miércoles, 4 de febrero de 2009

Trabajar, también, fuera de casa

Voy a decir algo que me llevará al patíbulo del feminismo: para una madre trabajar –fuera de casa, se entiende, dentro trabajamos todas, aunque algunas, eso sí, a jornada completa- es algo así como nadar contracorriente. Cuando no tienes hijos, todo va estupendamente, te parece lo más normal salir de casa a ganarte el pan, que para eso te has preparado, y cuando oyes hablar de las dificultades de ser madre trabajadora te parece que eso es problema de otras con menos agallas que tú. Ja! Hasta que llega el día que te encuentras con uno o dos churumbeles y sientes, de repente, como que el mundo entero se ha confabulado en contra tuya, de tu carrera y de tu ilusa pretensión de desarrollar una carrera profesional. Y ya no te digo nada si las criaturas, arteras como pocas, se ponen a hacerte chantaje emocional, porque los niños, por muy igualitario que sea todo en su hogar, como es en el mío donde el padre y yo siempre hemos trabajado por igual dentro y fuera, parece como si tuvieran grabada en el ADN la división de roles (esto habría que investigarlo). Mi hijo mayor en cuanto aprendió a hablar me soltó esta perla: "Mamita, ¿por qué en vez de ir a trabajar te quedas en casita y me preparas la comidita?" y a mi cada –ita de esos se me clavaba en el alma. Obviamente eso nunca se lo dijo a su padre. Ni se le ocurrió. Y ahora el pequeño, que prácticamente aún no habla, ha cogido la manía de irrumpir a diario en el rincón donde tengo mi minúsculo estudio y trato de trabajar, para chillarle al ordenador: "Malo, malo", y me agarra de la mano, y dice "papa, ahí, mamá, no", y me arrastra al sofá del comedor. Sólo le falta traerme la caja de la costura

3 comentarios:

  1. No me extraña nada. Yo creía que en pleno siglo XXI todo eso estaba superado, pero gracias a la colección de Teo que vende El País los sábados, me he dado cuenta de cuán lejos estamos de eso. No conocía los cuentos, pero pensé que viniendo con un periódico moderno que continuamente te está hablando de la igualdad y la paridad y todo eso, los cuentos estarían bien. Pues cada vez que abro alguno de los cuentos, se me ponen los pelos de punta cada vez que veo a la mamá planchando, cocinando o bañando a los niños mientras el padre lee el periódico o ve la televisión. Cuando salen los abuelos lo mismo, la abuela teje y el abuelo lee mientras fuma una pipa, faltaría más, que los hombres de aquella época eran los que leían. Qué gran oportunidad ha perdido El País de mostrar a los niños un mundo de verdad, en el que las mamás también leemos y los papás tambén ponen lavadoras, en el que las madres se van de viaje de trabajo y los padres preparan el asado.
    O quizá es que ese mundo sólo sea verdad dentro de mi casa y resulta que de puertas afuera sigue siendo como en los cuentos de Teo.

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  2. Pues habrá que seguir luchando y resistiendo, cuales aguerridas numantinas. ¡¡qué contenta estoy de hacerte encontrado!!, es lo que tiene la red.
    Voy a ver si conseguimos hacer que el Alcalde cumpla su promesa electoral de una escuela infantil en nuestro barrio.Estoy "trabajando en ello"...
    Un beso

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  3. Va a ser cierto eso de que nuestras madres vivían mejor. Yo creo que la cuestión no es tanto trabajar o no trabajar, sino poder conciliar el trabajo con la atención de los hijos. En nuestro país aún perviven ciertos horarios partidos sólo aptos para hombres de otra época, no está universalizada la educación infantil, por lo que la crianza de los hijos para madres trabajadoras es una fuente de estrés, confiemos en que esta época vaya poco a poco quedando atrás. Los grandes cambios sociales empiezan siempre a fraguarse en el centro de las capitales. Estamos en el momento y en el lugar adecuados.
    Un saludo

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