jueves, 26 de marzo de 2015

Yo tenía una abuela que hacía flores de papel

Mi abuela era una mujer maravillosa que fue muy por delante de su tiempo. Criada en la miseria de la posguerra de un pueblo castellano, sabía que las perras gordas se hacían ahorrando, una a una, las perras chicas. Y por eso reciclaba todo, cuando ya nadie lo hacía y cuando todavía no era un deber social. Fue también una gran precursora de ese Do It Yourself que ahora causa furor. Era una verdadera reina del DIY. Hacía de todo, sobre todo reutilizando. No tiraba nada, todo podía tener otro uso. Aún conservo (y les tengo tanto cariño que me da pena pisarlas) unas alfombras que hizo tejiendo lanas recicladas de chaquetas viejas.
También hacía flores. De todo tipo de materiales. Flores de papel, de fieltro, de masa de pan, que, una vez secas, pintaba con esmalte de uñas. Las regalaba a todo el mundo. Las llevaba en broches.
Mi abuela murió hace 20 años. Algunas flores se han conservado, como unas maravillosas marapolas de tela roja, o un broche de capullos de tul. Otras no han resistido el paso del tiempo, eran demasiado frágiles,
Por eso ahora, cuando veo que hacer flores se ha convertido en una de las manualidades de moda,dentro de la fiebre Do it Yourself que domina nuestro tiempo y que ha colonizado la blogosfera, me he puesto muy contenta. Y he recibido con enorme alegría este libro que saca Planeta. Me lo he tomado como todo un homenaje a esa gran mujer que fue mi abuela. Y para continuar ese homenaje, el cumpleaños de mi niña, que en abril cumplirá seis años, va a tener como actividad especial el hacer flores de papel. Y así recordará, sin saberlo, a su bisabuela.





viernes, 13 de marzo de 2015

Felices sueños a todos

Hoy es el Día Mundial del Sueño y abundan los estudios de todo tipo sobre las nefastas consecuencias de no dormir bien. Y al leerlo no puedo evitar que se me abran las carnes recordando todos aquellos años insomnes, aquellas noches eternas que pasamos preparando biberones, calmando llantos, cambiando pañales, buscando chupetes, encontrando peluches, recolocando sábanas, encendiendo luces, abrazando niños, acunando bebés, contando cuentos, cantando canciones, ahuyentando miedos, espantando terrores, abrazando cachorros, volviendo a preparar biberones, volviendo a cambiar pañales, volviendo a contar cuentos y a espantar terrores.

Eran noches en las que, más que irnos a descansar, el padre de las criaturas y yo nos preparábamos física y mentalmente como si fuéramos a bajar a picar a la mina. Nos poníamos el mono y nos deseamos 'que te sea leve'. Dejamos de decir 'Buenas noches' porque nos sonaba a chiste de mal gusto.
En aquella época no éramos una pareja, no, eramos compañeros de curro con turnos diferentes, 'ahora te toca a ti, que yo ya he currado mucho'. Eran noches en las que nos despertábamos a codazos para decirnos que ahora le tocaba al otro cambiar el pañal, o preparar el biberón, como os conté en este post sobre biberones nocturnos que generó un enorme debate. Y que llegamos incluso, en el límite de la locura, a hacer un listado del número exacto de biberones y pañales que cada uno había cambiado esa noche, y a qué hora exacta para que no quedaran dudas. Imaginad el buen rollito que teníamos por la mañana. Así surgieron los problemas de pareja que os contó allá por el pleistoceno, en 2009, en este post que a día de hoy todavía sigue sirviendo de paño de lágrimas para muchas madres que sufren con este tema y que siguen dejando comentarios.
Fueron noches que duraron años, varios años, hasta que un día por arte de magia los tres cachorros empezaron por fin a dormir los tres. Y de repente las noches volvieron a ser momento de descanso. Y volvimos a desearnos Buenas noches y a darnos un beso antes de ir a dormir. Así que a todos los que ahora estáis en la trinchera de las noches insomnes, solo puedo daros ánimos y recordaros, porque a veces se olvida, que esto pasará, que volveréis a dormir. Y que, aunque os parece imposible, sobreviveréis a esto. Felices sueños a todos



