El otro día un amigo me dijo que cuando leía mi blog se sentía como “el enemigo”. Nada más lejos de la realidad ni de mis intenciones que meterme con los sufridos padres de nuestras criaturas, con los que compartimos desvelos, insomnios, fiebres, discusiones e incluso planes de divorcio a altas horas de la madrugada. Papás y mamás estamos en la misma trinchera. Frente a las fieras. Así que aprovechando el 19 de marzo, quiero rendir mi particular homenaje a los padres, sobre todo a los que:
- Se levantan como autómatas una y otra vez –como si carecieran de memoria reciente- en medio de la noche al oír el lloro de uno de sus retoños.
- Ceden su sitio en la cama a una criatura llorosa y se van a dormir al sofá. E incluso ceden el sofá, y se preparan un café a las seis de la mañana, si criatura tras criatura se han ido meando en sus camas y ya no hay dónde acostarse.
- Preparan biberones de madrugada, aunque muchos días no sepan ni qué le están echando.
- Sacan a los niños de paseo el domingo por la mañana para que la madre de las criaturas pueda quedarse un rato tranquila en casa.
- Han hecho un máster en aprovechamiento del espacio físico para que en el maletero del coche quepan todas las bolsas, todas las neveras de comida y bebida, las sombrillas de playa, todos los juguetes, los balones de futbol, los patinetes y hasta los triciclos y los cubos y las palas.
- Cambian pañales con tal destreza que ganarían cualquier contrarreloj de limpieza de culitos.
- Llevan a los niños al cole por la mañana y van repasando la lección, la poesía o los deberes que corrigieron juntos la noche anterior.
- Cuentan cuentos noche tras noche, tras noche tras noche, tras noche tras noche.
- Nos aguantan con paciencia, e incluso algunos días hasta con buen humor, a las madres embarazadas.
¡Feliz día del padre!
miércoles 18 de marzo de 2009
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