jueves, 26 de febrero de 2009

Un bunker propio

Algunas tardes trabajo desde casa. Justo a la hora en que mis retoños regresan de su cole y guardería, respectivamente. Cansados pero felices de estar en libertad. Como potros. Y muy contentos de no seguir sometidos a la disciplina escolar. Y cuando llegan yo estoy atrincherada en un minidespacho que tengo instalado en la habitación donde además duerme uno de los niños. Despacho de día, dormitorio de noche. Así optimizamos los 70 metros cuadrados. La chica, EVP (Enviada Por la Providencia) tiene instrucciones de prohibir la entrada a ese cuarto mientras estoy trabajando, pero mis hijos hacen caso omiso y entran continuamente a pedir que les imprima algún dibujo, que les busque un superhéroe en el ordenador o a contarme, el mayor, su último disgusto, normalmente mientras estoy haciendo alguna entrevista por teléfono, y el pequeño a llorar porque el otro le ha pegado.
Parafraseando a Virginia Wolf, a veces pienso que más que una habitación propia, necesitaría un bunker propio.

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