Yo había pensado siempre que el agobio por la vuelta al cole era un invento de unos grandes almacenes para fomentar el consumo postvacacional. Y estaba convencida de que yo, con mi capacidad de organización y mi soltura , lograría superarlo sin mayores problemas. Sin estress y sin complicaciones, y sin desestabilizar el presupuesto familiar. Pues bien, ahora que acabo de afrontar mi segunda vuelta al cole doble (es decir, con dos escolares) me trago todas mis palabra y casi clamo Socorro!.
Mi hijo mayor lleva varios días persiguiéndome para que le compre material escolar suficiente como para cursar toda la carrera de arquitectura. Cometí el error de ir la primera vez a comprarlo sin él y me ha tocado devolver la mitad y comprarlo de nuevo. Llevo varias tardes también preparando la mochila del otro con todo lo que nos han pedido, que parece más bien que se fuera a la mili.
A esto se añade el cambio de rutina diaria, harían falta domadores para hacer coger el ritmo a dos fieras que llevan todo el verano en estado semisalvaje al aire libre. Ya sé que la teoría dice que los días antes al Día D hay que irlos acostando antes, hacerlos madrugar y comer en un tiempo razonable. Pues por más severos que nos hemos puesto, no lo hemos logrado. Eso sí el primer día de cole, a pesar de que se habían ido a la cama tardísimo, a las siete menos cuarto los tenía en mi habitación, sin vestir, el mediano con el culo al aire, pero con la mochila puesta cada uno. Ese madrugón no ha ayudado tampoco a coger el ritmo porque por la tarde se caían del sueño.
Yo este año tengo suerte porque sigo de permiso de maternidad, y me puedo dedicar a estas labores a tiempo completo. Pero desde luego en el trabajo deberían dar días libres, o sino que alguien me explique cómo se hace para llevar a un niño al cole de 9 a 11, o de 10 a 12, según el caso durante una o dos semanas.
Y no quiero generalizar, nada más lejos de mis intenciones, pero mucho me temo que gran parte del peso de la vuelta al cole recae sobre las madres, que lo vivimos como si volviéramos nosotras mismas a llevar mochilas y babis. Esta es una conversación real mantenida en una casa con dos niños en edad escolar la noche antes del día D:
- "¿Qué haces?", pregunta el padre distraído, periódico en mano, a la madre, que se afana con la aguja.
- "Marcando la ropa con una cinta con su nombre, porque no le cabe el nombre con rotulador", responde la madre, con voz de agobio, pensando en cómo va a ponerle el nombre a los calcetines, porque en el mensaje del cole especifican que TODAS las prendas de recambio han de ir marcadas.
- "Ah, ¿tiene que llevar ya toda la ropa marcada el primer día?"
Y la madre no se molesta siquiera en responder, levanta la mirada sólo un segundo y sigue a toda prisa para terminar antes de que sea muy tarde.
P.S. Prometo tragarme mis palabras y enviar un diploma si algún padre me ofrece pruebas de que ha marcado él mismo con sus propias manitas (aunque sea a rotulador) la ropa de sus hijos.
miércoles 16 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)






5 comentarios: