y de noche. Era un enano viajero y feliz. Con el segundo empezamos a espaciar un poco más los viajes, pero también hacíamos escapadas de una o dos semanas, fines de semana fuera... Y yo seguía pensando, o quería seguir pensando, que el ser madre de dos hijos no me había cambiado esencialmente y que seguía siendo la misma que antes. Hasta que llegó la niña a hacer de ancla. No soporta viajar en coche, llora sin parar todo el trayecto, sea largo o corto, con lo cual hay que pensarlo mucho antes de desplazarse. Pero diré que la culpa de este sendentarimos forzoso no ha sido sólo culpa de la niña de mis ojos. También ha influido mucho -muchísimo- la logística necesaria que conlleva el desplazarse con una familia numerosa. Para irnos un fin de semana, con nada más que quita y pon para cada uno, fuera llenamos el maletero del coche. Ir de vacaciones de verano supone casi organizar una mudanza. Viajar en avión, ay viajar en avión, sólo pensarlo me produce temblores. La última vez - y única vez que viajamos todos en avión la pasada Navidad, a visitar a la familia paterna en ltalia- fue de película de terror. Todo el trayecto en sí fue espeluznante, desde el trayecto en taxi al aeropuerto, el control de seguridad con tres niños, las casi tres horas inmovilizados en los asientos... Sólo de pensarlo me dan escalofríos, necesité tres días para recuperarme a la llegada y otros tres para afrontar el regreso. Así que sí, he de reconocer, con un dolor enorme, que hemos dejado casi de viajar. Y sí lo asumo, con todo el dolor de mi corazón, ya no soy la viajera despreocupada que era antes. Ahora en diciembre nos toca volver a Italia, ¡creo que necesito apoyo psicológico!

viernes, 5 de noviembre de 2010

Privación del sueño (y 2)

Dormir mal, como sabreis bien todos los sufridos seguidores de este blog, es un tema que me da mucho juego, sobre todo si lo combino con el método Estivill, fuente inagotable de controversia y debate, que es al fin y al cabo el objetivo de cualquier blog que se precie, dar que hablar. Pero creo que nunca he hablado de lo contrario, de las consecuencias de DORMIR BIEN. Es decir, dormir a pierna suelta durante toda una noche, sobrepasar las ocho horas recomendadas sin ninguna interrupción. Bien, pues la otra noche dormí como un lirón. Le tocaba turno al padre de las criaturas y yo me encerré en otro cuarto y logré dormir durante más de ocho horas sin oir un solo lloro ni despertarme (tengo tan poca costumbre de dormir de un tirón que con frecuencia me despierto yo solita, aunque no llore nadie). Y ayer me sentí como si fuera una mujer nueva, otra persona, con buen humor, con ganas de vivir y de reir. Y es que se me olvidaba cómo era yo cuando dormía... Hacía tanto que no me sentía así que se me salían las lágrimas de pensar cómo sería mi vida de maravillosa si durmiera todas las noches. Os cuento sólo algunas de las cosas que logré hacer ayer, poseida por la hiperactividad:
- Trabajé como una campeona durante todo el día, resolviendo todos los temas que tenía pendientes.
- Fui a nadar en la pausa del almuerzo.
- Salí con los niños de paseo y llevé la cámara de fotos a arreglar.
- Le lei tres cuentos a la niña y dos al mediano.
- Pregunté la lección de ciencias al mayor, y repasamos todos los movimientos de la tierra, el sol, la luna y varios otros planetas, satélites y asteroides.
- Preparé una cena deliciosa.
- Hablé con el padre de las criaturas de varios asuntos no urgentes ni relacionados con la logística del día.
- Lideré una protesta de padres del cole para exigir un nuevo gimnasio para los niños.
- Me depilé las piernas.
- Propuse varios planes nocturnos de fin de semana.
- Pedí entradas para ir a una feria de agricultura ecológica el sábado por la mañana.
- Quedé con mi hermano para ir a montar en bici el sábado por la tarde.
- Compré plantas nuevas para las ventanas.

Y seguro que todavía me olvido de algo... En fin, me consolaré pensando que hice tantas cosas que ahora puedo vegetar de nuevo unos cuantos días.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"¡Compórtense, señorías!"

Cada vez que veo a José Bono ahí en su estrado, o su palco, o su tribuna, o su estrado, como se quiera llamar el lugar donde se sienta el presidente del Congreso de los Diputados, tratando de poner orden entre los diputados no puedo evitar identificarme con él y sentir una enorme solidaridad con sus tribulaciones para hacerse escuchar y que se escuchen unos a otros los parlamentarios. Y es que yo me paso el día dando turno de palabra, no hago otra cosa con las fieras. ¡Que estoy hablando yooooooooooooo!, grita uno, que lleva más de diez minutos detallando el campeonato de peonza que han hecho en el cole (por cierto, si alguien tiene una explicación racional para este regreso triunfal de la peonza, por favor que me la haga llegar). "¡Que no me dejas hablar a mí nuncaaaaaaaaaaaa!", reclama el otro con razón, antes de empezar a dar rienda suelta a su verborrea. Y una trata de ser imparcial, y de conceder turnos de palabra equivalentes, y de la misma duración, pero hay veces que cuesta cuando sabes que te van a contar por enésima vez que la peonza amarillo fluorescente brilla mucho más cuando hace sol. Y desearía tener varias horas más cada día para sentarme con cada uno un buen rato a que me contaran toooooodo pero todo lo que me tengan que contar, sus miedos y sus hazañas del día, que es lo que más me importa ahora del mundo, para qué nos vamos a engañar. Pero como no las tengo, pues me tengo que conformar con estas conversaciones atropelladas que he de moderar lo mejor que puedo. Y eso que la niña todavía no habla, bueno, hablar habla, pero lo hace en tagalo o algún otro dialecto del sudeste asiático, y no se hace entender. Y supongo que todo esto es una manera de irles educando y enseñando a ser ciudadanitos.



P.S. Para la posteridad: la niña viene desfigurada del parque, con una herida en plena mejilla. Investigo qué ha ocurrido, y al final, el culpable (cuatro años) confiesa: "Es que pensiva que era la pared". Pensiva que era la pared... He de reconocerle el mérito, porque hay que tener más cara que espalda para poner esa excusa...

miércoles, 27 de octubre de 2010

Privación del sueño y otras torturas

Lo sabía, estaba completamente convencida de ello, pero no tenía la evidencia. No me cabía ninguna duda de que la privación de sueño continuada y a lo largo de un periodo importante de tiempo es una tortura. Pero una cosa es que tú lo sospeches, y así lo creas, y otra es verlo incluido en un manual de torturas de verdad, de los que usan los polis malos. Así aparece, escrito blanco sobre negro, en un manual que tenían los soldados británicos desplegados en Irak. Junto con otras lindezas que prefiero no detallar porque produce horror sólo leerlas, decían: "no dejar dormir a los prisioneros más de cuatro horas seguidas". Cuatro horas seguidas. Y la verdad que se me ha caido el alma a los pies, porque con dormir cuatro horas seguidas, y luego unas cuantas más por ahí desperdigadas, todas las noches me conformaba yo!!! Y es que todavía seguimos con un regimen nocturno digno de eso, de prisión iraquí, de esas que denuncia Amnistía Internacional. Para paliar un poco lo desastroso de la situación -la niña sigue teniendo un sueño muy inquieto con lloros cada rato- continuamos con turnos estrictos el padre de la criatura y una servidora, cada noche baja uno a picar a la mina, y el otro aprovecha y duerme.
El otro día salió un estudio no sé dónde sobre los efectos de la privación de sueño. No tuve el valor de leerlo, prefiero casi ni saber a lo que me estoy exponiendo. Porque si lo sé, va a ser peor. Total, de momento esto no parece que tenga arreglo.
P.S. Y a todos los defensores del método Estivill (que por cierto a veces pienso al leer la encendida defensa que siempre hacen de su método si los tendrá en nómina), les diré que sí, que probablemente sea culpa nuestra, que quizá seamos nosotros los que no hayamos enseñado a la niña a dormir bien, que deberíamos actuar de otra manera, ser más duros e inflexibles cuando llore por la noche, y dejarla llorar sin levantarnos a calmarla y ponerle el chupete. Pero qué quereis que os diga, que no me sale. Y así me va.

lunes, 18 de octubre de 2010

Coches y muñecas. Superhéroes y princesas

Cuando se tienen hijos uno va corrigiendo sobre la marcha las ideas que tenía previamente. Antes de ser madre (o padre) siempre se piensa que se puede hacer mejor de lo que han hecho contigo, o de cómo lo hacen los demás. Te crees que tú vas a ser un padre (o una madre) diferente y le pones muchas ganas a la tarea. Y ya digo, la realidad luego se va imponiendo y, en más ocasiones de las que te gustaría, cuando te quieres dar cuenta, ya estás haciéndolo de la mismita manera que querías evitar. Yo, por ejemplo, tenía clarísimo que no le iba a dar una educación sexista a mis hijos. Antes de tenerlos estaba convencida de que eso de que los niños jugaran con pelotas y coches, y las niñas con muñecas y cocinitas era una imposición cultural, consecuencia de una educación destinada a perpetuar los roles tradicionales. Y naturalmente mis hijos no iban a reproducir esos roles porque para eso su madre iba a ir contracorriente y darles una educación moderna y liberadora. Ja! No sé cuanto tardé en darme cuenta, pero debieron ser pocos meses, de que mi hijo mayor sólo estaba interesado en cosas que rodaran, a ser posible esféricas. Perseguía balones, y convertía lo que no lo era en una improvisada pelota. Todo servía para darle patadas y correr detrás. Su mundo entero era un partido de futbol. De ahí pasó a hacer rodar las cosas, todo se convirtió en un objeto motor. De poco sirvió que tratáramos de incorporar otros juguetes menos ‘clásicos’: todo, fuera lo que fuera, era susceptible de rodar o de botar. Con mi segundo hijo, también varón, no hice más que constatar que su cerebro estaba programado para jugar con balones y vehículos de ruedas.
Y ahora que ya tengo algo de rodaje en esto de la maternidad he constatado connotable estupor que vivimos -sí, en el 2010- en un mundo dividido en compartimentos estancos: los niños llevan estuches, juguetes, camisetas y calzoncillos de superhéroes y las niñas de princesas. El mundo sigue dividido en azul y rosa, y de poco sirve que tú te empeñes en vestir a tus hijos de naranja y verde. El otro día me quedé helada al preguntarle a mi hijo mediano a qué jugaba en el recreo del cole, y me dijo “Poz a la lucha”. ¿Y las niñas también? “No, las niñas juegan a princezas”. Resulta que cada vez nos alejamos más de ese ideal igualitario sin distinciones de roles. ¿Existió alguna vez ese ideal en algún sitio más que nuestras cabezas?
A estas alturas os diré que el tema de las preferencias de los niños me lo tengo ya bastante trillado, y casi hasta he tirado la toalla, y compro coches, balones y horribles camisetas de superhéroes feísimos. Y con la niña (19 deliciosos mesecitos) estoy estrenándome en los gustos femeninos, ahora es cuando tendré la oportunidad de comprobar si eso del instinto de cuidar muñecas es algo cultural o aprendido. Por de pronto me ha demostrado que el interés por los vehículos es algo genético, determinado por la biología: el otro día estaba hojeando ella solita un libro de esos de páginas gruesas con dibujos de la granja, iba pasando lentamente página a página deteniéndose en los diferentes animales. Y cuando llegó a la página en la que se veían tractores, que hubiera hecho las delicias de sus hermanos, la pasó como si estuviera en blanco.
Así que ayer me emocioné cuando en el parque mi hijo mediano se puso, en medio de un montón de hojas secas, a jugar a las ‘cocinitas’. Ahora tengo que conseguir que la niña juegue un rato con un coche.Por de pronto le he escondido el bebé que tenía en la sillita de paseo, y va por toda la casa paseando un unicornio. Algo es algo.

