jueves, 6 de noviembre de 2008

Fuimos al cine. Sí, al cine.

Con tanto hablar de penalidades y desvelos se me pasó por alto reseñar el mes pasado un hecho destacadísimo: El padre de las criaturas y yo fuimos al cine con unos amigos. Sí, al cine, esa sala oscura donde, previo pago de una entrada, se proyecta una película mientras todo el mundo mira en silencio y, a veces, come palomitas (se lo recuerdo a quienes, como casi me ocurre a mí, se hayan olvidado de lo que era), y donde la película no se puede parar para preparar un biberón ni para colocar un chupete ni para chillar "¡que te duermas ya, que es más que hora de estar dormido”.
Fue todo un acontecimiento. Reconozco que se me hizo raro ver toda la película de un tirón, sin pausas, he perdido la costumbre de hacerlo así. Llevábamos exactamente año y ocho meses sin ir. Lo recuerdo perfectamente porque no me había incorporado yo todavía a trabajar tras el permiso de maternidad. Así que ha llovido bastante desde entonces y por eso tenía mucha importancia la elección de la película, ya que para una vez que vas, por lo menos ver algo que merezca la pena (la última fue Little Miss Sunshine, un fiasco). Tras muchas dudas, nos decidimos por El Che. Y nos gustó muchísimo, pero creo que mi estado de ánimo era de tal euforia que hasta habría disfrutado con un promocional de Marina d´Or. Y desde ese día aprovecho cualquier oportunidad para comentar, venga al caso o no, la excelente actuación de Benicio del Toro, las fantásticas localizaciones y el buen guión. Y la verdad que me siento como que vuelvo a formar parte de esta sociedad. Simple que es una, que con poquita cosa se conforma.

4 comentarios:

  1. Yo me siento como un toro al que le han abierto la puerta del toril, sales a ciegas, con una energia descomunal y te vuelves loca ante tanta oferta de la cartelera. Imagino que es la misma sensacion que sintieron los alemanes del este cuando cayo el muro de Berlin y entraron en un supermercado occidental. ¿Y que coger? Desde que soy madre, cada vez que voy al cine, vuelvo con una sonrisa de oreja a oreja. ¿te gusto la pelicula? No...pero me ha encantado estar alli, en el cine.

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  2. Cine??? Pero eso sigue existiendo??? Snif snif

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  3. Te diría que incluso puede gustarte mucho ir a cenar con tu marido, es fantástico, vas a ver, jeje. Pruébalo ahora, antes de que nazca tu tercero!!! Tu blog está genial, de principio a fin.

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  4. ...Totalmente de acuerdo.
    Lo del deleite con un promocional de Marina D'or, a mí me pasa mucho.
    Cuando llego a casa a eso de las 19:45, me preparo para el zafarrancho de combate que me lleva hasta la extenuación: en esas escasas dos horas hasta que acuesto y duermo a los niños me canso más que si salpimentase mi jornada laboral con una media-maratón diaria.
    ...Que si Nene, qué quieres de cena y según lo has dicho te das cuenta que ya la has cagado, que quién te manda a ti preguntarle a un comino de dos años y medio que qué quiere para cenar... pues qué va a ser... huevo frito con patatas todos los días... y tú, …No hijo no…, "...no dije culo, dije búho", y dale, a ver cómo diablos le cuelas ahora las judías verdes rehogaditas o el caldito con fideos y el pescadito rebozado...
    Cuando consigo por parte de mi primogénito una ingesta calórica y proteínica que considero aceptable, comienzo el proceso de intentar transmitirle tranquilidad para ir preparándolo para un sueño reparador. Justo en este momento compruebo, día tras día, que a mi hijo la cena le sienta mejor (o peor) que los chutazos de apiretal cuando se nos pone malito ….vamos que se pone como una moto.
    Y claro, uno, a esas horas del día o de la noche, ya está pa pocas y haciéndole a mi hijo mil y una fintas consigo con denuedo y no sin esfuerzo que por fin se deje de plastilinas, construcciones, tizas, pizarras, cochecitos, balones, panderetas, tambores, epis, blases y otras fiestas de guardar, y, arrancándolo de nuestra vera lo llevo por el camino de la rectitud y la prudencia hacia su lecho, no sin antes haber “negociado” con él que en vez de uno serán dos cuentos de TEO los que le cuente esta noche y para más Inri, el de TEO en el barco que es de los más coñazos o será que le he cogido manía de tantas veces que ya lo he leído.

    En fin, que cuando el zagal por fin se duerme, me voy raudo a la tele, me requetetumbo en el sofá, antes, si acaso, le apaño una cenita sin pretensiones a mi señora, que se lo merece todo, me apropio del mando a distancia y hala!, a lo que me echen, que la tele está muy mala, que si fútbol, pues fútbol, que una peli de Paul Newman, pues date!, que un documental sobre la crisis financiera pues Ea! … oye… que no hay nada y todo es un tostón como dice mi abuela, pues siempre nos quedarán los anuncios y comerciales que decía Dragó, que no veas lo bonitos que salen los anuncios del Marina D’or, del puercoespín ése de la “llamada del ahorro”, o los de crecepelos con crespina u otros ingredientes de no te menees, cuando no están los niños por ahí dando la tabarra.

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