miércoles, 4 de marzo de 2015

Llega Teatralia a Madrid

Un año más por marzo, al mismo tiempo que los primeros solecitos primaverales, llega a Madrid Teatralia, el festival de artes escénicas para niño. Un verdadero lujo que nos ayuda a todos los que vivimos en esta ciudad a congraciarnos un poco con ella. La inauguración es este viernes 6 de marzo con la obra 'El último truco de George Melies'.



Aquí tenéis toda la programación para que podáis elegir. Hay espectáculos para todos los gustos, edades y lugares (las compañías itineran por varias localidades de la Comunidad)

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Tú qué quieres ser de mayor?

El anuncio es mono y me quedo mirándolo cada vez que lo veo a toda página en un periódico (la friolera de 2,7 millones de euros le ha costado a la Comunidad de Madrid esta campaña promocional de su sistema educativo llamada Su educación la eliges tú). En el anuncio, del que aquí os muestro una foto porque los que no vivís en Madrid no lo habréis visto, salen dos niños muy monos, vestidos de lo que quieren ser de mayores delante de una pizarra con dibujos pintados a tizas. la niña sale con su bata, su fonendo, su carpeta de anotar todo lo que tiene el enfermo. El niño sale con su traje astronauta, con el mono, el casco, la bombona de oxígeno, y las botas espaciales. Todo muy mono, muy ideal, muy estimulante, muy inspirador. ¿Quién no quiere que sus hijos sean médicos o astronautas?


Y ya os digo que siempre que lo veo me quedo siempre mirándolo, como dándole vueltas, como que algo me chirriaba, como que algo me faltaba. Y hoy, que lo he visto de nuevo, he caído en cuál era el motivo de mi desazón. ¿Por qué la niña sale de médico y el niño de astronauta? ¿Por qué no se ha puesto a la niña el traje de ir a conquistar el espacio? ¿ Por qué el que se va a lanzar a la aventura espacial es el niño y la que va a cuidar de los enfermos es la niña?
Me da una rabia enorme que se perpetúe, a través de una campaña institucional pagada con el dinero de todos los madrileños, el viejo tópico, tan implantado hoy en día, de que la mujer cuida, sea como madre o como profesional de la sanidad, y el hombre se da a la aventura. Tengo dos hijos y una hija y hago un esfuerzo enorme por inculcarles desde pequeños la convicción de que pueden hacer lo que quieran, que no hay barreras de género, que son libres de elegir lo que quieren ser de mayor, que mis hijos si quieren pueden ser bailarines de ballet clásico y mi hija, si lo desea, puede convertirse en piloto de coches o conductora de camiones. Y por eso me da rabia que luego nos vengan con estas campañas. Y habrá quién me diga que estoy sobrerreaccionando y que soy una exagerada, pero no quiero que mis hijos crezcan asumiendo estos condicionamientos sociales.

