jueves, 21 de diciembre de 2017

Si quieres a tu hija, regálale este libro

Apunta el nombre y corre a la librería a por él y que se lo traiga Papa Noel, no dejes pasar un día más sin que lo tenga en su poder: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes. (ed. Destino). En realidad no son cuentos y se pueden leer en cualquier momento del día. Pero es cierto que el momento de acostarse es una buena ocasión para saborear estas minibiografías, muy bien contadas y resumidas, de 100 mujeres extraordinarias de todos los tiempos que rompieron esquemas y pelearon por sus sueños: desde la astrónoma Hipatia a la tenista Serena Williams, pasando por la escritora Jane Austen, la pintora Frida Kahlo, la científica Marie Curie, la primatóloga Jane Goodall,  la faraona Hatshepsut, la abogada y ex primera dama Michelle Obama o las hermanas Brontë.



¿Y por qué para niñas rebeldes? Porque es un libro para niñas que no quieren conformarse con cuentos de princesas, que quieren soñar sin límites y crecer libres, convencidas de que pueden ser absolutamente cualquier cosa que quieren ser y hacer todo aquello que se propongan. Y este es el mejor regalo que podemos hacerle a nuestras hijas, educarlas para que sean libres. 
Acompañado de unos maravillosos retratos ilustrados de cada una de ellas, las niñas se adentrarán en historias de espías, astronautas, partisanas, pintoras, científicas, deportistas, juezas y hasta piratas y faraonas. No todas tienen final feliz, pero todas trasmiten un mensaje de determinación y valentía. Y es que uno de los objetivos de este libro, que ha sido un éxito internacional, es ofrecer a las niñas modelos y referentes en los que fijarse para que puedan elegir libremente su futuro y mantengan la confianza en sí mismas.
“Es importante que las niñas conozcan los obstáculos a los que se enfrentarán a lo largo de su vida, pero también es esencial que sepan que dichos obstáculos son superables. Vivimos en un mundo en el que el género no debe definir el tamaño de nuestros sueños ni la distancia que podemos recorrer. Todas las niñas merecen creer pensando que pueden llegar a ser lo que ellas quieran”, explican en el prólogo las autoras, Elena Favilli y Francesca Cavallo, que lograron publicar el libro con una campaña de crowfunding.

Con mi hija de ocho años (edad a la que, según varios estudios, las niñas empiezan a perder confianza en si mismas) lo estamos leyendo de una en una, cada noche una historia, saboreándolas. Un día me lo lee ella en voz alta y otro día se lo leo yo. Ha disfrutado con la valentía de las cholitas escaladoras, se ha emocionado con el sufrimiento de Frida Kahlo, se ha sorprendido con la historia de Manal Al-Sharif, la saudí que se atrevió a conducir un coche, y ha admirado la tenacidad de Marie Curie.


Es ella la que cada día me reclama cuando se va a la cama para que nos adentremos juntas en una nueva vida prodigiosa. Y así cada noche, antes de quedarse dormida, lo último que escucha antes de caer rendida son frases como estas, que ojalá se le graben a fuego en su cabecita: “Nadie tiene derecho a decirme que puedo o que no puedo lograr”, de Amma Al Haddad, levantadora de pesas de Emiratos Arabes Unidos. O “No soy un angel ni lo seré. Seré yo misma”, de Charlotte Bronte.