P.S. Agradezco el interés mostrado por todos los lectores/as que se quejan porque mis posts son cada vez más infrecuentes y más cortos. Y qué queréis que os diga, que no me da la vida.

martes, 12 de octubre de 2010

Un cocodrilo en Salamanca

Voy a hacer otra de esas confesiones que reafirman mi condición de madre imperfectísima y dan argumentos para que algún día mis hijos me demanden por los daños y perjuicios que mi imperfección puede haberles causado. A ver cómo os lo explico: a mí me gusta que los niños se mantengan niños, me encanta disfrutarles como tales (supongo que eso explica que haya tenido tres), con su lengua de trapo, sus delirios lingüísticos y su inocencia. Por eso tengo que confesar -aquí estoy yo cavándome de nuevo la tumba- que no me ha gustado nunca corregirles cuando hacen errores al hablar. Siempre pienso que tienen toda la vida por delante para hablar muy adulta y correctamente. Me encanta escucharles decir esas palabras tan alteradas que suenan casi a conjuro mágico, como el "periókilo" que estuvo diciendo el mayor durante un buen tiempo, y no me digais que no suena mucho mejor que periódico. O el "figorífiro" que dice ahora el mediano en vez de frigorífico, y tendrán que cortarme un pie para que yo le diga que no se llama así.
Esto me pasa también a la hora de hablarles del mundo, por una parte yo entiendo que a los hijos tenemos que ir enseñándoles cosas, pero n¿o me digais que no es delicioso el dejarse envolver por su mundo de fantasía? Por dios, si la infancia cada vez dura menos y ya tendrán una vida entera para conocer la implacable verdad de las cosas, a pelo, desprovista de magía. Todo esto para contaros, o más bien para justificarme, que hayamos pasado todo pero todo el puente en un pueblecito de montaña (de salamanca, no os creais que nos hemos ido al trópico) buscando a un cocodrilo (debería más bien decir "cocolilo") que se había atascado en un riachuelo después de remontarlo desde el mismísimo amazonas!. Nada menos. El mediano de cuatro años estaba emocionado con la aventura. Y naturalmente tuve que comprar la complicidad del mayor, que ese sí con sus casi ocho años está en plena fase de descubrir el mundo tal y como es.

lunes, 4 de octubre de 2010

Las madres, de boda

Esto va a sonar a chiste fácil, pero no lo es. ¿Cómo se distingue a una madre de familia en una boda? Porque baila todo lo que echen hasta quemar la suela de los zapatos. Haced la prueba en la próxima boda a la que vayais, a partir de cuatro horas de música pachanguera, ya sólo quedan en la pista las madres de familia, bailando cual posesas, como si les fuera la vida en ello, como si llevaran años sin echarse un baile (que los llevan, no te quepa duda) y como si fuera el último baile de su vida (que a efectos prácticos, como si lo fuera, porque vete tú a saber cuándo volverá a darse una conjunción cósmica favorable).
A mí aún me duelen los pies y las caderas de las cinco horas que bailé en la boda a la que fui el sábado. Y más que hubiera bailado sino se me hubiera acabado la fiesta como a la Cenicienta a medianoche, cuando mi hijo mayor suplicaba ya por favor que nos fuéramos porque no podía más de cansancio. Y todavía le pedí, como en su día le pedía yo a mis padres, que me dejaran bailar "la última, una más y nos vamos". Lo que es la vida, que antes le pedíamos permiso a nuestros padres y ahora se lo pedimos a nuestros hijos.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Sobre el trabajo materno

Un nuevo estudio científico realizado por la prestigiosa Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de Columbia y publicado por la no menos prestigiosa y Sociedad para la Investigación del Desarrollo Infantil acaba de concluir que el que la madre trabaje fuera de casa no afecta negativamente a su bebé. Los sesudos investigadores han evaluado exhaustivamente el desarrollo de los bebés abandonados por sus madres para ganarse el pan fuera de casa y no han encontrado ningún efecto adverso causado por la ausencia de la figura materna. En contra de estudios previos, que aseguraban que los hijos de madres que han regresado a trabajar antes de que los niños cumplieran tres años encontraban dificultades en el aprendizaje y tenían problemas en su desarrollo emocional, este nuevo informe afirma que estos niños se desarrollan con normalidad y son igual de felices y espabilados. Así que podemos tranquilizarnos todas las desalmadas que día tras día nos desprendemos de nuestros retoños. Pero qué quereis que os diga, que cuando por la mañana dejo a la niña berreando en casa, pues no me sirve de mucho consuelo el estudio este. Y por mucho que piense que mi niña no va a experimentar problemas en su desarrollo emocional e intelectual, pues cierro la puerta con el corazón en un puño.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La providencia se hace de rogar.... y cobra

Ya conté desolada hace unos meses que mi EVP (Enviada por la Providencia) se volvía a su país dejando un vacio muy difícil de llenar en nuestra logística familiar y en nuestras vidas. Varias personas de esas que incomprensiblemente me seguís día a día en mi desvariar (gracias de nuevo) os interesasteis por el tema y me pedisteis que contara cómo llevaba a cabo el reemplazo de lo irremplazable. Así que os diré que la providencia, que la otra vez fue tan generosa y desinteresada, en esta ocasión se ha hecho de rogar muy y mucho. Y hasta ha cobrado! Sí, me explico: ante la imposibilidad de encontrar una chica adecuada para la misión (que no es facil, ojo, ocuparse de una casa con tres fieras) tuve que recurrir a una agencia especializada en servicio doméstico (de la que no voy a dar el nombre, porque ya bastante me han cobrado como para encima hacerles publicidad gratuita). Resumiendo: he tenido tres chicas diferentes en menos de un mes. Y como dice el padre de las criaturas, si volvemos a cambiar vamos a necesitar apoyo psicológico para que esto no nos deje traumatizados porque resulta muy duro que se te marchen todas... (no sé si en la federación de familias numerosas disponen de algún tipo de ayuda para progenitores en este trance)
A una la invitamos a irse después de que en toda una semana comprobáramos que no le había dirigido todavía la palabra a los niños. La segunda se marchó a los diez días diciendo que no se iba a acostumbrar a estar con tres niños (como si yo no le hubiera advertido bien claro que eran tres y bien movidos, y los hubiera tenido encerrados en el armario y le hubiera dicho Sorpresaaa cuando llegara a casa). Y la tercera y última por el momento aún sigue en casa. Por lo menos hasta que yo salí esta mañana. Mi madre todavía cuando me llama lo primero que me pregunta es :"¿Sigue ahí?".
P.S. Igual que en su momento dije: esta será la última vez que hablo de lo bien que me come mi niño, ahora os aseguro que esta es la última vez que comento lo mal que está el servicio.

lunes, 20 de septiembre de 2010

La fiera de mi niña

El decodificador de la tele. La pantalla de una lámpara antigua, concretamente, de mi lámpara favorita, uno de esos caprichos que llevas empaquetadísimos en la maleta de un continente a otro. Un par de pintalabios, -uno de ellos de los caros, que parece que ya distingue- que aplastó contra la pared. Dos vasos. Un plato. Un bol. Innumerables periódicos y revistas. Varias piezas de fruta.
Esto es lo que lleva destrozado mi niña en el mes y medio que lleva correteando. Y lo que nos queda. No hay manera de detenerla, se nos escapa continuamente y se lanza a hacer el mal, como un comando suicida cargado de explosivos, sólo que en diminuto y con ricillos. Y cuando vas a por ella, y sabe que vas a agarrarla, ahí es cuando da el golpe fatal, en cuestión de segundos, fracciones incluso de segundo diría yo, tira la lámpara al suelo, empuja el decodificador o arranca los cables de la tele. Y mirándote a la cara, plenamente consciente de lo que está haciendo.
Yo siempre había pensado que las niñas eran mas tranquilas que los niños, pero veo que voy a tener que cambiar completamente de opinión.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Vuelta al cole

Han empezado el cole, uno con la mochila repleta (que hasta diccionario tiene que llevar la criaturita), otro con su nuevo reloj pokemon, que se lo han regalado ayer por su cumpleaños y no se lo quiere quitar ni para dormir. Uno con muchas ganas de ver a sus amigos, de contarse el verano, de salir al recreo...; otro, con algo de pereza por el madrugón, que aún iba dormido, menos mal que el fantástico e inigualable reloj pokemon hace ruido y tiene luces y eso le iba despertando por el camino. Uno, preocupado por si ha hecho bien todos los deberes, otro, con la tranquilidad que da el haber jugado a todo lo que se puede jugar cuando no hay deberes. Y los dos, más altos, más morenos, y mucho pero mucho más mayores.
Y yo, cuando los he dejado allí, cada uno en su clase, con sus amigos del año pasado, sólo puedo decir una cosa: ¡Aleluya!