martes, 17 de febrero de 2015

La regla del 80/20 o cómo criar hijos seguros de si mismos

Tengo que confesaros que fui sin muchas expectativas. Era una charla sobre Cómo fomentar la autoestima de nuestros hijos. En la escuela de la pequeña. Me pidieron las profesoras que fuera y allí que me planté, a hacer bulto.
Nada más llegar, el autor, un psicólogo veterano nos preguntó que si conocíamos la regla del 80/20. Creo que alguna profesora contestó que sí. Yo no lo había oido en mi vida. Y nos contó en que consistía: en la relación y el trato con nuestros cachorros el 80% de lo que les decimos ha de ser felicitación, piropo, aprobación. Y un 20% corrección, riña, límites y normas. 
"Si es al revés, inviértalo. Por el crio. Y por su propia salud", dijo, mientras todos los padres hacíamos cuentas mentales con cara de susto.
A toda velocidad pasé revista a los últimos días. Y no os quiero contar el porcentaje que me salía. No me lo contéis tampoco vosotros, pero haced vuestros cálculos. Solo os diré que me daría por contenta si hubiera sido 50/50. No lo era. Y para tratar de justificarme, que siempre se puede encontrar justificación a todo, pensé que mi educación castellana me hacía menos proclive a echar flores que a lanzar críticas, que muchas veces lo bueno nos parece normal y solo constatamos lo que está mal. Que nuestra función como padres es corregir a nuestros hijos... Mil y una justificaciones encontré. Pero ninguna me quitó la angustia. Llegué a casa dándole mil vueltas. Y llevo unos días que no paro de decirles a mis hijos lo buenos que son, lo bien que hacen las cosas y lo bonitos que son sus dibujos. El mayor, con la astucia y la desconfianza de la preadolescencia, me mira alucinado como pensando, qué mosca le ha picado ahora a mi madre. Pero los otros dos están encantados. Y les sigo riñiendo sí, pero me parece que estamos invirtiendo poco a poco el porcentaje. 

domingo, 8 de febrero de 2015

Cosas que me dejan estupefacta de 50 sombras de Grey

Estoy perpleja. Faltan cinco días para el estreno de la película de Cincuenta Sombras de Grey y más de 100.000 personas han comprado ya su entrada en España para ver lo que se prevé sea el estreno del año. 

Puedes seguir leyéndome aquí

miércoles, 28 de enero de 2015

¿Qué hemos hecho mal para que 1 de cada 3 jóvenes considere normal controlar a su pareja?

Advertencia: este post es serio, muy serio, porque estoy enfadada, muy enfadada. Y no me sale el humor porque no hay nada de lo que reirse y mucho de lo que preocuparse.

Tengo un hijo de 13 años, otro de ocho y una niña que va a hacer seis. El mayor dentro de poco, antes de que yo me dé cuenta, empezará a tener novias, novietas, amigas especiales, lo que sea. Y quiero creer que nunca le prohibirá hacer cosas, nunca le dirá qué ropa tiene que ponerse, nunca controlará sus horarios y menos aún le dirá a quién puede ver y a quién no. Quiero pensar que el mediano tampoco lo hará cuando le llegue el momento de tener pareja. Los estamos educando para que traten a las mujeres, empezando por su hermana, como a iguales, como seres humanos con los mismos derechos y obligaciones que ellos.
Y sobre todo, quiero pensar que mi hija, que ahora es muy pequeñita, nunca aceptará que alguien le controle, le prohiba ver a amigos, le diga qué ropa tiene que ponerse. Quiero creer que nunca pensará que si alguien te controla y te pone límites es porque te quiere mucho. Porque estamos tratando de educarla para que sea libre, para que no se deje dominar, para que tenga una autoestima fuerte.
Cierto es que una cosa es lo que los padres, con toda nuestra buena voluntad, intentamos, y otra muy diferente la que conseguimos. Pero hay que intentarlo.
Por eso se me han puesto los pelos de punta al leer en este informe hecho público ayer por el Ministerio de Sanidad, que uno de cada tres, repito uno de cada tres, jóvenes españoles (chicos y chicas de entre 15 y 29 años) consideran normal y aceptable  en algunas circunstancias ‘controlar los
horarios de la pareja’, ‘impedir a la pareja que vea a su familia o amistades’, ‘no permitir que
la pareja trabaje o estudie’ o ‘decirle las cosas que puede o no puede hacer’. ¿Normal y aceptable controlar los horarios de tu pareja? ¿Aceptable no permitir que trabaje o que estudie? ¿Normal impedirle que vea a su familia o amistades?????
Son jóvenes nacidos de madres que muy probablemente ya trabajaran, criados en una sociedad que, al menos teóricamente, ha hecho de la igualdad de género uno de sus objetivos.
¿Qué estamos haciendo mal, muy mal, rematadamente mal, como sociedad, como padres, para que estos jóvenes nacidos en una sociedad moderna, libre y democrática piensen cosas que sus padres no pensábamos?  Porque algo estamos haciendo muy mal para que nos encontremos ahora con estas cifras.
Y me vienen a la mente todas esas publicaciones femeninas en las que la mujer sigue presentándose como un objeto hermoso, como un trofeo, y todo ese aluvión de pseudonóvelas tan de moda en los últimos años que glorifican la sumisión de la mujer ante el hombre como el summun de la satisfacción sexual...  Y pienso que hay mucho qué hacer, mucho qué cambiar. Y gran parte de la responsabilidad está en nuestras manos, en los padres.