miércoles, 11 de octubre de 2017

La generación que no leía

Vengo aquí a constatar un fracaso personal: mis dos hijos mayores (14 y 11 años, para más señas y rigor estadístico) no leen. Al menos no por su propia voluntad. La lectura no entra ni por asomo en sus opciones de ocio. Si disponen de un rato libre tienen las mismas probabilidades de agarrar un libro que de ponerse a ordenar su armario o de rezar un rosario. O sea, ninguna.
No son bichos raros, sino que van en la línea de los hábitos de estos muchachos digitales que estamos criando. Es un tema recurrente del que nos quejamos las madres, 'mi hijo no lee', como quien dice que su hijo no come verduras y está preocupada porque le faltan vitaminas y está malnutrido. Pues eso justamente es lo que me preocupa a mí, que estén malnutridos intelectualmente. Según un estudio reciente, solo un 21% de los menores españoles lee diariamente. Mucho me parece. Creo que en ese estudio se ha incluido a los niños pequeños que todavía leen un libro con sus padres, angelitos inocentes sin voluntad propia. 
He ido a innumerables talleres para animar a la lectura, que hay muchos y de lo más entretenidos; en uno me dio la risa cuando me dijeron que había que practicar con el ejemplo, que si los niños veían leer a sus padres acabarían leyendo ellos por imitación. ¡Ja! Mis hijos han crecido viendo a a su madre leyendo, llenando las maletas de vacaciones de libros, a punto de morir siempre sepultada por los libros que se me acumulan en la mesilla. Y les debe de parecer algo exótico que hace la tarada de su madre, igual que el yoga o la sopa yucateca de lima, por poner un ejemplo.
También dicen que para fomentar el amor por los libros hay que leerles cuentos cuando son pequeños, para que le vayan cogiendo el gusto a eso de conocer nuevas historias y  les pique el gusanillo de la lectura, Pues bien, los míos son inmunes a este virus. Y si las horas que he echado leyendo cuentos a mis hijos las hubiera empleado en aprender otro idioma o practicar deporte, os aseguro que hoy dominaría media docena de lenguas y estaría convocada para las siguientes Olimpiadas.
También soy fiel seguidora de todas esas listas que periódicamente recomiendan los mejores libros para cada edad. Me sé de memoria cuál es el libro ideal para motivar a la lectura desde los 2 hasta los 18 años. Ponedme a prueba. Y, como no podía ser menos, he invertido ingentes cantidades de dinero en comprar esos libros. Si alguna rara vez mencionan que les gustaría leer tal o tal libro remuevo Roma con Santiago para encontrarlo.
Dicen que el sector de libro infantil y juvenil está en auge, algo de lo que me alegro y de lo que me siento muy partícipe. Se publican libros maravillosos. ya hubiera querido yo de niña tener en mis manos estos ejemplares tan bien ilustrados, tan divertidos, tan bien editados, con tantos colores y esos dibujos preciosos. A mis hijos, sin embargo, les parecen tan atractivos como la primera edición del Quijote.
Ante el fracaso de estos dos consejos he probado con mis propios métodos, que van desde el vil soborno a la más cruel amenaza. Un verano llegué incluso a ofrecer dinero, sí, lo confieso, si se leían más de un libro. No recuerdo que tuviera éxito, como tampoco lo han tenido las amenazas de todo pelo a las que he recurrido. Como mucho consigo obligarles a leer un rato, nunca más de media hora. Pero no pierdo la esperanza de dar con el Santo Grial que les enganche. No pienso tirar la toalla, que para algo soy la madre más pesada del mundo.

jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Harta de consejos sobre la vuelta al cole? Así es una 'rentrée' realista

En estos inicios de septiembre padres y madres somos sometidos a un verdadero bombardeo de información sobre cómo afrontar la vuelta al cole de nuestros retoños. A los soldados del desembarco de Normandia se les dieron menos instrucciones.  Instrucciones que, en nuestro caso, no hacen sino aumentar la consabida presión sobre las madres para que todo esté como es debido por el bien de nuestras criaturas.
Pues bien, a pesar de tantas recomendaciones son muchas, y no quiero señalar, las madres imperfectas que no estamos a la altura del momento.  Por eso hoy nos disponemos a afrontar la vuelta al cole de la siguiente manera:
Para empezar tus hijos van con jetlag. Hoy, Día D, se han visto obligados a despertarse un par de horas antes de lo que llevan haciendo los últimos meses, porque tú y el padre de las criaturas, que aquí somos corresponsables para todo, habéis sido literalmente incapaces de ‘ir adecuando el horario progresivamente, adelantando el horario cada día diez minutos’, como aconsejan los expertos. Y no solo eso, sino que encima en los últimos días habéis estado encadenando fiestas para despedir el verano. Vamos, que tus hijos llegan al cole con jetlag y con resaca.
Y claro, también van en ayunas, porque con el desfase horario no tenían ni pizca de apetito y no has logrado que ingieran bocado. Así que para compensarlo les metes en la mochila uno de esos zumos de fruta, puro azúcar, que tienes escondidos para situaciones extremas, como que un día se queden aislados en la montaña y tengan que esperar la llegada de socorro bajo la nieve. Ya empezarás el plan de meriendas sanas cuando hayáis cogido todos el ritmo, allí para Navidades.
Te faltan libros por comprar. Naturalmente los que has comprado están todavía sin forrar de plástico, labor ingrata donde las haya. Y te has jurado a si misma que este año te negarás rotundamente a forrar no solo cuadernos, por descontado, sino también los libros trimestrales. Es más, estás considerando declararte objetora al forrado, por razones ecológicas, naturalmente.
Eso sí, vas muy orgullosa de que has logrado lavar las mochilas y garantizar que, por lo menos, no contengan frutas putrefactas de una era geológica anterior, aunque bien pensado, lo mismo podrían haber pasado por fósiles para la clase de ciencias.
Y sobre todo, a duras penas logras disimular la alegría que sientes, vamos, que irías por la calle bailando la Macarena. Los ves entrar por la puerta y te dan ganas de irte al bar de enfrente del cole a brindar. Feliz vuelta al cole!


Compártelo