jueves, 9 de septiembre de 2010

'Me cambio de mamá'

Las vacaciones sientan muy bien a los niños. Desde todos los puntos de vista. Físicamente, porque es cuando se sueltan a nadar, a montar en bici sin ruedines, a andar.... Todos los progresos motores de mis hijos han ocurrido en verano. Al final de las vacaciones parecen otros. También les sienta muy bien para ir consolidando su personalidad. Ganan autoestima, eso de estar todo el día al aire libre rodeados de gente diferente les ayuda mucho a ir formando su yo. Tanta autoestima ganan que los padres nos acabamos convirtiendo en seres prescindibles. Anoche regresó mi hijo mediano despues de una temporadita con los abuelos. Y a la primera de cambio, en cuanto le reñí un poco o le pedí que dejara de gritar, me contestó: "Poz ahora me cambio de mamá". Y se dio la vuelta dejándome a mí con la boca abierta.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Un chupete menos

Ya podemos cantar victoria: el mediano (cuatroañosreciéncumplidos) ha dejado de usar chupete!!!!! Si estuviera en Valencia contrataría una mascletá o un castillo de fuegos artificiales para celebrar el acontecimiento. Como no lo estoy, me limito a contároslo. No me voy a atribuir el mérito de la hazaña, porque no es mio. A estas alturas ya os habreis dado cuenta de que soy una madre cobarde, poco osada, con escaso temple y carácter débil. Así que siempre he fracasado en los intentos de deschupetarlo. Y el niño iba a hacer cuatro años con su enorme chupete. Hasta que entró en escena la abuela. Ya se sabe que las abuelas son personajes claves en las familias modernas, qué sería de nosotros sin las abuelas y los abuelos (desde aquí mi más sincero homenaje)y dijo: "este niño no puede seguir así". Y escondió el chupete. Sin que le temblara el pulso. Tampoco le tembló por la noche cuando la criatura desolada se puso a llorar y a berrear. Durante tres cuartos de horas el primer día, hasta que cayó dormido exhausto. Otros tres cuartos de hora el segundo. Y abuelos y padres aguantaron estoica e inflexiblemente el chaparrón. Porque fue un buen chaparrón. Ni las promesas de fiesta de cumpleaños con superhéroes, ni montañas de chuches, ni regalos de mayor le servían de consuelo. "Que yo no quiero zer mayor, que yo zolo quiero mi chupete, que no quiero tener nunca nunca cuatro añoz, que donde eztá mi chupete???????????" gritó durante un tiempo que a mí, personalmente, se me hizo eterno. El tercer día lloró un poco menos, sólo un poco menos. Y luego ya se le fue olvidando. Hasta que hoy ya por fin me animo a cantar victoria. Uf, un tema cerrado. Aunque ahora que lo pienso, a mí también me da mucha pena que mi mediano preciozo se haya hecho mayor, tenga cuatro añoz y ya no use chupete.....

lunes, 6 de septiembre de 2010

Nueva apología del colecho

Aprovechando la ausencia de la figura paterna -el padre está fuera por trabajo, y va a tardar un par de semanitas en regresar- , la madre imperfectísima, que cada día que pasa es más consciente aún de sus múltiples imperfecciones y de sus límites, decide unilateralmente, por su cuenta y riesgo, retomar el colecho con su hija menor. En descarga suya sólo cabe decir que las primeras noches se resistió, mantuvo a la criatura en su cuna, en su propia habitación, y cada una de las veces que se despertaba llorando -una media de seis veces por noche-, la madre, imperfecta pero paciente, se levantaba amorosa de su cama e iba a la otra habitación a calmar a la desconsolada criatura. Ya digo, una media de seis veces por noche, eso en un día de suerte, porque hubo una noche, que la séptima vez que se levantó miró el reloj para ver con espanto que eran todavía las dos menos cuarto. Tras cuatro noches de peregrinación de cuarto en cuarto, varios intentos de dejarla llorar, sólo para constatar por enésima que nunca nunca nunca iba a lograr aplicar el método Estivil y que su hija iba a manipularla vilmente con cuatro llantos, la madre decidió traerse a la niña a su cama. Con premeditación, nocturnidad y alevosía. Y planificación, porque para evitar que la niña se cayera de la cama, le colocó una de esas barreras protectoras. Y desde entonces, ahí duermen las dos tranquilas y felices noche tras noche. La niña sigue con sus crisis de llanto, pero se calma en cuanto rueda un poco y se topa con su madre. Y esta, por lo menos logra pasar la noche sin levantarse, que no es poco. Y ya le ha ido insinuando al padre, por teléfono y por mail, que alguien ha usurpado su puesto.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Cuenta atrás

Ahora que estamos en septiembre comienza oficialmente la cuenta atrás para la vuelta al cole. 13 días concretamente, y ya podían ser menos, no estaría mal que empezaran una semanita antes que ya están hartas las fieras de tanta holganza, me parece a mí. En cualquier caso, tenemos por delante varios días para ir completando una serie de metas antes de ese lunes 13:
- Darle la vuelta al horario. Porque no se trata simplemente de adelantar la hora de acostarse y levantarse. El cambio ha de ser tan radical que yo creo que les va a provocar jetlag y todo.
- Domesticarles. Quizá nos vendrían bien algunas técnicas de domador de circo para reducir a las fieras y lograr que se acostumbren a estar de nuevo encerrados entre cuatro paredes con techo, y mantener unas pautas mínimas de higiene y limpieza personal. Imagino que habrá que ir reduciendo su actividad física de manera gradual para no provocar reacciones inesperadas.
- Preparar el vestuario, que después de casi tres meses en bañador, camiseta y chanclas les va a costar volver a vestirse de personas. Y claro hay que revisar toda la ropa necesaria para el cole, eso significa que hay que lograr que se dejen probar pantalones, zapatos, botas.... sí, botas, con calcetines.
Y esto no es más que el principio, así que paro que me está empezando a dar taquicardia del estrés....

lunes, 23 de agosto de 2010

Sobre la primogenitura (y 2)

Que no le diga a mi hijo primogénito que dé ejemplo, que para eso es el mayor, no quiere decir, sin embargo, que no le pida mucho más de lo que debería, y de lo que sería exigible para su edad (sieteañoscasiocho). Cosas como "Échale un vistazo a tu hermana un segundo, que voy al baño". "Anda, no te enfades porque tu hermano te haya pintado tu libro nuevo, que él es pequeño y no lo ha hecho adrede". "Recoga tu ropa y mira a ver si la metes en tu cajón del armario". "Ayuda a tu hermano a recoger los juguetes que acaba de tirar". " Por favor, no le devuelvas el puñetazo a tu hermano, ni tampoco la patada, que tú eres mayor". A eso se une el que no le puedo dedicar todo el tiempo que necesitaría/se merecería, y eso lleva a que le acabe diciendo cosas como "vete leyéndolo tu el cuento que voy acostando a tu hermana". Y claro, le va pesando al pobre la primogenitura.
El otro día estabamos de vacaciones en el campo y vino mi hermana con sus dos hijos pequeños (dos años el niño, cinco meses la niña), y cuando salimos a pasear las dos con las cinco criaturas, que aquello parecía "el quinto de infantería", el mayor, el pobre al ver aquello, me preguntó con voz angustiada: "Mamá, ¿y y no viene nadie a ayudarnos?. Que estamos sólo tres adultos con todos los niños". Y le pegué un abrazo fortísimo a mi adultito de sieteaños-casiocho, y me he jurado a mí misma no volver a pedirle nada que no sea adecuado para su edad. (por cierto, ¿alguien me puede decir por favor qué es adecuado para un niño que va a hacer ocho años???????).

martes, 17 de agosto de 2010

Sobre la primogenitura (1)

Por alguna extraña razón que seguro los neurólogos saben explicar muy bien, todo lo que te decían tus padres cuando eras pequeño se te queda clavado en algún lugar del cerebro y, aunque hayan pasado más de 20 o 30 años desde la última vez que las oiste, cuando tienes hijos esas palabras, que pensabas que habías olvidado, saldrán de tu boca sílaba por sílaba, exactamente igual a cómo las decía tu madre, o tu tía, o tu abuela, sin que seas realmente tú el que las pronuncia, como si estuvieras poseido por el espíritu de tus ancestros. Y te sorprenderás a ti mismo espetándole a uno de tus hijos una de esas frases crípticas repletas de sabiduría popular, que a ti te dejaban de pequeño con la boca abierta: "¿Cómo tengo que decírtelo para que me hagas caso? ¿En chino?". O "Termina tu plato, que hay niños en Africa que no tienen comida". Y recuerdo que yo me quedaba perpleja al oir esto, porque por mucho que me esforzara no lograba entender qué beneficio le podía reportar a un hambriento niñito africano el que yo me acabara mis odiados fréjoles con patatas.
Y como estas hay otras frases que van regresando a mi boca una y otra vez. Pero hay una que me he prohibido repetir. Y varias veces me he tenido que morder la lengua para no decírsela a mi hijo mayor porque yo -que también soy la primogénita de tres- odiaba cuando me lo decían: "Tienes que dar ejemplo que por algo eres el mayor". Me parecía, y me sigue pareciendo, tremendamente injusto que al primogénito se le endilgue esta función ejemplarizante. Es una carga demasiado pesada, y por el momento he logrado no decirla, aunque no sé cuanto más lograré reprimirme.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Una cena de lo más relajante

