martes, 14 de febrero de 2017

Los niños pobres no sueñan



Un niño pobre es aquel que no puede soñar. No lo digo yo, que también lo diría y con esas mismas palabras, lo dice una niña de nueve años de Vallecas (Madrid). Esa cita abre el demoledor informe Desheredados. Desigualdad infantil, igualdad de oportunidades y políticas públicas en España.elaborado por Save the Children, que se acaba de publicar hoy y que debería ser de lectura obligada en todas las casas, oficinas, despachos e instituciones de este país. Un informe que nos pone frente a algo que no queremos ver: la pobreza infantil en España. Dos conceptos, dos realidades, que creíamos que no íbamos a volver juntas en la misma frase. 
Y sin embargo, sí. En España hay niños pobres. Y se merecen que hablemos de ellos, que nos preocupemos por ellos, que les hablemos de ellos a nuestros hijos, pequeños tiranos privilegiados. 
Niños que van al cole sin desayunar. 
Niños que no pueden ya no solo no ir al logopeda, sino tampoco al oculista o al dentista. 
Niños que pasan frío en invierno porque en sus casas no hay dinero para encender la calefacción.
Niños sin extraescolares, sin deporte, sin excursiones, sin fiestas de cumpleaños.
Como los tres hijos de Vicente (el más pequeño sale en la foto de arriba), un viudo valenciano de 43 años, que lleva 10 sin un trabajo estable: "Cuando no tengo nada, en el quiosco me fían los materiales escolares y los voy pagando poco a poco... A veces me sale algún pequeño trabajo, me dan 30 euros y con eso compro lo básico para que los niños coman, pan, yogures, fiambre... "

Y me pregunto yo, ¿cómo puede un país, supuestamente desarrollado, privar a los niños del derecho a soñar? 

P.S. Y con este tema tan triste, sobre el que todos tenemos que hacer algo, regreso al blog, que he tenido abandonado en los últimos meses. 




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jueves, 14 de julio de 2016

Dejen nuestra tripa en paz

En pleno siglo XXI la presión sobre las mujeres para que nos reproduzcamos sigue siendo enorme. Estamos sometidas a un escrutinio constante . Nuestra fertilidad y capacidad reproductiva es objeto de discusión pública, todo el mundo tiene derecho a opinar sobre qué hacemos o dejamos de hacer con nuestro útero. 
Esta semana se ha comentado mucho que la recién nombrada primera ministra británica, Theresa May, no tiene hijos. ¿y qué? ¿influye eso para que lo haga mejor o peor? Margaret Thatcher tenía dos y eso no ablandó lo más mínimo su corazón, así que no parece que el ser o no madre sea un factor decisivo. Y sin embargo, sí se ha comentado, cosa que nunca se hace sobre un primer ministro. La rival de May por hacerse con el liderazgo del partido Tory, Andrea Leadsom comentó que el hecho de ser madre la convertía a ella en mejor candidata que May. Tener hijos "significa que tienes una participación real en el futuro de nuestro país, una participación tangible". Toma pulla. Cierto que luego se disculpó, pero el daño ya estaba hecho (aunque no parece que le haya perjudicado mucho a May, ya instalada en el 10 de Downing Street).

Y esta misma semana, Jennifer Anniston acaba de estallar tras la publicación de unas fotos suyas en biquini con el titular de 'Por fin está embarazada'. Y todo porque en esas fotos parecía que tenía tripa, pero no tripa de embarazada, sino tripa de una mujer normal, la típica tripa que tiene cualquier persona sentada, en un momento de relax, sin meter barriga, sin dejar de respirar, y sin retocar posteriormente por el photoshop. 



"No estoy embarazada, estoy harta", ha estallado  Anniston, la novia de América, la mujer más guapa del mundo según la revista People. Harta de que se le use para trasmitir el mensaje de que "las chicas no son guapas a no ser que estén increiblemente delgadas". Y harta de de que se siga perpetuando la idea de que "una mujer está incompleta o infeliz, o fracasada si no está casada con hijos".
"Estamos completas con o sin pareja, con o sin hijos. Y podemos decidir por nosotras mismas qué es lo mejor y lo más hermoso para nuestros cuerpos. Esa decisión es nuestra, solo nuestra. Podemos "ser felices y comer perdices" nosotras solas", ha clamado Anniston. 
Así que por favor, dejen nuestros úteros, y nuestras tripas flácidas, en paz.



viernes, 8 de julio de 2016

Esto sí que es un 'sorpasso'

En mi casa sí se ha producido el sorpasso, no en las urnas, sino en la altura. Y este sí que es un sorpasso a tener en cuenta. Mi hijo mayor, 13 años y medio, me ha alcanzado, está igual de alto que yo. Así, sin pedir permiso. Sin avisar. Sin pretenderlo. Sin contemplaciones. De repente, tras unas semanas fuera, se planta en casa con la misma altura que su madre. Y en breve, en cuanto me descuide, me habrá superado, sorpasso mediante.
Y así de sopetón ha cambiado mi perspectiva.
Desde mi privilegiado 1,70, una altura superior a la de la media de la mujer española de mi edad, yo hasta ahora, hasta ayer por la noche había contemplado mi vida familiar con superioridad; desde la atalaya de la maternidad, me sentía en control de todo y yo era la máxima autoridad, junto con el padre de las criaturas. Pero ahora llega un pequeñajo, porque con 13 años se crea lo que se crea es todavía un crío, y se me planta a la misma altura que yo y me mira, desafiante, a los ojos de frente, cara a cara, sin alzar la cara, de igual a igual - o eso cree él-. Y os aseguro que me impresionó. Es ley de vida, me diréis, los hijos superan a los padres. Os ha pasado a todos, lo hemos hecho muchos: dejar pequeños, en altura, a los padres.
Pero yo aún estoy en estado de shock: mi niño lindo, mi primogénito, el que dio la vuelta a mi vida cuando nació, ahora me habla de tú a tú mirándome fijamente a los ojos. Creo que ya no le va a servir que le diga que haga algo porque lo digo yo, que soy su madre y hasta antesdeayer era más alta que él. Creo que ha cambiado algo. El sorpasso no me dejará indemne. Necesito unos días para asimilarlo.

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