martes, 10 de noviembre de 2009

Qué viajecito

Llevábamos varias semanas, incluso meses, sin salir de casa. Pero este fin de semana, como era un poco más largo, decidimos vencer la pereza que nos produce el movilizarnos con la prole y marcharnos de puente. Para descansar un poco. Relajarnos y olvidarnos por un par de días del trajín diario. Ja. Para resumir diré que de las dos horas y media que duró el viaje en coche, la niña, que estaba recién comida, recién cambiada, con ropa cómoda, y sin frio ni calor, lloró dos. No, mejor dicho, no fueron lloros exactamente, no, ojalá, sino unos gritos recién estrenados que me hicieron concebir vanas ilusiones de haber traido al mundo una cantante de ópera. O de heavy metal.
Y no hubo ni chupete, ni juguete, ni cántico, ni gracia que le hiciera calmarse. Y para colmo este concierto se produjo cuando estábamos atravesando un páramo en el que no hay ningún sólo lugar donde pararse en 80 kilómetros de autopista (aprovecho desde aquí para lanzar un llamamiento a Iberpistas, la empresa concesionaria, para que estudie la posibilidad de hacer algo al respecto, se trata concretamente de un tramo entre Villacastín hasta unos 40 kilómetros antes de Salamanca. Si alguno de sus responsables tiene dudas sobre la necesidad de habilitar un lugar donde pararse, les invito a acompañarnos en uno de nuestros 'entretenidos' desplazamientos familiares). En varias ocasiones traté de convencer al padre de la criatura para que parara en el arcen, pero era noche cerrada y no parecía una idea muy sensata. Cuando por fin encontramos un lugar señalizado para parar, con la niña ya congestionada y la respiración entrecortada, el padre de las criaturas salió del coche y se echó a andar entre los camiones con una furia tal que por un momento pensé que era la última vez que íbamos a verle y ya imaginé y todo cómo les iba a explicar a sus hijos el día de mañana el momento aquel en que vimos a su padre por última vez en un área de servicio de Ávila en una noche oscura con mucho viento.
De tan agitada que estaba la niña, no había manera humana de calmarla, ni siquiera enchufándola a la teta. Si hubiera habido un motel de carretera de verdad que me habría quedado allí a dormir con toda la proles. Pero no lo había, como tampoco una cafetería donde ir a tomar algo a esperar que la niña se calmara. Nada. Sólo un banco en medio de la estepa. Con el viento gélido que soplaba huracanado no me atreví a salir del coche. Y dentro del coche la niña no lograba calmarse. Así que cuando, contra todo pronóstico, regresó el padre de las criaturas de tomar un poco el aire, continuamos camino jurándonos cada uno que Nunca más. No os digo más que lo primero que hice al llegar a nuestro destino fue ir a la estación de tren a comprar un billete para regresar con la niña. Y ayer nos volvimos ella y yo en tren, estupendamente. Ni se la oyó en todo el trayecto, se dedicó a repartir sonrisas. Sobre todo a los chicos.

5 comentarios:

  1. nuestros trayectos en coche son algo así como horribles también... pero en vez de llorar.. mi mayor VOMITA!!! ahora quizá ha mejorado un poco, pero se llegaba a marear en trayectos urbanos!!! y la cantinela, no quiero coche mamá, no quiero coche... pobrecito, lo mal que lo ha llegado a pasar

    y los ejercicios de malabarismo dentro del coche, para con el cinturón (o sin él) girarme y aguantarle el cubito porque no había un sitio para parar... ríete tu del circo du soleil...

    venga, ánimos!!!

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  2. Dios mío, estoy embarazada de casi cinco meses y .. ¡¡me encanta el blog! eso sí hay veces que no se si arrepentirme de haber tenido este "accidente"

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  3. Ah, yo siempre viajo en tren, justamente para que mis enanos se sientan libres, je. Ojo, también lo aprendí de la experiencia, buf.

    A Sonieta que posteó, chica ve donde el pediatra para que le den un antiemético. Mi niño toma ahora sólo 1/2 Mareamín y puede disfrutar los paseos. Hablo como una ex-niña mareona.

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  4. dios, yo que tiemblo de viajar con un niño, ni me imagino lo que serán tres... tienes mucho valor!!! pero es que si uno no se planta como haces tú, se encierra en casa y de ahí no sale, hay que ser valiente y contra viento y marea hala pa fuera!

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  5. Mi nene también se ponía hecho un histérico, pero histérico, histérico de verdad, hasta que me enteré de lo que hacían algunas mamás:
    Como supongo que tu niña va aún en sentido contrario a la marcha, tú te colocas al lado de ella y, sin quitarte el cinturón, pero estirándolo bastante, te reclinas hacia delante y haces lo posible para meterle la teta en la boca. Parece imposible, pero se puede, para ello basta motivarse con los chillidos de la criatura. Es mano de santo. Y encima con el tiempo se mejora la técnica y parece que ya ni duele la espalda. Nosotros hemos visto la luz. Pruébalo y nos cuentas.

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