lunes 2 de febrero de 2009
Madre de 14
He tenido que leer la noticia varias veces porque al principio pensaba que no lo estaba entendiendo bien: la mujer que dio a luz a octillizos el otro día en Estados Unidos, una tal Nadya Suleman, de 33 años de edad, tiene ya otros seis hijos de entre dos y siete años. Cinco fieras de entre dos y siete años, y no contenta con eso se hizo implantar ocho embriones, porque se los hizo implantar, no es que la sometieran a tratamiento para que ovulara más y se les fue de la mano la ovulación, como se había pensado en un principio. No, ella pidió que le implantaran los ocho, uno tras otro. Mientras las seis fieras, repito para que se comprenda bien, seis de entre dos y siete años, la esperaban en casa. Con la abuela, o vete a saber con quién, porque Nadya no tiene pareja, o al menos no un padre que ejerza como tal, porque está divorciada y sus 14 hijos (las cifras me están empezando a marear) provienen del esperma de un donante anónimo, o de varios, digo yo. Y la abuela, comprensiva y paciente, justifica todo este delirio procreativo asegurando que a su hija le encantan los niños, que está obsesionada con ellos. Obsesionada. Y tiene 14. Yo diría que a partir de cierto número ya es algo más que una obsesión, es una demencia. Esto confirma mi teoría, en fase de demostración, de que las mujeres nos trastornamos con esto de la maternidad, puede que sea un problema de riego cerebral durante el parto, un exceso de hormonas, pero que nos trastornamos, nos trastornamos, eso es un hecho. Y eso nos lleva a tener un segundo, un tercero, y hasta ocho de golpe. Naturalmente, no quiero decir que yo esté en camino de emular a esta Nadya. Pero sí explica que esté sometiendo a mi pobre cuerpo a este suplicio por tercera vez.
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