Los padres imperfectos de familia numerosa decidieron irse de cena con toda la prole, que en vacaciones viene bien romper el ritmo, sacudirse rutinas y tomar el aire con las fieras. Así que después de un paseito por el borde del mar decidieron tomar algo en un chiringuito con buena pinta. Llevados por el relajo vacacional, cometieron el error de no hacer una inspección previa de seguridad antes de sentarse. De haberlo hecho se habrían fijado que el chiringuito en cuestión se encontraba al borde de un acantilado (de pocos metros, pero suficientes para abrirse la cabeza, más si te empuja alguien) y que la única barrera para precipitarse era una soga. Sin barrera. Una soga y el abismo. Tampoco se dieron cuenta de que el chiringuito en cuestión era un lugar de moda para ir a tomar una copa viendo el atardecer. Y casualmente era la hora del atardecer, con lo cual a los pocos minutos de llegar, el lugar, que estaba vacio cuando ellos llegaron, estaba abarrotado de parejitas enamoradas venidas hasta aquí para jurarse amor eterno. A ser posible sin un enano delante mirando y escuchando.
Plenamente conscientes del error cometido, los padres imperfectísimos pensaron incluso en levantarse e irse pero les pareció inapropiado y hasta de mala educación, así que leyeron la carta a toda velocidad, y eligieron las primeras raciones que vieron. La espera por la comida, que afortunadamente fue corta, se les hizo eterna, porque no lograban retener en sus sillas a ninguno de los tres niños. La niña se empeñaba a tirar el biberón, que rodaba por el suelo hasta el borde del abismo. Suerte que allí estaba el mediano, al que no había manera humana de hacerle soltar la soga, y lo agarraba en el último momento antes de que se cayera. El mayor también lo agarró un par de veces. Al biberón y al hermano. Los padres imperfectos -que, aunque en ocasiones cueste creerlo, hacen todo lo que pueden por educar a sus hijos y convertirles en persona de provecho y en seres humanos civilizados- se pusieron en situación de máxima alerta y activaron el sistema de turnos (ahora me levanto yo y tú vas comiendo un boquerón porque frios están malísimos, ahora saltas tú y yo le doy un sorbo a la cerveza, que con tanto stress ni la he probado). A pesar de la alternancia, terminaron las raciones en cinco minutos, sin ni siquiera quitarle las espinas a la sardina, casi ni la cabeza. Y pidieron la cuenta agarrando cada uno a un niño de la mano, ante la mirada del resto de los comensales, frente a los cuales se sentían tan fuera de lugar como alguien vestido de pies a cabeza en una playa nudista.
Pagaron directamente en la caja. Y se fueron a toda velocidad.
Y al mirar el reloj y ver que habían trascurrido 25 minutos desde que se sentaron, 23exactamente, la madre imperfecta pensó que los restaurantes deberían ofrecer descuentos (un 20 o un 30% como poco ) para aquellos que terminen de cenar en menos de media hora. Eso quizás promovería que las familias con niños tomaran algo en los bares...

miércoles, 21 de julio de 2010

Estampas del veraneo o Gimkana estival

- La primera prueba a superar obviamente es el traslado hasta el lugar elegido para el veraneo (gracias a la lectora –Baballa, eres grande- que agudamente sugirió este encantador y sugerente vocablo para designar ese periodo que transcurre fuera de la residencia habitual durante el que se realiza un trabajo no remunerado y del que se regresa mucho pero mucho más cansado de lo que se llegó). En nuestro caso fue el Levante, que dicen ante es la playa más cercana a Madrid, pero os aseguro que a mí se me antojó tan lejano y exótico como el Mar Caspio después del inenarrable viaje.
- Ritual del embadurnamiento: todas las mañanas después del desayuno y antes de bajar a la playa hay que untar de crema a la prole, que en el caso de una familia numerosa (aunque sea de categoría general con ‘sólo’ tres miembros) es mucha piel por cubrir de ungüento. Y digo yo, ahora que hay tanta diversidad de productos, ¿por qué no inventan una crema que dure una semana, que proteja durante siete días? O que por lo menos repela a la arena y evite que los menores se conviertan en croquetas apenas pisen la playa. Señores de la industria cosmética, póngase ustedes las pilas, que el primero que patente una crema de duración semanal antiarena se forra.
- Prueba de capacidad pulmonar: Una vez superado el ritual de las cremas, y el subsiguiente acarreo de criaturas y aperos de playa hasta la orilla del mar (que en determinados momentos se antoja lejana y remota como la tierra prometida) hay que proceder a hinchar toda suerte de artilugios flotadores. Algunos tienen un tamaño razonable, como los dichosos manguitos, pero hay otros, como los flotadores para bebés o los coches flotantes, que ya rozan peligrosamente lo saludable. Y cómo vas a dejar al niño sin su delfín flotador.
- Regreso a casa con la prole agotada, rebozada en arena y hambrienta. Tan agotada, tan hambrienta y tan pero tan rebozada en arena que no sabes si darles de comer con toda la arena encima, si bañarles primero arriesgándote a que te muerdan un dedo, o ponerlos directamente a dormir, con arena y sin comer. Y hagas lo que hagas, da igual el orden, no acertarás y así uno se te desvelará y ya no lograrás que duerma siesta, al otro se le pasará el hambre del cansancio y otro llorará sin parar durante las próximas tres horas.
- El milagro de la siesta. Como iba contando es prácticamente imposible sincronizar las siestas, lo más probable es que se vayan durmiendo –eso en el hipotético caso de que aún duerman por el día- uno al despertar otro. Pero hay veces que se produce una inaudita conjunción cósmica y se duermen todos juntos, y entonces puedes echarte junto a uno de ellos, en el borde de su cama, y unirte a su respiración pesada, oliendo su cuerpo sudado y besando su nuca peludita, que sabe todavía a salado.

miércoles, 14 de julio de 2010

En la tele

Mi vida con hijos también en la tele, gracias a Cámara Abierta en La 2. Si alguien -además de mi madre y mis hijos, que ya han visto cuatro veces el programa!!-estuviera interesado, se puede ver en este link a partir del minuto 1.19:



http://www.rtve.es/mediateca/videos/20100713/camara-abierta/828624.shtml

viernes, 2 de julio de 2010

Vacaciones!

Este sábado es a la vez la fecha más deseada y temida del año: el día del comienzo de las vacaciones (yupi!!!). Pero también el día en que nuestra EVP (Enviada por la Providencia) regresa a su país después de cuatro años con nosotros. Cuatro años en los que ha sido -no tengo apuros en reconocerlo- el verdadero bastión de nuestro hogar. Por eso decididimos cogernos vacaciones el mismo día que ella se iba. Para poner tierra de por medio y empezar la vida sin ella fuera de nuestra casa en la que habrá -snif- un vacío irremplazable. Luego confio en que la providencia vuelva a enviarnos a alguien que nos ayude en nuestro maremagnum diario. Pero hasta entonces trataremos de disfrutar al máximo de las vacaciones. Vacaciones, que yo creo que es una palabra que habría que redefinir, o mejor aún, inventar otra palabra para referirnos a las vacaciones que NO son vacaciones porque no descansas, es más, te cansas más todavía que cuando vas a trabajar, porque unos días con los niños en un apartamento en la playa puntuan al mismo nivel de agotamiento que una semana en una cadena de producción de automóviles. Pero no me importa. Y de verdad que estoy deseando agotarme con los niños. Sueño con revolcarme con ellos en la arena, hacer obras de ingeniera frente a las olas, embardurnarlos de crema y ponerles gorros y gafas, dormirme la siesta oliendo su piel salada. Y sobre todo, perder mucho mucho el tiempo.
Iré dando señales de vida. Y en agosto regresaré al tajo. Así que mientras tanto, ¡feliz verano!

martes, 29 de junio de 2010

Con vestido nuevo

Dicen que a partir de cierta edad las mujeres se vuelven invisibles. Suena duro, y me gustaría decir que es mentira, que el encanto no tiene edad, que la capacidad de seducción no caduca. Pero no: llega un momento en que por la calle no te miran ya ni los que piden dinero. No puedes recordar cuando empezó a ocurrir, pero es un hecho que ya no te miran por la calle. Que alguien te diga un piropo es una posibilidad tan remota como que te revelen la combinación ganadora de la bonoloto o la quiniela. Es algo a lo que te vas acostumbrando, no por ello dejas de cuidarte ni de esforzarte por verte bien, pero lo haces por ti misma, por sentirte bien, no para que nadie te diga un piropo, que nadie te lo dice, por lo general.
Pero un buen día estrenas vestido, justamente un vestido que te compraste un día para darte un capricho y con el que te ves especialmente bien. Y tu hijo pequeño, de tres años, ese que parece que sólo tiene ojos para sus coches y sus superhéroes, te mira y te dice con cara de arrobo: "Pos te has puesto bonita, mamá". Y le coges en brazos, le das un besote bien dado y sales de casa sintiéndote como una actriz de Hollywood.

