domingo, 19 de octubre de 2008

El ataque del virus mutante

Lo siento por T.S. Elliot, pero el mes más cruel no es abril. Es octubre. Y tengo pruebas contundentes para respaldar esta afirmación. Desde que tengo hijos, he pasado todos los festivos del 12 de octubre en la cama, atacada por la última generación de virus mutantes.
Todo empieza siempre de la manera más tonta. Un día un niño tose, parece algo inofensivo y no le das más importancia. Pero al día siguiente el otro tiene diarrea, y a mí me empieza a doler la garganta. Cuando se me están empezando a quitar las placas gracias a los antibióticos, el pequeño ha dejado de devolver, y el mayor ya no tiene otitis, entonces empiezo yo con diarrea, el enano amanece con 40 de fiebre, y el padre de las criaturas se queja de dolor de estómago. Así solemos pasar dos o tres semanas. Muy entretenidos, limpiando vómitos, cambiando pañales cada cinco minutos, buscando el termómetro, que siempre se pierde, contando las horas que pasaron desde el último chute de apiretal, cocinando arroz blanco y preparando leche caliente con miel y limón, que ya tomamos todos por precaución y porque está muy rica.Así que lo siento, poeta, pero es octubre.

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