lunes, 5 de enero de 2009

Objetivos para el 2009

Para empezar bien el año voy a dejar constancia por escrito -ahora mismo le mando copia a mi notario- de mi listado de buenas intenciones y metas a cumplir en este 2009. Que serán muy modestas y a corto plazo, porque teniendo en cuenta mi volumen creciente no tiene mucho sentido que me proponga mantenerme en forma, o subir al Klimanjaro, aunque hay determinadas cosas que puede ser incluso más cuesta arriba, muchísimo más, como por ejemplo, y aquí va mi primer propósito, lograr que el enano duerma toda la noche sin tomar biberón.
Ese sería mi principal objetivo, no sé cómo lograrlo y sin duda, voy a requerir apoyo psicológico y moral.
Mis otras intenciones son:
- Hablar con el padre de las criaturas al menos media hora a la semana sobre temas no relacionados ni con los niños, ni con la logística del hogar, ni con el avituallamiento. Y no vale hacerlo en el coche, en pleno atasco, mientras los niños duermen en el asiento de atrás. Tiene que ser media hora cara a cara, y sin fieras gritando en las cercanías.
- Teminar de ver las películas que empiece, aunque sea una al mes. Prohibido devolverlas al videoclub sin terminar.
- Darme crema hidratante en todo el cuerpo después de cada ducha, que con este frío tengo la piel sequísima, y encima hay que embadurnar bien la panza para que no salgan estrías, o eso dicen. Mucha gente pensará que esto no tiene mucho mérito y que debería ponerme objetivos más altos. Eso es porque nunca han tratado de darse crema mientras alguien trata de tirar abajo la puerta del baño.
- Descartar de mi mente la idea de que embarazarme por tercera vez ha sido una locura. Aunque lo sea.
- Asumir la nueva maternidad con entusiasmo e ilusión. La situación no puede empeorar mucho más, total estoy ya sin dormir.
- Dedicar al menos una tarde a la semana a despejar las principales dudas existenciales de mi hijo mayor (si Spiderman es más fuerte que Batman, aunque para esto tendré que hacerme un curso acelerado de superhéroes, si hubo dinosaurios buenos, si los mares pueden secarse, o si los números se acaban).

A los Reyes les he pedido paciencia, mucha paciencia. Y buen humor.

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