viernes, 25 de junio de 2010

Dia de fiesta

Era el día de la fiesta anual de la revista que daba de comer a la familia de la madre imperfecta. Y justo esa mañana a la madre imperfecta le tocaba llevar a la niña al endocrino -el padre hoy no podía y en el supuestasmente equitativo reparto de tareas, precisamente hoy tocaba día "mamá se encarga de todo"- . También tenía que ir a recoger las notas del mayor al cole. La cita con el endocrino era a primera hora. Primera hora que luego nunca es primera y ya se echaba encima la media mañana cuando por fin entraron en la consulta. "La voy a auscultar de paso porque no me gusta esta tos", dijo la amabilísima doctora endocrina cuando terminó la consulta endocrina propiamente dicha."¿ Lleva mucho tiempo con esta tos y tantos mocos?", preguntó con un tono que a la madre imperfecta se le antojó recriminatorio, aunque quizá no lo fuera y le pareciera así por el agobio que tenia encima de estar llegando tardísimo a una reunión. "Pues, como unas dos semanas...", respondió con un hilo de voz la madre imperfecta, pensando que quizá era más tiempo, porque ya desde mayo estaba tosiendo. "¿Y no lo ha llevado al pediatra?", insistó la doctora endocrina, haciendo dudar a la madre imperfecta, que tenía un vago recuerdo de haber ido hacía poco al pediatra pero con un tremendo esfuerzo logró acordarse que había sido con el mediano. "Pues no, en esta ocasión, no", acabó confesando. "No me parecía que estuviera mal, era sólo un catarro", añadió para tratar de excusarse, pero sin lograr sonar convincente. "Pues mejor que pida cita con su pediatra para que la vea de urgencia. Hoy mismo", aconsejó la doctora. "Es que claro, con el tercero, una se relaja mucho, verdad?", añadió, con una sonrisa, tratando de quitarle hierro al asunto al ver la cara de agobio de la madre de la criatura.
Un poco más relajada, la madre imperfecta salió de la consulta calculando el tiempo que tardaba en llegar a casa para dejar a la niña y pensando que si corría quizás lograba llegar al fin de la reunión. Efectivamente llegó al final de la reunión, corrió al trabajo y trató de aprovechar cada minuto como si fuera el último de su vida. De ahí salió corriendo al colegio, que privilegia tanto el contacto con la familia que las notas de los niños se dan siempre en persona a los padres, que deben hacer la cola correspondiente para entrar a hablar con la profesora. La espera la aprovechó para cancelar la cita en la peluquería, ya se colocaría ella las greñas. Y con las notas en la mano, y la peluquería cancelada, se fue a llevar a a niña a su pediatra, que aconsejó que le pusieran un aerosol en la sala de curas, cuando acabaran de limpiar la sala porque por higiene la cierran media hora a las siete para limpiarla y dejarla como una patena, esterilizada y sin un microbio. Mientras esperaba con la niña, que mataba el tiempo gateando y llevándose a la boca todos los microbios de la sala de espera, pensaba en qué vestido se iba a poner porque con la hora que era no iba a tener tiempo para dudar. Cuando por fin le pusieron el aerosol a la niña, pensó que ya no le iba a dar tampoco tiempo a pintarse las uñas. Y mientras trataba de inmovilizar a la niña para que no se arrancara la mascarilla, trataba de recordar dónde tenía el bolso de fiesta, porque no iba a poder buscarlo. Cuando llegó a casa se vistió a toda velocidad, sin mirarse en el espejo, explicándole al padre de las criaturas, que acababa de llegar, la medicina que tenía que darle a la niña y diciéndole al mayor que sí, que podía ver la tele un rato y que mañana seguro que sí lograban ir a la piscina. Bajó en el ascensor encaramándose a los tacones. Terminó de pintarse en el taxi. Y se tuvo que morder una uña que se le había roto porque no le había dado ni tiempo a cortárselas. Y se sorprendió de estar ya camino de la fiesta. Vestida. Con la cremallera en su sitio. Peinada -en casa, pero peinada-. Y hasta maquillada, aunque se hubiera maquillado en el taxi. Y entonces respiró.

miércoles, 16 de junio de 2010

Tarde de juegos

Como no hay mal que cien años dure (aunque esto no parece aplicarse al mal tiempo que sigue castigándonos...) se me ha pasado ya la migraña y ha regresado el padre de las criaturas (claro, que con el mundial de futbol de por medio.... ejem, mejor callo que me busco la ruina dentro y fuera de casa). Y además ahora ya tenemos jornada continua de verano, así que tendré muchísimo más tiempo para dedicarme a cosas propias y ajenas. A ver alguna película. Y volveré a leer libros. Y a pasear. Y a ver a mis amigas. Y a ir de compras. Y a hacer deporte, que falta me hace darle a las abdominales para mitigar los estragos de los embarazos. Con un poco de suerte hasta lograré pintarme las uñas para cuando termine esta tercera glaciación y pueda ponerme sandalias. Lo de recuperar la vida de pareja va a tener que esperar hasta después del Mundial. Y también, sí, también podré dedicarle mucho más tiempo a los cachorros. Y tiempo de ese que llaman de calidad, porque qué mal me caigo a mi misma cuando estoy de mal humor y no hago más que reñirles. Así que ayer, que era la primera tarde que tenía por delante decidí consagrarla enterita a jugar con los dos pequeños -el mayor estaba con un amigo- . Sin responsabilidades. Sin recoger. Sin deberes. Sin riñas. Casi como si yo no fuera la mamá. Como si no hubiera adultos presentes, que cuidado que somos aburridos e insoportables los adultos cuando ejercemos de tales. Decidí ponerme a su altura. En sentido literal y figurado. Me eché al suelo, para ver las cosas como ellos. A 40 cm. del suelo. Vacié la caja de los juguetes de la niña y les dejé que eligieran. La niña se tiró a por las piezas de encajar y se puso muy aplicadita a colocarlas, con un empeño y una determinación que nunca pensé podría tener una personita de poco más de un año. Y el otro, liberado de la presión de pretender ser muy mayor y muy grande que siente cuando está delante su hermano y sólo juegan a superhéroes y con chismes de esos tan feos y de nombres incomprensibles (pokemon, vakugan, gogos...), se lanzó emocionado a por dos peluches regordetes.
"Yo soy la mariquita y tú la abejita", me dijo. "Y vamos a volar".

Y ahí estuvimos nos é cuanto tiempo volando, nadando, montando en coche, barco y tren, la mariquita y la abejita, mientras la niña trataba de organizarse un mundo a su medida con las piezas de madera, hasta que llegó el padre de las criaturas y nos sacó de nuestro mundo mágico y paralelo. A los tres.

lunes, 14 de junio de 2010

Sábado negro

De entre todas las combinaciones fatales, todas las coyunturas trágicas que pueden ocurrir hay una que temo especialmente: migraña y mal tiempo. Es decir, que me de a mí migraña -cosa por desgracia nada infrecuente- y que las condiciones metereólogicas impidan que las fieras salgan a la calle y tengan que quedarse en casa. Eso ocurrió el pasado sábado. Un día de esos en que lo único que querrías es desaparecer del mapa, meterte en la cama, desenchufar el botón de 'on' y permanecer en modo hibernar, como un portatil escacharrado. Pero no puedes. No puedes desconectar. No puedes apagarte. Porque para colmo de males el padre de las criaturas está de viaje. Y tienes tres cachorros que alimentar. Que cambiar. Que pasear. Que vigilar. Que volver a alimentar. Que seguir vigilando. Que sacar a la calle entre chaparrón y chaparrón. Que volver a cambiar porque se han embarrado. Que dar de cenar. Y meter a dormir -por fin-, pero sin cuento, que hoy os lo leeis vosotros porque mamá está que no puede ni hablar. Y cuando finalmente llega ese esperado momento en que están los tres cenados, cambiados, acostados y ya casi dormidos, te metes tú en la cama, con un dolor como si te hubieran golpeado con un bate de beisbol en la frente. Y te dan ganas de llorar, pero el dolor es tan fuerte que ni te salen las lágrimas.
Aún sigo preguntándome si habré estado expiando pecados de una vida pasada -o futura, porque yo ya no sé en qué creer- o si habrá caido sobre mí una maldición.
Hoy por lo menos el padre ya ha regresado, me duele menos la cabeza. Pero aún no acaba de salir el sol en nuestras vidas... ¿Qué hemos hecho para merecer esto?

sábado, 12 de junio de 2010

Fin de feria

Para rematar la Feria mañana volveré a firmar en la caseta 332 (al inicio, al lado de Alcalá). Os espero.

viernes, 11 de junio de 2010

El síndrome del mediano

"Ala, qué boca tan grande tienes", le dije el otro día al segundo -tres-años-casicuatro- para animarle a que se terminara la cena. "No", me replicó muy serio. "No es grande. Tengo una boca mediana". ¿Mediana?, pregunté yo extrañada por esa calificación. "Sí, mediana", añadió todavía más serio. "Yo soy mediano, y entonces tengo una boca mediana". Me quedé lívida. Es cierto que a veces hablo de él como el mediano, - el mayor es el mayor, y la niña es la niña, y es cierto que en la jerarquía él es el mediano- pero nunca delante suyo. Pero él lo tiene bien claro: es el mediano. Y supongo que quizá eso explique las rabietas que le dan casi a diario, los gritos cuando se enfada, los problemas para vestirse, el apego a su chupete, las broncas con su hermano mayor, y hasta los porrazos a su hermanita. Porque de alguna manera tendrá que hacerse notar. Por eso me pide que le lleve en brazos cuando cojo a su hermana, o le tira del pie cuando la tengo cogida para que la suelte y le agarre a él. O grita para que lo vista. Y es que, después de haber sido el pequeñín de la casa, el muñeco de su mamá, no debe ser fácil pasar a ser "el mediano", atrapado entre un hermano mayor muy pero muy extrovertido, y una hermanita que roba toda la atención, con unos padres agobiados que no pueden dedicarle ni la mitad del tiempo que él querría y necesitaría. Porque cada cachorro necesita su tiempo, y los tres nos necesitan mucho. Mucho más de lo que podemos darles. Y llevo varias dias torturada, y cada noche trato de contarle un cuento solito al segundo. Aunque me caiga de sueño. A mi lindo mediano. En exclusiva.

miércoles, 9 de junio de 2010

Otra tarde de firmas

Si el tiempo lo permite, el viernes 11 de 19 a 21,30 firmaré otra vez Diario de una madre imperfecta en la caseta 332 del Retiro. Madres embarazadas, recién paridas, hartas o felices, gestoras de familias pequeñas o numerosas, padres pacientes y entregados, os espero!

lunes, 7 de junio de 2010

No me da la vida

Estamos ya en la recta final del curso y, al igual que ocurre en Navidades, se intensifican notablemente las actividades escolares y similares. Que si las notas, que si reunión con los profesores de uno, con los de otro, que si la fiesta de la clase de uno, que si la de la clase de otro, que si la despedida de una profesora, que si partido final de futbol... Y esto con sólo dos niños escolarizados, y el pequeño de ellos todavía a medio gas porque no le he apuntado a nada extra. El día que la niña vaya también al cole no sé cómo lo haremos. Vamos a tener que contratar a un padre/madre de reemplazo, una especie de figurante al que pagaremos para que hable con los profesores, se emocione en la fiesta, o aplauda en las competiciones deportivas (dejo la idea en el aire, y ahora en época de tanto paro quizá sea una buena opción laboral si alguien se anima a desarrollarla. Yo sólo exigiría puntualidad como único requisito).
Tengo ya la agenda para estas semanas que no me caben ya más cosas cada día (para centralizar y evitar solapes y plantones uso una única agenda en la que apunto desde el aviso al fontanero, hasta las entrevistas y citas de trabajo pasando naturalmente por compromisos escolares, y visitas al pediatra). Aún así, a pesar de tenerlo todo apuntado, se me olvidan las cosas. Como hoy mismo que un padre me recordó que teniamos la reunión con la profesora de infantil. Y es que a mi no da ya la cabeza para tanta cosa. Y no sólo eso. No me da la vida. Os contaré -y de paso me sirve de desahogo- unos pocos ejemplos y os animo a todos/as a que hagais una reflexión similar:
- Llevo dos años sin ir al cine. Dos años.
- En todo el 2010 no sólo no he visto una sola película entera. Tampoco una sola serie. Ni un solo programa completo. Casi ni siquiera el telediario.
- Hace dos meses que estoy intentando reservar un apartamento para ir una semana a la playa en verano.
- Llevo mes y medio queriéndome despintar las uñas de las manos y volverlas a pintar (lo bueno de esta tardanza es que ya se han despintado solas, asi que me he evitado la mitad del trabajo)
- Cuatro meses he tardado en comprar algodón desmaquillante, y al final ya he optado por dejar de maquillarme, asi me libro de dos trabajos.
- La niña ha estado con zapato cerrado y bien cerrado hasta que el otro día en Madrid se alcanzaron los 35 grados y corrí a comprarle unas sandalias. Idem con el cambio de armario de los niños, que un día los mandé al cole con pantalón de pana y a mediodía, con los 30 grados, pensé que me iban a llamar del cole para denunciarme por maltrato infantil.


