jueves, 11 de diciembre de 2008

El nombre

La mayoría de las parejas tienen pensado el nombre para su bebé desde el momento incluso de la concepción -algunos incluso desde antes-. Así, en cuanto le dicen el sexo de la criatura, se lo adjudican inmediatamente, prácticamente sin dudarlo, y ya hablan de él, o de ella, con total propiedad: "Rocio nacerá en abril". "Le he comprado ya las primeras deportivas a Pablo..". E incluso, a mí esto me parece casi ciencia ficción, le hablan.:, "Eulalia, deja de dar pataditas, que estás hoy muy revuelta".
Supongo que esas prácticas van creando armonia en la familia y preparan a sus miembros para la llegada del recién nacido. Pero nosotros no lo hacemos. No porque no queramos, nada me gustaría más que tener las cosas tan claras y tanta armonía en mi vida, sino porque no logramos decidir el nombre hasta el último, ultimísimo momento. Yo soy ya de por sí indecisa y esto se me agudiza durante el embarazo, hasta el punto de que soy incapaz de tomar la menor decisión.
Al mayor le pusimos el nombre en la sala de dilatación, entre contracción y contracción, y al segundo cuando le vimos la cara (gorda e hinchada). A pesar de las circunstancias, les pusimos nombres relativamente normales e incluso bonitos, para mi gusto. Con la niña vamos por el mismo camino y eso a la gente le pone muy nerviosa. Todo el mundo nos pregunta: "¿Y cómo se va a llamar?". Y cuando le respondes que no tienes ni idea, te miran con cara de sorpresa y se ponen a sugerirte nombres. Si se te ocurre, grave error, mencionar algunos de los que estás barajando, se darán prisa en asociarlo a algún personaje espantoso -siempre, siempre, incluso con el nombre más bonito y neutro del mundo se puede hacer alguna asociación espeluznante- o hacer alguna broma fácil. Luego también hay que manejar con delicadez y diplomacia el tema de las presiones familiares, de los abuelos y abuelas empeñados en que su nombre, o el de su tio-abuelo respectivo, - como si se tratara de una especie en extinción- perdure en las nuevas generaciones. Pero yo por lo general no me inmuto y sigo dejando que pasen los meses, sin nombre y sin hablarle a la panza, qué le vamos a hacer.

1 comentario:

  1. Te dices indecisa, pero añadiría "muy responsable". No te digo la de barbaridades por nombre que se me ocurrirían en dilatación. O peor aún, tras la paliza del parto. Creo que mi hijo/a no me lo perdonaría en la vida. DIle a todos que hasta que su santa madre o su santo padre decidan, la niña se llama Fulanita. Y te quedas tan pancha.

    ¿Le vaís a dar voz y voto a los churumbeles?

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