Tengo varices en lugares inverosímiles, la tensión tan baja que paso la mitad del día mareada, y cefaleas recurrentes prácticamente a diario. Una delicia. Y sin embargo, estoy contenta de estar embarazada. Contenta, a pesar de las varices, la tensión por los suelos y la cabeza que me estalla. Que no es nada grave, pero sí incómodo, como poco. Y todavía me queda medio embarazo por delante, 20 semanitas de nada en las que los síntomas se irán incrementando. Ya me lo advertido los ginecólogos, en el tercero, los síntomas son más molestos. Normal, si es que está todo ya muy usado; me siento como un coche de segunda mano, que hoy tiene un problemilla por aquí, mañana por acá, nada serio pero cada día algo... Y ya digo, que las hay que están en muchas peores condiciones que yo, con problemas más serios, o en reposo absoluto. Y aún así, están contentas de haberse embarazado. Y también hay muchas que se someten a terribles tratamientos, que podrían ser catalogados como tortura, para alcanzar este estado. Y cuando lo logran, están contentas. ¿Qué adonde quiero llegar? Pues que nos hemos trastornado, porque sólo un trastorno mental, aunque sea transitorio, puede explicar que se pueda estar feliz en esta situación –y lo siento si alguna se da por ofendida-.
Me sorprende que no haya bibliografía sobre el tema.
lunes 8 de diciembre de 2008
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