En fin, no voy a seguir, que no tengo más tiempo que perder con tonterías. Lo dicho, que no me da la vida.

sábado, 29 de mayo de 2010

Hablando de libros

Aprovechando que es la Feria del Libro voy a confesaros algo. No sé si habreis leido uno de mis primeros post en los que daba varias razones para tener hijos (como dormirse a su lado, hacerles cosquillas, o cuestionarme el mundo desde sus orígenes, entre otras, a cual más peregrina). Bueno, pues ahora os voy a revelar otra razón todavía más absurda irracional, pero que sin duda, y esto os aseguro que no es una licencia literaria, fue una de las que me animó a lanzarme en esta aventura procreadora -y sí, podeis tacharme de nuevo de pirada-: quería tener personitas a quien contarles, día tras día, las aventuras de los Mumin. Y os preguntareis quiénes son los Mumin, pues bien, son unos trols inventados por la escritora finlandesa Tove Jansson, que creó en sus libros un mundo fantástico, con una filosofía de la vida tan única y maravillosa que yo aún ahora me sigo refugiando en el valle Mumin cada vez que necesito consuelo.
La gran noticia, y por eso os lo cuento, es que la editorial Siruela ha reeditado los Mumin (que pasaron sin pena ni gloria por España hace muchos años, y que no sé muy bien cómo cayeron en mis manos para marcar mi vida). Y están a la venta en la Feria del Libro. No dejeis de regalárselos a vuestros hijos, de contárselos, y de leerlos vosotros, padres y madres, porque os vendrá muy bien tomar nota de su manera de ver la vida. Mi modelo de madre es y será Mama Mumin, siempre cargada de paciencia, buen humor, y un bolso gigantesco en el que guarda la solución para todos los males de este mundo. Mis hijos siguen convencidos de que cada noche me llama Papa Mumin para contarme las ultimas peripecias de su familia. Y en la cocina tenemos una hucha donde estamos ahorrando para ir un día todos al Parque Mumin que hay en Finlandia.

P.S: Y ya que hablamos de libros, y de Ferias, quiero dar las gracias a todas las lectoras que, Diario de una madre Imperfecta en mano, se acercaron el pasado viernes por la tarde a verme a la Feria. Gracias a la que vino con su bebé de quince días, a la matrona embarazada que vino a contarme que recomendaba mi libro en sus clases de preparación del parto, a la que me confesó que llevaba un día en huelga de madre, o a la que me pidió que escribiera más entradas porque este blog le sabía a poco. A ellas y a todas las/los demás que seguís mis desvarios día a día, muchas gracias!

miércoles, 26 de mayo de 2010

Firmas en la Feria del Libro

Es primavera, llegan las flores y la Feria del Libro!!! Y ahí estaré firmando:
-viernes 28 firmaré Diario de una madre Imperfecta en la caseta 139 de 19 a 21.
- sábado 29 firmaré mi anterior libro, La casa de Cristal (pero también todo lo que me pongais delante) en la caseta 302 de 12 a 14.
Os espero!!!!!

lunes, 24 de mayo de 2010

Huída hacia adelante

Desde hace siete años -que fue cuando nos estrenamos en el negocio este de la crianza de personitas- no descansamos nunca. Nunca. Como la opción de 'una tarde tranquila en casa leyendo el periódico en el sofá' se ha convertido en algo parecido a la ciencia ficción, en un imposible, una utopía inalcanzable, estamos inmersos en una frenética actividad -Que yo fomento, debo confesar-. Nuestra vida se ha convertido en una eterna huída hacia adelante. Ya que el descanso está vetado, no paremos nunca. Nunca. ¿Para qué? Y menos aún los fines de semana. Siempre hay que hacer algo. Lo que sea. De interior o exterior. Según el tiempo.
Como este fin de semana hacía tan bueno, nos echamos al monte. A ver la explosión de la primavera. A perseguir animales. Vertebrados e invertebrados. A coger flores. A hacer ramilletes. A soplar molinillos. A tirar piedras al rio. Y a saltar charcos. Con todo lo que ha nevado y llovido, hay riachuelos por todas partes. Todos los caminos estaban anegados. Y cuando estaba saltando de piedra en piedra, cargando a duras penas con un delicioso gorriente embarrado que además me iba dando patadas, y viendo cómo el mayor se apañaba él solo, orgullosísimo de ser tan pero tan mayor, para ir pasando, y como la pequeña saludaba feliz desde la mochila donde la llevaba su padre, pensé, quien sabe si fue un fogonazo de lucidez o una alucinación, que quizá la felicidad sea esto.

lunes, 17 de mayo de 2010

A 40 centímetros del suelo. 2nda parte

No falla. En cuanto la ponemos en el suelo, arranca a gatear como un perrillo y sale disparada hacia la lámpara de pie, que tiene uno de esos mandos de intensidad graduable a ras de suelo. Con una habilidad pasmosa enciende la luz al máximo, y con el camino ya bien iluminado prosigue su trayectoria a toda velocidad hacia el baño. Ya no se para cada dos metros. Ni mira hacia atrás. Y ha dejado de aplaudirse. No tiene tiempo que perder, porque sabe que la perseguimos para frenarla. Y ella tiene una misión que cumplir: encaramarse al bidé y darle al grifo monomando. A toda potencia. Y chapotear mojándose hasta el codo. Si tardamos un segundo es capaz incluso de quitarse un zapato y tirarlo al water.
Y así una y otra vez. En cuanto la ponemos en el suelo repite recorrido con el mismo entusiasmo y premura. Como si le hubiéramos dado cuerda y preprogramado.
Ocho veces apagué ayer la luz y casi otras tantas cerré el grifo del bidé y le sequé las manotas, porque no logro que sus hermanos -quien sabe si están compinchados con la pequeña aguadora- dejen cerrada la puerta del baño.
Y, riesgos del gateo, su hermano mediano, emulando a su hermana, se dio un cosco con una amiga que casi se abre la cabeza. Hoy ha ido al cole con un ojo amoratado, que miedo me daba que me denunciaran por maltrato. Pero él iba tan orgulloso: "¿De qué color tengo ahora el ojo?", me preguntó antes de salir de casa para ir al cole.

miércoles, 5 de mayo de 2010

A 40 centímetros del suelo

A cuatro patas. A cuarenta centímetros del suelo. Gatea un par de metros. Husmea. Observa. Se para. Se sienta. Se echa a reir. Y aplaude. ¡Aplaude!. Con sus manos regordetas. Y no sé si se aplaude a sí misma, por todo lo que ha conseguido, si aplaude al mundo, que está descubriendo ahora mismo ante nuestros ojos y sin duda le parece fascinante y lleno de maravillas, aunque estén a cuarenta centímetros del suelo, o si me aplaude a mí, que la estoy mirando, también a cuatro patas, a medio metro -yo, no ella- del suelo. Porque nada me gusta más -y lo hago siempre que puedo, aunque no tanto como yo quisiera- que echarme al suelo con ella, y acechar su gateo, seguirla en su periplo de descubrimiento del mundo. Y pararme cada dos metros cuando se para ella. Y sentarme a su lado cuando observa algo con la boca abierta, con la misma cara que debió tener Cristobal Colón al ver tierra americana por primera vez. Y aplaudir, sin saber bien a qué, cuando aplaude ella. Y reirme, con la felicidad aún sin estrenar, como si fuera un regalo sin desenvolver. Y volver a avanzar a cuatro patas hasta descubrir por primera vez otra maravilla del mundo -que puede ser un bidé, o una alfombra con pelos de colores, o un coche olvidado por sus hermanos-. A 40 centímetros del suelo.

martes, 4 de mayo de 2010




Nunca había publicado una foto en este blog. Pero hoy he decidido hacer una excepción para mostraros mis regalos del Día de la Madre. Mirad que pedazo de retrato me han hecho. Y qué estupenda recreación de la vida animal.

viernes, 30 de abril de 2010

Mi regalo a las madres

Este es mi regalo para todas las madres: Una cita de la lúcida filósofa francesa Elizabeth Badinter (a la que entrevistamos en YO DONA, en la revista de mañana, disculpadme la autopromoción, pero merece la pena)

"La mejor madre es siempre la que no está sumida en la frustración y la desesperación, la que está realizada, contenta y satisfecha con su vida, aunque sea una madre mediocre. Y que dejen de incordiarnos con ese prototipo de madre ideal en fusión completa con su hijo".

