martes, 20 de enero de 2009

Oficinas libres de niños, por favor

En Estados Unidos, donde por cierto no está reconocido un permiso de maternidad como tal, algunas empresas han empezado a animar a las madres para que vayan con sus hijos a la oficina. Si no sabes qué hacer con la fiera, te la llevas contigo. Más de 120 empresas se han apuntado ya a esta moda y sus empleadas van al trabajo con el churumbel bajo el brazo. Sólo espero que esta tendencia, que no sabría decir si es progresista o retrógrada, no llegue nunca a España. Nunca olvidaré la paz y la serenidad que sentí el primer día que regresé a trabajar después de tener a mi primer hijo (habrá quién me llamará madre desalmada por haber estado dichosa en vez de desgarrada por la separación, lo admito y no siento ningún remordimiento por ello). Me parecía estar de vacaciones, o en algún lugar cercano al cielo, con ese silencio y esa paz, que me permitía leer y hablar por teléfono sin interrupciones, un lujo que había olvidado. Así que no puedo imaginarme estar en el trabajo, intentando en vano hacer algo productivo, mientras el enano de turno aporrea el teclado del ordenador, me cuelga el teléfono o rompe los periódicos.
Otra cosa diferente son las guarderías en los lugares de trabajo (convenientemente situadas en otra planta, y con los niños bajo el control de personal cualificado) o el teletrabajo, porque, al fin y al cabo, ahí estás en tu casa. Pero las oficinas, por favor, mantengámoslas como reductos sagrados libres de niños.

5 comentarios:

  1. qué bueno que no soy la única que siente que se libera los lunes por la mañana cuando cojo el coche y pongo rumbo a la oficina, cuando saco mi café de la máquina, me pongo frente al ordenador, y pienso tranquilamente, escribo, leo, hablo con seres humanos de mi edad sin ser interrumpida por el llanto de mi hijo... luego vuelvo por la tarde renovada y con ánimo de ser madre otra vez...

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  2. Trabajar en casa es algo parecido. Aunque yo mantengo una disciplina ferrea sobre mi despacho, las niñas saben que no se puede entrar cuando la puerta esta cerrada y soy capaz de seguir escribiendo sin levantarme cuando las oigo berrera al otro lado mientras la chica que las cuida hace de barrera de contencion, no se como me las apaño, pero al final siempre tengo el despacho lleno de chupetes, peluches y piezas de las construcciones. Lo peor de todo, cuando llama un cliente y tienes algun introso pegado a ti, y rezas, para que por Dios, por Dios, no se ponga a hablar o a llorar mientras estas hablando de negocios. Nunca falla, aiempre acaba oyendose, al otro lado del telefono, ya sea en Madrid o en Washington, una vocecita que dice "¿mama, mama, con quien estas hablando?".

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  3. Hoy mis hijos han vuelto solos por primera vez del colegio y, desde esta mañana que les he dado las instrucciones de TODO LO QUE NO DEBIAN HACER por el camino, no he dejado de pensar en todas las cosas horribles que les podrían suceder... que pelearan (dios, es un infierno) y el pequeño se escapara, que cruzaran en rojo... que algun conductor despistado no los viera en el paso de cebra... Pero han llegado perfectamente sanos y salvos, llenos de seguridad y suficiencia en si mismos...
    Acabo de darme una buena repasada de tu blog por ecomendación de una amiga, Manuela, y leyendote asi como a tus seguidores, no he podido evitar una sensación de congoja. Me recuerdo a mi misma los primeros años al igual que vosotras, pensando que esto de la maternidad era como la mili.. todo el mundo tenia sus batallitas (y por Dios, sus consejos sobre si chupete o pipa, si pañal hasta los dos o hasta los dos y medio... uff, y en fin)... que tiempos. También recuerdo el tira y afloja con mi pareja como dices en otro post... creo que todo empezó cuando a el gracioso del pediatra se le ocurrió decir que "una chaqueta era eso que las madres ponian a los niños cuando tenian frio" delante de mi marido. Y tambien, en los 8 años que estuve de free lance mientras los criaba llegando a los extremos de encerrar al mayor cuando lloraba en el baño mientras hablaba con un consejero de la Junta de Andalucia hasta que no pude mas, lo dobí y en venganza me empezo a tirar del pelo mientras yo seguia hablando viendo como mechones de mi pelo caian por la alfombra. O cuando, yo tan optimista, pero sobre todo tan gorda en el embarzo (25 kg) tuve el optimismo de matricularme en Derecho como segunda carrera, y estando en la fila entre veinteañeros, estornudé y pude observar la cara de pánico de todos ellos pensando que directamente me salia el niño disparado (eso si, me dejaron colar todos)..... y en fin, no sé, tantas historias que he recordado leyendoos hoy que los crios se han hecho un poco más mayores, que no sabéis como he echado de menos todos y cada uno de esos momentos.
    Cris

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  4. Cris tambien a mí me recomendó Manuela este blog, y por cierto el otro día mi madre confesó que cuando nos dejo irnos solos al cole, no pudo aguantar la angustia y nos siguió varios dias escondida entre árboles para ver que tal ibamos y eso que vivimos a una manzana y un semáforo del cole, hasta que llego un día que nos dejó sólos de verdad.........
    Irene

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  5. Por eso yo digo...hay que disfrutarlos ahora que los tenemos pequeños. Alguien me dijo una vez muy sabiamente: en la infancia, el cansacio de los padres es físico, pero en la adolescencia, la juventud y la adultez, el desgaste de los padres es mental.

    Marissia.

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