viernes, 30 de enero de 2009

Trona de última generación

Cuando nació mi hijo pequeño, mis compañeros de trabajo me regalaron una trona de diseño de una prestigiosa y modernísima marca noruega. En realidad es una silla –en teoría involcable, pero sólo en teoría- sin esa especie de bandeja delantera, porque la idea es que el niño desde temprana edad se siente a la mesa de los mayores, para favorecer su integración y su interacción con el resto de la familia. Eso es lo que dice el folleto, en el que se ve a unos niños rubios monísimos y sonrientes. No sé si los noruegos, tan avanzados y progresistas ellos, por interacción entienden tirarse encima el mantel con la sopa y la ensalada de toda la familia, o meter la mano en la fuente de pasta. En ese caso, es un éxito. Voy a escribir a la casa fabricante a comentárselo y de paso a decirles que tienen que perfeccionar el modelo porque mi hijo ha logrado volcarla él solito, sin ayuda de nadie.

3 comentarios:

  1. Pues si no recuerdo mal la gracia de esa trona es que "crece" con los niños, es decir, que tienes manotazos en la ensalada para años... En mi caso el regalo fue una estupenda trona filipina antigua... preciosa, eso si, pero cada vez que los 20 michelines contados de mi primer hijo se ponian en acción en alguna de sus pitas, conteníamos la respiración mientras se nos atragantaba la lechuga esperando ver como el artilugio se desmoronaba en los mil palitroques que la componian...eso si... la trona resistió (a ver quien es el guapo que en un piso se permite el lujo de tener dos tronas) y yo con ella... claro que cuando nació el segundo lo primero que compré fue una de esas sillas de margaritas horribles que se enganchan con torniquetes en cualquier saledizo..., el enano quedaba practicamente inmobilizado... vamos, una joya que use hasta que se cayó de vieja!
    Cris

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  2. Si yo también utilicé la de los torniquetes a la mesa, me duró dos niños y mil lavadas para desincrustar pures, trozos de galleta aplastadas y demás restos no identificables... Pero no caí en los peligros de la silla, que no tenía arnes y dejé a mi hija sentada tranquilamente y jugando mientras fuí un momento al cuarto de baño y con 9 meses me la encontré salida de la silla y encima de la mesa, después decidí poner arnes. Y con mi segundo hijo atado y reatado con el arnés hacía palanca contra la pata de la mesa hasta conseguir aflojar los torniquetes y sacar la silla, lo tuve que coger al vuelo. Con los niños miras todo, lo remiras, piensas donde pueden escalar, que pueden coger, alejas los peligros, pones llaves y candados en las puertas, pero siempre siempre te sorprenden, sin saber como, son capaces de escalar el Himalaya a limpio gateo y meterse por la boca, nariz y orejas los objetos más insospechados. Pero estoy absolutamente convencida de que tienen un ángel de la guarda encima porque sino no me lo explico.

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  3. Yo la verdad es que estoy muy contenta y es la única manera de poder comer un poco tranquila cuando estoy sola con mis dos hijos. Los pongo en lado de la mesa, y yo me pongo en el otro a una distancia prudencial.

    Siempre había creido que era una silla robusta y segura. Pero el susto de mi vida me lo llevé la semana pasada cuando, al ir a llevar mi plato a la cocina, me encontré a mi peque de once meses encima de la mesa gateando... O sea, que fuerte lo es, pero segura, para los más pequeños, no tanto.

    Y por cierto, felicidades con el blog y por la criatura que está en camino. Para mi que estoy en una situación similar (pero que me pensaré mucho y mucho ir a por el tercero) es un consuelo verSe reflejada en tus palabras. Un abrazo des de Barcelona.

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