jueves, 29 de abril de 2010

Regalos para el Día de la Madre

Ahora que todas las revistas -empezando por la que me da de comer- hacen sus listas sobre los mejores regalos para las madres -la mayoría perfectamente prescindibles y carentes de alma-, me voy a poner a hacer yo mi lista particular de deseos, para ver si el hecho de escribirla la convierte en realidad por arte de magia:
- Dormir a pierna suelta. Pero no una noche, ni dos, que ya el pasado fin de semana descubrí que no era suficiente. Como poco una semana. O dos. Y ya puestos a pedir, un mes para ver si logro detener la pérdida esta imparable de neuronas.
- una tarde de cine -bastaría en realidad con el DVD- para ver una película que me haga emocionar y reir, sentir que aún sigo viva. Ahora que lo pienso, quizá sería mejor de teatro, y ahí sí que habría que salir de casa para ir a un espectáculo, que no recuerdo cuándo fue la última vez que fui al teatro, que debía ser Nuria Espert una chavalina.
- y ya que estamos rememorando quiénes fuimos una vez, en lo que ahora parece otra vida, pues una buena noche de fiesta, con baile hasta la madrugada y retorno a casa con los primeros rayos de sol. Aunque bueno, quizá esto se podría sustituir por un concurso de baile al atardecer con los chicos, que les va mucho la marcha.
- una cena a cinco - es decir, con fieras incluidas, nada de romántico tête-à-tête- sin gritos, sin vasos derramados, sin puñetazos, sin lágrimas, sin broncas en tono castrense. Con armonía y hasta con conversación.
- también por qué no, un vestido - a ver si os vais a creer que una no tiene su vena frivolona- que me haga sentir la madre más guapa del planeta.
- un dibujo, de lo que sea, aunque sea de un coche o de un monstruo de un solo ojo.
- y un corazón enorme de plastilina, con las huellas dactilares de toda la tropa.

Pues a ver si con un poco de suerte me cae por lo menos el dibujo de un coche.

FELIZ DÍA DE LA MADRE A TODAS!!!!

miércoles, 28 de abril de 2010

Sobre los comentarios

A estas alturas ya os habreis dado cuenta de que soy una tremenda maleducada (según los códigos de buena educación en la web) porque nunca, prácticamente nunca respondo a vuestros comentarios. Pero yo sé que todas/todos os dais cuenta de que si no lo hago es porque literalmente no tengo tiempo para hacerlo. Pero eso no quiere decir que no los aprecie. Y mucho, porque al fin y al cabo en ellos reside el interés -si es que tiene alguno- de este blog: en haberse convertido en una terapia colectiva, en un diván de psiquiatra multitudinario y de lo más baratito. En el lugar donde desahogarse, y encontrar apoyo. Y os aseguro que vuestros comentarios a mi último post desesperado me ayudaron mucho en mi retorno forzoso al túnel.
En homenaje y agradecimiento a todos, aquí reproduzco uno que es absolutamente antológico y que merece la pena enmarcar. Llegado desde Chile:

"Si te tomaste unos días para descansar y no los echaste de menos (a los niños), es que no fueron suficientes (los días de descanso, se entiende)".


GRACIAS!

lunes, 26 de abril de 2010

Dudas de lunes

He empezado la semana sumida en un mar de dudas. Hay dos cuestiones concretamente que me torturan. Se agradecen respuestas y comentarios.
- ¿Es lícito no echar de menos a los hijos? ¿Se es muy mala madre si no sólo no se les echa de menos sino que no se tienen ganas de verlos al regresar a casa?
- La crianza es un tunel. De eso no hay duda y con eso estamos todos de acuerdo. Mi duda es: ¿es mejor salir del túnel, aunque sea por dos días, y ver la luz o es mejor no salir nunca porque el regreso a la oscuridad es aún más duro?

martes, 20 de abril de 2010

La nube de cenizas

Lo mejor es asumirlo cuanto antes para actuar en consecuencia. Los hijos son a la vida de pareja lo que la nube de cenizas al tráfico aéreo: un elemento pertubador que todo lo paraliza y colapsa. Luego claro, uno se habitua, aprende a volar de otra manera, hay quien decide seguir volando a toda costa, aunque sea a ciegas y con riesgos, quien lo emprende en solitario, o también, que para todo hay en la viña del señor, quien toma tierra y no levanta más el vuelo. Y lo peor de todo es que no hay controlador que te pueda orientar en esto.

lunes, 19 de abril de 2010

Drama en la autopista

Aviso para viajeros que pasaron la tarde del domingo 18 de abril (o sea, ayer) por la autovía de Ávila en dirección a Madrid: si alguno fue testigo desde el coche de una dramática escena en la que una madre en aparente estado de enajenación mental trataba de introducir en el cubo de la basura a un niño cabeza abajo que se defendía chillando y dando patadas, puede quedarse doblemente tranquilo:
- no se trataba de una alucinación, lo vio con sus propios ojos, así que no debe preocuparse por su salud mental. La escena efectivamente ocurrió, una madre trataba de tirar a su hijo mediano a una papelera de la única área de reposo en ochenta kilómetros en la susodicha autovía -concretamente entre Ávila y Villacastín- .
- el niño finalmente no terminó dentro de la papelera -aunque bien se lo había merecido- sino que regresó al coche después de asegurarle a su madre que no iba a seguir chillando, ni pateando los asientos, ni pegando puñetazos a su hermana pequeña. La amendrentación surtió efecto porque la familia logró llegar a su destino sana y salva y sin que ningún niño sufriera mayores daños.

Firmas en Sant Jordi

Atención lectores/as residentes en Barcelona y cercanías: el viernes 23 de abril acudiré a celebrar Sant Jordi y, confío, a firmaros un par de libritos, o lo que me pongais delante. A las 10 de la mañana en la Librería Bertrand, en Rambla Catalunya, 37. Y a las 5 en el stand de Librería Catalonia en Plaza Catalunya.
Aprovechad la ocasión para comprar libros para el Día de la Madre! Es el regalo perfecto!. Nos vemos el viernes!

miércoles, 14 de abril de 2010

Hijos mascota

No me dejan dormir. Ni una sola noche. Desde hace años. Tengo el cerebro como un colador. Han convertido nuestra vida en un campo de trabajo agotador durante 24 horas al día, los siete días de la semana, 365 días al año. Ya no sé qué significa la palabra vacaciones, porque en vacaciones, sin escuela y sin ayuda en casa, trabajo mucho más. Lloran. Los dos niños discuten continuamente. Se pelean sin tregua. El mediano cuando se enfada o cuando le riño sufre ataques de furia y ha llegado a pegar a la niña. Lo ensucian todo. Continuamente. Nadie diría que pintamos la casa el año pasado. No nos dejan un solo segundo de tregua. No recuerdo la última película que vi.
Pero aún así tengo momentos -y quizá esto es una prueba más de que he perdido completamente la cabeza- en los que si me dijeran que han inventado unas píldoras para mantenerlos congelados en estas edades - la niña con ese año recién cumplido y ese miedo a echarse a andar, el mediano con esos tres años salvajes y deliciosamente tiernos, o el mayor, con esos siete de hombrecito en miniatura, que tan pronto llora porque se le ha roto un juguete como te descoloca con una pregunta de mayor mayor- , pues se las daría sin dudarlo. A los tres. Aunque siguiéramos sin dormir. Agotados otros cuatro años más. Para que la niña me siga aplaudiendo cuando le doy croquetas machacadas, para que se ria enseñando sus dientes separados. Para que el mediano me mire con arrobo de enamorado y me pregunte :'¿Mamá, yo zoy bonito?'. Para que el mayor me haga cuestionarme el mundo entero y repasar las tablas de multiplicar. Y disfrutarlos durante más tiempo, como si fueran mascotas enanas. Porque sé, y cómo lo temo, que cuando sean mayores, echaré de menos desesperadamente a estos cachorros agotadores pero adorables.

P.S. El jurado de los BOBS está reunido en Berlín deliberando. Mañana por la noche se conocerá el resultado. El premio ha sido haber llegado hasta aquí. A todos los que lo habeis hecho posible, GRACIAS.

lunes, 12 de abril de 2010

Riesgo de asfixia

El Ministerio de Sanidad acaba de alertar del riesgo de asfixia para los menores de tres años que entrañan unos muñequitos de Mattel llamados Little People. He visto la foto y creo que no tenemos ninguno en casa. Pero no importa, tenemos cientos, sino miles, de juguetes y objetos que suponen un peligro enorme para la niña, sobre todo ahora que está empezando a gatear -más bien a reptar en plan maniobras militares, lo cual me parece de lo más acertado porque nuestra casa en determinados momentos es lo más parecido a un escenario bélico y una, mal que le pese, tiende a comunicarse con tono marcial -. En fin, a lo que iba, que la vida es un continuo peligro para las personitas menores de tres años, y un sinvivir para los padres que no pueden hacer otra cosa que vigilar que no se lleven nada peligroso a la boca. Y lo peor es que teniendo dos hermanos mayores en ningún lugar está a salvo. Ni siquiera en el parque, ese lugar donde los padres queremos creer que podemos dejar a nuestros bebés cinco minutos, o aunque sean dos, para ir al baño o responder al teléfono. Pero ni siquiera ahí dentro puedo dejarla con tranquilidad, porque es muy probable que, por obra y gracia de sus hermanos, dentro haya alguna pieza diminuto del Lego, o un coche diminuto. Y como la niña está en plena fase de exploración oral, se lo lleva todo absolutamente todo a la boca. Sólo en la última semana le he sacado -con unos reflejos completamente sobrehumanos sobre todo teniendo en cuenta que soy una persona devastada por la falta de sueño- una Hello Kitty diminuta -con una base que sin duda era inferior a dos centímetros, asi que era un riesgo mortal-, un trozo de cuero que arrancó de un puff viejo, un trozo de plástico duro con esquinas en punta (se me pusieron los pelos de punta cuando se lo saqué).
Con todos estos peligros abortados, recupero la fe en el angel de la guarda. Si alguien sabe dónde se le ponen velas, que me lo haga saber.

jueves, 8 de abril de 2010

Desánimo estadístico

Antes de nada quiero aclarar que he dormido muy mal - esta noche me correspondió a mí turno de ´picar en la mina´, o lo que es lo mismo, velar por el sueño, o su ausencia, por lo general, de los cachorros- y el agotamiento físico influye mucho en mi estado de ánimo, que hoy tiende más al desánimo. Y para rematar ha caido en mis manos un informe que me ha hundido en la miseria. Elaborado por la Fundación SM. Entre parejas entre 15 y 39 años, es decir jóvenes, jovencísimos. Y ofrece estos datos:
-Tres de cada cuatro mujeres declaran que se ocupan siempre o habitualmente de limpiar y cocinar (o sea, el grueso de las labores domésticas). Y no sólo eso, dos de cada tres llevan incorporado en su cabecita el disco duro del hogar, y son las que deciden qué se come, qué se compra... Y sólo una de cada cinco, repito una de cada cinco parejas asegura que tiene un reparto equitativo de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Una de cada cinco. Y esto en menores de 39 años.... Para echarse a llorar.
- Y el otro dato del informe que me ha terminado de hundir en la miseria es que el 50% de los entrevistados asegura que tiene conversaciones interesantes con su pareja una o varias veces al día. Y el 65% afirma que dialoga calmadamente también varias veces al día. Aquí sí me han dado ganas de ponerme a llorar. Porque en esta estadística no entro ni de lejos. A no ser que se considere una conversación interesante el gritar por el pasillo: "¿Has visto por alguna parte el chupete de la niña?".
En fin, que voy a ver si me tomo un café, me espabilo un poco y se me mejora el ánimo...

martes, 6 de abril de 2010

¡Que no te vayes!

