miércoles, 1 de octubre de 2008

He confesado

Ya he cantado en el trabajo. Se acabó el fingir y el meter tripa. Llevaba varias semanas llevando ropa holgada, paseándome siempre con periódicos o fotocopias delante, o metiendo tripa, que luego por la noche llegaba a casa con unos dolores tremendos y un sentimiento de culpa horrible. El otro día casi me provoco un aborto con unos vaqueros demasiado apretados. Así que ayer me armé de valor, respiré hondo y entré en el despacho de mi jefa a soltarle la noticia. Por lo menos hizo como que se alegraba. Y yo salí ya más tranquila, sacando tripa y respirando más relajada.

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