lunes, 26 de enero de 2015

Oda al ratoncito Pérez

La caída de los dientes y la llegada del ratoncito Pérez sigue proporcionándonos momentos gloriosos en casa. Cada caída de un diente es todo un acontecimiento. Ahora estamos asistiendo a la caída de los dientes del mediano, que vive cada una de ellas con especial intensidad. La penúltima vez incluso escribió un poema ("Ratoncito, ratoncito, eres el más bonito" decía la primera estrofa) que dejó debajo de la cama para cuando llegara el famoso roedor -su hermano mayor, siempre al quite para criticarle, le acusó de ser un pelota- . La vez anterior le dejó un plato completo de queso y galletas.
Y es que cada llegada del ratoncito Pérez da siempre mucho juego, y por eso ha protagonizado varios posts de este blog, como estos de 2012 y de 2009, que ya son muchos años contando online nuestros avatares familiares.

El último episodio de caída tuvo, sin embargo, un dramatismo especial. El mediano (ocho años y medio), con un incisivo pendiente de un hilo, se pasó todo el día en huelga de hambre, negándose a comer y a salir de casa, esperando que se le cayera el diente, sosteniendo una caja de cartón con dos manos bajo la cabeza (para pescar el diente si se caía). Y es que como comentó certeramente una amiga "se está aferrando no a una caja, sino a su infancia".

lunes, 19 de enero de 2015

Cinco cosas que no voy a volver a hacer en la vida

Este año 2015 viene con novedades que ya os iré contando. De momento hoy podéis leerme aquí

viernes, 16 de enero de 2015

La difícil tarea de recordar las vacunas de los hijos

No me ha pasado a mí. Le ha ocurrido a una amiga, también ella madre de familia numerosa. No recuerda si ha vacunado a su hijo pequeño cuando hizo cuatro años. En realidad, no es que no lo recuerde, es que ella está convencida de que sí le han vacunado. Pero en el centro de salud no consta (¿puede haber fallado el sistema informático?). Tampoco en la cartilla de vacunación del niño (cosa que no me sorprende, porque creo que solo una vez he recordado llevarla el día de las vacunas). Y ahora no sabe qué hacer. Si volver a vacunar al niño. O dejarle sin vacunar. En el centro de salud la han reñido. Le han preguntado si no será de esas que se niegan a vacunar a sus hijos. Y no sabe qué hacer.
Yo la entiendo perfectamente. Podría haberme pasado a mí (de hecho, ahora que lo pienso, puede haberme pasado perfectamente. En una ocasión llevé a vacunar a la niña y me enteré allí in situ de que el mediano no había sido vacunado el año anterior y allí mismo le pusieron las vacunas).
Y es que gestionar las vacunaciones de los hijos es algo demasiado importante como para dejarlo en las atribuladas manos y mentes de las madres de familia numerosa (y digo madres conscientemente, Si alguien conoce a algún padre que conozca el calendario de vacunación de los niños que lo haga saber y lo proponemos para algún Premio Nobel). Y aquí habrá alguien que se enfadará, y alguna que se dará por ofendida, afortunada ella que logra estar al día de las vacunas de sus hijos. Porque a mí me supera. Necesitaría una aplicación en el móvil que me lo recordara (¿alguien sabe si existe?). O mejor aún, un implante en el cerebro que me lo recordara.

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