"Que no te vayeessssssssssss!" Estas fueron las últimas palabras que oyó la madre imperfecta al salir de su casa una soleada mañana de lunes para regresar al trabajo después de las breves pero intensas vacaciones de Semana Santa. El aullido desesperado lo pronunció el cachorro mediano, al que claramente no habían convencido en absoluto los motivos que pacientemente había desgranado su madre durante el desayuno para explicarle la necesidad de que los papás y mamás vayan a trabajar a ganar dinerito para pagar las vacaciones, y comprar huevos de chocolate, y plastilina, y hasta pinturas nuevas de cera te compro esta tarde cuando vuelva del trabajo si te portas bien todo el dia y te terminas todo el desayuno, y dejas de llorar y gritar que te vas a despertar a tu hermana pequeña que se acaba de dormir ahora porque no ha dormido nada esta noche.
Y para cerrar la puerta de casa se tuvo que despegar al cachorro furioso de la falda, que casi se la arranca cual perro rabioso. Y la madre imperfecta entró en el ascensor arreglándose la ropa -pensando que menos mal que no la veía ningún vecino porque iban a pensar lo que no era- Y apretó el botón debatiéndose entre los sentimientos encontrados: por una parte, enorme tristeza de separarse de sus cachorros, despues de cinco fantasticos y agotadores dias de total fusión en los que dio tiempo a hacer muchas cosas pero no tantas como habrían querido unos y otros y lo peor es que aún faltan varios meses para las vacaciones de verano y además esta primavera no hay puentes ni nada. Y por otra parte, a medida que el ascensor se alejaba de su casa y dejaba de oir los aullidos se sorprendió al notar cómo crecía en su interior cierto alivio y hasta ilusión por llegar a la oficina y disponer de todo un día de trabajo por delante, durante el que podrá leer la prensa, contestar con calma los correos de trabajo y mantener conversaciones adultas sin tener que decirle a nadie que dejara de pegar a su hermano. Y al salir del ascensor, se terminó de colocar la falda y se encaminó al trabajo casi hasta contenta.
P.S. Y hoy es el primer cumpleaños de la niña y reina de la casa, episodio que la madre imperfecta se abstendrá de comentar porque sería incapaz de contener la emoción y se pondría a decir cosas del estilo "la niña de mis ojos cumple un año llenando de felicidad y sonrisas nuestros días". Y lo peor de todo es que lo diría de corazón, porque lo que es la niña está divina.

domingo, 4 de abril de 2010

Breves pinceladas vacacionales

- Primer baño del año. Del mediano. En un embalse. A bomba. Con premeditación y a traición. Con botas y pantalones de pana. A pesar de que era en la orilla y sólo se le cubría por los tobillos logró mojarse hasta la cintura. El resto de la tarde, en calzoncillos. Al sol.
- Primer gateo. De la niña. Técnicamente hablando no es un gateo, más bien se arrastra con los brazos, pero se impulsa. Todo un detalle que haya decidido esperar a las vacaciones para lanzarse.
- Dos horas de viaje repasando las tablas de multiplicar del 2 al 6. El mayor. Dos horas. A treinta segundos por tablas. ¿Cuántas veces hemos repasado las tablas? ¿Cuántas tablas por kilómetro?
- Visita turística-cultural a unas ruinas romanas y un pueblo abandonado. Sin preparación previa. Es decir, que al llegar, padres irresponsables, no sabíamos ni qué romanos habían vivido ahí ni por qué. Y desconocíamos la razón exacta de abandono del pueblo o el devenir de sus habitantes. Hasta hace muy poco suplíamos estas carencias con mucha imaginación y fantasía, y nos salían unas explicaciones muy vistosas y por lo general, mucho más interesantes que la realidad, pero ahora nos tortura pensar que el mayor repita nuestras fantasiosas respuestas en clase y nos llame a capítulo la profesora de turno. Conclusión: hay que documentarse -y mucho- antes de viajar con todo niño mayor de ¿seis años?
- Barro. Mucho barro. En los pantalones. En las botas. En las manos. En los bocadillos.
- Chapas. De las de toda la vida, de las botellas. De ahora. Y antiguas, vintage. Todo un descubrimiento y una continua fuente de discordia.
- Y muchos huevos de Pascua. Y animalitos de chocolate.

martes, 30 de marzo de 2010

El talismán

Suele ocurrir en torno a los tres años. Después de empezar el cole, porque el colegio ya no es la escuela infantil. Es el cole. Y nuestros cachorros de menos de un metro comienzan a tener un mundo exterior. Al que enfrentarse cada día. Un mundo nuevo, fuera de su casa y de su hogar, al que enfrentarse. Un mundo nuevo del que hablar al volver a casa. Nuevas personas con las que relacionarse. Nuevos estímulos a los que reaccionar. Tantas sorpresas que asimilar. Tantos miedos que vencer. Pequeñas metas que alcanzar cada día. Enormes triunfos para diminutas personitas. Terribles derrotas que superar. Y es entonces cuando empiezan a aferrarse con desesperación a algún objeto diminuto . Da igual lo que sea. Puede servir desde una pieza rota del Lego, hasta un pokemon que su hermano mayor ha despreciado porque tiene repetido. También vale un imán del frigorífico, una chapa de botella, un canto rodado o un coche sin ruedas. Lo importante es que quepa dentro de su mano diminuta y regordeta. Escondida dentro del puño para que nadie lo vea. Y mantenerla ahí durante horas. Y hasta días lo atesoran con mimo. No lo sueltan nunca. Como mucho lo ponen a buen recaudo en algún lugar escondido. Se lavan las manos con él, apretando los dedos con todas sus fuerzas para que no pase el agua. Se dejan vestir con el puño cerrado. Comen con la otra mano. Duermen con él, guardándolo con mimo debajo de la almohada. Y por la mañana, en cuanto se despiertan, lo primero que hacen, aún medio dormidos, es tantear para recuperarlo. Y si no lo encuentran que se prepare toda la familia porque habrá que lanzar una búsqueda desesperada para encontrarlo lo antes posible. Porque sin ese talismán no logran enfrentarse al mundo. No pueden salir de casa sin él. Quién sabe si les da fuerzas. Para enfrentarse a ese mundo exterior que nosotros, los mayores, ya hemos asumido con todos sus rigores, pero que a ellos todavía les debe dar pavor. Y es que da pavor, pero a nosotros, que ya somos grandes y nos toca -qué remedio- actuar como tales, ya se nos ha olvidado. Y ese talismán diminuto, con apariencia de una mera piedra o un coche roto, les da fuerzas para conquistar todas esas cimas. Para pasar el día fuera de su casa, de su refugio, alejados de sus papás, de sus hermanos. En un mundo con otras reglas. Solitos.

domingo, 28 de marzo de 2010

Con las manos en la masa

La madre imperfecta tiene una fórmula infalible para imponerse a sus fieras, un recurso garantizado para recuperar el control de la situación cuando una teóricamente apacible tarde de sábado comienza a degenerar hacia una batalla campal: Pizzas. Pero no se trata de llamar al Telepizza o bajar a comprar a una pizzería cercana. No, no, nada de eso, hay que hacer la masa. Ya se sabe que con las manos en la masa, no se puede liar algo muy gordo.
La madre imperfecta no acaba de tener claro si meterse en la cocina a amasar con los niños es algo moderno o retrógrado, y no sabría decir si es una manera como otra cualquiera de perpetuar los roles tradicionales y, por consiguiente, dar un mal ejemplo para sus hijos. Sólo tiene claro que la simple pregunta “¿Hacemos pizza?” se convierte en una fórmula mágica, en un conjuro que al oírlo logra que las fieras paren de inmediato de hacer lo que estuvieran haciendo, se remanguen las mangas de la camiseta y corran a lavarse las manos. Y una vez preparados basta medio kilo de harina, un vaso de agua y un cubito de levadura (receta y elaboración más abajo, por si alguien se anima) para tener a los muchachos controlados durante un buen rato. Cada uno con su mandil, amasa que te amasa. Y además, resuelven la cena.
Y sí, al terminar hay harina por todas partes, incluidos los niños, pero se limpia con un trapo, y es muy barata.
Y como lo prometido es deuda, aquí procede la madre imperfecta, sin que sirva de precedente, a revelar su fórmula mágica:
Ingredientes: Medio kilo de harina. 250 cl. de agua. 1 cubito (25 g.) de levadura fresca. 1 pizco de sal.
Deshacer la levadura en el agua tibia. Verter sobre la harina y amasar hasta que se despegue de las manos (si es necesario, incorporar más harina). Dejar reposar la masa un par de horas en un lugar caliente (horno apagado). Luego extender sobre fuente de horno, y cubrir con tomate triturado mezclado con sal, aceite de oliva y orégano. Hornear hasta que la masa esté hecha. Salpicar con trozos de queso (mozzarella o gouda) y hornear otro par de minutos. Y a comer!

Compártelo