lunes, 2 de febrero de 2009

Seguro anti-hijos

Lo último en romperse ha sido el ordenador portátil. Dejó de funcionar la semana pasada y se reinicia una y otra vez. Antes había muerto la impresora, y sobre esto sí que no hay dudas de lo que ocurrió: el enano le dio un puñetazo a los botones y los metió para dentro. Algo parecido debió de hacerle en un despiste nuestro a la cadena de música porque lleva varios meses que no se abre sola y hay que extraer los CDs con un cuchillo. Tampoco funciona el vídeo, creemos que lo rompió al tratar de meter un plátano, quién sabe si aún hay restos dentro. El teléfono inalámbrico funciona a días alternos, y hace muchos meses que no se ven los números en la pantallita. Y la puerta del microondas empieza a cerrar mal desde que al glotóndemenosde unmetrodealto entendió que ese era el lugar mágico donde le preparamos el biberón y de dónde salen todo tipo de manjares calentitos. En general no ha dejado nada intacto, y eso que lo hemos puesto todo en alto, pero da igual. En cuanto nos descuidamos, en una fracción de segundo, arrastra una silla o un taburete, se encarama y aporrea. Son los daños colaterales del negocio este poco rentable de tener hijos.
Así que el sábado nos tocó consagrar el día a comprar un ordenador nuevo, sin todo lo demás podemos sobrevivir, pero el portátil es esencial. Decidir el modelo fue un proceso largo y complicado, como es comprensible en mi actual estado de indecisión aguda (voy a decir algo que me convertirá en objeto de las críticas más furibundas, pero yo creo que a una mujer embarazada habría que inhabilitarla legalmente para que efectue cualquier operación financiera superior a diez euros, por lo menos a mí, habría que prohibirmelo, pero esa es otra historia) y cambiamos de modelo varias veces.
Cuando ya estábamos por fin pagándolo -después de que el sufrido padre de las criaturas neutralizara mi enésimo intento de cambiar de idea-, el dependiente nos ofreció contratar un seguro contra "averías, roturas accidentales, problemas en la mudanza, fractura de la pantalla y derrame de líquidos". Y según lo estaba enumerando, yo sólo lograba ver al otro aporreando, golpeando, tirando, derramando y fracturando. No hace falta que diga que lo hemos contratado, casi ni pregunté el precio: por fin, un seguro antihijos!. Tengo que preguntar cuánto me costaría que algo similar me cubriera toda la casa.

1 comentario:

  1. ... "voy a decir algo que me convertirá en objeto de las críticas más furibundas, pero yo creo que a una mujer embarazada habría que inhabilitarla legalmente para que efectue cualquier operación financiera superior a diez euros" Siento ratificar este punto sílaba a sílaba: tengo un estudio de diseño con mi pareja y en mi segundo embarazo metí la pata en 2 superpresupuestos de tal manera que él mismo me animó a cogerme la baja (si es que un autónomo conoce ese derecho) con tal de que evitar que nos arruináramos... ¡arriba el humor!

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