La otra noche estábamos cenando tranquilamente un plato de pasta cuando mi hijo mayor (seis tiernos añitos) nos soltó a bocajarro: “Mamá, ¿verdad que infinito no es un número?”. A mí casi se me atragantaron los spaghettis al oírlo, y su padre y yo respondimos al unísono. “No”, dije yo. “Sí”, afirmó él. Y nos miramos, como pillados en falta, ante la mirada escrutadora del inquisidor, que insistió sin piedad “entonces, ¿es o no es?”. “No es un número en el sentido de que no se escribe con cifras, así tipo 1, 2, 3”, dije yo tratando, con poco éxito, de sonar muy convincente. “Sí lo es porque expresa cantidad, aunque sea infinita, que quiere decir que es tanta que no se puede contar”, rebatió su padre. Y para tratar de zanjar la espinosa cuestión, le pregunté rápidamente por su clase de kárate (uno de sus temas favoritos, sobre el que puede hablar durante horas).
Mucho me temo que esto de pillarnos así no ha hecho más que empezar... ¿Alguien conoce algún curso acelerado e intensivo de cultura general muy pero que muy general?
viernes 16 de enero de 2009
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