En Estados Unidos, donde por cierto no está reconocido un permiso de maternidad como tal, algunas empresas han empezado a animar a las madres para que vayan con sus hijos a la oficina. Si no sabes qué hacer con la fiera, te la llevas contigo. Más de 120 empresas se han apuntado ya a esta moda y sus empleadas van al trabajo con el churumbel bajo el brazo. Sólo espero que esta tendencia, que no sabría decir si es progresista o retrógrada, no llegue nunca a España. Nunca olvidaré la paz y la serenidad que sentí el primer día que regresé a trabajar después de tener a mi primer hijo (habrá quién me llamará madre desalmada por haber estado dichosa en vez de desgarrada por la separación, lo admito y no siento ningún remordimiento por ello). Me parecía estar de vacaciones, o en algún lugar cercano al cielo, con ese silencio y esa paz, que me permitía leer y hablar por teléfono sin interrupciones, un lujo que había olvidado. Así que no puedo imaginarme estar en el trabajo, intentando en vano hacer algo productivo, mientras el enano de turno aporrea el teclado del ordenador, me cuelga el teléfono o rompe los periódicos.
Otra cosa diferente son las guarderías en los lugares de trabajo (convenientemente situadas en otra planta, y con los niños bajo el control de personal cualificado) o el teletrabajo, porque, al fin y al cabo, ahí estás en tu casa. Pero las oficinas, por favor, mantengámoslas como reductos sagrados libres de niños.
martes 20 de enero de 2009
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